Actividad Científica del Dr. Bernardo Ebrí

Los interesados en poder descargar publicaciones médicas científicas del Dr. Bernardo Ebrí Torné, pueden hacer "clic" en

https://www.researchgate.net/profile/Bernardo_Ebri/stats

Para descargar el programa informático para el cálculo de la Edad ósea en niños, guía explicativa como usarlo, sobre la radiografía de mano izquierda, y luego poder predecir la talla adulta del niño (niños de 0,5 años a 20); específicos programas para niños de 0 a 4 años a través de la radiografía de mano y de pie) (En español y lengua inglesa),publicaciones a este respecto, libro sobre Maduración ósea, etc.,.., introducirse en la siguiente web: www.comz.org
(Al final de la página, hacer "clic" en el banner: Bone Maturation (Maduración Ósea), dibuja el banner una radiografía lateral de pie, y ya se abre el portal, la página, donde se encuentra toda la información, con posibilidad de descarga.
El método esta siendo utilizado por pediatras, radiólogos, de España, Italia, México...
Comentarios en https://sites.google.com/site/doctorbernardoebri/prueba


Salmos 91:4 y 46:1. El amor de Dios

Salmos 91:4 y  46:1. El amor de Dios
"Pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será nuestro escudo y tu baluarte". "Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia"

Tuesday, April 19, 2011

LA SECULARIZACIÓN




No olvidemos que las características sociales que son dinámicas y ambivalentes. Como dinámicas están sujetas a un cambio continuo que, en el mejor de los casos, limita la validez del análisis a un tiempo determinado. Dada su calidad de ambivalentes no pueden ser calificadas como totalmente negativas o positivas. Por tanto, la secularización no se debe entender, en principio, como algo esencialmente antirreligioso. Se trata de un proceso de re-ubicación de la religión en la sociedad que produce efectos en sentidos muy diversos. En rigor, no puede interpretarse como antirreligioso el que la religión se concentre en su papel. Además, es bastante explicable que durante esta re-ubicación se produzca una pérdida de fieles y una bajada en la práctica religiosa tradicional. Es propio de los cambios culturales romper la rutina y producir desorientación.

QUÉ ES?
Por secularización cabe entender, entre otras, todas estos:
1) Declive o decadencia de la religión, progresiva pérdida del prestigio y del valor socialmente reconocido en los símbolos e instituciones de la religión. En suma, puede entenderse todo proceso adverso a la implantación social de la religión.

2) Desconexión de la sociedad, la política y la cultura, respecto a la visión religiosa del mundo y del hombre,y también respecto a las instituciones, eclesiásticas u otras, en las que dicha visión se expresa.

3) Desacralización, desencantamiento y reducción a lo profano de la naturaleza física, convertida en objeto de dominio técnico.

4) Paso de una sociedad rígida,refractaria al cambio, regida por principios de tradición, a una sociedad elástica, flexible y móvil,que no consagra ningún principio dado.

5) Privatización de la religión, que abandona el ámbito público, cultural y político, y queda confinada a recintos de intimidad, individual y social, haciéndose socialmente invisible.

6) Fragmentación de la religión en un pluralismo de creencias religiosas coexistentes en una misma sociedad, sin que ninguna de ellas pueda cumplir ya funciones de integración y de legitimación social.

En relación con el proceso de secularización, se han creado expresiones tales como: muerte de Dios, eclipse de Dios o de lo sagrado, el crepúsculo de los dioses, apostasía de las masas, la racionalización, la desmitificación (frente a mitos) y desmistificación (frente a mística) de la sociedad, el advenimiento de una cultura postrreligiosa o postcristiana, etc.

EL POLO OPUESTO: LAS SOCIEDADES TEOCRÁTICAS
Se llaman sociedades teocráticas (theos=dios; cratos=gobierno). aquellas en las que la religión era uno de los elementos identificantes (todos pertenecen a esa religión), cohesionantes y formantes (costumbres y normas tienen origen y respaldo religioso) de mayor fuerza en todos los campos de la vida. No existía separación entre lo civil y lo religioso, a pesar de haberla entre lo sagrado (curas) y lo profano (seglares).

DESCRIBIENDO LA SECULARIZACIÓN
Podemos entender por secularización un proceso en el cual diversos ámbitos de la vida humana (concepciones, costumbres, formas de sociedad, instituciones, cosas y personas) o la totalidad de los mismos dejan de estar determinados o inspirados por la religión o lo están de otra forma o en menor grado. Hay, por tanto, una menor presencia pública de la religión organizada en la vida ciudadana, cultura, política, enseñanza, sanidad, etc... Esto supone que, previamente, la religión (sus símbolos, doctrinas e instituciones) ha perdido prestigio, fuerza e influencia. De cualquier forma, no ocupa en la vida pública un puesto tan preeminente como el que tenía antes.

Es una situación en que ni está de moda ser religioso, ni el control social o el ambiente fuerzan a ello. La calificación de "laica" prestigia ante los ojos de muchos a la institución que la lleva. En frase de Berger "La religión debe venderse a una clientela que ya no está obligada a "comprar". La situación pluralista es, sobre todo, una situación de mercado". Antes la religión legitimaba las realidades sociales. Ahora, es ella misma la que debe justificar su existencia.

No obstante,de hecho, la religión sigue teniendo un peso social muy grande. La sociedad ha alcanzado, en palabras del pastor evangélico Dietrich Bonhoeffer, la "mayoría de edad". La Iglesia, madre y maestra de pueblos, ve cómo sus hijos van ultimando su adolescencia. Y, como cualquier madre, se resiste a la vez que se alegra.

LAICISMO
En la actualidad, dada la extensión del fenómeno secularizador, es evidente que se trata de un cambio cultural. Sin embargo, algunos hacen de él una ideología (o un talante adherido a su ideología) que afirma la necesidad de implantar una radical secularización como sea. Puede llegar incluso a fundamentar una discriminación por motivos religiosos. Generalmente, se denomina secularismo o laicismo a la pretensión de eliminar toda influencia religiosa en la sociedad por considerar dicho influjo esclavizante y perjudicial. Se trata de un laicismo militante que intenta sacar al hombre de la esfera de lo sagrado y hacerle tomar conciencia de que sólo hay mundo. Por lo tanto, hay que abolir toda motivación o vinculación social con la transcendencia ya que supondría un oscurantismo impropio de nuestro tiempo. Esta postura suele ir acompañada de un anticlericalismo, más o menos visceral, y reviste muchas veces formas y exigencias que, en algún sentido, pueden calificarse de religiosas. Algunos afirman que no puede haber laicidad sin laicismo.

Se pretende que la sociedad sea confesionalmente laica.

En las sociedades con fuerte desarrollo urbano e industrial (que, menos el Japón, son todas de tradición cristiana) se constatan estadísticamente fenómenos tales como: decadencia de la práctica religosa, despego de las formas tradicionales de culto, crisis de credibilidad de la institución religiosa como depositaria de un magisterio doctrinal y disciplinar, reducción a cultura laica de las tradiciones religiosas populares, privatización de la creencia, creciente marginación de lo institucional como factor de dinámica social, política y cultural, escasez de candidatos al liderazgo religioso, etc.

(Extracto de Para comprender la sociedad del hombre moderno de Angel Calvo Cortés y Alberto Ruiz Díaz)

Tuesday, April 5, 2011

Democracia y verdad


Una reflexión sobre el proceso a Jesús de Nazaret Por Rafael Palomino MADRID, lunes 4 de abril de 2011 (ZENIT.org).- Ofrecemos una nueva contribución en nuestra sección Observatorio Jurídico, sobre libertad, cuestiones relacionadas con los derechos humanos y su relación con la antropología y la fe cristianas, que dirige el español Rafael Navarro – Valls, catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, y secretario general de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. * * * * * En la segunda parte de “Jesús de Nazaret”, el Papa no solo ofrece una reflexión teológica y exegética de primer orden, sino que también invita a la reflexión sobre otros aspectos cruciales. Uno de ellos, es el análisis del proceso de Jesús ante Pilatos. Detengámonos en él. La civilización occidental no puede entenderse sin el calidoscopio en el que se descomponen sus grandes procesos. Así por ejemplo, en el primer cuarto del siglo XX, Occidente despierta de la pesadilla totalitaria a través de los Juicios de Nüremberg, que recordaron la existencia de exigencias morales y éticas superiores a cualquier Derecho positivo. Mucho tiempo antes (s. II a. de C.), el choque verbal entre Cicerón y Catilina, recuerda la importancia del respeto a la ética en los asuntos públicos y los presupuestos del poder legítimo. El juicio de Sócrates en Atenas (s .IV a. de C.), en fin, nos sitúa abruptamente ante el valor de la crítica de la razón frente a los usos sociales. De todos ellos, el proceso de Jesús ante Pilatos ocupa el lugar central. ¿Quiénes fueron los acusadores? ¿Cuál fue el verdadero motor del proceso? ¿Qué lugar ocupa la verdad en el gran tema de lo justo legal? Tres respuestas claves La respuesta a la primera pregunta por Benedicto XVI ha merecido el agradecimiento del pueblo judío. El fiscal no fue Israel como un todo, sino los círculos sacerdotales distinguidos y un pequeño y fanático grupo de seguidores de Barrabás. La segunda cuestión en Benedicto XVI apunta como una flecha a un hecho que ha cambiado el mundo: la separación entre la dimensión religiosa y la política, una separación que, para el Papa, pertenece realmente “a la esencia” del nuevo camino cristiano. El tercer tema requiera algo más de atención ahora. Ante el requerimiento de Pilatos: “¿Qué es la verdad?”, Benedicto XVI recuerda que no ha sido el procurador romano “el único que ha dejado al margen esta cuestión como insoluble y, para sus propósitos, impracticable. También hoy se considera molesta, tanto en la contienda política como en la discusión sobre la formación del derecho”. Ciertamente, para el Derecho la pregunta por la verdad es fundamental. Tal vez por esto, y precisamente desde instancias democráticas, viene afirmándose que los derechos fundamentales, entre ellos el derecho a un juicio “justo”, deberían ser rescatados de las presiones de las minorías y de las imposiciones de las mayorías políticas. Al representar un núcleo de valores esenciales, deben quedar al margen de esquemas políticos de uno y otro signo. Como ha dicho Spaemann, “la comunidad jurídica no es una especie de ‘closed shop’, cuyas condiciones de admisión y de exclusión quedan fijadas por la mayoría de los miembros”. Por ejemplo, no hay derecho alguno de una mayoría, por muy grande que sea, a decidir sobre el derecho de una minoría a su existencia. Hace años, cuando Benedicto XVI era solamente el cardenal Ratzinger, observaba que “las decisiones mayoritarias no pierden su condición verdaderamente humana y responsable cuando presuponen un sustrato básico de humanidad y lo respetan como verdadero bien y condición de todos los demás bienes”. Las observaciones primero del cardenal Ratzinger y ahora de Benedicto XVI chocan frontalmente con la visión jurídica que, prescindiendo de la verdad, basa el derecho en el poder, en la fuerza de los votos. Esta línea de pensamiento (me refiero al positivismo jurídico, fruto del relativismo ante la verdad objetiva) hoy intenta ocupar todos los intersticios legales, incluido el juicio histórico de Jesús ante Pilatos Relativismo y positivismo legal Tal vez haya sido el jurista austríaco Hans Kelsen el que lo ha planteado de forma más radical. Cuando desde su visión normativista se sitúa ante la pregunta del procurador romano frente a la verdad, no duda en tomar partido por la postura que, a la postre, adoptará Pilatos. Estas son sus palabras : “Y puesto que Pilatos, un relativista escéptico, no sabía qué era la verdad, la verdad absoluta en que este hombre creía, consecuentemente, procedió de modo democrático sometiendo la decisión del caso a votación popular” (H. Kelsen, “¿Qué es la Justicia?, Barcelona, 1992). Ciertamente no deja de provocar un cierto “escalofrío jurídico” esta renuncia a la verdad, para entregar la justicia en manos de una mayoría, tantas veces manipulable (como se deduce también del relato evangélico). El relativismo —de entonces y de ahora— termina, en el fondo, por renunciar a saber qué es lo justo, aferrándose a una maraña de subterfugios procedimentales, que difícilmente pueden ocultar la presión del poderoso sobre el débil. El Papa se refería de forma explícita a estas cuestiones de profundo calado, con motivo de su discurso a la Comisión Teológica internacional de 5 de octubre de 2007. Decía entonces Benedicto XVI: “En muchos pensadores parece dominar hoy una concepción positivista del derecho. Según ellos, la humanidad, o la sociedad, o de hecho la mayoría de los ciudadanos, se convierte en la fuente última de la ley civil. (…) En la raíz de esta tendencia se encuentra el relativismo ético, en el que algunos ven incluso una de las condiciones principales de la democracia, porque el relativismo garantizaría la tolerancia y el respeto recíproco de las personas. Pero, si fuera así, la mayoría que existe en un momento determinado se convertiría en la última fuente del derecho. La historia demuestra con gran claridad que las mayorías pueden equivocarse. (…) Cuando están en juego las exigencias fundamentales de la dignidad de la persona humana, de su vida, de la institución familiar, de la equidad del ordenamiento social, es decir, los derechos fundamentales del hombre, ninguna ley hecha por los hombres puede trastocar la norma escrita por el Creador en el corazón del hombre”. Me he permitido una cita algo extensa, precisamente porque explica nítidamente el desenlace jurídico de la crucial cuestión también teológica que el Papa Ratzinger plantea cuando analiza el proceso de Jesús. * Rafael Palomino es Catedrático de Derecho Eclesiástico en la Universidad Complutense, y Vocal del Consejo Asesor de OSCE para la Libertad de Religión y de Creencias.