Actividad Científica del Dr. Bernardo Ebrí

Los interesados en poder descargar publicaciones médicas científicas del Dr. Bernardo Ebrí Torné, pueden hacer "clic" en

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Para descargar el programa informático para el cálculo de la Edad ósea en niños, guía explicativa como usarlo, sobre la radiografía de mano izquierda, y luego poder predecir la talla adulta del niño (niños de 0,5 años a 20); específicos programas para niños de 0 a 4 años a través de la radiografía de mano y de pie) (En español y lengua inglesa),publicaciones a este respecto, libro sobre Maduración ósea, etc.,.., introducirse en la siguiente web: www.comz.org
(Al final de la página, hacer "clic" en el banner: Bone Maturation (Maduración Ósea), dibuja el banner una radiografía lateral de pie, y ya se abre el portal, la página, donde se encuentra toda la información, con posibilidad de descarga.
El método esta siendo utilizado por pediatras, radiólogos, de España, Italia, México...
Comentarios en https://sites.google.com/site/doctorbernardoebri/prueba


Salmos 91:4 y 46:1. El amor de Dios

Salmos 91:4 y  46:1. El amor de Dios
"Pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será nuestro escudo y tu baluarte". "Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia"

Saturday, September 12, 2015

La Travesía de Bernardo Ebrí

Ante la dificultad de conseguir la obra de La Travesía, novela humanista en Ciudades Españolas como Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla.....Así como si hay lectores interesados en su lectura de otras ciudades Españolas o fuera de España, diríjanse al autor solicitando el libro, que remitirá a los interesados contra reembolso. Su precio es de 22 euros, 534 páginas. Dirijan los pedidos al correo: b.ebri@yahoo.es      indicando claramente el nombre y dirección del solicitante y distrito postal de la ciudad.
Publicamos en este blog los dos primeros capítulos de este viaje a Tierras venecianas, croatas  e  Islas Griegas por nuestros personajes, un viaje de crucero que abrirá al lector un mundo apasionante y pleno de sorpresas, donde transmisión cultural no está reñida con la trama novelesca y su sorprendente desenlace final: ¡Un canto de esperanza a la vida!
Al final de estos capítulos, se ha añadido un breve currículo humanístico literario del autor.


 

 



 

 

LA TRAVESÍA

 

                           

 

 

 

 

Introducción

En esta obra literaria el autor expone en trama novelada una temática de índole humanística, social, cultural, pero al mismo tiempo abierta a la transcendencia de la vida. En ella son abordados  entre otras,  cuestiones tan diversas como la relación con los hijos, el mundo de la pareja, de la medicina, el síndrome del profesional quemado, las crisis vitales de la edad media de la vida, la crisis humanística y económica actual, el problema del mal en nuestra sociedad, la persecución que son objeto los cristianos en el mundo, la problemática del aborto y la eutanasia, la existencia de lo que en psicología profunda se llama  Ser Esencial  (núcleo interno del individuo sede de la conciencia más íntima del individuo), el miedo a la muerte, la posible existencia de vida después de ésta y la respuesta a estos interrogantes desde la religión, la ciencia y la filosofía.

Son ocho los personajes principales: Enrique González de 52 años, médico en un hospital madrileño acude a  un crucero con  su esposa Virginia López de 50, funcionaria del ayuntamiento, para disfrutar de  un merecido descanso de sus trabajos habituales. Carlos Escribano de 40 años posee una empresa de climatización y viaja  con su pareja, Lorena Gutiérrez, una joven  secretaria de 25 que trabaja en su empresa.  Luis Jiménez y Laura Gómez médicos de 26 años, son dos jóvenes residentes recién casados en viaje de novios. Juan Pérez y Mari Sebastián son una pareja mayor de 75 y 70 años respectivamente, que acuden a este crucero celebrando sus bodas de oro, pagado por sus hijos como regalo. No existe coincidencia del nombre de los protagonistas con la realidad.

A lo largo de la trama de esta novela se va entrelazando la vida de los diferentes personajes. Un aparente crucero de placer sirve de  ocasión para  que el autor exponga los problemas que afloran en los protagonistas. Sentimientos y emociones como el desaliento, la nostalgia, la angustia, el miedo, pero también el amor, la esperanza, la alegría, la ilusión y la sinceridad son también expresadas por nuestros actores. El autor realiza de vez en cuando comentarios explicativos a los diálogos de los personajes.

El nudo de las relaciones humanas desarrollado por los personajes en la vida cotidiana del barco y en las diferentes excursiones a la llegada a los puertos se acentuará de forma extraordinaria en el desenlace final que sorprenderá al lector. Un canto a la esperanza y al amor.

 

 

 

 

 

Capítulo I

 

Preparativos del viaje

 

Era un día de Septiembre, domingo por la tarde. Nuestros personajes están preparando su viaje en crucero por las Islas Griegas. Antes tienen que salir en avión desde Madrid a Venecia, el lunes por la mañana a las siete horas.

Nos detenemos ahora, comentando los preparativos de la primera pareja protagonista, Enrique y Virginia.

-¡Enrique! ¿No nos dejamos nada? ¿Has pasado revista a la lista? – le dice Virginia a su marido que se encuentra consultando los billetes de avión que les llevará a Venecia.

-Sí, querida, lo he repasado todo. Estoy ahora revisando los horarios. Nuestro avión sale mañana a las siete, con lo que tendremos  que estar en el aeropuerto un par de horas antes. ¡Tenemos que salir de casa a las tres de la madrugada! ¡Menudo madrugón! Todo sea para bien, lo importante es que disfrutemos mucho en este viaje, ilusión creo que tenemos. ¿No te parece Virginia?

-Desde luego, tendremos que cenar prontito e intentar dormir al menos un par de horas-contesta Virginia  mientras acaba de pintarse las uñas de sus pies.

-Yo creo que lo pasaré despierto, no sea que nos quedemos dormidos- dijo Enrique sonriendo. Seguidamente se inclina hacia su esposa a quien le da un beso.

-Ya verás que lo pasaremos estupendo, me han hablado muy bien de este crucero. De hecho tú misma me comentaste que tenías mucha ilusión de hacerlo. Este viaje combina el atractivo turístico de las islas griegas con el relax y el sol que nos proporciona la cubierta del barco. Yo la verdad estoy un poco agotado de la labor diaria que realizo en el hospital y este descanso nos va a ir muy bien a los dos. Nuestros propios hijos nos han animado a ello.

-Sí -dijo Virginia-, pero ya sabes que me cuesta separarme de ellos.

-¡Mujer! ya son mayores y Enrique y Sonia pueden quedarse solitos a sus 30 y 28 años.

-No me hagas reír Enrique- contestó Virginia, mientras colocaba unos algodoncillos entre los dedos de sus pies-. Por cierto, son ya las siete de la tarde, prepararé algo de cena y así podemos descansar un rato. La maleta la tenemos casi hecha.

Enrique es un médico hospitalario, internista, jefe de sección, que trabaja en un gran hospital de Madrid, su mujer es funcionaria del Ayuntamiento. Han conseguido unificar sus vacaciones que han guardado para esta primera quincena de Septiembre. Sus hijos, médico y abogado no se han independizado todavía de casa. Enrique hijo, suple guardias en una clínica privada y su hermana Virginia  trabaja en un bufete de abogados. Las condiciones de la crisis actual han impedido todavía su independencia, por otra parte se encuentran muy bien en la casa paterna y tampoco les apremian todavía obligaciones de pareja.

Otra pareja que está preparando su crucero por las islas griegas es Carlos, soltero empedernido, un empresario licenciado en económicas, de 40 años, que posee una pequeña empresa de climatización.  Su actual pareja Lorena, es una joven de 25 años secretaria en su empresa. Llevan un año viviendo juntos y los dos han querido concederse un tiempo de relax y de meditación a causa de su situación, porque las cosas últimamente no van bien entre ellos.

-¿Vas a llevarte mucha ropa, Lorena?- dijo Carlos.

-No, la imprescindible para estos viajes, ropa  holgada, así como zapato cómodo- repuso Lorena.

-No nos olvidemos, Lorena,  de la cena de gala, yo me llevaré un traje y ¿tú?

-Tengo un traje de fiesta que ya lo he metido en la maleta. Por cierto Carlos ¿Tienes ilusión por este viaje?

-Sí, yo creo que nos puede ir bien a los dos. ¿No crees Lorena?

El tono de Carlos expresaba desencanto, podemos decir abulia, por una relación casi agotada. 

-Bueno cariño, vamos a dar una vueltecita, cenamos algo y luego acabamos de terminar el equipaje, pues tenemos que madrugar mucho. Sobre las cinco debemos de estar en el aeropuerto, ¿es así?

-Sí. Lorena. Por ello no sé si me acostaré en cama, me quedaré seguramente en el sillón viendo algún programa, aunque me dormiré, por ello pondremos el despertador. Las tres, ¿te parece buena hora?

-Bien, muy buena hora. ¡Ya podíamos haber elegido otro horario!- repuso ésta.

-Es lo que hay, contestó Carlos.

-Bueno, vámonos Carlos.

-Vete saliendo, voy un momento al baño.

Lorena se dirigió a la puerta del apartamento, encendió la luz del pasillo y esperó pacientemente a su pareja. Los dos salieron seguidamente, hablando entre sí acerca del viaje, mientras esperaban el ascensor. Una vez en la calle se dirigieron a una cafetería cercana.

Luis y Laura son dos médicos jóvenes, de 26 años,  residentes ambos de  Medicina Interna. Se conocieron en su medio laboral, en un hospital madrileño de la Seguridad Social. El trabajo de un residente en el hospital es muy pesado y agobiante. Se suele llamar al residente, el “resistente”. Se le delega mucha función asistencial, siendo en la mayoría de las ocasiones autónoma, con lo que la responsabilidad puede ser máxima y la tensión que acumula es muy grande. En la especialidad de Medicina Interna el volumen de pacientes es elevado  y además suelen ser enfermos geriátricos con pluripatologías; las consultas que se hacen desde otras especialidades al internista son también numerosas. Todo ello explica que sea muy fácil en esta especialidad el síndrome del “profesional quemado”. Nuestros protagonistas son ya residentes de cuarto año, prorrogados, y su ilusión sería poderse quedar cuando acabasen la residencia en la Comunidad de Madrid, aunque esto es, hoy día, harto difícil.

Han decidido, no obstante y pese a todas estas dificultades, unir sus vidas; su amor se fue gestando en las dificultades sanitarias, sobre todo en las guardias médicas. Se acrisoló en ellas, e hizo surgir la necesidad de crear un proyecto en común que diese sentido a sus vidas.

Dichas estas consideraciones, entremos en su pisito de alquiler y observemos cómo están preparando su viaje de novios. Se han casado a las doce y luego tras la comida de bodas del restaurante han regresado a su casa muy tarde, tienen que salir al día siguiente de viaje de novios, por lo que se les ve ahora muy acelerados.

-Laura, ¿cómo vas con las maletas? ¿Crees que nos cabrá todo?

-No lo sé- repuso Laura-. Desde luego a mí no me caben las cosas.

-Creo que debemos aligerar equipaje. Sólo nos falta además pagar sobrecargo en el avión. Por cierto, Laura, ¿estás contenta con este viaje?, he estudiado la guía del crucero y es formidable.

-Estoy muy contenta. Sobre todo de que podamos por fin estar juntos todos los días en otro ambiente distinto al agobio del hospital. Lo vamos a pasar estupendo.

-Contigo, Laura, aunque fuéramos de excursión al Retiro sería feliz. ¡Te quiero tanto!

Laura se acercó a Luis, le rodeó con sus brazos y le dio un prolongado beso, donde la pasión y el cariño no tienen barreras de separación. Laura dijo seguidamente a Luis:

-¿Qué te parece si acabamos pronto de  cerrar el equipaje, cenamos pronto, un bocadillo rápido y nos acostamos un rato hasta el momento de marchar para el aeropuerto?

-Estupendo, pero casi no tengo apetito, se ha hecho tan tarde en la comida- repuso Luis, mientras daba una palmadita en el trasero de su mujer.

-Yo tampoco tengo mucho apetito, pero de todas formas prepararé unos bocadillos- dijo Laura.

-Lo que quieras.

Aquí dejamos a nuestros personajes hasta otro momento oportuno de comentar sus vivencias.

Juan y Mari van a realizar el crucero animados por sus hijos. El año en curso han celebrado sus bodas de oro y sus hijos, como regalo de bodas, les costean el viaje. Juan tiene 77 años y su mujer 73. Juan trabajó de funcionario de correos, su mujer se dedicó a criar a su numerosa prole, tuvieron cinco hijos, tres mujeres y dos varones, todos ya casados y con hijos, excepto Elena su hija pequeña, la tardana; aunque ya tiene 35 años vive aún con sus padres. Ella  ha sido la verdadera animadora para que realizasen este crucero.

Los vemos ahora en su piso del madrileño barrio de Vallecas, en su casco histórico. Elena les está ayudando a preparar su maleta.

-¡Venga padres! Lo vais a pasar muy bien. Por cierto, mamá, échate un chal para las noches por si queréis dar un paseo en cubierta.

-Sí, ya lo había pensado hija- repuso Mari-. Además voy  a ponerme zapato cómodo para el avión.

-Sí, y aunque no son muchas horas de viaje a Venecia, procurad los dos mover bien las piernas, dicen los doctores que hay que evitar las trombosis. Incluso recomiendan tomar una aspirina infantil antes de un viaje en avión de mediana duración. Pero tú papa, no, porque tienes algo de asma y podrías ser alérgico a ella.

-Te lo sabes todo, hija. Bueno, así lo haremos. Gracias por todo lo que has hecho por nosotros junto con tus hermanos para que realizásemos este viaje – dijo Juan.

-Gracias a vosotros por todo vuestro cariño y dedicación a nosotros. Venga, vamos a terminar vuestras maletas, y luego podéis hacer una merienda cena y echaros un rato. Poco será, pues la hora en que tenéis que estar en el aeropuerto son las cinco, a efectos de facturar el equipaje. Pero no os preocupéis, que os avisaré a tiempo para que salgamos a la hora conveniente. Me voy a la cocina a preparar algo.

Elena era una verdadera cuidadora de sus padres, una verdadera alhaja como se dice hoy día. ¡Para que se diga que los hijos…! Ella va a ser la que llevará a sus padres al aeropuerto.

Mari dirigiéndose a Juan le dice:

-Tenemos unos hijos que son unas joyas. Te confieso Juan que voy a este viaje porque ellos tienen tanta ilusión, pero me cuesta dejar la compañía de los nietos. No sé lo que te ocurre a ti.

-Mujer, a mí también me cuesta, pero te confesaré que estoy animado. Tenemos la ocasión ahora de conocer un poco más de mundo. La verdad es que hemos salido muy poco de viaje, siempre trabajando y cuidando de los hijos y ahora de los nietos. Ya verás cómo este crucerito nos va a ir muy bien.

Dios te oiga– repuso Mari a quien evidentemente le costaba dejar su casa y sus faenas, aunque comprendía las razones evidentes de su marido.

Trascurrida media hora, Elena interrumpió la faena de sus padres, invitándoles a tomar algo de cena. Eran ya las ocho y había que acostarse pronto.

Nuestros protagonistas, llegada la hora de salida para el aeropuerto dejaron diligentemente sus casas. Los tenemos a las cinco en el Aeropuerto de Barajas buscando la cola de facturación de equipaje para el vuelo directo a Venecia. Tras deambular por los pasillos del gran aeropuerto madrileño, van llegando al mostrador de facturación. Todavía no han abierto, pero la cola es ya amplia.

-Por fin hemos llegado, hija, pero todavía veo que no han abierto- comentó Mari a su hija Elena; luego dirigiéndose a su marido Juan le dijo:

-Juan, siéntate en aquel sillón hasta que abran, la niña y yo nos quedamos en la cola.

Juan obedeció y se retiró hacia el sillón cercano, se sentó  sin dejar de observar  la larga fila que se iba formando.

Ahí tenemos también a Luis y Laura que acaban de llegar con dos espléndidos maletones.

-Por fin llegamos, todavía no han abierto– comentó Laura.

-Pronto abrirán– apostilló Luis.

Los dos se quedaron plantados en la cola disponiendo sus maletas junto a ellos. Más adelante, ubicados en la cola cerca del mostrador, se encontraban Enrique y Virginia. Eran los primeros que habían llegado.

-Creo que pronto abrirán, llevamos ya quince minutos– dijo Virginia.

-¡Mira Virginia! Ahora llegan las señoritas– replicó Enrique a su mujer.

Efectivamente dos empleadas se disponían a abrir los mostradores de facturación. Después de abrir los ordenadores dieron luz verde al público y la cola comenzó a moverse. Al cabo de cinco minutos, observamos cómo Lorena y Carlos llegaban a la fila.

-Creía  que no llegábamos, Carlos– comentó Lorena.

-Al fin – apostilló Carlos.

-¿Sabes Carlos que tengo la impresión de que me he olvidado algo?

-Tú sabrás Lorena.

Se quedó pensativa un rato y luego replicó:

-Ya sé, me he olvidado los bikinis.

-Pero mujer, ¿qué me dices? Yo sí que me he echado el traje de baño.

-Pues mira, las prisas– replicó ella.

-No te preocupes, en el barco seguro que puedes adquirirlos en la tienda- le dijo.

-Tienes razón Carlos, pero me da rabia porque acababa de haberme comprado uno que me gustaba mucho.

-¡Mujer, que todos los problemas nos vinieran por ahí!

Poco a poco la cola fue avanzando y nuestros protagonistas terminaron todos por facturar. Se dirigieron luego a la zona de pre-embarque dispuestos a pasar el control personal.

Otra gran cola se fue formando ante el escáner. El público iba pasando ágilmente por el control.

Cinturones fuera y objetos metálicos deposítenlos en las bandejas, iban diciendo los policías encargados de la vigilancia al público.

Nuestros amigos depositaron sus objetos personales en las bandejas mientras pasaban por el aro magnético. Cuando le llegó el turno a Carlos sonó un pitido. Inmediatamente se acercó un policía y le cacheó no encontrando nada. Pasó de nuevo el escáner y volvió a sonar el pitido, por lo que le invitaron a quitarse los zapatos y pasar de nuevo, esta vez no sonó el aparato. Entonces Carlos dijo al policía que podían ser sus plantillas metálicas, cosa que comprobaron. Lorena que pasó el aro sin dificultad contemplaba la escena de Carlos con el policía, no ocultando su rostro un rictus de impaciencia.

Mari ayudó a su marido Juan a ponerse el cinturón. Ella pertenecía a este tipo de mujeres “todo terreno”, operativas en extremo, que han sacado a su familia diligentemente.

Fueron sentándose luego en la sala de espera del embarque esperando que les avisasen para subir al avión. Había entre el público varios niños pequeños que correteaban por el lugar.

-Las seis y media– respondió Laura a la pregunta de cuál era la hora, que le había dirigido Luis.

-No creo que tardemos mucho en embarcar, pues el vuelo tiene su salida a las siete en punto- dijo éste.

Mientras tanto, Enrique y Virginia repasaban juntos el folleto del itinerario del crucero que les había dado la agencia.

-Enrique- dijo Virginia, una vez llegados al aeropuerto Marco Polo-, ¿nos dijo la empleada de la agencia si nos vendrían a buscar para trasladarnos a la zona de cruceros del puerto?

-Sí, no te preocupes, está todo calculado. Además creo que vamos bastante gente en este avión, con lo que necesitaremos un autocar para el traslado. No tenemos más que estar atentos a las azafatas de Travelplan, una vez recojamos las maletas de la cinta.

Siguieron los dos repasando el itinerario.

–Embarcaremos  a mediodía si todo va correcto y permaneceremos en Venecia hasta nuestra salida a las 15,30 del día siguiente hacia Dubrovnik. Por cierto, ¿quieres algo de la tienda?

-No, estoy bien– replicó Virginia.

Luis y Laura permanecían también sentados entrelazadas sus manos. Laura acurrucaba su cabeza en el hombro de Luis. Los dos permanecían callados.

-Qué ganas tengo de fumar un pitillo, Lorena- dijo Carlos.

-Pues tendrás que esperar un poco. Ves yo sí que aguanto, llevo ya dos meses sin fumar. Te dije que dejaría de hacerlo y lo he conseguido- replicó Lorena.

-Suerte que tienes. Yo lo he intentado tantas veces que desisto– dijo Carlos levantándose de su asiento y comenzando a dar un pequeño paseo por la sala. Lorena permaneció sentada.

Mientras tanto Mari que no apartaba de su pensamiento a sus hijos, dijo a Juan:

-¡Qué bien se han portado nuestros hijos y sobre todo Elena, acompañándonos hasta el último momento!

-Sí, son estupendos. Por cierto Juan, ¿el viaje en el crucero lo tenemos a todo incluido?

-Sí.

-¿También las bebidas?

-Sí mujer y los cafés.

-Bien, pero yo aún con todo por si acaso he cogido tu tarjeta de crédito.

-Bien, porque la usaremos para pagar las excursiones al final del viaje, nos han dicho los chicos que nos darán a nuestra llegada al barco una tarjeta de identificación personal donde nos irán cargando los gastos que abonaremos al final.

-Espero que no me maree, Juan, no he ido nunca en un crucero.

-¿No te ha dado Elena unas pastillas para el mareo, por si acaso?- le dijo Juan.

-Sí, ojalá no tenga que usarlas.

-A ver si el que las tengo que usar soy yo,- replicó Juan sonriendo.

Al cabo de diez minutos, los altavoces del Aeropuerto de Barajas, comenzaron a sonar anunciando al personal que era ya la hora del embarque para el número de vuelo asignado para la ciudad de Venecia.

El público comenzó a levantarse y a formar otra cola hacia la puerta de salida exterior a la explanada, donde un  gran Boeing de Air Europa “Travelplan” les esperaba.

Con el DNI y la tarjeta de embarque fueron todos pasando el control y subiendo al bus lanzadera que les llevó hasta los pies de la escalerilla del avión.

 

Capítulo II

 

En el avión

 

Bajaron del bus y se dirigieron hacia el Boeing. Una azafata les fue dirigiendo según el billete hacia la escalerilla que llevaba a la puerta trasera del avión.

Nuestros amigos subieron las escalerillas con decisión aunque unos más que otros. Así Mari se agarró fuertemente al brazo de Juan como si dudara en subir al aparato. Juan la animó:

-Venga Mari, ánimo, este será nuestro segundo viaje en avión, total será un poquito más de duración que cuando fuimos a Mallorca.

Al final de la escalerilla entraron al avión donde una azafata amablemente iba saludando al personal.

A Lorena y su pareja les tocaron sentarse en la parte delantera del aparato; a Enrique y Virginia junto a un ala y a Luis y Laura, así como a Juan y su esposa en la parte trasera central.

Era el avión de gran tamaño con capacidad para cerca de 300 personas con hileras centrales y laterales de butacas.

Cuando acabó de acomodarse todo el público, las azafatas pasaron indicando al personal que se pusiera los cinturones de seguridad, asegurándose que el respaldo de las butacas se encontrase en posición vertical. Revisaban también algunos equipajes de mano que sobresalían, cerrando las portezuelas a fin de que no cayeran encima de las cabezas de los pasajeros. Seguidamente se encendieron los monitores de televisión distribuidos por todos los asientos y  comenzaron  a dar las normas de seguridad obligatorias en aviación.

Mari comentó a Juan:

 -¡Mira, nos dan las normas por televisión! Cuando fuimos de viaje de novios a Mallorca era una azafata la que nos indicaba cómo se hinchaban los chalecos salvavidas.

-Los tiempos cambian, ahora está todo automatizado- replicó Juan.

-¿Estás bien?- le preguntó Luis a Laura. Ambos  tenían entrelazadas sus manos.

-Sí. Ya sabes que no me gusta mucho el avión y siempre estoy algo nerviosa.

Enrique y Virginia estaban acostumbrados a volar ya que habían asistido a numerosos congresos médicos y permanecían aparentemente tranquilos atendiendo  a la rutina de las indicaciones de seguridad.

Lorena y Carlos miraban atentamente el monitor. Lorena le dijo bajito a Carlos:

-¡Mira Carlos, que si tenemos que usarlos!

-Toca madera mujer– le dijo Carlos.

Mientras tanto el aparato comenzó a moverse dispuesto  a encarar la pista de despegue. El capitán del boeing, en nombre de toda la tripulación, había saludado antes al personal  anunciando que la duración calculada del viaje sería de dos horas quince minutos hasta el aterrizaje, para cubrir la distancia de 1.410 Kilómetros. La altura de vuelo sería de hasta 11.000 metros con una velocidad media de 800 kilómetros/hora.

Pasaron unos minutos hasta que el avión enfiló la pista de despegue, el ruido de los motores aumentó de forma ostensible así como la velocidad del aparato. Las dos parejas mayores de nuestra historia se santiguaron.

Luis y Laura se apretaron las manos con fuerza. Carlos hojeaba un periódico que a la subida del avión le habían ofrecido. Lorena permanecía con los ojos cerrados. En medio minuto, que para algunos les pareció eterno, el avión comenzó a elevarse, las ruedas del aparato automáticamente se recogieron, oyéndose un ruidito que no permaneció indiferente para Mari.

-¿Qué ha sido ese ruido?– preguntó a Juan

-Ya estamos volando– le contestó Juan- supongo que han sido las ruedas del tren de aterrizaje que se han recogido.

-¡Ah!- suspiró Mari.

-Duérmete un ratito, querida.

-No sé si podré, estoy algo tensa.

El aparato progresivamente fue alcanzando más altura. Una vez conseguida la altura de vuelo, los altavoces del avión anunciaron que los pasajeros podían ya desabrocharse los cinturones aunque aconsejaban mantenerlos abrochados por si hubiera turbulencias.

Lorena se quitó el cinturón, Carlos seguía leyendo impasible su periódico. El resto de nuestros personajes  los mantuvieron. Mari aparentemente parecía dormida, por lo menos mantenía los ojos cerrados. Los demás cogieron su periódico y comenzaron a hojearlo, mientras azafatas tanto en la parte delantera como trasera del avión,  comenzaron  a sacar  los carritos de bebidas y ofrecerlas a los pasajeros. 

Una noticia que figuraba en portada de la mayoría de los periódicos suscitó  comentarios de espanto de nuestros personajes. Se trataba de un accidente de un avión de Air France, acaecido en el Atlántico en su vuelo de Río de Janeiro a París con 228 personas a bordo; el avión había materialmente desaparecido. Se estaban iniciando maniobras de búsqueda de los posibles restos.

Lorena comentó a Carlos:

-¿Has visto la noticia, Carlos? ¡Qué horror!

-Sí- contestó lacónicamente Carlos-. No te he dicho nada para no asustarte durante el despegue.

-Sólo me faltaba esto. No sé ni por qué planeamos este viaje.

-Tú bien lo sabes Lorena. No perdamos los nervios. Cuando ocurre un accidente de estas características, el próximo estadísticamente queda muy lejos.

-Ya sabes que no me refiero sólo al accidente en cuestión, creo que nosotros estamos accidentados en nuestra relación. ¿Qué es lo que realmente buscamos Carlos?

-No es el momento, Lorena, de hablar ahora en el avión de este tema, para ello precisamente escogimos acudir a este crucero y dirimir nuestras diferencias.

-Las diferencias han surgido en varias ocasiones porque te gustan mucho las faldas y no sólo las mías.

-Ya sabes Lorena que desde que estoy contigo no ha habido otra mujer como tú-contestó Carlos.

Lorena se echó a reír sarcásticamente.

-Bueno Carlos, dejemos ahora este tema. La verdad es que se me ponen los pelos de punta pensar que esta vida es como una tómbola en la que tenemos todos un número y de vez en cuando te toca.

-Pero... ¿Es que temes tanto a la muerte? Yo pienso que cuando llega, llega, y ya está, todo se acaba- dijo Carlos

-¿De verdad piensas que no hay nada tras la muerte? Yo creo que sí puede haber algo. Cuando murió mi abuela, la madre de mi madre, sentí en su muerte algo muy especial. Tenía yo 10 años y pensé desde mi corta edad que llegaría un día que volvería a verla, que no podía desaparecer así. Ella me había cuidado mucho de niña.

-¡Va Lorena! Eso eran sentimientos de niña, sentimentalismos. Lo único que me dice es que querías mucho a tu abuela. Tuviste  suerte, yo no recuerdo un trato nada especial de mis abuelos. Mis padres se separaron cuando yo tenía 18 años y yo puede decirse que comencé a hacer mi vida y no digo nada cuando comencé a ir a la Universidad, donde estudié económicas. Eso sí, estoy agradecido a mi padre que se hizo cargo de los gastos de la Universidad.

-Precisamente si tuvieras mayor sensibilidad para este tema, creo que las cosas nos irían mejor- contestó Lorena.

-No me vengas otra vez  con lo mismo Lorena. ¡Se te ve el plumero! Recuerda que cuando convinimos en vivir juntos, lo hicimos sin asumir ningún compromiso perpetuo. Nos gustamos, vimos que teníamos afinidades en común y de mutuo acuerdo convenimos en juntarnos.

-¡Qué frío que eres Carlos! No sé por qué sigo contigo, tal vez porque sigo enamorada de ti todavía.

Lorena no pudo disimular unas lágrimas. Carlos, entonces, le cogió su mano y la apretó con fuerza, depositando un beso en sus mejillas.

-Yo también te quiero Lorena. El hecho de que discutamos tanto, aparte de nuestras diferencias de carácter, tal vez exprese  nuestro cariño, por lo menos se pone a prueba.

-Sí, Carlos, pero creo que para que esto dure, tenemos que cuidar también las formas.

-¿Quieren algo de beber, un café, un refresco?– les dijo la azafata que había llegado con su carrito a la altura de ellos.

-¿Tienen tónica?- dijo Lorena.

-Sí señora- contestó la azafata, sacando del carrito un botellín -. ¿Puede bajar la bandeja, por favor?

-Sí, perdón- contestó Lorena mientras desprendía del asiento delantero la bandeja. Entonces la azafata depositó en ella el botellín y un pequeño vaso de plástico con un posavasos.

-¿Y usted señor qué quiere?– dijo la azafata a Carlos.

-Un café solo por favor– contestó.

Tras servirle, la azafata empujó su carrito para dirigirse a otros pasajeros que se encontraban detrás de la pareja.

Otra azafata que servía desde la parte trasera del avión había llegado a la altura de Juan y Mari.

-¿Algo para beber, quieren los señores? -dijo la azafata.

-Sí- dijo Juan, mientras daba un pequeño codazo a su mujer que parecía dormida.

-Despierta Mari, nos preguntan qué queremos para beber.

Mari abrió entonces sus ojos y al ver a la azafata le dijo:

-Buenos días señorita. ¿Podría darme un zumito?

-¿De qué lo quiere señora? tenemos de naranja, piña-uva, zanahoria…

-De piña-uva, si es tan amable- contestó Mari.

Juan, dejando su periódico, abrió las bandejas de su mujer y la suya.

La azafata le sirvió entonces el zumo en un vaso.

–Y usted señor, ¿qué quiere?

-Tomaré un cortadito, por favor– le dijo Juan con voz amable.

La azafata se lo sirvió amablemente comentándole:- ¡Qué aproveche señor!- y seguidamente se dirigió a los vecinos de al lado.

Juan, que había dejado su periódico cerca de su mujer, mientras bebía su zumo, cogió el diario y entonces se fijó en la noticia del accidente, la reseña venía acompañada de una fotografía del avión en cuestión, un Airbus.

-¿Te has fijado en la noticia, Juan?– dijo a su marido

-Sí Mari, la he leído, es horroroso.

-Te confieso Juan que siento algo de miedo de encontrarnos ahora dentro de este avión sin poder volvernos atrás.

-¿Es que te arrepientes de este viaje?

-No es eso, no me arrepiento del viaje en sí, pero no me negarás que una noticia así te pone mal cuerpo.

-Desde luego no es una cosa grata, ¡pobre gente! ¿Qué habrá pasado para que un avión desaparezca como por arte de magia? ¿Y si ha sido un acto terrorista?– preguntó Juan.

-Cualquier cosa ha podido suceder Juan, esa pobre gente que se encontraría hablando dentro del avión, como tú y yo ahora, y de pronto al parecer… Sabe Dios lo que habrá pasado. Esto nos enseña que la vida es un soplo, no podemos evitar la muerte cuando viene.

- Por eso tenemos que estar tranquilos, sobre todo si tenemos la conciencia tranquila. Yo te confesaré Mari que no temo a la muerte, ya por nuestra edad entramos dentro de un mayor riesgo.

-¡Anda Juan, si ves una gota de sangre y te pones malo!- le dijo su mujer.

-Eso es otra cosa, como tú sabes me pasa desde niño, pero lo que te quiero decir es, que sin perder mi prevención ante ella, me planteo que un día llegará y por ello tengo que acostumbrarme a esa situación, que en definitiva todos tenemos que pasar.

-Bueno, es mejor que pensemos que todo va a ir bien, y que el regalo que nos han hecho nuestros niños con este viaje sea para bien. Creo que lo tenemos bien ganado, toda la vida trabajando y sacando adelante a nuestros hijos. Por ello creo que tenemos que estar contentos ya que hemos hecho todo lo posible por ellos y además con sacrificios. ¿No te parece Juan?

-Sí, efectivamente, les hemos dado estudios e intentado que fueran buenas personas, como así lo son. Sí, tenemos que estar contentos.

Juan y Mari habían trabajado duro para sacar a sus hijos adelante. Aparte de su trabajo de funcionario, Juan en sus ratos libres había ayudado en un taller de reparación de televisores en sus años mozos, había sido un enamorado de la electrónica. Cuando se jubiló de su trabajo de funcionario, intentó seguir con su afición, pero sus conocimientos de electrónica estaban ya desfasados con los adelantos técnicos y dado que los hijos eran ya adultos desistió de este trabajo. Ahora se entretenía cuidando unas colecciones de sellos que guardaba para sus nietos que ya iban para siete. Sus hijos habían cursado carreras técnicas y estaban bien colocados.

Los dos habían terminado sus bebidas, cuando Mari no quiso ni pasar página del diario, sino que comentó a Juan:

-Voy a intentar cerrar otra vez los ojos, toma si lo quieres.

Juan cogió el periódico que le daba su mujer y pasando página siguió hojeándolo.

Había llegado el turno a Luis y Laura. La azafata les ofreció para beber.

-¿Tiene un te?- le preguntó Laura.

-Sí, ¿con limón? -contestó la azafata.

-Sí, por favor.

-¿Y usted? –dirigiéndose a Luis.

-Una tónica, por favor.

La azafata les sirvió lo solicitado, dirigiéndose luego a otros pasajeros.

Los dos jóvenes reanudaron la conversación que estaban llevando sobre el accidente cuando les había interrumpido la azafata.

-¿Qué crees que ha podido pasar? –le dijo Laura a Luis.

Éste, quedándose callado unos instantes, acabó por comentar:

-No sé, puede haber muchas hipótesis, aunque no descarto el terrorismo. Desde el 11S todo es posible. Hay que esperar a que se hagan todas las investigaciones precisas.

-No me dirás Luis que recibir esta noticia viajando en un avión, anima mucho.

-Sí, el proceso de la muerte es continuo y en todas las circunstancias. Nosotros por nuestra profesión lo vemos continuamente y la verdad es que no nos acostumbramos a ello. No deja la muerte de ser un fracaso de la medicina. ¿Qué piensas tú?- le preguntó Luis a su mujer mirándole a los ojos.

Ella le respondió:

-Yo no me acostumbro, pero no considero la muerte de los pacientes un fracaso médico, porque no deja de ser un hecho natural, más en  pacientes graves. He llegado a interrogarme en algunas ocasiones sobre todo cuando he asistido a la muerte de pacientes jóvenes, pero no encuentro una respuesta fácil.

-A mí, también me resulta difícil admitir la muerte de los jóvenes, posiblemente porque nosotros lo somos y la vemos lejos, y cuando muere una persona joven nos plantea directamente nuestra propia muerte y ello resulta doloroso. Realmente vivir una vida con su carga de ilusiones, emociones… y pensar que todo un día puede acabarse, no tiene sentido como tal.

-Considero que nuestra labor de médicos no abarca únicamente nuestra asistencia cuando podemos hacer algo por nuestro paciente, sino también cuando no hay posibilidades materiales de curación y sólo queda una asistencia paliativa, porque en definitiva, aunque no tengo muy claro si hay algo después de esta vida, cada paciente es una persona y como tal merece nuestra ayuda médica hasta el momento de su muerte– dijo Laura.

-Yo pienso igual, una vida humana es una vida que hay que respetar manteniendo la dignidad de nuestra actuación. No me considero partidario de ninguna forma de eutanasia, apoyando eso sí, con medidas paliativas al enfermo, suprimiéndole el dolor y cuidando de sus necesidades vitales más elementales hasta que el proceso natural precipite la muerte. No se trata, como dijo un intensivista, de ayudar a morir a un paciente, sino de ayudarle a seguir viviendo dignamente hasta que se muera- ahondó Luis sobre lo que había dicho Laura.

Nuestros jóvenes amigos habían puesto el dedo en la llaga al hablar sobre los pacientes graves, porque tratar a los enfermos desahuciados no resulta fácil. Considerar que nuestra misión como médicos no termina cuando hemos diagnosticado o puesto un tratamiento es difícil.  Estos pacientes requieren medidas paliativas; médicamente no van a curarse y nos resulta incómodo seguir atendiéndoles porque continuamente su presencia nos está recordando nuestra impotencia y el fracaso de nuestra medicina, así como la situación crítica a la que nosotros mismos tendremos que enfrentarnos un día. Si el profesional no está preparado para estas situaciones, su misión es acompañar también al enfermo terminal, lo va a pasar muy mal. El paciente tiene además su derecho a recibir una información adecuada respecto a la enfermedad que padece. Sin negarle la verdad de su situación delicada, el médico debe impregnar su diálogo con cortesía y ternura, y nunca destruir su esperanza. Hay que saber dar al enfermo una respuesta adecuada a cada situación, y ello requiere revisar nuestra propia filosofía de la vida. Si creemos que la muerte es la antesala del fin, nos resultará muy difícil consolarle. El médico debe aliviar siempre al enfermo y en circunstancias terminales debe suprimir el dolor, sin que ello repercuta en acortar la vida del paciente. El ciclo de la vida es continuo: unas generaciones perecen mientras otras nacen a la vida. Realmente puede ser costoso para muchos salir de este mundo. El hecho de morir supone una etapa de nuestra vida, la final, y hay que estar preparados para ello. La muerte es más fácil para quienes han pensado más en ella, durante toda su vida, como si siempre estuviesen preparados para su llegada.

Hoy día, la muerte es considerada un tabú;  para muchos es el final, y por lo tanto hay que pasar este mal trago rápidamente. No hay que comentar mucho sobre ella, no sea que al nombrarla aparezca: ¡tocad madera! Se la considera como un fin y no como un medio. Para el cristiano y para muchos de otras religiones la muerte no es el final, sino únicamente una transformación, un cambio de vida. Montaigne decía: “La utilidad de la vida no está en su duración, sino en su uso".

-Bueno Luis, no es precisamente este tema el que me gusta comentar y más en  este viaje donde iniciamos una nueva etapa en nuestras vidas.

-Así es-, dijo Luis cogiendo de nuevo la mano a su mujer y depositando un beso sobre ella. Seguidamente, ambos jóvenes apuraron sus bebidas, siguiendo luego hojeando los periódicos.

Efectivamente, los médicos y el restante personal sanitario chocan con la muerte continuamente en su ejercicio profesional. Ven su rostro en la cara de muchos pacientes, y se preguntan interrogantes como: ¿tiene la muerte algo qué decirnos?

Existe un tabú respecto a ella, aunque cada vez más se va produciendo una apertura y sensibilización social progresiva de querer conocer cómo y de qué se muere, qué hacer con el enfermo terminal, así como saber si existe otra vida después de ésta. Hay equipos formados por médicos, enfermeras, asistentes sociales y capellanes que ayudan y acompañan al enfermo y sus familiares a lo largo de todo el proceso. Estos pacientes, y la misma familia, suelen presentar un gran miedo y angustia ante la muerte. Son el fruto de una sociedad donde la técnica se ha elevado a la categoría de dios, devaluándose los valores humanos. El hombre confía ciegamente en la ciencia y piensa que ésta puede resolver todos los problemas del ser humano, por lo que el pensamiento de que un día tenemos que morir se va orillando y al pensar que tal vez no exista nada después, no vamos preparándonos para ese instante tan decisivo: ¡Comamos y bebamos que luego moriremos! (1Is 22,13) se decía en las sociedades bíblicas, hoy solemos decir: ¡a vivir que son dos días!

Se dice que se suele morir como uno haya vivido. La dignidad al morir se encuentra en la dignidad con que has vivido tu vida. Si hemos amado y dado sentido altruista a la vida, la muerte no representará un absurdo vacío de contenido y moriremos en paz, (Lc 2,25-32). Aún en residencias de ancianos y domicilios particulares, los moribundos se encuentran con frecuencia sin una persona o familiar preparado para ayudarles a vivir una buena muerte, la familia se encuentra sobrepasada en estas situaciones. No sólo necesitan los cuidados estrictamente personales básicos, sino también la ayuda moral que les conforte para afrontar con dignidad su muerte.

Enrique  y Virginia, habían consumido sus respectivos refrescos y se encontraban también comentando la noticia, primera plana de los diarios.

-¡Qué espanto!- dijo Enrique a su mujer mostrándole las fotos del periódico que aludía al accidente de Air France.

-No para la parca. No te acostumbras nunca al hecho de ver morir a la gente. Supone un misterio, un hecho que continuamente se repite y no excusa a nadie.

-¿En qué situación personal se encontrarían esas personas, cuando tuvieron el accidente? ¿Y los niños que habría en el avión, qué culpa tenían? –dijo Virginia.

-¡Qué culpa iban a tener! –respondió Enrique.

-Siempre que se comenta de la muerte, sobre todo de los niños, me atormenta la idea de cómo permite Dios estas cosas– aseveró Virginia.

-Has tocado un tema muy espinoso: El tema del sufrimiento de los inocentes. Es innegable que existe un mal en este mundo, del que la muerte es su expresión, porque afecta a todos, niños y jóvenes incluidos, aunque afortunadamente afecte más a la gente mayor, y es que es ley de vida, un hecho natural, a no ser que ocurran circunstancias como las aquí reseñadas, un accidente.

-Si es un hecho natural, Enrique, ¿por qué afirmas que existe un mal que pueda condicionar la muerte?

-¡Uf! –soltó Enrique, lanzando un profundo resoplido-. No sé por qué me ha salido esa afirmación, pero lo cierto es que nos estamos metiendo en un tema de difícil discusión. Lo que he querido decir es que independientemente de la muerte en sí, que es un hecho natural en el hombre aunque sea por accidente, me refiero al mal en sí, porque en el fondo y en muchas ocasiones, sobre todo en las muertes violentas así como en hambrunas, incluso en muchas catástrofes aunque sean naturales, estas se producen por un mal aprovechamiento de los recursos naturales y por el afán de enriquecimiento de unos pocos. ¿Qué me dices del contrabando de armas que diezma la población de muchos países, sobre todo africanos, que es donde más se dan las hambrunas y las muertes de centenares de miles de niños? ¿Y la propia industria del aborto que comercia además con los productos embrio-fetales, disfrazada luego de logro de conquista de derechos humanos? ¿Qué logro de libertad y de democracia, supone exterminar inocentes? ¿En que nos diferenciamos de la dictadura del nacional socialismo alemán que exterminó millones de judíos? Y luego nos preguntamos, ¿Por qué Dios tolera estas cosas o incluso las ponemos de excusa para negar su existencia? Dios respeta la libertad del individuo aunque éste la utilice para el mal.

Enrique era una persona profundamente creyente. Siempre le había cuestionado desde esta perspectiva trascendente el hecho de morir y aunque, como él decía, cada muerte de un paciente que le tocaba asistir le planteaba muchas preguntas interiores, siempre había confiado que la Misericordia Divina no tenía límites y que acogería a todos en sus brazos, especialmente a los hombres y mujeres de voluntad. Su mujer le había escuchado atentamente y nada más de terminar su alocución, mirándole a los ojos, le cogió la mano y le dijo:

-Ya sabes Enrique que pienso como tú-. Y acercándose le depositó un beso en su mejilla.

El viaje permaneció tranquilo, sin sobresaltos. Las azafatas después de servir las bebidas, volvieron para seguir ofreciendo a los pasajeros la oportunidad de poder adquirir perfumes a buen precio, así como otros artículos entre los que se encontraba el chocolate. Luis compró para Laura un perfume Hugo Woman de Hugo Boss y unas chocolatinas. Virginia adquirió también un agua de perfume de la marca Carolina Herrera. 

Como unos veinte minutos antes de la hora prevista para el aterrizaje, el capitán dio órdenes para que los pasajeros se abrocharan los cinturones. El avión fue progresivamente descendiendo de altura, siendo ostensible el movimiento para los pasajeros. Al cabo de diez minutos y tras traspasar unas nubes, comenzó a divisarse el paisaje terrestre, divisándose campos y carretera donde circulaban vehículos. El Boeing fue tomando aproximación hacia el Aeropuerto Marco Polo de Venecia; iba planeando y bajando cada vez más, notando los pasajeros en cada descenso como suaves sacudidas. Comenzó a verse la pista, oyéndose como el tren de aterrizaje se abría y en cosa de un minuto enfiló directamente a tomar tierra. Se oyó un ruido seco al tocar las ruedas el suelo de la pista; el avión salió entonces proyectado rodando a gran velocidad hasta que un gran ruido de motores desaceleró el aparato. El público irrumpió en un fuerte aplauso.

Ya en mucha más reducida velocidad fue siguiendo la dirección de la pista. El altavoz del avión transmitió la voz de la azafata que ordenó no desabrochar los cinturones hasta que el aparato hubiera quedado completamente parado. Los pilotos iban conduciendo el avión tras el coche guía que lo dirigía a su lugar final de aparcamiento. Finalmente el avión se detuvo. Se oyeron entonces los sonidos de los cinturones que el público desabrochaba. Por el altavoz se oyó una voz que anunció al público que se encontraban en el aeropuerto Marco Polo de Venecia y agradecía a los viajeros que hubieran volado con Air Europa, esperando que volvieran de nuevo a depositar su confianza en la compañía en futuros vuelos.

-¡Qué curioso! -dijo Enrique a Virginia-, sigue el público aplaudiendo cuando el avión ha aterrizado. En todos nuestros numerosos viajes, casi siempre la gente aplaude.

-Es cierto, será por el descanso que nos produce tocar tierra. Al fin y al cabo, es complicado pensar que semejante mole pueda sostenerse en el aire.

-Siempre existe ese miedo reprimido a volar, un miedo en definitiva a morir- aseveró Enrique.

El público fue levantándose de sus asientos y comenzó a abrir los portaequipajes que se encontraban encima de sus cabezas, sacando los equipajes de mano. Nuestros protagonistas hicieron lo mismo y  todos fueron formando una larga cola. Al cabo de unos minutos las puertas delantera y trasera del avión se abrieron y comenzó a descender el personal. La tripulación despidió al público amablemente.

-Por fin, nos encontramos en Venecia, ¡qué ganas tenía de pisar tierra! Con eso de la noticia que hemos leído en el periódico del avión, me encontraba con mucha tensión -dijo Lorena a Carlos, mientras descendían por las escalerillas.

Carlos se calló, aunque esbozó una amplia sonrisa.

Una vez en tierra, un autobús recogió a los pasajeros y los llevó hasta las instalaciones de llegada de vuelos del aeropuerto donde se fueron arremolinando alrededor de las cintas mecánicas donde tenían que recoger el equipaje facturado.

Ahí tenemos a nuestras cuatro parejas esperando con el resto del personal a que se pusieran en movimiento.

Tras un cuarto de hora de espera, la cinta comenzó a moverse y las primeras maletas aparecieron a la vista.

-Estate bien atento, no sea que pasen de largo- dijo Mari a Juan.

-Sí mujer, estate tranquila, que estoy atento– respondió Juan.

De las primeras maletas que salieron fueron las de Luis y Laura, las recogieron y depositaron en el carrito, dirigiéndose hacia la salida.

-Nos comentaron que nos esperaría una azafata de Travelplan junto al autobús que nos lleve al puerto- dijo Laura a Luis.

-Sí, afuera la encontraremos, no nos preocupemos.

Progresivamente, todas las maletas de nuestros amigos fueron apareciendo, retomándolas éstos.

Todos ya, se dirigieron al exterior donde encontraron a la azafata que les llevó a los autocares. Fueron subiendo a ellos tras colocar los conductores el equipaje en los bajos de los autobuses.

Tres autocares llenos partieron hacia el puerto donde el “Gran Crucero Esperanza” les esperaba.

 

 

 

 

 


 

Resumen breve del Currículo Humanístico, Científico  y Literario

 

-Casado, padre de  cinco hijos. Nació en Zaragoza, el 26 de Octubre de 1949.  Doctor en

 Medicina. Médico Internista.  Ex profesor de Anatomía y de Patología Médica.

 Entre diversos premios, se destacan:

-Premio Extraordinario de  Licenciatura por la Universidad de Zaragoza (1972).

-Premio Academia General Militar (Curso 1971-72).

-Premios de Licenciatura (1975) y del Doctorado por la Real Academia Nacional de Medicina (1979).

-Premio de la Inmortal  Ciudad de Zaragoza (1973).

-Premio “Príncipe Fernando” por Radio Juventud de Zaragoza (1974)

-Premio “Institución Fernando el Católico” por la Excma. Diputación Provincial de Zaragoza (1977). Mención Especial y accésits concedidos por la misma Institución (1979, 1980 y1982).

 -Primer Premio de Investigación Médico-Quirúrgica otorgado en 1988  por el Ilustre Colegio de Médicos de Zaragoza.

-Académico Correspondiente de la Real Academia de Medicina de Zaragoza (1988)

-Académico  Correspondiente de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza (2015)

-Escritor  y autor de referencia de temas de Humanidades, de Ciencia y de Investigación. Ha publicado 15  li­bros y 5 capítulos. Autor de más de 230  artículos en revistas nacionales y extranjeras. Conferenciante en más de quinientos eventos de contenido humanístico literario y científico. Así mismo referenciado en más de 140  citas bibliográficas por sus escritos humanísticos- literarios y científicos.

-Caballero de Nuestra Señora del Pilar.

-Expresidente de Cursillos de Cristiandad de Zaragoza.

-Incluido en la Gran Enciclopedia Aragonesa  2007. Apéndice V, Pág. 245.

-Incluido en el Diccionario de Escritores Aragoneses Contemporáneos: 1885-2005.

-Socio de número de la Asociación Aragonesa de Escritores (A.A.E).

-Miembro del Ateneo de Zaragoza.

-Miembro socio de número de Asemeya (Asociación Española de Médicos Escritores)

-Miembro de la Red Mundial de Escritores en Español.

-Member of  ResearchGate.

-Included in Biographical Record in Who’s Who in the World, since 1998”. New Jersey(USA).

- Included in Biographical record in The International Biographical Centre of Cambridge”, since

 1998.

- Included in 2000 Outstanding Intellectuals of the 21 St Century, International Biographical

 (Great Britain) since 2008.

-Scholar of Academic Genealogy Wiki.

-Tertuliano de Onda Zaragoza y en Voces Escritas.

-Articulista en Diarios Online: Arbil; Religión y Libertad; El Heraldo Montañés; El Libre Pensador…

-Colaborador literario en Centros Cívicos de Zaragoza.

-Participante como lector y autor de relatos en la Campana de los Perdidos.

-Participante en  http://www.teafm.net/  con Voces Escritas y Con Versos en la Noche.

-Imparte un Ciclo de conferencias en el Ateneo de Zaragoza sobre “El saber comer. La

  importancia de una sana alimentación” desde Noviembre de 2013  hasta Abril 2015.

 

Dentro de su obra, independientemente de su labor científica  y de investigación, figuran sus obras literarias de ensayo, novela, relato corto, poesía,  teatro:

-Medicina y Música, obra médica aplicada a la ejecución pianística, publicada por “Estudio de Música J.R. Santamaría, Gráficas Lou, 1996.

-Obras humanísticas de ensayo: “La Otra Cara de la Medicina”: trilogía que consta de tres libros: 1: ¿Qué es el hombre?; 2: El hombre ante el dolor y la muerte. ¿Hay algo después de la vida?; 3: ¿Hacia Dónde Vamos? 

-“Morir nos interroga. Análisis General del fenómeno de la Muerte”.

- Novela: “Entre dos vidas”,

-Mística del día a día, obra de carácter espiritual, poética,  y biográfica.

(Toda esta obra publicada  por “Mira Editores” desde 2000 hasta 2012.

-Novela: “La  Travesía”. Gráficas INO. Zaragoza 2015.

- Presentó esta obra de “La Travesía” al Premio Planeta con el seudónimo “Tempus Fugite”.

-Ha participado en numerosos Concursos Nacionales de Relatos Cortos y Poesía.

-Accésit al I Concurso de Relatos de Tranvías de Zaragoza, con la obra: “Aquel tranvía de mis recuerdos “. Zaragoza 24 de Enero de 2011.

-Publicadas por el Centro de Estudios Poéticos en “Palabras entre el Centeno”, “Metáforas en el cielo”, “Puñal Desgarrador”, “Un Paseo entre Versos”, “Viviendo entre Metáforas”, “Despedidme del Sol y de los trigos”, “La Vida es verso”, “ Deshojando Sentimientos”, “La Isla de las Palabras Perdidas”,  sus poesías: “Gracias niña”, “Hallada en la Niebla del recuerdo”, “Vana Quimera” “Sedienta de amor y fuego”, “Buscando en mi interior”, “Penas Olvidadas”, “Mostrándoseme el Ser Esencial”, “Encuentro conmigo mismo”. “Poesía eres tú ¡Amada mía!”,

-Premiado en el XXXVI Concurso Internacional de Poesía y Narrativa: “La Fuerza de la Palabra”, resuelto el 16 de Noviembre de 2013, en Buenos Aires (Argentina) con el relato: ”Un descanso del Dr. Martínez tras la visita hospitalaria”. Publicado en la Antología: La Fuerza de la Palabra.

-Premiado en la XVIII Muestra Poética Picarral de Zaragoza, con el poema: “Transformación de mi alma”. 31 de Mayo de 2013.

-Publicado el relato: “Chancletas más que tacones” en la Revista Literaria “Palabras Indiscretas”. Nº 10, páginas: 18 - 23. Edición de Octubre de 2013. ISBN: 2172-7562.

-Publicada su poesía: “A mi nietecito Diego” en la Revista Literaria: “Palabras Indiscretas” nº 11, página 10. Febrero 2014.

-Publicado en “Puntos de Vista” de la Revista Literaria: “Palabras indiscretas”  Nº 47. 15 de Mayo de 2014, el ensayo: Diálogo Filosofal”.

-Publicado el relato: “Un rato con mi nieta” en la Revista Literaria: “Palabras Indiscretas” nº 12, Junio 2014, pág: 22-24.

-Publicados los relatos: “Primavera en el Otoño de la Vida” y “De todo se sale” en la Revista Literaria: “Palabas Diversas” nº 49. 15 de Septiembre de 2014.

-Relato: “Caminando por la vida” publicado en la Revista Literaria: “Palabras Diversas” nº50. 15 de Noviembre de 2014.

-Relato: “Cuando yo me vaya” publicado en la Revista Literaria:  “Palabras Indiscretas” nº 14. Diciembre de 2014, pág: 24-6.

-“Análisis de la Trilogía, crítica literaria: La otra Cara de la Medicina”. “Revista Literaria “Palabras Indiscretas” , nº 14, pág: 42-49.

-Referenciados sus Obras literarias en la Revista Palabras Indiscretas nº 10, pág: 38-39.

-Publicado en el portal argentino: http://www.manchoneria.es/Concurso_de_minicuentos.aspx

el minicuento: ¿Sueño o realidad?

                http://bernardoebri.blogspot.com.es/