Actividad Científica del Dr. Bernardo Ebrí

Los interesados en poder descargar publicaciones médicas científicas del Dr. Bernardo Ebrí Torné, pueden hacer "clic" en

https://www.researchgate.net/profile/Bernardo_Ebri/stats

Para descargar el programa informático para el cálculo de la Edad ósea en niños, guía explicativa como usarlo, sobre la radiografía de mano izquierda, y luego poder predecir la talla adulta del niño (niños de 0,5 años a 20); específicos programas para niños de 0 a 4 años a través de la radiografía de mano y de pie) (En español y lengua inglesa),publicaciones a este respecto, libro sobre Maduración ósea, etc.,.., introducirse en la siguiente web: www.comz.org
(Al final de la página, hacer "clic" en el banner: Bone Maturation (Maduración Ósea), dibuja el banner una radiografía lateral de pie, y ya se abre el portal, la página, donde se encuentra toda la información, con posibilidad de descarga.
El método esta siendo utilizado por pediatras, radiólogos, de España, Italia, México...
Comentarios en https://sites.google.com/site/doctorbernardoebri/prueba


Salmos 91:4 y 46:1. El amor de Dios

Salmos 91:4 y  46:1. El amor de Dios
"Pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será nuestro escudo y tu baluarte". "Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia"

Sunday, March 29, 2009

Una Verdadera Democracia

La prueba de fuego para una democracia es la tolerancia para las minorías. Un respeto y una apertura a sus derechos es lo que permite que un estado no se convierta en totalitario.
En el caso del respeto a la vida humana, no se trata precisamente de una minoría sino de una mayoría de seres vivos humanos a los que no se les deja nacer, precisamente cuando una de las obligaciones del estado es la salvaguarda de los derechos de los indefensos.
La opinión pública en oposición al aborto por la ley de plazos en España, es mayoritaria a favor de la vida, pero tampoco se concede por el gobierno que estamos sufriendo, una concesión a la duda en sus determinaciones totalitarias, y sigue empecinado en querer sacar la ley de plazos que lleve a tantos inocentes a una muerte segura.
No se tiene que discutir el aborto en cuestiones políticas, ni religiosas, sino en total y estricto derecho a la vida, que defiende nuestra Constitución. Cuando se rebasan las competencias de un estado en cuestiones de ética natural, se pone en cuestión la verdadera estructura democrática del estado, abriéndose a una estructura totalitaria, seudomarxista, donde se dinamitan los derechos de los ciudadanos, cavándose su propia tumba, como así ha sucedido a lo largo de la Historia con todos los regímenes dictatoriales.
Si nos preguntamos a cerca de los motivos de tal obstinación, se nos dirá que el plan persigue, minar la moral de nuestro pueblo con leyes injustas, donde la muerte domina sobre la vida, para que el pueblo se convierta en marioneta, y sea fácilmente manipulado por los oscuros intereses de unos pocos. Pero si ahondamos un poco más, discerniremos que tras esta evidente manipulación, se esconden intereses aun más bastardos, que son los que atentan contra la propia esencia y cultura humanística cristiana de un pueblo.
El viejo mito de la Serpiente: “Seréis como dioses” cobra hoy día una dolorosa actualidad. Endiosados, ensoberbecidos nuestros dirigentes, toman el papel de Dios, y se permiten decidir la vida y la muerte de sus súbditos, ya se encuentre esta dentro del vientre de la madre o fuera como ocurrirá con la próxima ley que instaurará en un futuro la eutanasia.
Tras estas decisiones sigue muy presente el Príncipe de este mundo, que es el que verdaderamente dirige los hilos de tales iniquidades. No hay fronteras para el, todas las estructuras de poder y de dinero siguen sus consignas, en definitiva se trata de descristianizar Europa, nuestro viejo continente, y sobre todo España como uno de sus principales baluartes.
La familia núcleo de nuestra sociedad es la primera afectada, el Estado se erige como el educador de las conciencias de nuestros hijos, educación basada en consignas internacionales de poderes ocultos, cuya finalidad es manipular las conciencias, educándolas en el materialismo y consumismo mas infame, y donde los valores mas bajos reinen y orienten nuestra vida. La infamia, la calumnia, expresión de la violencia reprimida pero paradójicamente manifiesta y expresada en leyes injustas como la que se pretende imponer en nuestro país con el llamado derecho al aborto de la mujer, caen como una losa y sin piedad contra aquellos que no pensando como los tiranos, tratan de ofrecerles resistencia.
No nos tiene que extrañar en una sociedad tan materializada como la que vivimos, la poca sensibilidad ante la vida intrautero. No es que tampoco la cosa sea mejor en otras dimensiones, pero rehace flagrante en la muerte del ser no nacido.
Los cristianos tendríamos que tener esa sensibilidad del respeto a la vida, aunque esta no sea exclusiva de la visión cristiana, sino de estrictos derechos humanos. Pero en definitiva la sensibilidad humana para la compasión con nuestros semejantes, intra y extraútero, es despertada por nuestras raíces cristianas, ya que Cristo dio su vida por salvar las nuestras. Pero aunque el cristiano, y como expresión de su humanidad salvada esté abierto a la vida, ahora y en la eternidad, repito, no es exclusiva al humanismo cristiano.
En definitiva ningún derecho existe si privamos la vida a un inocente, si no consideramos en el caso del no nacido su derecho a nacer, basado en falaces leyes que pretenden apoyar los “ llamados derechos de la mujer” sobre la muerte de inocentes. ¿Y los derechos de éstos? ¿Por qué no se consideran, cuando desde la Ciencia se afirma una y mil veces que la Vida Humana comienza en el momento de la misma fecundación? No interesa reconocer esto, porque la Industria del aborto mueve intereses bastardos de dinero manchado con sangre humana, seiscientos euros de media cuesta un aborto en las clínicas privadas, donde se produce actualmente el 95% de los abortos en España. Todas estas felonías se revierten de falsos derechos de la mujer, y de progresismo social, como si el ser de “izquierdas” estuviera en oposición con el derecho a la vida. ¡El respeto a la vida, señores, no es de derechas ni de izquierdas, es un derecho de todos, de todo ser humano!
Una verdadera democracia tiene que contemplar la pluralidad de los miembros que la componen, y el Estado tiene que ser garante de ello, no impositor de unas ideas partidistas, de ideología materialista y al servicio de unos pocos, en pro del dinero y estómagos agradecidos.
Pidamos los cristianos, al Señor de la Vida, en estas fechas tan cercanas a la Semana Santa que sensibilice nuestras conciencias, y que nos defienda del enemigo sea este quien fuere. Para que nuestras devociones populares, nuestras cofradías y procesiones sean de verdad creíbles, tienen que estar abiertas a la vida, pues servimos al Señor Jesucristo que dio la vida por nosotros. No podemos encender una vela a Dios y otra al diablo.
Vayamos confiados con el auxilio del Señor, pues nadie, ningún poder fáctico ha podido vencerlo indefinidamente a lo largo de la historia. Todos los poderes abusivos que han reinado en nuestro viejo mundo han ido a parar al polvo. Nadie puede matar y quedar impune, la sangre de las víctimas cae sobre sus asesinos.
¡Que el Dios del perdón nos rodee con su misericordia, y mientras pidámosle que sensibilice las conciencias de nuestros legisladores, que tan insensatamente atentan contra ella!

Bernardo Ebrí Torné.

Saturday, March 28, 2009

“El ‘derecho’ al aborto no existe en ningún acuerdo firmado por España”

Jorge Trías y Jesús Poveda, en la Fundación Concordia
04/03/2009 | ALBAdigital

El pretendido ‘derecho’ al aborto que intenta imponer el Gobierno socialista a través de una ley de plazos “no se contempla en ningún acuerdo internacional firmado por España”, señaló el abogado Jorge Trías Sagnier en un un debate sobre el fraude de ley en la vigente legislación, celebrado en la Fundación Concordia, en el que intervinieron también el psiquiatra y dirigente pro vida Jesús Poveda, y el presidente de la Fundación, el eurodiputado español Alejo Vidal-Quadras.
Jorge Trías descalificó las conclusiones de la Subcomisión del aborto que ha tenido lugar en el Parlamento, y manifestó que “jamás he leído algo tan inane, banal, frívolo e injustificado” como ese texto. En su intervención, elogió el Voto particular del Grupo Parlamentario Popular, y coincidió con este voto en que “un ‘derecho’ al aborto, o disfrazado eufemísticamente como derecho a decidir sobre la maternidad o la salud sexual o autonomía reproductiva, no aparece en la Constitución Española de 1978, ni en el Convenio europeo para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales de 4 de noviembre de 1950, ni en la muy reciente Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea de 7 de diciembre de 2000″.
En su opinión, “existe un fraude de ley, sí, pero también de tamaño. A medida que el ser humano es más pequeño, incluso microscópico, se le da menos protección”. Respecto a la constitucionalidad de esta futura ley, si se llegara a aprobar, Trías señaló que “la sentencia 53/85 dejó abierta alguna puerta de la ambigüedad, porque recogió que la vida humana concebida, el ‘nasciturus’, merece protección desde el primer instante y es distinta de la vida de la madre, pero no le dió un carácter absoluto”.
El psiquiatra Jesús Poveda se manifestó favorable a fomentar la “objeción de ciencia”, además de la objeción de conciencia, respecto al aborto, y aseguró que el aborto en España “es sobre todo un gran negocio, teniendo en cuenta que sólo el 2,5% de los más de 112.000 abortos que se efectuaron en España en 2008 tiene lugar en hospitales públicos. El resto, un 97,5 por ciento tiene lugar en centros privados, a una tarifa media de 600 euros. Multipliquen ustedes”, afirmó.
El médico recordó la conocida frase “el que salva a un ser humano, salva a la humanidad”, y reveló que la primera relaciones públicas de la Dator fue quien montó el centro abortista Isadora, donde se puso en marcha una Unidad de Trastornos de Identidad, personal y sexual. A su juicio, existe relación entre ambas cuestiones. El Dr. Poveda valoró también positivamente el Voto particular del PP al Informe de la Subcomisión del aborto -de la que dijo: “fue abortada”-, pero añadió que hay CCAA como Madrid que financian abortos con dinero público, aunque ayuden a madres embarazadas.
El eurodiputado Alejo Vidal-Quadras afirmó “el valor sagrado de la vida humana”, considera la posición ante el aborto “tan trascendental que define a una sociedad”, y enmarcó las políticas abortistas en el marco “de la agenda zapateril de acabar con los fundamentos morales y antropológicos de lo más excelso de la sociedad occidental”. En este sentido, señaló que el partido socialista quiere “acabar con la familia e implantar la ideología de género”. Vidal-Quadras animó a la diputada popular Sandra Moneo, presente en el debate y que ha participado en la Subcomisión del Aborto, a no dejar de lado “el debate ideológico en el Parlamento”, “porque estamos ante un choque de dos concepciones del ser humano, y una de ellas tiene una visión absolutamente materialista y pseudomarxista del hombre”. La diputada Sandra Moneo manifestó entre otras cosas que “podemos perder el debate parlamentario cuando tenga lugar -hasta UPyD se ha manifestado a favor de la ley de plazos-, pero tenemos que ganar el debate social“. Anteriormente, había reiterado su oposición frontal a considerar el aborto como un derecho, tal como subraya el Voto Particular del PP, reiteró que su partido recurrirá la ley ante el Tribunal Constitucional, y apostó por un Plan Nacional de Apoyo a la Maternidad, tal como figura en el Voto Particular.

Monday, March 23, 2009

20/03/2009 | Editorial ALBA. La Ciencia desenmascara a los abortistas

El abortismo es una madeja de mentiras. Poco a poco, gracias a la tenaz resistencia y el valiente ataque de los defensores de la vida y dignidad humanas, toda esa tenebrosa telaraña de falsedades va desenmascarándose. Titulamos nuestra anterior editorial “Resistir es vencer”. Esta semana tenemos una magnífica confirmación de la tesis. Nos referimos al Manifiesto en Defensa de la Vida Humana, firmado por cientos de científicos, investigadores, académicos e intelectuales españoles, dado a conocer este 17 de marzo. Se están sumando al citado Manifiesto las Reales Academias y miles de ciudadanos. Lo más relevante no es la cantidad de firmantes, aunque es alentador este despertar de la sociedad civil -sus más expertos profesionales dedicados a la ciencia- ante la barbaridad del Zetaborto. Lo más importante es que el abortismo ha perdido el mundo de la ciencia, de la inteligencia y de la cultura independientes. Como proclama el Manifiesto, “existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación”.
Así lo confirman los conocimientos actuales de la Genética, que prueban la presencia desde el instante de la concepción de una identidad genética singular. Los de la Biología celular que prueban que la vida de cada ser humana comienza en una única célula inicial, el llamado cigoto, en cuyo núcleo se encuentra la información genética que se conserva en todas las demás células y que configura el diseño y desarrollo de todo el organismo. Los de la Embriología, que nos demuestran que la vida humana se despliega en fases, sin solución ni fractura ni saltos, desde la concepción del cigoto hasta la muerte por vejez.
El abortismo va contra la evidencia científica. Por eso necesita urdir mentira tras mentira, decir simplemente estupideces, o manipular y engañar cínicamente a la ciudadanía. El abortismo es mera ideología, que esconde una barbaridad homicida injustificable, que se ampara en la tiranía de un poder político sin escrúpulos. Sin poder y sin dinero, el abortismo -su cobertura ideológica y sus negocios- se iría a medrar a otro panal. A su vez, el aborto, como hecho, quedaría reducido a la marginalidad clandestina del vicio y las tragedias. Las tragedias humanas se podrían y deberían afrontar con muchas iniciativas de amparo, solidaridad y soluciones. Bastaría con apoyar las actualmente existentes en favor de las mujeres en riesgo.
La pobre Bibí Aído -la ministra de Igual Da-, a la pregunta por el momento de inicio de la vida humana, respondía “que ésta era una cuestión ideológica”. Con ello la pobre Bibí creía tener la astucia de desplazar esta pregunta tan sencilla y fundamental al reino del pluralismo de las ideologías y opiniones. Vamos, al país de ser del Barça o del Atletic, de gustarte la naranjada o el whisky, de para mí la paella y para usted las cocochas. Pobre Bibí…, ni se dio cuenta de que con esa respuesta confirmaba que “para ella, Zetaborto y todo el abortismo”, el origen de la vida y el aborto son una cuestión ideológica, en vez de una realidad objetiva científicamente demostrable.
Con esa necedad de respuesta, la pobre Bibí ratificaba que están imponiendo una mera ideología de unos pocos, encaramados al poder, a todos los ciudadanos, en contra de la libertad ideológica del art. 16 de la Constitución que prohíbe al Estado y a los poderes públicos tener una ideología oficial e imponerla a la libertad de los ciudadanos. Pobre Bibí, confesándonos que, para ella, el origen de la vida humana, el instante en que cada uno de nosotros empieza a vivir, es “una cuestión ideológica”. La Genética, la Biología molecular y celular, la Embriología y tantas otras ciencias conexas no sabían si desternillarse de risa o de pena. Han optado por publicar el Manifiesto.
Los cientos de firmantes y los miles de adscritos al Manifiesto, además, han puesto de relieve que la defensa de la vida humana y de su dignidad, desde su inicio en la concepción hasta su muerte natural, no es una manía de pura índole religiosa de la Iglesia Católica. Se trata de una evidencia de la razón, al alcance de cualquier mente abierta e independiente, que la ciencia demuestra y que tiene consecuencias jurídicas y sociales muy importantes. Por eso mismo, el abortismo y su proyecto de ley para dejar libre el aborto es un homicidio masivo de los seres humanos más inocentes e indefensos, es una degradación de la mujer y su maternidad, un abandono insolidario, una promoción de la crueldad o de la frivolidad, una manifestación de violencia radical, una corrosión de las responsabilidades y lazos más humanos como son los vinculados a la procreación y la familia.
Por ello, el abortismo constituye una caída gravísima en la ruina moral de una sociedad, que, al permitirlo, se deja corromper muchísimas otras relaciones sociales y personales. Ojalá, depués de los genetistas y embriólogos, nos digan ahora los economistas el brutal coste económico en el empobrecimiento de la población, en la baja natalidad y en el envejecimiento, en la pérdida de actitudes socialmente valiosas, en la degeneración juvenil y tantas otras lacras, que el aborto masivo legalizado produce en nuestra sociedad.
Ya va siendo hora de que al abortismo y a ciertas alternativas sexuales se les levanten las faldas de su exiguo o negativo balance en las funciones sociales estratégicas, y se compare ese balance marginal con los excelentes resultados que a la sociedad aportan las funciones cumplidas por las familias matrimoniales, con padre y madre estables, con hijos y comprometidos con su buena educación todo el tiempo que haga falta. El abortismo, la desestructuración conyugal y familiar, los experimentos sexuales progreideológicos son muy caros. Más bien, una ruina económica para la sociedad.
Paradójicamente, quien sostiene la posibilidad de esos experimentos y sus ruinas son las familias estables con estructura fuerte y comprometida. Si la mayoría de la sociedad viviese según las alternativas y experimentos progres, la sociedad se vendría abajo por inviable. En fin, todos saben, por ejemplo, que una sociedad mayoritaria de uniones homosexuales no lograría prolongarse la próxima generación.
Que la Iglesia y los católicos estén en la activa, valiente y tenaz defensa de la vida y de la dignidad humanas es una obligación con la verdad de las cosas, obligación que los católicos comparten con cualquier persona, de otras confesiones o no creyentes, que aman buscar la verdad, ser consecuentes con sus evidencias, y honrados con los derechos y libertades fundamentales del hombre. Pero la dignidad humana, el valor de cada vida y los derechos fundamentales son “realidades” -que no manías ideológicas ni tampoco beaterías- de gran verdad y de enorme excelencia para cual hombre o mujer de buena voluntad y recta razón. Quien lucha por ellas se ennoblece. La vida, en vez de la cultura de la muerte y de la mentira, vencerá porque es la verdad.

Saturday, March 21, 2009

La Nueva Física reconoce un Principio Creador

El buscar el origen de la materia, sus entresijos, ha estado siempre en la mente de filósofos y físicos. La moderna física, la física cuántica ha revolucionado conceptos que parecían insalvables.
Uno de los descubrimientos más grandes a este respecto ha sido el que el mundo “objetivo” no parece existir fuera de la conciencia, que a su vez determina sus propiedades, interaccionándose materia y conciencia. Es decir el observador influye en lo observado y recíprocamente. Hoy día las dos corrientes opuestas sobre la naturaleza del Ser: El espiritualismo y el materialismo clásicamente enfrentadas han dado paso a una nueva visión de las cosas: El Metarrealismo.
Para el espiritualista la realidad tiene una dimensión puramente espiritual.
Por el contrario para el materialista lo real se reduce a una dimensión puramente mecánica, donde el espíritu no tiene una existencia independiente, aún más de Demócrito a Marx, el ámbito del pensamiento, no es más que un epifenómeno de la materia, más allá de la cual nada existe. Espiritualismo y materialismo deben de ser completadas con sus correspondientes teorías del conocimiento: El idealismo y el realismo.
Para el idealismo lo real no es accesible, solo existen las percepciones que tenemos de él. Para el realismo el mundo tiene una realidad objetiva, independiente del observador que nosotros percibimos como es.
El metarrealismo realiza la síntesis entre el materialismo y el idealismo, y concilia el realismo y el idealismo. En frase de Jean Guitton: La realidad inmanente que percibimos, alcanza el principio trascendente que se supone le dio origen. Por otra parte según el principio de incertidumbre de Heisenberg, nosotros no observamos el mundo físico sino que participamos en el. Según la nueva física, nosotros soñamos el mundo, y lo hacemos
como algo durable, omnipresente en el espacio y estable en el tiempo, pero más allá de esta ilusión, se desvanecen las categorías de lo real y lo irreal. El espíritu y el mundo no forman sino una única realidad (Igor Bogdanov) Como dice Pearce, el espíritu humano refleja un universo que refleja el espíritu humano. El metarrealismo comienza en el momento que el soñador toma conciencia de si mismo y de su sueño.
Para Heinz Pagels, expresando la mayor parte de los físicos afirma que el Universo es un mensaje redactado en un código secreto, un código cósmico y que la tarea del científico consiste en descifrar ese código. En un marco metarrealista puede comprenderse ese código, pero para ello tenemos que admitir que el espíritu y la materia forman una única realidad, como la luz misma que es a la vez corpúsculo (material) y onda (inmaterial); que el Creador de este universo materia/espíritu es trascendente; que la realidad en sí de este universo no es cognoscible.
La teoría cuántica nos dice que para comprender lo real tenemos que renunciar a la noción tradicional de materia, como materia tangible, concreta y sólida; que el espacio y el tiempo son ilusiones; que una partícula puede ser detectada en dos sitios a la vez; que la realidad fundamental no es cognoscible. Existimos a través de “algo” cuya naturaleza y propiedades son difíciles de captar, pero que se asemejan más al espíritu que a la materia tradicional. ¿Qué hay tras el velo que vela lo real? …
La constante de Plank, de una pequeñez extrema (su valor es de 6,626.11 elevado a -34 julio segundos) representa la más pequeña cantidad de energía que existe en nuestro mundo físico, la más pequeña acción mecánica concebible, un verdadero muro dimensional, ya que representa el límite último de la divisibilidad de la radiación, de toda divisibilidad. Este límite introduce otros como la “última longitud de Plank” que representa el intervalo más pequeño posible entre dos objetos aparentemente separados; y “el tiempo de Plank” que designa la unidad de tiempo más pequeña posible”. Acontecimientos en apariencias desordenados e imprevisibles, entrañan un orden tan sorprendente como profundo.
¿Cómo explicar la existencia de un orden así en el corazón del caos? ¿Por qué existen esas fronteras? ¿Qué hay más allá? ¿Quién ha decidido su existencia y su valor?...
Como observamos los descubrimientos de la nueva física se acercan a la esfera de la intuición metafísica como afirma Guitton. A este respecto, el físico Eddington argumentaba lo siguiente: “Se podrá decir, quizá, que la conclusión que se extrae de esos argumentos de la ciencia moderna es que, para un científico razonable, la religión se ha vuelto posible en torno al año 1927”. Ya Pasteur comentaba que “Un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha devuelve a Él”. Heisenguer a este respecto afirmaba que “La experiencia de la física moderna, nuestra actitud hacia conceptos como el espíritu humano, el alma, la vida o Dios será diferente de la que tenía el siglo XIX.
Los astrofísicos toman como punto de partida las primeras milmillonésimas de segundo que siguieron a la Creación. A 10 elevado a -43 segundos después de la explosión del Big Bang, el Universo entero, con todo lo que contendría más tarde, las galaxias, los planetas, la Tierra, todo estaba contenido en una esfera de una pequeñez inimaginable: 10 elevado a 43 cm., es decir miles y miles de millones de veces más pequeña que el núcleo de un átomo, se expandió en un Universo en constante expansión.
Los físicos no tienen la menor idea acerca de lo que podría explicar la aparición del Universo, tropiezan con el “Muro de Plank”. Detrás de este muro se esconde según el físico Igor Bogdanov una realidad inimaginable, una realidad vertiginosa donde la estructura del espacio se hunde en un cono gravitatorio tan intenso que el tiempo recae del porvenir al pasado y estalla en el fondo del cono, en una mirada de instantes iguales a la eternidad.
Según la teoría cuántica, el universo físico observable no está hecho de otra cosa que de pequeñas fluctuaciones sobre un inmenso océano de energía. No solamente el espacio tiempo y la materia nacerían de ese plano primordial de infinita energía y de flujo cuántico, sino que estarían permanentemente animados por él. El físico David Bohm, piensa que la materia y la conciencia, el tiempo y el espacio no representan más que un “íntimo chapoteo” respecto a la inmensa actividad del plano subyacente, el cual proviene de una fuente eternamente creadora situada más allá del espacio y del tiempo.
¿Cuál es desde un punto de vista físico, la naturaleza de ese plano subyacente? ¿Puede ser mensurable físicamente?...
Para intentar contestar a estas preguntas tenemos que recordar el vacío absoluto. Este caracterizado por ausencia total de materia y energía no existe. Incluso el vacío que separa las galaxias no está totalmente vacío sino que contiene algunos átomos aislados y diversos tipos de radiación. En el “fondo” de ese vacío existe un campo electromagnético residual dicen los físicos. Y ésta energía residual puede convertirse en materia durante el curso de sus “fluctuaciones de estado”: Nuevas partículas surgen entonces de la nada. Podemos por ello inferir que justo antes del Big Bang un flujo de energía inconmensurable fue transferido al vacío inicial y generó una fluctuación cuántica primordial de la que habría de nacer nuestro Universo. ¿De donde vino esa energía en el comienzo del Big Bang? ¿Qué se esconde tras el muro de Plank?...
Una energía primordial de una potencia ilimitada; un tiempo total, inagotable que todavía no había sido troceado en pasado, presente y futuro, un tiempo absoluto que no transcurre, todavía no separado en un orden simétrico, y que corresponde a la misma energía total, inagotable se escondía en un tiempo absoluto que es eternidad.
El océano de energía ilimitada es el Creador, el Principio Original, fuerza infinita, ilimitada sin comienzo ni fin. Las leyes de la física pierden pie ante el misterio absoluto de Dios y la Creación, comenta Jean Guitton; por ello no podemos comprender lo que hay detrás del Muro, y de esa Realidad Ontológica, el Creador, Conciencia Original, consciente del Ser que es en la Totalidad de la nada. Que decidió crear un espejo de su propia existencia, rompiendo en definitiva con la hermosa armonía de la nada original. Y así La Materia, el Universo, el propio hombre, son creados a imagen y semejanza del mismo Dios; un modelo de creación autónomo y en evolución continua. No existe otra motivación del por qué creo Dios el Universo, y al hombre que por amor. El se bastaba así mismo pero quiso proyectarse en el hombre, a fin de que también disfrutara del propio Cosmos.
El salto decisivo para el comienzo de la vida no se da a nivel atómico, ni nuclear, pues a esos niveles los átomos del hombre son iguales a los de una piedra, sino a nivel de las macromoléculas, donde las diferencias son muy importantes y atañen a las segregaciones de materia entre el mundo mineral y el orgánico.
La vida es materia informada ¿De donde le viene esa información? ¿Por qué azar se han aproximado ciertos átomos para formar las primeras moléculas de aminoácidos, y aún más por qué se han ensamblado éstas hasta llegar a ese edificio complejo que es el ADN, portador del mensaje inicial que permitió reproducir a la primera célula viva? ¿Quién ha determinado las leyes de la propia evolución previsibles incluso por cálculos estadísticos y de probabilidad?...
Estas preguntas y muchas otras que nos podríamos hacer quedan sin respuesta si uno se atiene únicamente a las hipótesis que hacen intervenir al azar. Por ello las ideas de los biólogos han comenzado a cambiar desde hace algunos años, lanzando hipótesis que se apoyan claramente en la intervención de un principio organizador, que transciende la materia. (Lo que desde la Biblia se llama, Dios; y en Él nos movemos, somos y existimos (Act11, 28) Es el concepto panenteísta, también llamado así desde la teología.
Para que fuera posible la emergencia de la vida en nuestro planeta Tierra tuvieron que darse unas condiciones muy difícilmente achacables al azar, pues pensemos que a escala cósmica, el espacio vacío es tan frío (menos de 273 grados) que cualquier criatura viva incluso la más sencilla sería congelada instantáneamente. Por otro lado la materia de las estrellas es tan ardiente que ningún ser vivo puede resistir allí; además en el Universo hay perpetuas radiaciones y bombardeos cósmicos que hacen imposible cualquier clase de vida. Ahora bien a pesar de todo ello, la vida ha aparecido en nuestro planeta.
Hace cuatro mil millones de años, lo que llamamos vida no existía en nuestro planeta, y en un ambiente como hemos comentado desfavorable para la vida misma, los primeros cuerpos simple van a unirse según leyes que en nada deben al azar. Siguiendo la misma ley de afinidad atómica, los aminoácidos van a ensamblarse para formar las primeras cadenas de péptidos. Surgen también las primeras moléculas nitrogenadas (purinas y pirimidinas) de las que nacerá más tarde el código genético y los nucleótidos de las moléculas del ARN. Así en centenares de millones de años, la evolución engendrará sistemas bioquímicos estables, autónomos, protegidos del exterior por membranas celulares, los cuales se parecen ya a ciertas bacterias primitivas.
¡No existe el azar en el proceso creativo!, cita el físico Grichka Bogdanov, ya que para que la unión de los nucleótidos conduzca por “azar” a la elaboración de una molécula de ARN utilizable es necesario que la naturaleza multiplique a tientas los ensayos durante al menos 10 elevado a 15 años, es decir un tiempo cien mil veces más largo que la edad total de nuestro Universo. Dicho de otra forma, un solo intento al azar sobre la Tierra habría bastado para agotar el Universo entero, como si todos los esquemas de la evolución hubieran sido escritos de antemano, desde los orígenes.
El universo es “inteligente”, cita Guitton. Como cita Teilhard de Chardin, hasta la partícula más elemental tiene conciencia (no pensante). Una Inteligencia Original fue la que transcendió lo que existe en nuestro plano de la realidad y la que ordenó en el instante de lo que llamamos Creación, la materia que ha dado origen en su evolución a la vida como la que conocemos.
Es sorprendente y maravillosa la ordenación ultraestructural microscópica de la materia provista de átomos compuestos de núcleos aún más pequeños y electrones que orbitan a su alrededor. Similar es esta estructura microscópica a la de los propios planetas que orbitan alrededor de soles en nuestras galaxias.
El hombre portador de esta misma estructura atómica, verdadero microcosmos, se encuentra en el punto medio, en el centro del Universo, entre lo “infinitamente pequeño” y lo “infinitamente grande”. El es también portador de un “mundo” microscópico y macroscópico, que aprehende por sus sentidos, por su conciencia.
Si analizásemos cuánticamente algo visible, por ejemplo una gota de agua, observaríamos que está compuesta de moléculas, alrededor de miles y miles de millones. Cada una de las cuales mide 10 elevado a - 9 metros.
Penetrando en esas moléculas, descubriremos allí átomos más pequeños, con dimensiones de 10 elevado a -10 metros. Cada uno de esos átomos está compuesto de un núcleo todavía más pequeño de 10 elevado a -14 metros, y electrones que gravitan a su entorno. Si entramos en el corazón del núcleo hacia una dimensión de 10 elevado a -15 metros, encontramos nuevas partículas como los protones y neutrones, pero aun se hallan nuevas partículas como los ladrones y los quarks hasta el “muro dimensional” de 10 elevado a -18 metros. Si se redimensionase el tamaño de ese mundo subatómico, microscópico, a nuestra visión macroscópica, ese mundo subatómico ampliado a esa escala, impediría ver el nuestro; se superpondría a la visión que tenemos del mundo actual.
Existe un inmenso vacío entre las partículas elementales. Si por ejemplo se representa el núcleo de oxígeno al tamaño de una cabeza de alfiler, los electrones que gravitan a su alrededor, a igual escala, describirían una circunferencia que pasaría por la mitad de Europa. Si todos los átomos de nuestro cuerpo pudieran juntarse hasta tocarse, tendríamos el tamaño de unas milésimas de milímetro, nos dice el físico Igor Bogdanov. Por ello la ordenación entre sí de los átomos y las partículas que giran alrededor de sus núcleos, están configurados a determinadas escalas de distancia entre sí, y son los que configuran nuestro aspecto y apariencia; y así de todos los seres vivientes y las cosas.
Es el umbral de la longitud de onda de nuestros sentidos, visual y auditivo preferentemente, los que aprehenden la forma habitual de los objetos que nos rodean y la de otros seres vivos, acordes con ellos. Por ello lo que nosotros vemos y oímos, no es igual a lo que ven y oyen otros seres vivos, ni los propios hombres (Cada ser vivo ve el mundo, las cosas de forma diferente). Lo observado se encuentra influido por cada mente que observa, añadiéndose así una nueva ilusión a la ya apariencia ilusoria de las cosas, “maja”, que dice la filosofía hindú.
Cada ser, cada cosa, está configurado de forma distinta. Sus átomos y electrones no presentan en realidad un aspecto “sólido material” sino que se encuentran en una danza, en un ballet constante de sus partículas, en un equilibrio dinámico diferente en apariencia aunque común a todos ellos, influyendo en ello su mayor o menor velocidad, en dependencia de su longitud de onda. Y se mantiene ese equilibrio formal debido a la existencia de campos morfogenéticos distintos para cada ser y cada cosa, que provenientes de lo inmaterial, cobran forma material en cada uno de ellos. Dichos campos están ordenados de antemano y fueron proyectados al Universo por la Conciencia Original, por el arquitecto Universal, en un diseño de materia creativa en evolución. A lo largo de su evolución han ido configurándose y tomando determinadas formas aparentes, equilibrios dinámicos distintos: “Hierbas, semillas y árboles cada uno según su especie diferente; seres vivientes según su especies diferente y finalmente el hombre creado a imagen y semejanza del Creador” (Génesis1). Pero el aspecto “real” de las cosas no es lo que vemos, sino que está acomodado a nuestros sentidos, “lo vemos y oímos así”, pero es lo que es.
La auténtica realidad se encuentra en un plano subyacente que mantiene ese equilibrio de átomos y de partículas que define la apariencia de cada cosa, cada criatura. Por ello dicen los hindúes que el mundo es “maja”, ilusión. Cada ser vivo aprecia lo aparente de una forma heterogénea, ya que sus sentidos captan de forma diferente las formas que le rodean.
Todo es relativo, menos la realidad esencial que lo sustenta. Existe no obstante como un común denominador en el Universo que nos une a todos los seres creados, a las cosas también entre sí, más allá de un estricto sentido ecológico.
El mundo objetivo no parece existir fuera de la conciencia humana que determina sus propiedades, y donde lo observado influye en el observador y viceversa. El espacio y el tiempo son abstracciones, puras ilusiones, comentan los físicos cuánticos. ¿Cómo capta un ciego de nacimiento el mundo, las formas exteriores, lo que le rodea?...Desde luego no igual que una persona que utiliza su vista.
Cada ser vivo observa y es observado, influyéndose mutuamente. Dios principio Universal de todo es el gran Observador, el “Ojo” que todo lo ve y que influye en nosotros a través de su acción sustentadora del mundo, en definitiva de su Gracia, que nos ofrece su amistad en su Hijo Jesucristo que nos enseñó a llamarle Padre. Nosotros los observados por Él, también le influenciamos a través de nuestra oración.
La apariencia de “solidez o fluidez” de la materia, de lo que observamos a nuestro alrededor, depende de la mayor o menor velocidad de las partículas que componen la materia misma, de su longitud de onda. En realidad todo se encuentra en un proceso de fluidez constante. Si dispusiésemos de sentidos adecuados, no los humanos, podríamos ver esa danza, ese ballet constante de nuestros átomos y partículas subatómicas que nos constituyen, a nosotros y a otros seres vivos y cosas. Bajo esa apariencia ilusoria de cada ser vivo en su diversidad, de cada cosa, late la realidad ontológica que la sustenta que es Dios: La Realidad intangible e invisible, la Conciencia Original, el Principio Universal que lo sostiene todo y lo mantiene todo: “En Él nos movemos, somos y existimos” (Act11, 28)
Nuestro Ser Esencial, es nuestra esencia inmaterial e invisible. Creado por Dios constituye lo más íntimo de nosotros mismos, aposento, templo, de la Divinidad en nosotros (1Cor3, 16). Más allá de la aparente realidad de cada ser late ese Ser Esencial, esa presencia invisible de lo divino, y que no solo se encuentra en el hombre de una manera muy especial, sino que palpita también en cada ser vivo, en cada cosa creada. En determinadas circunstancias ese Ser Esencial puede revelársele al hombre que lo porta, de una forma íntima y cálida, así como podemos captar también el ser esencial de cada cosa (Dürckheim; Frankl) Y es que Dios, como decía Teilhard de Chardin se encuentra íntimamente en la materia sustentándola: “Materia y Espíritu, conviven en el corazón de la materia misma”. El escritor francés Saint Exupéry decía también:”Lo esencial es invisible”.

Existe una semejanza, un patrón semejante, una equivalencia entre el mundo microscópico subatómico y el macrocosmos galáctico sideral, donde los soles están rodeados de planetas gravitando a su alrededor, como los electrones gravitan alrededor de sus núcleos. En realidad todo está configurado y es parte del Big Bang originario de todo el Cosmos. Todo provino, al principio de los tiempos, de un “Núcleo esencial”, de un Universo miles de millones de veces más pequeño que la cabeza de un alfiler que se expandió. Después del instante originario de la Creación, unos quince mil millones de años atrás, citan los físicos, fueron suficientes, algunas milmillonésimas de segundo para que el Universo se proyectara hacia fuera de su Núcleo Cómico original, y entrara en una fase extraordinaria de expansión que los físicos llaman “era inflacionaria” para que el Universo se expandiese, se “hinchase a 10 elevado a - 50 veces, es decir pasase del tamaño de un núcleo de un átomo al de una manzana de 10 cm. de diámetro. Y continúa aún expandiéndose ilimitadamente. De lo microscópico se proyectó a lo macroscópico (términos considerados desde nuestras magnitudes sensoriales), a distancias siderales de miles de millones de años luz, pero su estructura es la misma.
¿Cuál fue la fuerza expansora de este Universo? ¿Por qué hay algo en lugar de la nada?...
Hay un orden estructural en todo el Cosmos, y ese orden ultraestructural microscópico de la materia misma a nivel subatómico es el que reina semejante en las galaxias y compone también nuestro propio cuerpo de seres vivos. Por ello el hombre es un microcosmos, lleva el Cosmos en su interior y sus “distancias son casi infinitas”. Y formado de esa misma estructura, a su vez, observa lo microscópico y lo macroscópico sideral con la propia medida de sus sentidos, la suya. Pero en la realidad el Universo no es microscópico, ni macroscópico: “Es lo que es”. Nosotros lo vemos bajo esas apariencias micro o macroscópicas, incluso vemos estructuras de nuestro cuerpo al microscopio, pero todo ello es “apariencia”, formas acomodadas a la longitud de onda de nuestros sentidos. (Otros seres distintos al hombre lo verían de forma diferente).
Lo real es lo real, y la única realidad que lo sustenta todo es subyacente a la Creación misma. Es ese océano de energía primordial, conciencia infinita primordial, tiempo absoluto donde no existe el tiempo porque es eternidad, que llamamos Dios. El creó el Universo con su energía. Procede el hombre de la misma realidad ontológica de Dios, pero somos distintos a Él, porque nos creo con autonomía y capacidad de libertad, pero a imagen y semejanza suya (Gn1, 26) Por ello procedemos de la inmaterial, de lo invisible y a ese “mundo” volveremos. Lo que llamamos materia provino de la no materia. Con estos argumentos de la ciencia moderna, y como ya comentó el físico Eddington: “Para un científico razonable, la religión se ha vuelto posible en torno al año 1927”.
En el modelo físico actual materia y no materia, corpúsculo u onda se superponen. Hoy en día en física cuántica, se admite la coexistencia de estos modelos fenomenológicos; no se contraponen, ni se excluyen. El ser humano participa de los dos, son como la cara y cruz de una misma moneda.
En física clásica, la materia está representada por partículas, mientras que las fuerzas son descritas por campos. La teoría cuántica, al contrario, no ve en lo real más que interacciones. No se puede describir un campo más que en términos de transformaciones de las estructuras del llamado espacio-tiempo en una región dada; por lo que, lo que se llama realidad no es otra cosa, nos dice Jean Guitton, que una sucesión de discontinuidades, de fluctuaciones, de contrastes y de accidentes de terreno, que en conjunto, constituyen una red de informaciones.
La conciencia del hombre, su Ser Esencial es lo invariable (inmaterial como Dios mismo), su núcleo divino reflejo de la Conciencia Original, creado el hombre a imagen y semejanza de su Creador (Gn1, 26). Se constituye como la expresión fundamental de lo material-inmaterial subatómico del hombre y que se refleja en sus diversas vertientes: Física, psicológica mental-emocional y espiritual. Resucita tras lo que llamamos tránsito o muerte física. Esta es un proceso de metamorfosis, de esencialización de la materia-no materia constitutiva de nuestro ser. Estimamos que resucitamos en cuerpo (materia) espiritual, con una física celeste materia-inmaterial, si se puede decir así, invisible para los sentidos terrenos. Resucita la “memoria” dijo Teilhard de Chardin.
En determinadas circunstancias (durante el sueño, estados comatosos, relajación, tras accidentes, enfermedades…) pueden ocurrir “conexiones” de nuestros campos energéticos con estos cuerpos espirituales, con redes energéticas de información que nos rodean (Los hindúes nos hablan a este respecto de la llamada red de Indra). Se trataría de las llamadas “redes de “espacio-tiempo”, que nos pueden conectar a otros espacios dimensionales donde entramos en comunicación con ellos, o a nos introducimos en campos de información, como por ejemplo, le puede ocurrir a un investigador que recibe intuitivamente la solución a su problema. Para el físico Edward Fredkin, bajo la superficie de los fenómenos, el Universo funciona como si estuviera compuesto por un enrejado tridimensional de interruptores, algo así como las unidades lógicas de un ordenador gigante; por ello las partículas intraatómicas y los objetos que ellas engendran no son otra cosa que “esquemas de información” en perpetuo movimiento.
Estimamos que bajo la superficie fenomenológica existen planos energéticos, superpuestos e intrincados entre sí; un “mundo” de interconexiones con otros mundos, con otras dimensiones.
El hombre posee en su propia anatomía visible la estructura microscópica subatómica que a su vez tiene el mundo sideral macroscopico visible. Pero macroscópico ¿Para quién? ¿Para el propio hombre que observa el Universo a la medida de sus sentidos? Solo la conciencia del hombre es capaz de ver diferente lo que la Conciencia Universal observa desde su unidad primigenia. Observa con sus ojos las cosas y las ve como diferentes en sus formas, pequeñas o grandes en apariencia, a escalas diferentes, lo que en realidad es una proyección ilusoria que le ofrece sus sentidos.
Cada parte que ve contiene el todo en ella, la realidad primigenia invisible que lo sustenta. El todo se refleja en sus partes. El todo y la parte refleja a todo lo demás. Y como decía el filósofo Emile Boutroux, el todo es uno, pero el uno está en el otro, como las tres personas.

Lo que llamamos casualidad o azar, bajo esta visión de las cosas, se revelaría que no es así, sino que es manifestación de una intrincada red de conexiones que permanecen subyacentes: redes de “espacio-tiempo”, y que en determinadas circunstancias, “cruces energéticos” de esas redes, explicarían fenómenos difícilmente achacables al azar, como son los sincronismos o sincronicidades (coincidencia en el tiempo de dos o más fenómenos), o incluso contactos ultrasensoriales en otras dimensiones de la realidad, fenómenos que pertenecen hoy día al campo de la Parapsicología (Ver: La Otra Cara de la Medicina: El hombre ante el dolor y la muerte. ¿Hay algo después de esta Vida? Cita del autor)
Pero en definitiva nos podemos preguntar ¿Cuál es el origen de tales informaciones, de tales redes? ¿Qué hay más allá de la última frontera, la que limita misteriosamente lo que llamamos la realidad física?...
Ahí comienza el dominio del espíritu, donde el soporte físico ya no es necesario para transportar esa inteligencia, ese orden profundo que observamos alrededor nuestro. Ese “casi nada” comenta el filósofo Jankélévitch es precisamente eso, la sustancia de lo real.
La teoría cuántica relativista de los campos nos acerca a la concepción espiritualista de la materia. Bajo esta perspectiva, una partícula no existe por sí misma sino únicamente a través de los efectos que origina. Este conjunto de efectos se llama campo. Así los objetos que nos rodean no serían más que conjuntos de campos (campo electromagnético, campo gravitatorio, campo electrónico, campo protónico…) siendo la realidad esencial, un conjunto de campos que interaccionan permanentemente entre ellos. La sustancia de un campo es la vibratoria, conjunto de vibraciones parciales, a las cuales están asociadas diversas clases de partículas elementales, que son las manifestaciones “materiales” del campo, que se desplazan en el espacio e interactúan unas con otras, formando redes “espacio-tiempo”. La realidad subyacente es el conjunto de campos posibles que caracterizan a los fenómenos observables, los cuales sólo pueden ser observados por mediación de partículas elementales.
No podemos percibir pues el “fondo” de materia, a lo sumo podemos percibir los efectos originados por el encuentro de esos campos a través de esos eventos fugitivos, fantasmales, a los que se llaman interacciones. Pero por muy fantasmales que sean sus efectos existen en el mundo físico ordinario y son, por consiguiente mensurables.
Nada estable existe en el nivel fundamental, todo se encuentra en perpetuo movimiento, todo cambia y se transforma sin cesar, en ese ballet caótico, indescriptible, que agita frenéticamente las partículas elementales. En el fondo los objetos que nos rodean no son más que vacío, frenesí atómico y multiplicidad, nos dice Jean Guitton.
El vacío no existe. No hay ninguna región del espacio tiempo donde no se encuentre “nada”; por todas partes se encuentran campos cúanticos más o menos fundamentales. Cada vez son más los físicos para quienes el Universo no es otra cosa más que un tablero informático, una vasta matriz de información, una red infinita de interconexiones, de planos y de modelos posibles que se cruzan y se combinan según leyes que son hoy día todavía inaccesibles para nosotros.
La realidad observable no es más que un conjunto de campos. Lo real está subtendido por campos, el primero de los cuales es un campo primordial, caracterizado por un estado de supersimetría, un estado de orden y de perfección absolutos. El espacio y el tiempo no tienen ninguna clase de existencia independiente y son a su vez proyecciones ligadas a los campos fundamentales. Dichos campos son los verdaderos soportes de lo que Guitton llama: “El espíritu de la realidad”. El físico David Bohm piensa que existe un orden implícito, escondido en las profundidades de lo real. En este sentido, habría que admitir que es como si el Universo entero estuviera lleno de inteligencia y de intención, de la más mínima partícula elemental a las galaxias., tratándose en ambos casos del mismo orden, de la misma inteligencia.
Esta interpretación de lo real, resultado directo de los trabajos de la Escuela de Copenhague, dice Guitton, abolió toda distinción fundamental entre materia, conciencia y espíritu: solo queda una misteriosa interacción entre esos tres elementos de una misma totalidad.
Una de las experiencias más apasionantes de la física cuántica fue la de las rendijas de Young. Según la ecuación de Schrodinger, cuando las partículas de luz pasan a través de la rendija de una superficie plana y golpean una pantalla situado detrás de ella, el 10% de ellas chocará contra una zona A, mientras que el 90% restante chocará contra una zona B. Ahora bien, el comportamiento de una partícula fotónica aislada es imprevisible: solo el modelo de distribución de un gran número de partículas obedece a leyes estadísticas previsibles. Si enviamos las partículas una a una a través de la rendija, una vez que el 10% de ellas haya chocado contra la zona A, nos parecerá que las siguientes partículas “saben” que la probabilidad ya se ha cumplido y que deben de esquivar esa zona. ¿Qué tipo de interacción existe entre las partículas? ¿Intercambian algo parecido a una señal? ¿Obtienen de la misma red del campo cuántico la información adecuada para guiar su comportamiento?
Supongamos también, como comenta el físico Grichka Bogdanov, que se cierra una de las dos rendijas, la izquierda, por ejemplo. Ahora los fotones deberán pasar por la única rendija existente, la derecha. Reduzcamos también la intensidad de la fuente luminosa hasta que emita los fotones de uno en uno. Entonces si “disparamos” un fotón, un instante más tarde el fotón pasará por la única rendija abierta y alcanzará la pantalla. Como conocemos su origen, su velocidad y su dirección, podríamos, con ayuda de las leyes de Newton, predecir exactamente el impacto del fotón en la pantalla. Si ahora abrimos la rendija de la izquierda tapada, y seguimos la trayectoria de un nuevo fotón “disparado” a la misma velocidad que el primero y dirigido a la misma dirección que el primero, a la rendija derecha; observaremos que en vez de golpear el fotón el mismo sitio en la pantalla que el primero, el fotón número dos lo hace en sitio diferente. Todo sucede como si el comportamiento del fotón número dos hubiera sido modificado por la apertura de la rendija izquierda. ¿Cómo ha descubierto el fotón que la rendija izquierda estaba abierta? …
Si seguimos adelante en el experimento y continuamos despachando fotones de uno en uno en dirección a la pantalla, sin apuntar ya a ninguna rendija, observaremos en contra de lo esperado, una acumulación de fotones en la pantalla que forman una imagen geométrica que representa una serie de rayas verticales, alternativamente claras y oscuras, cuyo trazado general evoca el fenómeno físico de la interferencia; una trama de interferencia como ocurría al principio del experimento, antes de manipular las rendijas. Nos podemos preguntar también: ¿Cómo sabe cada fotón que parte de la pantalla debe de golpear para formar, junto con sus vecinos, una imagen geométrica que representa una sucesión perfectamente ordenada de rayas verticales? ¿Cómo sabe la partícula que hay dos rendijas? ¿Cómo es acopiada la información sobre lo que sucede en los demás sitios para determinar lo que es probable que suceda aquí?, se preguntó en 1977 el físico americano Henry Stapp conmocionado por estos resultados.
Se tiene casi la impresión, nos dice Guitton, de que los fotones están dotados de una conciencia rudimentaria; de que el Universo, nos sigue diciendo también el físico Igor Bogdanov, está habitado por un número casi ilimitado de entidades conscientes, discretas en el sentido matemático, generalmente no pensantes, que tienen la responsabilidad de hacer funcionar el Universo. Observaciones y conclusiones actuales que corroboran las intuiciones geniales del sabio jesuita Teilhard de Chardin, para quien todo el universo, hasta la más ínfima partícula, es portador de un cierto grado de conciencia.
Aun sin llegar a hablar de conciencia, es inquietante comprobar, sin embargo hasta que punto la realidad observada está ligada al punto de vista adoptado por el observador. Siguiendo el ejemplo anterior de las rendijas de Young, si conseguimos identificar la rendija por la que pasa cada uno de los fotones, en este caso no se forma ninguna trama de interferencias en la pantalla. Es decir si experimentalmente verifico que el fotón, es una partícula que atraviesa una rendija definida, entonces el fotón se comporta exactamente como eso, como una partícula que atraviesa el orificio. Por el contrario si no observo la trayectoria de cada fotón durante el experimento, entonces la distribución de las partículas en la pantalla termina por formar una trama de interferencias de onda. En conclusión, parece como si los fotones “supieran” que son observados, y aún de qué manera son observados, como dice Guitton. Se comprueba pues que una partícula elemental no existe en forma de objeto puntual, definido en el espacio-tiempo, más que cuando es observada directamente. En realidad el fotón sólo existe en forma de onda de probabilidad, que atraviesa las dos rendijas e interfiere consigo misma en la pantalla. Cuando intentamos observarla, esta onda de probabilidad se transforma en una partícula precisa; por el contrario cuando no la observamos, conserva abiertas todas sus opciones. El fotón manifiesta, por el resultado de los hechos, tener conocimiento del dispositivo experimental, incluso de lo que hace y piensa el observador. Las partes, en cierto sentido, están en relación con el todo. En cierta forma, la conciencia modula el comportamiento del fotón onda y lo convierte en partícula material.

El ser humano en consecuencia recrea la materia, colabora en la obra creadora de Dios. Con la conciencia, materializa la onda, lo inmaterial y le da forma de partícula. Cada persona recrea, cocrea, de forma diferente aunque básicamente igual. El hombre es “Cuasi Dios” como afirmaba el místico sufí Iben Aramí. Ya a este respecto, Henri Bergson, obsesionado como todos los filósofos, por la última interrogación, había murmurado estas extrañas palabras: “El Universo es una máquina de hacer dioses”. Este fue su último aliento filosófico.
Estas consideraciones nos llevan a afirmar que fuera de nuestra mente, no existe la materia como tal; existe por nuestra mente, que le da forma. Y cada persona observa la materia de “forma” diferente. En definitiva como dice la filosofía hindú: Lo que observamos, el mundo como tal es “maja” ilusión. Lo verdaderamente real subyace en la materia misma. “Lo esencial es invisible” citaba Saint Exupérie.
El mundo se determina en el último momento, en el instante de la observación. Antes, nada es real, en sentido estricto. Tan pronto como el fotón abandona la fuente luminosa, deja de existir como tal y se convierte en un tren de probabilidad ondulatoria. El fotón original es entonces remplazado por una serie de “fotones fantasma”, una infinidad de dobles que siguen itinerarios diferentes hasta llegar a la pantalla (Igor Bogdanov). Y basta observar la pantalla (la conciencia del observador) para que todos los fantasmas, excepto uno solo, se desvanezcan. El fotón restante se vuelve entonces “real”. En los extremos invisibles de nuestro mundo, por debajo y encima de nuestra realidad, se palpa el espíritu.
El experimento descrito nos muestra que no vivimos en un mundo determinado, sino que somos libres y tenemos el poder de cambiar todo en un instante, con libre albedrío. Por ello las partículas elementales no son solo fragmentos de materia sino los dados de Dios afirma el físico Igor Bogdanov. Y por ello efectivamente, aunque decía Einstein: No es Dios quien juega a los dados”, podemos decir ahora sin embargo: Es el hombre mismo quien juega a los dados con la materia misma, haciéndola rodar en buena dirección (Guitton)
¿Qué pasa con la “realidad” virtual, aquella que no se materializa? ¿Qué pasa con los fotones fantasma que se desvanecen inmediatamente que la mente del observador logra la materialización de uno de ellos? ¿Pueden existir mundos “paralelos”, múltiples al nuestro, otros mundos antimateria? ¿Podría ser que la imagen de un mundo único fuera falsa? ….
Son hipótesis éstas un tanto inciertas, pero quizá allí “debajo o arriba” de la otredad cuántica, comenta Guitton, sea donde nuestros espíritus humanos y el de ese ser trascendente que llamamos Dios sean llevados a encontrarse. Mientras tanto estimo, busquémoslo en el corazón del hombre, en el interior de la materia-espíritu de nuestro propio corazón.

¿Por qué existe este Universo material compuesto de miles de millones de estrellas, dispersas por miles de millones de galaxias que sigue expandiéndose en su recorrido espacio-tiempo? ¿A dónde nos lleva este recorrido?...
La Cosmología responde que el Universo no es eterno; qué tendrá un final, aunque sea infinitamente remoto. Quizá entonces por el frío, debido a su expansión indefinida, las galaxias se pierdan en el infinito, mientras las estrellas, los soles se extingan después de haber irradiado sus últimas reservas. Más allá de la duración misma del protón, la materia misma se disgrega. En un último instante, las últimas motas cósmicas de polvo son engullidas a su vez por el inmenso agujero negro en que se ha convertido el Universo agonizante.
El destino del Universo a largo plazo no es previsible, al menos por ahora. Como dicen los físicos, si su masa total es superior a un cierto valor crítico, entonces al cabo de un tiempo más o menos largo, la fase de expansión llegará a su fin. La materia que forman las galaxias, los estrellas, los planetas, todo eso será comprimido hasta convertirse de nuevo en un simple punto matemático que anulará el espacio y el tiempo. Entonces al término de un lento proceso de desmaterialización la información, acumulada en todo el universo durante centenares de miles de millones de años, se separará de la materia y se liberará de ella para siempre. Por fin el mismo espacio-tiempo se reabsorberá y todo volverá a la nada.
¿A dónde irá toda esa información acrisolada desde el albor de los tiempos? ¿Qué se puede entonces pensar de un Universo situado entre dos nadas, la de su principio y su final?...
Precisamente porque el Universo no tiene el carácter del ser en sí, supone la existencia de otro Ser situado fuera de él. Si nuestra realidad es temporal, la causa de esta realidad, dice Guitton, es ultratemporal, trascendente al tiempo y al espacio.
Quizás entonces sea el final de nuestro mundo, o su consumación coincida con el anuncio de aquel nuevo mundo transformado que se vislumbra en las palabras escatológicas del profeta Isaías, escritas hacia el año 760 antes de Cristo.
Isaías nos habla de una paz mesiánica (I Is11,1-9); de una reconstrucción de Israel (II Is54, 11-17); de una Nueva Jerusalén y de la llegada del Salvador Victorioso ( III Is62, 1-12;63, 1-6,); de una nueva Creación (III Is 65, 17-25) donde el lobo y el cordero pacerán juntos y donde el león con el buey comerán paja; de un culto auténtico (III Is66, 1-4); de un juicio y un pueblo que renace (III Is66, 5-14); de un juicio de los pueblos y de una reunión de todos ellos (III Is66, 15-24).
Y en Efesios se habla de la recapitulación de todas las cosas por parte de Dios en Cristo: “En el cual tenemos por su sangre la redención, el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, la cual Dios sobreabundantemente derramó sobre nosotros con toda sabiduría y prudencia, haciéndonos conocer el misterio d su voluntad, según su beneplácito que se propuso realizar en Él, en la economía de la plenitud de los tiempos, al recapitular todas las cosas en Cristo, las del cielo y las de la tierra (Ef1, 7-10).
Dichas estas consideraciones nos hallamos muy cerca de ese Ser al que la religión llama Dios.
Consideremos además como apunta Guitton, tres consideraciones al respecto:
1º El Universo aparece como acabado, cerrado sobre si mismo. Si se compara con una pompa de jabón que abarque todo, ¿Qué hay a su alrededor? ¿De qué está hecho el “exterior” de la pompa. Es imposible imaginar un espacio exterior al espacio y que lo contenga. Desde un punto de vista físico, un exterior así no puede existir. Estamos pues obligados a colocar más allá de nuestro Universo la existencia de “algo” mucho más complejo: Una totalidad en el seno de la cual nuestra realidad está, en resumidas cuentas, inmersa, algo así como una ola en un vasto océano.
2º ¿Es necesario el Universo? O al contrario: ¿Existe un determinismo superior a la indeterminación cuántica? Si la teoría cuántica ha demostrado que la interpretación probabilista es la única que nos permite descubrir lo real, debemos concluir de ahí que, frente a una naturaleza irresuelta, debe de existir, fuera del Universo, una Causa de la armonía de las causas, una Inteligencia discriminante, distinta del universo.
3º El Universo parece construido y regulado con una precisión inimaginable a partir de algunas grandes constantes. Se trata de normas invariables, calculables, de las que no se puede saber por qué la naturaleza escogió tal valor en lugar de tal otro. Debe de asumirse pues la idea de que
en todos los casos, con valores diferentes del “milagro matemático” sobre el que descansa nuestra realidad, el Universo habría presentado los caracteres del caos absoluto: Danza desordenada de átomos, que se juntarían en un instante y se separarían al instante siguiente para recaer sin cesar en sus insensatos torbellinos. Y puesto que el Cosmos remite a la imagen de un orden, este orden nos conduce a su vez, hacia la existencia de una Causa y de un fin exterior a él: Es el principio antrópico.
En la estela de todo lo que precede nos sigue diciendo Guitton, podemos aprehender el Universo como un mensaje expresado en un código secreto, una especie de jeroglífico cósmico que acabamos de empezar a descifrar. Pero, ¿Qué hay en ese mensaje?...
Cada átomo, cada fragmento, cada grano de polvo existe en la medida en que participa de un sentido universal. Así se descompone el código cósmico: Primero la materia, después la energía y, por fin la información. ¿Hay algo aún más allá? …
Si aceptamos la idea de que el Universo es un mensaje secreto, ¿Quién ha compuesto el mensaje? Si el enigma de ese código cósmico nos ha sido impuesto por su autor, ¿No forman nuestros intentos de descifrarlo una suerte de trama, de espejo cada vez más nítido, en el cual el autor del mensaje renueva el conocimiento que tiene de sí mismo?
Las formas que representan los seres vivos, las cosas, se mantienen bajo esas formas por equilibrios dinámicos de la materia misma a través de esos campos y sus interacciones, tipos de equilibrio que explican que los objetos sean así en su múltiple diversidad fenomenológica y no de otra manera. Esos equilibrios dinámicos ordenados dentro del caos de las partículas, nos hacen ver la existencia de un Orden, de un Principio Ordenador de ese caos de partículas, de esos campos morfogenéticos. Ese Principio Ordenador, esa Conciencia Original, es el Gran Observador que todo le ve, que sustenta a la materia misma en su evolución, que la dota de conciencia y conciencia pensante al propio hombre (Act11, 28), y que puso también nombre a los seres vivos y a las cosas (Gn1, 31).
“¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¡Quién le ha dado primero, para que Él le devuelva? Él es el origen, guía y meta del Universo. A Él la gloria por los siglos. Amén” (Rom11, 33-36).
Ante esta maravilla de tu Creación, y desde el avión que en este momento voy volando, te repito Señor embelesado y altamente agradecido, una y mil veces: ¡Bendito seas Señor!
Cristo convive en el corazón de la materia (Teilhard de Chardin)
Dios Espíritu es la fuente de toda energía, de toda materia y se ha hecho cercano a nuestro corazón en Jesucristo, su Hijo querido, el hombre-Dios.

Bernardo Ebrí Torné

Thursday, March 19, 2009

Finalidad del Hombre

El hombre posee en su vida, una dimensión trascendente, eterna y posee también otra temporal. En apariencia ambas parecen inconexas pero están fundamentalmente unidas de tal forma que la trascendencia redimensiona al hombre de continuo a un destino eterno y definitivo de su temporalidad. El hombre al redimensionar su vida temporal con el sello de la trascendencia va encontrando sentido a su vida, consumándose entonces su verdadera vocación que Dios quiere se realice en nosotros.
En ocasiones esa redimensión trascendente en nuestras vidas se hace muy patente y adquiere una gran intensidad creando en nosotros una percepción fugaz de la vida, de tal forma que nos vemos pequeños, impotentes y limitados. Por ello buscamos en ocasiones, incluso desesperadamente un sentido a nuestras vidas; una búsqueda del origen de ésta. Esta situación se origina en ocasiones coincidiendo con crisis de la persona como en desgracias familiares, fracasos profesionales, menopausia, vejez; pero en otras sin causa definida, lo que describe Frankl como neurosis nooogénicas o falta de sentido de la vida.
El hombre a través de su propia impotencia y limitación al confrontarse con su Creador puede adoptar una actitud de humildad que le haga suplicar misericordia viendo su pequeñez. Al humillarse Dios lo enaltece y es cuando se redimensiona adquiriendo entonces su verdadera personalidad, su vocación que es la de sentirse plenamente hijo de Dios, vocación que se perfilará entonces en actitudes de servicio a sus semejantes. Si deja de ofrecer resistencias a la acción del Creador en él, seguirá realizándose sin reservas y alcanzará su auténtica dimensión trascendente.
El cristiano puede transmitir a sus obras este sello trascendente, dedicar a hacer realidad el Reino de Dios, presente ya aunque veladamente en las realidades temporales de este mundo. Su personalidad se va aquilatando entonces y adquiriendo su sello más auténtico, reflejo de la luz de Cristo.
Viviendo y transmitiendo el mensaje de Jesús a los hombres en las realidades temporales va cooperando en la construcción del Reino, cumpliendo la voluntad del Padre. Al buscar el reino ya en este mundo su existencia va redimensionándose progresivamente a la realidad viva y palpitante del Creador, lo demás se le va dando por añadidura. Alcanza por ello su verdadera vocación la de hijo de Dios. “Solo Dios basta” decía santa Teresa, todo lo demás converge en El, puesto que es Alfa y Omega, principio y fin de todas las cosas (Ap1, 8)
Esta vivencia íntima y profunda de Dios no despersonaliza al hombre ni lo deshumaniza, al contrario le aporta una humanidad cristificada, salvadora que le deifica y le hace apto para que Cristo viva en él y así pueda transmitirlo a sus hermanos. En ello reside Vida Eterna, dice Jesús: “En que te conozcan a Ti, único Dios verdadero, y a Jesucristo, enviado tuyo (Jn17, 3); Yo y el Padre somos uno (Jn10, 30)
Ser uno con el Padre y el Hijo en el Espíritu llega a ser el destino divino del hombre, participar de la misma Trinidad. Así las realidades temporales alcanzan su verdadero valor en Cristo. Cualquier actividad temporal realizada en Jesús adquiere un poder cristiano para el hombre, un poder que nace del poder de la debilidad de Dios (Bonhoeffer); poder amoroso y creador que hace al hombre autónomo para poder creer o no. Este poder hace al hombre sentirse vivo entre los hombres, alcanzar su secularidad dentro de la unidad querida por Dios, puesta en la evangelización al servicio de los hombres. Le hace también desarrollar un sentido ecológico auténtico respetuoso con toda la Creación: “Qué sean uno Padre como Tu y Yo lo somos” (Jn17, 22)
La persona se constituye como un equilibrio dinámico en tensión desde una vocación a lo universal trascendente y una encarnación con presencia plena en la condición temporal. En ambas el hombre debe de realizar una comunión de apertura a los demás. El amor es una presencia invisible que unifica a las personas.
No existen una auténtica vocación terrena y otras divinas separadas en el hombre, sino que ambas son la misma en distinto plano dimensional; la divina anima a la terrena y la otorga y vivifica dándole sentido en Cristo. Así sin dejar de actuar de forma ordinaria y respetando la justa autonomía de lo temporal, el cristiano va dignificando y trascendiendo los aspectos cotidianos temporales, dándoles su sentido vocacional cristiano. Al utilizarlas para un servicio al hombre en Cristo se va desarrollando un verdadero sentido de libertad y enriquecimiento interior, así como de servicio a los hermanos.
La totalidad del hombre no puede ser tratada como mero objetivo, subsiste en sí de forma completa y suficiente, se nutre de unos valores libremente aceptados, asimilados y vividos en un compromiso responsable y en una constante conversión que unifica así toda su actividad en libertad y desarrollo.
La vida del hombre es como un camino abierto donde el aspecto temporal y trascendente convergen en una misma dirección, la de Cristo Jesús, Alfa y Omega que recapitula todos los seres y las cosas, las de los cielos y las de la tierra (Ef1, 10)

Tuesday, March 17, 2009

DECLARACION DE MADRID.CIENTIFICOS A FAVOR DE LA VIDA HUMANA

La 'Declaración de Madrid' reivindica la defensa de la vida desde la concepción
Los conclusiones finales del informe de la subcomisión del Ministerio de Igualdad no han dejado indiferentes a una buena parte de los científicos especializados en Genética, Biología Molecular, Microbiología, Bioquímicos, etcétera. En un manifiesto presentado ayer en Madrid, más de mil firmantes, entre académicos y científicos, muestran su oposición radical a la reforma que plantea el ministerio que dirige Bibiana Aído.
Marta Esteban 17/03/2009 –Diario Médico
Los argumentos principales de la llamada Declaración de Madrid son puramente científicos. Los expertos exigen una "correcta interpretación de los datos de la ciencia en relación con la vida humana en todas sus etapas" y se manifiestan en "defensa de la vida humana en su etapa inicial, embrionaria y fetal".

Cuatro de las doce premisas del documento hablan directamente de la "evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación. Los seres pluricelulares se constituyen a partir de una única célula inicial, el cigoto, en cuyo núcleo se encuentra la información genética que se conserva en todas las células y es la que determina la diferenciación celular".

En segundo lugar, el texto declara que el cigoto es la "primera realidad corporal del ser humano. Tras la fusión de los núcleos gaméticos paterno y materno, el núcleo resultante es el centro coordinador del desarrollo, que reside en las moléculas de ADN".
Además, el embrión -desde la fecundación hasta la octava semana- y el feto -a partir de la octava semana- "son las primeras fases del desarrollo de un nuevo ser humano en el claustro materno, no forman parte de la sustantividad ni de ningún órgano de la madre, aunque dependa de ésta para su propio desarrollo". En consecuencia, el aborto "no es sólo una interrupción voluntaria del embarazo, sino un acto simple y cruel de interrupción de una vida humana".

Secuelas para la madre
A los argumentos de carácter científico se suman los médicos, pues los expertos, -entre ellos César Nombela, catedrático de Microbiología de la Universidad Complutense; Nicolás de Jouve, catedrático de Genética de la Universidad de Alcalá de Henares, y María Dolores Vila-Coro, directora de la Cátedra de Bioética y Biojurídica de la Unesco- afirman que las mujeres que deciden abortar deben conocer "las secuelas psicológicas de tal acto y, en particular, del cuadro psicopatológico conocido como síndrome postaborto".

Por ello, abogan por que la mujer que decida interrumpir su embarazo pueda "libremente decidir tras un conocimiento informado y preciso de sus consecuencias". Se muestran contrarios a que se permita abortar a las mujeres entre dieciséis y dieciocho años sin consentimiento de los padres, ya que es "una irresponsabilidad y una forma de violencia contra la mujer". Y es que denuncian que "una sociedad indiferente a la matanza de 120.000 bebés al año es una sociedad fracasada y enferma".

Friday, March 13, 2009

Psicoterapia Transpersonal y Liberación

Es necesario interrelacionar nuestra cultura occidental con la oriental, así como estrechar lazos. Nuestra cultura occidental está basada fundamentalmente en el ego mientras que la oriental lo está en una conciencia cósmica unitiva. El ego nos egotiza, nos esclaviza y nos encadena en una dinámica que puede entorpecer nuestra libertad interior. Es necesario liberarnos de su poder y abrirnos a una dimensión solidaria y grata-tuita. La psicoterapia puede ayudarnos a liberarnos, siempre que posibilite abrirnos caminos interiores que desemboquen en experiencias sólidas, solidarias que nos saquen de nuestro egoísmo. En el radican la mayoría de nuestros males, el egoísmo nos ata, nos encadena y nos impide liberarnos de nuestros vicios o pecados capitales. La soberbia es compañera inseparable de nuestro ego, de tal forma que éste siempre enarbola su bandera.
La psicoterapia transpersonal nos invita a liberarnos de todo aquello que nos esclaviza, que nos ata, siendo nuestro ego el primer necesitado de ayuda. Jesús se nos muestra como el principal apoyo para nuestra existencia, El nos libera de nuestra soberbia y nos da su paz, nos invita a ser misericordiosos como El nos enseñó a lo largo de su vida terrena. De esta forma nuestro ego hipertrofiado va dejando paso a una solidaridad curativa, ya que en la medida que damos recibimos, y así nuestro corazón se va llenando de paz y de mansedumbre.
Los cristianos tenemos la suerte de que tratamos con un Dios personal en Cristo y además con familariedad, y a diferencia de otras religiones, nosotros no necesitamos purgar el karma si nos acercamos humildes a ese médico divino que es Jesucristo y le pedimos perdón.
Los orientales budistas o hinduistas no conocen un Dios personal que les perdona setenta veces siete (totalidad) y de alguna forma tiene que lavar su mala conciencia. El karma con su sentido de purgación por los malos actos cometidos se esfuma en Cristo y no necesitamos ya ninguna reencarnación en otros cuerpos sino resurrección de nuestro propio cuerpo que lo hace en cuerpo espiritual, como dice la Teología Paulina. Nuestra unidad psicosomática espiritual no puede dividirse ni separarse entre almas y cuerpos, de tal forma que el alma separada vaya buscando otro cuerpo, esto no es posible desde la unidad de la fe y del amor en un solo Dios Trinitario.
Una psicoterapia eficaz aborda al hombre entero, y al hombre en relación con su entorno social. Dios creo al hombre solidario para la comunidad aunque conservando su propia individualidad. Y cuando se desestructuró este proyecto y el hombre hipertrofió su ego hasta el punto que rompió los lazos fraternales, se engendró lo que llamamos desorden o pecado. La liberación de ese pecado es la vuelta solidaria al hermano, a ejemplo del mismo Jesús. Cuando el hombre sale de sí, de su egoísmo, se libera y libera a otros. La psicoterapia transpersonal o la psicoterapia profunda ayudan a recolocar al hombre en su proyecto original, a devolverle su salud integral y libertad.
Nuestra acción cristiana de cada día pasa en la mayoría de las ocasiones desapercibida, pero supone un importante punto de palanca cuyas auténticas dimensiones las desconocemos, una semilla que no sabemos concretamente que fruto dará pero dará. La promesa de Jesús se mantiene constante, toda semilla de buenas obras fructificará en su momento y su fruto será abundante. Unos siembran, otros recogen, pero lo importante es no dejar de sembrar aunque nosotros no veamos los frutos inmediatos. La fe nos dice que así será, mientras nosotros mismos vamos recogiendo los frutos que otros sembraron. El brazo de palanca de la fe mueve montañas, la misma fe libera y es condición muy importante para nuestra propia recuperación integral, para nuestra propia salud pasicofísica y para la propia psicoterapia. Nuestro principal enemigo somos nosotros mismos, nuestro orgullo herido, nuestra soberbia, porque puede hacer irreversible nuestro acercamiento a Dios. Solo el humilde capta la necesidad de conversión y puede por ello abrir espacios en su corazón, entonces Dios puede manifestarse y sanarnos.
Un Dios manipulado no libera, es un ídolo, un falso dios. Entonces es nuestro propio ego el que se idolatra y se convierte en dios. Volvemos de hecho al viejo mito del paraíso “Seréis como dioses”, que la serpiente dijo a nuestros primeros padres. Solo desde el Cristo humilde podemos alcanzar la libertad y la liberación. Explícita o implícitamente toda la humanidad se encuentra bajo el sello de Cristo, y El se identifica con todo el género humano.
Un cristianismo auténtico no se cierra a nadie, sino que en disposición de apertura universal se ofrece esperanzado en la utopía del evangelio. Solo salva el amor, y la confianza y la seguridad en Dios, en su misericordia. Solos, egotizados, solo podemos estar seguros de una cosa y es de nuestra propia inseguridad que aflora tras la máscara de la autosuficiencia y orgullo.
En el abandono confiado al amor de su Padre Dios, de su hermano mayor Jesucristo Hijo de Dios, el hombre gracias al Espíritu Santo que le anima, puede sentir la auténtica liberación y libertad en el espíritu para sentir la paz y el amor; una paz, un amor que como dice San Pablo, nada ni nadie nos puede quitar, ni la espada, ni la propia muerte (Rom8, 35-37)

Bernardo Ebrí Torné

Sunday, March 1, 2009

Diálogo entre Fe/Religión y Ciencia. Hacia una nueva comprensión de lo Divino

Recientemente un matemático, Michael Heller ha recibido el prestigioso premio Templeton, otorgado por la Fundación “John Templeton Foundation” interesada de manera singular en la relación de ciencia y religión. Séller ha “demostrado científicamente” la existencia de Dios, basada en la armonía que existe en el Universo como signo de que una potencia superior cuida de ordenarla. Desde las leyes físicas hasta la belleza que empapa la creación, todo emana de la esencia de Dios.
Solo el creyente, afirma Eva María Catalán, el que cree en Dios es apto para interceptar lo que de misterioso hay en cada elemento creado. Desde las leyes físicas hasta la belleza que empapa el Universo, todo emana de la esencia de Dios que dispuso su obra para recrearse El mismo y donar al hombre un espejo donde mirar al Dios que le pidió amor por amor.
Anteriormente a Heller 2008, Barbour en 1999, Peacocke en 2001 y Polkinghorne en 2002, el científico Freeman J. Dyson 2000, Paul Davis 1995, Carl Friederich Von Weizsäcker 1989, o Stanley L. Jaki en 1987 también recibieron el citado premio por el estudio de la conexión ciencia/religión. Pero Barbour, Peacocke y Polkinghorne constituyen según Javier Monserrat, una triada fundamental, armónica y congruente para entender la proyección actual de la ciencia sobre la religión en general y la teología cristiana en especial. En los tres autores se da un enfoque positivo, en que la imagen científica del mundo, de la vida y del hombre es integrable o asumible por los modelos religiosos y por la teología cristiana.
Se hace precisa pues, sigue diciendo Monserrat, la necesidad de que la idea moderna de Dios sea reformulada desde el mundo de la ciencia; la semejanza entre la forma de razonamiento de la ciencia y de la teología; la necesidad de superar el clásico dualismo antropológico de la teología clásica, yendo hacia un emergentismo basado en la idea humanista del hombre pòsibilitada por la ciencia; la necesidad de pensar a Dios de forma coherente con su continua acción divina en el mundo, en el marco de su esquema panenteísta: (En Dios vivimos, nos movemos y somos: Act11, 28)
Es coherente mantener una inteligibilidad del Universo en Dios, desde la energía del big bang hasta la conciencia autoconsciente del hombre que se cuestiona a sí misma y al Universo, y plantea a la razón humana (ciencia y teología) la problemática de su inteligibilidad. La ciencia busca inteligibilidad intelectual: Conocer desde los fundamentos y otorgar desde ahí a todo, una significación congruente. Pero la teología busca además, desde la urgencia existencial, de reposar hallando un sentido en la dinámica del Universo.
Peacocke bioquímico, ordenado sacerdote presbiteriano y profesor de teología, admite que la filosofía construida desde la ciencia puede dotar al universo de una inteligibilidad sin Dios, autónoma, agnóstica o atea. Pero su esfuerzo se orienta a mostrar que ese mismo universo descrito por la ciencia, se ilumina también de congruencia y de inteligibilidad desde la idea de Dios presente en los modelos religiosos, y en especial desde el cristianismo; incluso para él, la realidad de Dios se presenta como la mejor explicación del Universo. Es posible pues que el mundo pueda entenderse sin Dios, pero Éste ofrece al universo una inteligibilidad mejor, así como de la naturaleza de la experiencia religiosa. Esta racionalidad se funda hoy en la imagen del mundo en la ciencia.
Si Dios realmente existe, la búsqueda honestamente de la verdad no puede conducir sino a El. La inteligibilidad del mundo desde la idea de Dios, el fin de la exploración a partir del mundo de la ciencia, nos dice Peacocke, es sin duda alguna, el Dios de la tradición abrahámica y judeo-cristiana, el lugar “donde comenzamos”, y que ese Dios, ese lugar, puede ser conocido “por vez primera” de una manera nueva.
Este proceso a través de la ciencia no se opone a la experiencia tradicional del cristianismo a través de la Historia de Salvación, sino que desemboca en ella misma, a través de la experiencia religiosa en el mismo Cristo:”Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn14, 6)
La hipótesis de Dios, en su ser y en su devenir como factor de inteligibilidad, nos obliga, pues a admitir una continúa acción divina en el mundo. Y ello a pesar de las leyes de la probabilidad, del determinismo y el indeterminismo de los eventos macrofísicos-clásicos y microfísicos-cuánticos, con el azar-necesidad de la biología evolutiva, con las fluctuaciones caóticas, con las diversas formas de interacción y causalidad que rigen la forma de aparición, evolución y fin de los estados físico-biológicos.
Peacocke no ve incongruente todos estos eventos como ajenos a Dios y razón por ellos para excluirlo, sino que en definitiva Dios integra todos estos fenómenos. Es Dios quien da autonomía al mundo creado por El, dándole sus propias leyes, dentro de una evolución dinámica creativa, de tal manera que continuamente va habiendo creación continua, un mundo con causalidad organizada en sistemas y donde existe muna causalidad “Top Down” manifiesta en el ámbito biológico. En definitiva Peacocke, ya fallecido, nos ha ayudado a entender cómo Dios podría obrar en el mundo a través del azar físico y biológico, de los procesos caóticos y de las indeterminaciones cuánticas. Todo ello permite diversos modelos inteligibles de la interacción entre Dios y el mundo, congruentes con nuestra idea de Dios y la evidencia científica de cómo el mundo está creado, construido fácticamente. No se trata de conocer, obviamente la esencia divina, sino sólo de mostrar que la hipótesis de Dios como fundamento que actúa en el mundo no es contradictoria con nuestra imagen científica de éste.
Cada vez de hecho aparecen especies nuevas de animales, y estimo que la selección genética va estructurando al propio hombre cada vez más para llegar más lejos en la evolución. Es el superhombre que citaba Nietsche, pero aprecio que caminamos hacia una nueva espiritualidad, donde el nuevo hombre surgirá un día diáfano e identificado con su Creador. No sé si a través de nuevas mutaciones genéticas o a través de la evolución de su conciencia, que por otra parte pueden ir unidas; pero el nuevo hombre alcanzará toda la plenitud ontológica de que es capaz en este mundo hasta que pueda al final reunirse definitivamente con su Creador al final de los tiempos, de tal manera que en la economía de la plenitud de los tiempos, todas las cosas se recapitulen en Cristo, las del los cielos y las de la tierra (Ef1, 10) “Después será el fin cuando El entregue el Reino a Dios Padre, después de haber destruido toda dominación, toda autoridad y todo poder” (1Cor15, 24)
Cristo hasta entonces se ha constituido y se constituye actualmente en camino, verdad y vida para la Vida Eterna (Jn14, 63) porque tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Unigénito, para que todo el que crea en El no se pierda, sino que tenga la Vida Eterna ( 9Jn3, 16) Pues Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo sino para que sea salvo por El (Jn3, 17) Las obras de misericordia son en definitiva las que salvan al hombre, al identificarse Cristo con el necesitado, aunque como afirma el Evangelio el benefactor no le conozca (Mt25, 40)
El hombre como ya apuntaba el gran teólogo Rhaner (El hombre del siglo XXI o será un místico o no lo será) está ya caminando en este sentido, y aunque el mal parece ahogarnos, recordamos las palabras del mismo San Pablo que nos dice en Romanos 5, 20: “Que donde se multiplicó el pecado, mucho más sobreabundó la gracia”. Una nueva sensibilidad irá apuntando, renaciendo, a lo largo de este siglo. Crímenes como el aborto de los niños dentro del vientre de su madre, como la explotación de la infancia, terrorismo entre otros, parecerán a nuestros futuros descendientes como execrables y sin ninguna justificación posible.
Para mi la tolerancia hacia el aborto, independientemente de todas sus justificaciones, me parece una prueba de la sensibilidad moral de una persona, un común denominador de la misericordia de su corazón (excluyendo los casos de ignorancia invencible)
Ese Dios es Espíritu (la planificación ontológica sin límites de nuestra experiencia psíquica), nos dice de nuevo Peacocke y de ahí nace toda forma del ser creado. La organización de la materia conduce así a la emergencia de niveles de conciencia que apuntan ya al ser espiritual de Dios. Y en ello converge con Teilhard de Chardin: “Materia y Espíritu, conviven en el corazón de la materia misma”. De ahí que el psiquismo humano abierto al cuestionamiento del sentido de la vida, sea la emergencia más plena de la ontología espiritual, y divina, del universo.
La omnipotencia y la omnisciencia de Dios siempre tan criticada ante el problema del sufrimiento y el mal en este mundo, es salvada por Peacocke,
(Porque si Dios es omnipotente y tiene todo presente, ¿Por qué tolera el sufrimiento y no prevé las catástrofes naturales?....) Porque Dios mismo se autolimita de forma voluntaria al crear al hombre con libertad. Responde en definitiva a una voluntad divina de crear de un modo definido (Creación de diseño autónomo) que cuenta con los movimientos caóticos, por azar, no previsibles puntualmente, sino sólo por estadística y por probabilidad (omnisciencia) y con el mal uso de la libertad por el propio hombre, que tanto sufrimiento genera en el mundo (omnipotencia). Pero esta autolimitación divina conjetural es siempre voluntaria, según Peacocke, responde a una voluntad divina de crear de un modo definido, cuenta con el mismo azar pero mantiene un último control final y absoluto sobre todo lo creado.
Todo al final queda relativizado en la sabiduría de Dios, incluido el propio mal y sufrimiento, pues todo se encuentra en sus manos, todo le converge, el tiempo y la eternidad. “Un día ante el Señor es como mil años y mil años como un día” (2Pe3, 89)
En Ciencia nos preguntamos del por qué de las cosas. Desde la Teología nos preguntamos del para qué de la fe. Los razonamientos son similares en Ciencia y en Teología, por ello la orientación de la hipótesis de la existencia de Dios, si este es real, tiene que conducirnos desde la propia Ciencia a la verdad que es Dios, y ser coherente desde El la inteligibilidad del mundo. No se trata tanto de preguntarnos tanto el por qué el mundo existe, sino de buscar inteligibilidad a partir de lo que existe, del universo, de la vida, del hombre.., y preguntarnos hasta donde podamos, sin rechazar las cuestiones límite, pero fundamentándonos en el mundo descrito racionalmente por la ciencia, cómo puede tener todo una explicación, unas causas últimas que den al universo un significado congruente y doten al devenir cósmico de un sentido que enriquezca la existencia humana.
La Ciencia, comenta Javier Monserrat, busca inteligibilidad intelectual, y quizás deba de ir más allá de si misma y entrar incluso en el ámbito de la reflexión filosófica, pero la teología no se contenta con eso y busca además desde la urgencia existencial de reposar hallando un sentido de la dinámica del universo, como refiere Peacocke. Ese universo, aunque la filosofía construida desde la ciencia pueda dotarle de una inteligibilidad sin Dios, se ilumina también de congruencia e inteligibilidad desde la idea de Dios presente en los modelos religiosos y en especial desde el cristianismo. “La realidad de Dios se presentará incluso como la mejor explicación del universo, afirma Peacocke que también pretende mostrar como la relación de Dios con el mundo, sólo puede ser adecuadamente iluminada y ampliada desde los resultados de la ciencia: “Un proceso kenótico, de vaciamiento del mismo Dios por la ofrenda de sí mismo, por la autolimitación y vulnerabilidad asumida por Dios en el proceso evolutivo creado”.

La creación es continua y evidencia una emergencia de numerosas formas de vida, Se trata de un inmenso proceso de autoorganización, que dentro de la continuidad monista hace emerger nuevas formas de ser real. En esta autonomía de lo creado juega un papel importante la selección natural (Darwin, Dawkins), los procesos autoorganizativos (Stuart Kaufmann) o las teorías de la complejidad (Ian Stewart). Pero las claves esenciales siguen siendo el azar y la necesidad, entendidos en clave biológica desde la lógica genético-mutacional del ADN. Dios Creador asume así un riesgo ante una creación de diseño autónomo, que incluye una previsión del marco de actuación producido por el azar, la probabilidad, la estadística, incluida la limitación de la omnisciencia ante la imprevisibilidad puntual de los procesos caóticos, y de la autolimitación de su omnipotencia al crear al hombre con libertad.
La evolución permite en cierto sentido apuntar a la dirección que acabará culminando en el ser humano (homo sapiens) Estas propensiones de la materia evolutiva según Peacocke, son: La complejidad, la habilidad para el procesamiento y registro de la información por el sistema nervioso, el dolor, el sufrimiento, la sensibilidad, la autoconciencia y el lenguaje. Todo ello incluida la emergencia de la autoconciencia (Hominización ontológica), del lenguaje y del psiquismo humano integral, se presenta también en el diseño creador de Dios, como un proceso natural autónomo que no necesita de una intervención especial de Dios. Este diseño ha sido escogido por Dios mismo, es dinámico y se realiza a costa del dolor, del sufrimiento, de la lucha y de la muerte, de la que no escapó ni el propio Hijo de Dios.
Esta aparente no participación divina directa en la autoconciencia del hombre, no es obstáculo como refiere el mismo Peacocke, que Dios como espíritu, en un cierto momento de la Historia de la Humanidad, no haya posibilitado al hombre de una intervención especial (en el interior del espíritu humano) por parte suya, que culmine por obra de su gracia en la introducción del hombre en el orden sobrenatural, establecido en su plan divino (Historia de Salvación). De hecho Dios mantiene una acción directa en el ser humano de comunicación y de comunión, respetando siempre su libertad (Ap3, 20)

En un mundo “Que nace con dolores de parto hasta el momento presente, y no solo ella, sino también nosotros que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos esperando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo” (Rom8, 22-23), Dios “crea un espacio” dentro de sí mismo, aunque distinto de Él, porque es creado con autonomía y nos crea dentro de su propia realidad ontológica. Por ello somos de Dios y tendemos a El. No somos Dios pero “Cuasi” como decía el sufí Iben Aramí, participamos del proceso kenótico de Dios. Es el proceso dinámico panenteísta (Act11, 28)

¿Pero, por qué y para qué, Dios se ha autolimitado al crearnos?... Por amor al hombre, Dios se ha vaciado y ha hecho posible la comunión de personas libres, capaces de amar, y de corresponder a su amor, a El mismo y al prójimo. El coste de esta autonomía ha sido el sufrimiento, explica Peacocke aludiendo al concepto usado por Moltmann, en el Dios crucificado: “Podemos quizá atrevernos a decir que hay un autovaciamiento creativo y autodonación (una kénosis) de Dios, una participación en el sufrimiento de las criaturas divinas, en los mismos procesos de creación evolutiva del mundo”
En este mundo autónomo sin embargo, la humanidad puede ignorar la presencia divina y rechazarla, y esto se proyecta sin duda, sobre el sufrimiento divino por el drama del proceso creador.
Podemos ahora preguntarnos en consecuencia: ¿Sigue inteligible Dios desde este escenario de indignidad, de sufrimiento del inocente? Ante esta pregunta, ante este misterio insondable, surge la figura de Cristo, que se constituye como la última autodonación de Dios a la humanidad: ”Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único” (Jn3, 16) Cristo presente ante Dios como el cordero degollado de Isaías desde la fundación del mundo (IsII53, 7)
Dios aceptó este riesgo, al crearnos en este modelo autonómico de creación, nacido del mal uso de la libertad del hombre, y aceptó su auto-vulnerabilidad en la historia, para el bien mayor de la emergencia de personas libres (Rom5, 20)
De ello se deriva una terrible pero al mismo tiempo demostrativa revelación del amor que Dios nos tiene: Al expresarse verdaderamente en Jesús, en el Cristo doliente, la última garantía del amor de Dios como autodonación en la creación, Dios se hace también sufriente en la pasión y muerte del Hijo, y con El con todo el Genero humano sufriente: ¡Dios sufre por amor al hombre! ¡Dios que es Espíritu, sufre! El se ha vaciado, se ha anonadado voluntariamente como su Hijo querido Jesús por amor a nosotros, para reconducirnos de nuevo a su presencia, a su Comunidad Trinitaria de amor. Y la propia Creación gime y está en dolores de parto hasta el momento presente (Rom8, 22) Es el misterio del Dios de la libertad y del amor. De ahora en adelante, a partir de Cristo, toda experiencia religiosa de acercamiento a Dios, viene a través de Cristo, el Dios hecho hombre, experiencia a través de la misma ontología de Dios, en el marco existencial sugerido en Act11, 28): “En Dios vivimos, nos movemos y somos”
Por todo ello no entiendo a otras religiones que sacrifican la libertad del hombre, y que manipuladas le inducen al asesinato y terrorismo, cuando Dios respeta al máximo la libertad del hombre y no ordena sino invita (Ap3, 20) Entiendo dolorosamente no obstante, que desde la ignorancia de las masas, los príncipes de este mundo les engañen, haciendo decir a Dios lo que en realidad nace de su propia boca, por ello su responsabilidad ante dios es mayor. Este es el pecado contra el Espíritu Santo (Mc3, 29) pero permanezcamos tranquilos porque el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado (8Jn16, 11)
La experiencia religiosa no puede vivirse hoy día centrada en términos de la ontología teocéntrica de la escolástica o del apriorismo trascendental, también teocéntrico, sino en términos cristianos.
Ante una demostración tal de amor por parte de Dios, no queda otra respuesta para el hombre actual de este siglo XXI y venideros, que sumergirse en la experiencia religiosa cristiana, donde Cristo ocupe el lugar prominente que le corresponde por derecho de amor y de sangre (Cristo Alfa y Omega. Principio y Fin (Ap1, 8) El Dios anonadado que ha dado la vida por nosotros según la voluntad del Padre. Un Dios Padre que acompaña al Hijo en la cruz y que sufre con Él y con las desgracias de los hombres de este mundo, pero que nada ni nadie se le escapan al final, porque todo y todos estamos en sus amorosas manos de Padre. Un Dios que nos envía su Espíritu para que sea albergado en nuestros corazones, pero que nos pide permiso antes para ello (Ap3, 20)


Bernardo Ebrí