Actividad Científica del Dr. Bernardo Ebrí

Los interesados en poder descargar publicaciones médicas científicas del Dr. Bernardo Ebrí Torné, pueden hacer "clic" en

https://www.researchgate.net/profile/Bernardo_Ebri/stats

Para descargar el programa informático para el cálculo de la Edad ósea en niños, guía explicativa como usarlo, sobre la radiografía de mano izquierda, y luego poder predecir la talla adulta del niño (niños de 0,5 años a 20); específicos programas para niños de 0 a 4 años a través de la radiografía de mano y de pie) (En español y lengua inglesa),publicaciones a este respecto, libro sobre Maduración Esquelética etc.,.., introducirse en la siguiente web: www.comz.org/maduracion-osea
Se abrirá el portal al hacer "clic" y allí, se encuentra toda la información, con posibilidad de descarga.
El método esta siendo utilizado por pediatras, radiólogos, de España, Italia, México, Venezuela...
Comentarios en https://sites.google.com/site/doctorbernardoebri/prueba


Salmos 91:4 y 46:1. El amor de Dios

Salmos 91:4 y  46:1. El amor de Dios
"Pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será nuestro escudo y tu baluarte". "Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia"

Wednesday, November 24, 2010

BENEDICTO XVI :"lleguemos a ser capaces de Dios y así poder entrar en la vida eterna"


En el último párrafo de Luz del mundo, Benedicto XVI define un objetivo: “que lleguemos a ser capaces de Dios y, así, podamos entrar en la vida auténtica, en la vida eterna”.

ZENIT.org)- En el último párrafo de Luz del mundo, Benedicto XVI define un objetivo: “que lleguemos a ser capaces de Dios y, así, podamos entrar en la vida auténtica, en la vida eterna”.
El libro-entrevista presentado este martes en el Vaticano apunta a esta meta y está lleno de indicaciones, consejos y referencias a objetivos para alcanzarla.
La palabra “tarea” aparece en numerosas ocasiones. A través de sus respuestas a más de doscientas preguntas de muy diversos temas, el Papa ofrece un itinerario a los lectores e indica una especie de “regla benedictina”, un verdadero programa para los católicos de hoy.
El autor de la entrevista, el periodista alemán Peter Seewald, explica en el prefacio del libro que para el Papa, “la tarea es mostrar a las personas a Dios y decirles la verdad”.
En este sentido, el Pontífice explica que “hoy lo importante es que se vea de nuevo que Dios existe, que Dios nos incumbe y que Él nos responde” y exhorta a “colocar, como nuevo acento, la prioridad de la pregunta sobre Dios”.
Reconoce que “el concepto de verdad ha caído bajo sospecha, que “por supuesto, es cierto que se ha abusado mucho de él”, pero insiste en que “hay que aprender y ejercitar de nuevo la humildad de reconocer la verdad y de permitirle constituirse en parámetro”.
Y puntualiza que Jesucristo “defiende la verdad no mediante legiones, sino que, a través de su pasión, la hace visible y la pone también en vigencia”.
¿Qué debe hacer la Iglesia?
El Obispo de Roma explica cuál es el cometido de la Iglesia: “La tarea no es elaborar algún producto o tener éxito en la venta de mercancías. La tarea consiste, en cambio, en vivir ejemplarmente la fe, anunciarla y, al mismo tiempo, mantener a esta misma comunidad de adherentes voluntarios, que se extiende a través de todas las culturas, naciones y tiempos y no se basa en intereses externos, sino en una relación interior con Cristo, y, de ese modo, con Dios”.
Benedicto XVI destaca la necesidad de la nueva evangelización y afirma que “debemos acometer con fuerza renovada la cuestión acerca de cuál es el modo en que puede anunciarse de nuevo a este mundo el evangelio de manera que llegue a él, y que tenemos que emplear para ello todas las energías”.
Por otra parte, señala que “la fe del que no ve debe tener también sus razones. Jesús mismo hizo la fe enteramente comprensible, en cuanto la expuso con unidad interior y en continuidad con el Antiguo Testamento. La gran tarea encomendada a la Iglesia sigue siendo unir fe y razón”.
“La Iglesia está siempre llamada a hacer aquello que fue objeto de la petición de Abrahán: preocuparse de que haya justos suficientes como para contener el mal y la destrucción” y “que crezcan nuevamente las fuerzas del bien -aclara-. En ese sentido, los triunfos de Dios, los triunfos de María son silenciosos, pero reales”.
Y profundiza en esta cuestión, indicando: “Necesitamos en cierto modo islas en las que la fe en Dios y la sencillez interior del cristianismo estén vivas e irradien; oasis, arcas de Noé en las que el hombre pueda refugiarse siempre de nuevo”.
La liturgia
Sobre ello, explica que “los ámbitos de la liturgia son ámbitos de refugio. Pero también en las diferentes comunidades y movimientos, en las parroquias, en las celebraciones de los sacramentos, en las prácticas de piedad, en las peregrinaciones, etcétera, la Iglesia intenta brindar defensas y desarrollar también refugios en los que, en contraposición a todo lo roto que nos rodea, se haga visible nuevamente la belleza del mundo y de la posibilidad de vivir”.
Respecto a la liturgia, indica que “lo que importa es que la palabra de Dios y la realidad del sacramento estén en el centro; que no desintegremos a Dios a fuerza de palabras y pensamientos y que la liturgia no se convierta en una presentación de nosotros mismos”.
Diálogo
El Papa identifica también tareas respecto al diálogo con otras religiones. “Hemos de procurar, por un lado, vivir y exponer vivamente la grandeza de nuestra fe y, por el otro, entender la herencia de los otros -explica-. Lo importante es encontrar lo común y, allí donde sea posible, prestar en este mundo un servicio común”.
Respecto al ecumenismo, constata que “el mundo necesita un potencial de testimonio a favor del Dios uno que nos habla en Cristo” y sobre el diálogo religioso en términos más generales, afirma que “tenemos un mensaje ético que da orientación a los hombres. Y llevar juntos ese mensaje es de suma importancia en la crisis de los pueblos”.
Benedicto XVI también ofrece una tarea concreta en relación a los países “donde el islam domina, digamos, en soledad, indiscutido en sus tradiciones y en su identidad cultural y política”.
Advierte que en estos lugares, el islam “se ve fácilmente a sí mismo como posición contraria al mundo occidental” y “entonces la consciencia de verdad se hace tan estrecha que se convierte en intolerancia y, con ello, hace también muy difícil una coexistencia con los cristianos”.
“Aquí es importante que permanezcamos de manera intensiva en contacto con todas las fuerzas islámicas dispuestas al diálogo, de modo que después puedan darse también cambios de consciencia allí donde el islamismo asocia todavía la reivindicación de la verdad con la violencia”, indica.
Escatología
Otra de las tareas de la Iglesia propuestas por el Papa en el libro es la referencia a la eternidad, que considera actualmente “una cuestión muy seria”.
“Nuestra predicación, nuestro anuncio está orientado realmente de forma unilateral hacia la plasmación de un mundo mejor, mientras que el mundo realmente mejor casi no se menciona ya”, lamenta.
“Aquí tenemos que hacer un examen de conciencia -afirma-. Por supuesto, se intenta salir al encuentro de los oyentes, decirles aquello que se halla dentro de su horizonte. Pero nuestra tarea es al mismo tiempo abrir ese horizonte, ampliarlo y mirar hacia lo último”.
El Pontífice reconoce que “estas cosas son arduas para los hombres de hoy. Les parecen irreales. Quisieran respuestas concretas para el ahora”.
“Pero tales respuestas siguen siendo incompletas si no permiten sentir y reconocer también por dentro que yo voy más allá de esta vida material, que existe el juicio, que existen la gracia y la eternidad -recuerda-. Debemos encontrar también palabras y modalidades nuevas para hacer posible al hombre romper la 'barrera del sonido' de la finitud”.
Tareas tras los abusos
En el libro, el Papa aborda extensamente el tema de la crisis por los abusos sexuales de menores por parte de algunos miembros del clero.
“Cómo puede haber sucedido esto es algo que es preciso examinar con todo detalle, pero al mismo tiempo, hemos de ver qué puede hacerse para que no vuelva a suceder algo semejante”, señala.
“Lo importante es, en primer lugar, cuidar de las víctimas y hacer todo lo posible por ayudarles y por estar a su lado con ánimo de contribuir a su sanación; en segundo lugar, evitar lo más que se pueda estos hechos por medio de una correcta selección de los candidatos al sacerdocio; y, en tercer lugar, que los autores de los hechos sean castigados y que se les excluya toda posibilidad de reincidir”, destaca.
“Lo que nunca debe suceder es escabullirse y pretender no haber visto, dejando así que los autores de los crímenes sigan cometiendo sus acciones -sentencia-. Por tanto, es necesaria la vigilancia de la Iglesia, el castigo para quien ha faltado, y sobre todo la exclusión de todo ulterior acceso a niños”.
Entre muchas actuaciones que propone, algunas se dirigen a toda la comunidad de fe, que “tendría que intervenir siempre con su pensamiento y acción en cuanto a las vocaciones y prestar atención a los distintos candidatos. Por una parte, conducirlos y sostenerlos, y por la otra ayudar también a los superiores a reconocer si las personas son aptas o no”.
Además, “tenemos que suplicar a los fieles que cooperen también ellos en sostener a sus sacerdotes”, dice, “veo en las parroquias que el amor al sacerdote crece también cuando se reconocen sus debilidades y se asume la tarea de ayudarle en esas debilidades”.
Subraya que “hoy tenemos que aprender de nuevo que el amor al pecador y al damnificado están en su recto equilibrio mediante un castigo al pecador aplicado de forma posible y adecuada”.
“Ahora hay que comenzar realmente de nuevo en espíritu de penitencia, y al mismo tiempo no perder la alegría por el sacerdocio, sino reconquistarla”, pide.
Por otra, parte, destaca el necesario esfuerzo que debe realizar la Iglesia para “que lo vivo y grande que hay en ella se haga nuevamente visible, a pesar de todo lo negativo”.
Para el Papa, “es un desafío enorme sostener y elaborar de nuevo ambas cosas, el celibato y el matrimonio”.
También indica que encontrar la concepción positiva de la sexualidad “y cuidar de ese tesoro que se nos ha dado es una gran tarea”.
A los cristianos
“Ser cristiano no debe convertirse en algo así como un estrato arcaico que de alguna manera retengo y que vive en cierta medida de forma paralela a la modernidad -advierte el Papa-. Ser cristiano en en sí mismo algo vivo, algo moderno, que configura y plasma toda mi modernidad”
Al referirse a las tareas del cristiano, Benedicto XVI no oculta que “aquí se exige una gran lucha espiritual”.
“Lo importante es que intentemos vivir y pensar el cristianismo de tal manera que asuma en sí la buena, la correcta modernidad, y que al mismo tiempo se aparte y distinga de lo que se ha convertido en una contrarreligión”, resume.
“¿Dónde la fe tiene que hacer propias las formas y figuras de la modernidad y dónde tiene que ofrecer resistencia? Esta gran lucha atraviesa hoy el mundo entero”, señala, invitando a la reflexión.
“Hemos de poner de manifiesto -y vivir también- que la infinitud que el hombre necesita sólo puede provenir de Dios -indica-. Que Dios es de primera necesidad para que sea posible resistir las tribulaciones de este tiempo”.
Como camino para realizarlo, el Papa indica que “debemos procurar decir realmente la sustancia en cuanto tal, pero decirla de forma nueva”.
“Nos encontramos realmente en una era en la que se hace necesaria una nueva evangelización, en la que el único evangelio debe ser anunciado en su inmensa, permanente racionalidad y, al mismo tiempo, en su poder, que sobrepasa la racionalidad, para llegar nuevamente a nuestro pensamiento y nuestra comprensión”.
“El proceso interior de traducción de las grandes palabras a la imagen verbal y conceptual de nuestro tiempo está avanzando, pero aún no se ha logrado realmente -observa-. Y esto sólo puede conseguirse si los hombres viven el cristianismo desde Aquel que vendrá”.
Entre los retos del cristianismo, Benedicto XVI también destaca la importancia de oponerse a “una presión de intolerancia que, primeramente, lo caricaturiza -como perteneciente a un pensar equivocado, erróneo-, y después, en nombre de una aparente racionalidad, quiere quitarle el espacio que necesita para respirar”.
Según el Papa, se trata de continuar señalando la fe como centro “y de captar el dramatismo del tiempo, seguir sosteniendo en él la palabra de Dios como la palabra decisiva y dar al mismo tiempo al cristianismo aquella sencillez y profundidad sin la cual no puede actuar”.
Presencia pública
El Papa revela que “a menudo uno se pregunta realmente cómo es que cristianos que son personalmente creyentes no poseen la fuerza para hacer que su fe tenga una mayor eficacia política”.
En este sentido, indica que “sobre todo debemos intentar que los hombres no pierdan de vista a Dios. Que reconozcan el tesoro que poseen. Y que, después, partiendo de la fuerza de la propia fe, puedan confrontarse con el secularismo y llevar a cabo el discernimiento de los espíritus”.
“Sólo podemos esperar que la fuerza interior de la fe, que está presente en el hombre, llegue a ser después poderosa en el campo público, plasmando asimismo el pensamiento a nivel público y no dejando que la sociedad caiga simplemente en el abismo”, añade.
Para Benedicto XVI, “hoy hay que consolidar, vitalizar y ampliar este cristianismo de decisión, de modo que haya más personas que vivan y confiesen de nuevo de manera consciente su fe”.
“Por otra parte, debemos reconocer que no somos simplemente idénticos a la cultura y la nación en cuanto tales, aunque tenemos la fuerza para imprimirle e indicarle valores, que ella asume aun cuando la mayoría no sean creyentes cristianos”.
Esperanza para el mundo
Benedicto XVI apela a la responsabilidad de la Iglesia en lograr un equilibrio entre el poder del hombre y su potencial ético, un progreso pensado en clave moral.
Constata el consenso general sobre la necesidad de tomar decisiones morales para afrontar la catástrofe ecológica que amenaza a la humanidad, pero a la vez también que “la traducción de esto mismo en voluntad política y en acciones políticas se ve ampliamente imposibilitada por una falta de una disposición a la renuncia”.
“¿Cómo puede la voluntad moral, que todos aceptan y todos reclaman, llegar a ser una decisión personal?”, pregunta, y responde: “sólo puede lograrlo una instancia que toque la conciencia, que esté cerca de la persona individual y que no se limite a convocar manifestaciones aparatosas”.
“En tal sentido se dirige aquí el reto a la Iglesia -concluye-. Ella no sólo tiene una gran responsabilidad, sino que, diría yo, es a menudo la única esperanza”.
“Tenemos que volver a reconocer que no debemos vivir simplemente en la arbitrariedad -señala-. Que hay que aprender una libertad que sea responsabilidad”.
En concreto, reconoce que “se está acostumbrado a un determinado estilo de vida y, cuando éste se ve amenazado, es natural que se suscite una resistencia”.
“También son demasiado pocos los modelos que se ven acerca de cómo sería concretamente la renuncia -explica-. En tal sentido, las comunidades religiosas, tienen una importancia ejemplar”.
Según Benedicto XVI, “es preciso percibir nuevamente que, como seres humanos, hemos de plantear exigencias mayores a la condición humana; más aún: que justamente sólo a través de eso se accede a la felicidad mayor”.
El libro concluye con unas frases alentadoras del Papa sobre lo que Dios tiene preparado a cada uno: “Realmente Él vino para que conozcamos la verdad. Para que podamos tocar a Dios. Para que nos esté abierta la puerta. Para que encontremos la vida, la vida real, la que ya no está sometida a la muerte”.

Tuesday, November 16, 2010

El drama de Asia Bibi: "Prefiero morir como cristiana que salir de prisión siendo musulmana"


En Pakistán una mujer cristiana ha sido condenada a la horca por hablar sobre Mahoma, mientras la comunidad internacional se moviliza para evitar este drama. El juez le ofreció la libertad a cambio de convertirse al islam. "Prefiero morir cristiana, que salir de prisión siendo musulmana", respondió ella.
2010-11-16
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JAVIER LOZANO
Un nuevo caso de fundamentalismo islámico y de discriminación a la minoría cristiana tiene como protagonista a Pakistán. El último caso es el de la cristiana Asia Bibi, condenada a morir en la horca por un supuesto delito de blasfemia contra el profeta Mahoma. Católicos y protestantes, así como organizaciones de derechos humanos y varias ONG, se están movilizando para evitar que se lleve a término la condena.
Según informa la agencia Asianews, un tribunal de Punjab, a 75 kilómetros al oeste de Lahore, condenó a esta mujer de 45 años por un delito de blasfemia. Mientras tanto, activistas denuncian que esta legislación alienta a los extremistas musulmanes en un país cada vez más hostil con las minorías religiosas
Los hechos ocurrieron en junio de 2009 cuando Bibi, trabajadora agrícola, fue mandada a buscar agua mientras trabajaba en un campo. El resto de mujeres, seguidoras del islam, se opusieron a que ella fuera porque, al no ser musulmana, contaminaría el recipiente y lo haría impuro. Por ello, le exigieron que abandonara el cristianismo y que se hiciera musulmana, a lo que ella se opuso.
En su justificación, la fiel cristiana dijo a sus compañeras que "Jesús murió en la cruz por los pecados de la humanidad" y preguntó a las mujeres musulmanas qué había hecho Mahoma por ellas. En cuanto oyeron estas palabras acudieron al imán local, esposo de una de ellas, que a su vez presentó una denuncia ante la Policía por el delito de blasfemia. Y es que el artículo 295 del Código Penal de Pakistán pena con la muerte blasfemar contra el profeta del islam.
El juez, Naveed Iqbal, la condenó a muerte tras haber sido previamente detenida. El magistrado descartó totalmente que hubiese sido falsamente acusada o que existieran "circunstancias atenuantes". Ahora la sentencia a morir en la horca tiene que ser ratificada por el Tribunal Superior de Lahore.
Convertirse al islam o morir en la horca
Además, el diario La Razón publica las palabras de Asia Bibi, que su abogado guarda en el móvil. En ellas se relata que el juez que la condenó a muerte "entró en la celda y le ofreció convertirse al islam para salir libre. Asia le respondió al juez que prefería morir como cristiana que salir de la prisión siendo musulmana".
"Yo no soy una criminal, no hice nada malo. He sido juzgada por ser cristiana. Creo en Dios y en su enorme amor. Si el juez me ha condenado a muerte por amar a Dios, estaré orgullosa de sacrificar mi vida por él", dijo la mujer a su abogado.
Mientras tanto, agrupaciones cristianas, tanto católicas como protestantes, están realizando campañas para que se produzcan presiones internacionales a Pakistán y así evitar la muerte de esta mujer cristiana. Los obispos de Pakistán han hecho un llamamiento al Papa para que intermedie en el conflicto. "Instamos a la comunidad internacional a levantar su voz, a hacer presión y trabajar en todos los niveles para salvar a esta mujer, que es inocente", dicen los prelados.
En España ya han comenzado a organizarse y para el domingo se ha convocado una concentración frente a la embajada de Pakistán en Madrid. Allí harán un acto de oración y pedirán la libertad para Asia Bibi.
Otras iniciativas se centran en la recogida de firmas para hacer presión y poder salvarla. Cientos de miles de firmas han sido recogidas tan sólo en una semana. Estas firmas van dirigidas tanto a la ONU como al propio Gobierno de Pakistán.
Discriminados por ser cristianos
Sin embargo, no es la primera vez que esta discriminación a los cristianos ha puesto en el punto de mira a Pakistán. Otro hecho conocido se produjo tras las graves inundaciones que asolaron el país durante el pasado verano. En ese momento, los cristianos fueron tratados como ciudadanos de segunda y se les negó la ayuda por el simple hecho de ser cristianos.
Las autoridades locales exigían a los cristianos que o se convirtiesen al islam o no recibirían comida ni ayuda a pesar de ser casos de extrema necesidad. Igualmente, políticos del país inundaron un poblado cristiano desviando el agua de la inundación para que sus tierras no se vieran afectadas. Murieron decenas de cristianos al no haber sido avisados por este musulmán.

ESTUDIO NACIONAL ESPAÑOL DE 2264 PACIENTES. ANÁLISIS DE FACTORES DE RIESGO CARDIOVASCULAR (GRUPO CIFARC DE LA SEMI)


Conferencia en la Real Academia de Medicina de Zaragoza.
Por el DOCTOR BERNARDO EBRÍ TORNÉ. Especialista en Medicina Interna.
Académico Correspondiente de la Real Academia de Medicina de Zaragoza. Ex Profesor Asociado Médico y de Anatomía Humana. Investigador integrado en el GRUPO CIFARC (Control de Riesgo Cardio Vascular) de la SEMI (Sociedad Española de Medicina Interna) Diplomado en Medicina Biológica. Miembro de la Asociación de Escritores Aragoneses y de Asemeya (Médicos Españoles Escritores)

Zaragoza 7 de Octubre de 2010

Excmo. Sr. Presidente, ilustrísimos Señores Académicos, amigos y compañeros, señoras y señores.
Como miembro del Grupo Nacional Cifarc de la Sociedad de Medicina Interna Española (SEMI) es un honor para mí el haber sido invitado a esta Real Academia de Medicina para dar esta conferencia, por su presidente y junta directiva. Intentaré resumir lo mas brevemente que pueda la labor clínica investigadora desde el año 2002 hasta la fecha. La casuística que compone la base de esta investigación de 2264 pacientes procede de un estudio transversal de ámbito nacional. Los pacientes consecutivos son procedentes de Consultas Externas de Medicina Interna, pertenecientes al estudio CIFARC, del Grupo de Riesgo Vascular de la Sociedad Española de Medicina Interna. Los pacientes, sujetos de alto riesgo cardiovascular, mayores de 18 años de ambos sexos, acudieron a Consultas Externas, donde se les realizó anamnesis, exploración física y exploración analítica. Los datos expresión de las variables analizadas, eran enviados por correo electrónico a la base de datos.
Con esta investigación quería comprobarse el mal control que se estaba realizando a nivel primario de los factores de riesgo cardiovascular. Por ello los objetivos de iniciar este estudio fueron: 1) Determinar el porcentaje de pacientes con alto riesgo cardiovascular que tienen controlados de forma global todos sus factores de riesgo mayores (HTA, hipercolesterolemia, diabetes, tabaco y obesidad); 2) Evaluar los recursos médicos utilizados: número de visitas médicas, exploraciones complementarias y tratamientos realizados por causa cardiovascular.
El estudio constó de dos fases I y II. Durante la fase segunda se efectuó un seguimiento de los pacientes, comprobándose un mejor control de los pacientes de riesgo a partir del mal cumplimiento que en la primera fase se había detectado.
Desde Consultas Externas del Hospital Miguel Servet colaboramos en aportar nuestro pool de pacientes que engrosaron la casuística global. La investigación comprobó que solamente un 6,9 % de los pacientes de alto o muy alto riesgo cardiovascular tenían controlados los 5 principales factores de riesgo mayores. La existencia de diabetes mellitus, dislipemia o proteinuria, predisponían a un mal control integral de los mismos, mientras que el número de exploraciones complementarias realizadas se asoció a un mejor control.
En las diversas reuniones que tuvimos en Madrid para discusión de los resultados se nos ofreció a los investigadores la posibilidad de desarrollar estudios paralelos de subanálisis con los datos de la casuística general, a efectos de optimizarla, y aportar nuevas líneas de investigación. Personalmente acepté, y a consecuencia de ello, han surgido hasta ahora, tres trabajos que han sido presentados a tres Congresos Nacionales de Medina General y Medicina Interna: De la SEMERGEN, (Granada 2004), SEMERGEN (Bilbao 2005) y SEMI (Salamanca 2006). En Granada, el trabajo que seguidamente expondremos, fue premiado como mejor comunicación “MIR”, siendo presentado por la doctora Inmaculada Ebrí.
Llegados a este punto, gratitud obliga, quiero agradecer públicamente al profesor Altarriba, catedrático de Genética y Mejora de la Facultad de Veterinaria de Zaragoza la ayuda prestada para la confección de estos trabajos en el tratamiento estadístico de las variables de riesgo cardiovascular. Fueron numerosas las tardes que mano a mano pasamos juntos trabajando en la programación estadística.
En honor a la brevedad ofrecemos seguidamente extractados el contenido de estas comunicaciones. Tras ellas efectuaremos una Discusión General, destacando la importancia de las variables analizadas en la clínica, cotejando nuestros resultados con los hallados por otros autores. Y como decía Santiago Loren: “Los saberes tienen que volver a aplicarse desde una base humanística así como también deben de estar recogidos, impresos en las comunicaciones científicas de tal manera que la "precisión" de su exposición no sacrifique esta base humanística”, es por ello que posteriormente y como epígrafe final efectuaré unos breves comentarios acerca de la labor que el médico de nuestros días debe de llevar a cabo, según apuntaba el mismo Loren en boca de Green: “Debe de ser capaz de llevar a cabo una labor investigadora que tiene que descender a la clínica, en forma de una atención personalizada a cada paciente; porque no solo es necesario ser un buen médico a nivel técnico sino ser también un médico bueno a nivel humano” Para ello y aunque no sea mas que un apunte, comentaremos al finalizar nuestra conferencia, lo que entendemos por Medicina de la Totalidad, basada ésta en la llamada por Paul Tournier, Medicina de la Persona, autor que ya fue citado por el que fue catedrático de Psiquiatría de esta Facultad, el profesor Rey Ardid.
Con la venia del Sr. Presidente damos comienzo a la exposición de estas comunicaciones:

DIFERENCIAS EN VARIABLES REPRESENTATIVAS DE ENFERMEDAD O REPERCUSIÓN CARDIOVASCULAR ENTRE SUJETOS DE ALTO RIESGO CARDIOVASCULAR CON Y SIN ANTECEDENTES FAMILIARES DE EVENTOS CARDIOVASCULARES PRECOCES

El objetivo del estudio es valorar la relación de los antecedentes familiares de eventos cardiovasculares precoces con diversas variables determinantes de factores de riesgo cardiovascular y de lesión de órganos diana.
Material y Métodos: Estudio transversal de ámbito nacional con 2264 pacientes consecutivos de las Consultas Externas de Medicina Interna, mayores de 18 años y con riesgo cardiovascular alto o muy alto, procedentes del Estudio CIFARC del Grupo de Riesgo Vascular de la SEMI. Se estudia la relación entre la presencia o no de antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular precoz (AFP) y distintas variables de factores de riesgo cardiovascular y lesión de órgano diana. El tratamiento estadístico (Chi-2, ANOVA y regresión lineal de Pearson) se ha realizado mediante el programa STATISTIX.
Las variables categóricas estudiadas son alteraciones del espectro lipídico, analíticas y afectación de órganos diana de afectación cardiovascular, así mismo se han valorado variables ponderales
Resultados:
En la Tabla 1, podemos observar las variables analizadas en cuanto a su significación estadística con relación a la presencia de AFP, tanto en varones y mujeres analizados de forma global, como por separado en ambos sexos. En los varones hemos observado diferencias estadísticamente significativas respecto al Colesterol total, colesterol LDL, colesterol HDL, tabaquismo, HVI, niveles de creatinina, retinopatía I-II, retinopatía grave, proteinuria, talla y edad. En las mujeres resultan han resultado significativas la edad y la enfermedad vascular periférica. Analizada la casuística de forma global las variables significativas halladas han sido, colesterol total, HDL, LDL, tabaquismo, HVI, niveles de creatinina, retinopatía I-II, enfermedad vascular periférica, talla y edad.
En tabla 2 se observan las asociaciones significativas entre AFP y las distintas variables estudiadas según sexo y total. En cada parámetro detallamos el incremento en % de frecuencia de lo variable observada respecto a la esperada bajo la hipótesis de independencia en el grupo formado por individuos. Existen diferencias en los varones con antecedentes familiares precoces en las distintas variables analizadas, diferencias que expresamos en porcentajes en la tabla.
Analizada de forma global la casuística: hombres y mujeres Con y Sin AFP, los pacientes que tienen AFP, presentan mayores niveles de colesterol total y colesterol LDL, menor HDL, mayor tabaquismo e HVI, mayores niveles de proteinuria y de creatinina, retinopatía I-II, retinopatía grave, y enfermedad vascular periférica, que los pacientes Sin AFP.
Analizados por separado hombres y mujeres, los varones Con AFP presentan mayores niveles de colesterol total, colesterol LDL, menor HDL, mayor tabaquismo, HVI, y mayores niveles de creatinina, que los varones Sin AFP:
Las mujeres Con AFP presentan un incremento significativo de porcentaje (124.7%) solo en la enfermedad vascular periférica, respecto a las mujeres Sin AFP.
Las variables que no han presentado diferencias significativas entre hombres y mujeres Con y Sin AFP, no hemos expresado los porcentajes.
Si la variable no es categórica sino continua como ocurre con la talla, las diferencias se expresan de forma cuantitativa. Respecto a la edad, los grupos Con AFP positivo, tardan en los varones y mujeres una media de 2,73 y 3 años respectivamente antes en acudir a la consulta médica, que los grupos sin dichos antecedentes. Con AFP presentan los varones una edad media de 62 años en acudir al médico, mientras que los que no tienen AFP la media es de 65.1 años. Las mujeres Con AFP presentan una edad media de consulta de 64.5 años, mientras que las que no tienen AFP es de 67.5 años.
Comparando entre sí hombres y mujeres, los hombres acuden antes al médico que las mujeres en 2.4 años, aunque no tengan AFP. Los hombres Con AFP acuden al profesional unos cinco años antes que las mujeres.
En la TABLA 3 se vuelven a relacionar las variables analizadas respecto a Con o Sin AFP a efectos de valorar posibles diferencias significativas de los parámetros a p<0.05>ó = de 140/90 mmHg) En términos absolutos ello supone unas 4.000 muertes cardiovasculares y unas 14.000 muertes totales al año relacionadas con la hipertensión (Banegas JR y cols)
Las estrategias sobre el manejo de la hipertensión no deberían ser tomadas únicamente por la elevación de las cifras tensionales, sino por la presencia de otros factores de riesgo cardiovascular asociados, lesión de órgano diana y otras condiciones clínicas asociadas. Es conocido que hay otros factores de riesgo no clásicos que también han demostrado tener una relación con la enfermedad cardiovascular, y que no se tienen en cuenta en el cálculo de riesgo cardiovascular, como la obesidad, el sedentarismo, historia familiar de enfermedad coronaria temprana o de eventos cardiovasculares en general, lipoproteínas de baja densidad (LDL) pequeñas y densas, lipoproteína a, fibrinógeno, homocisteina, factores inflamatorios, psicosociales, laborales y probablemente otros que deben de considerarse dentro del contexto clínico de cada paciente ( Saitta A; Torbus-Lisiecka B; Ortega RM y cols)
La presencia de una historia familiar precoz cardiovascular, se encuentra relacionada con la presencia de otros factores de riesgo cardiovascular en el paciente (Friedlander Y; James Valentine R; Jerrad-Dunne P y cols)
Se ha descrito un incremento continuo y gradual del riesgo relativo de mortalidad, conforme aumenta el índice de masa corporal (Manson JE y cols). Se ha observado además una asociación del IMC y la obesidad con la hipertensión arterial, hiperglucemia y el sedentarismo (U.S. Department of Health and Human Services; Wordl Health Organization Obesity; Glowinska B y cols), incluso en niños y adolescentes, pudiendo existir también una correlación con historia familiar positiva a enfermedad cardiovascular. Mas específicamente, algunos factores de riesgo cardiovascular tienden a agregarse o a formar un cluster, debido a que están metabólicamente ligados (obesidad, diabetes, hipertensión y dislipemia, que constituyen el llamado síndrome metabólico o síndrome de resistencia a la insulina que puede llegar a ser muy frecuente en las edades medias y avanzadas de la vida (Ford Es; Rabkin SW; Siervogel RM y cols) En nuestro estudio también hemos encontrado una correlación positiva de IMC en hombres con niveles elevados de colesterol, HVI y retinopatía leve. En mujeres se ha encontrado una correlación positiva con la cardiopatía isquémica.
Según la Encuesta Nacional de Salud en 1997, la frecuencia de obesidad es mayor en varones jóvenes que en mujeres jóvenes, pero a partir de los 45 años se hace mas frecuente en las mujeres que en los hombres. En ambos sexos la prevalencia de obesidad aumenta con la edad (19,2%) en el grupo de 45 a 64 años y 21,2% en el grupo de 65 a 74 años. Otro factor de riesgo cardiovascular importante es la HVI que traduce la afectación de órganos diana en varones. La población hipertensa de España se ha estimado en un 64%; la presencia de HVI diagnosticada con ecocardiografía ha sido del 40% (Dalfo A y cols) Hemos observado un perfil positivo de asociación de la HVI con AFP de eventos cardiovasculares y afectación de otros órganos diana. Respecto a la proteinuria, hemos observado que ésta, en ambos sexos, se encuentra íntimamente correlacionada con niveles elevados de Creatinina, HVI y retinopatía leve y grave, como traducción de la afectación de los órganos diana por la HTA. En mujeres está asociada a niveles bajos de colesterol HDL. Hemos evidenciado también que niveles elevados de Creatinina, retinopatía leve y grave, se correlacionan con otros factores de riesgo cardiovascular y afectación de órganos diana. La diabetes mellitus como ya mostró el Estudio Framingham se asocia a un mayor riesgo de desarrollo de enfermedad cerebrovascular (Kannel WB). De hecho las complicaciones de la ateromatosis son la principal causa de morbimortalidad en los diabéticos. Su riesgo relativo de enfermedad cardiovascular es mayor en la mujer diabética que en el varón, con cerca de 10.000 defunciones por año. Supone la sexta causa de muerte en España (42,6% de todas las defunciones) según el Instituto Nacional de Estadística en el 2002. Nosotros también en ambos sexos la hemos encontrado asociada a un mayor riesgo cardiovascular y afectación de órganos diana. La cardiopatía isquémica se encuentra íntimamente relacionada con otros factores de riesgo cardiovascular como el tabaco, sedentarismo e hipertensión arterial. En los varones a estos factores, se les puede atribuir aproximadamente la mitad de las muertes coronarias en los años noventa. En las mujeres, son el sedentarismo, la hipertensión y la hipercolesterolemia, los tres factores que provocan una mayor carga coronaria (Banegas JR) En el Estudio Ibérica los pacientes con infarto de miocardio presentaban en el momento del ingreso hospitalario una prevalencia de hipertensión del 46%, tabaquismo 43%, dislipemia 39% y de diabetes del 18%. El 32% tenían dos o mas factores de riesgo, y solo un 18% no presentaban estos factores de riesgo (Fiol M y cols) En otros estudios (Badui E) donde se evaluó el perfil de infarto de miocardio en adultos jóvenes entre 24 y 40 años, se encontró que el 75% presentaban tensión emocional por personalidad de tipo A, el 71% tabaquismo, 42% hipertensión arterial sistémica, 25% diabetes mellitus, 25% hiperlipemia y el 20% obesidad. Un 24% no presentaban factor de riesgo alguno conocido.
En un 98% de los casos se encontró presente por lo menos un factor de riesgo familiar. En otro estudio que se valoró la presencia de un infarto en pacientes muy jóvenes de menos de 30 años (Gostmamm I y cols) encontró que muy pocos de estos pacientes tenían factores de riesgo habituales; por el contrario se trataba de pacientes muy fumadores la mayoría. Un 50% tenían normales las coronariografías, mientras que en otro 50% evidenciaron signos de enfermedad coronaria. Los autores apuntan que una tendencia trombofílica y un vasoespasmo deberían de ser considerado en estos casos. En el Estudio Prevese (Velasco JA) se evidenció a los seis meses del alta tras infarto agudo de miocardio, una mejoría del perfil de riesgo cardiovascular, aunque no hubo modificaciones favorables en las concentraciones del colesterol total. Tras cuatro años después de un infarto, el Estudio Prevese II, encontró una disminución significativa del tabaquismo (41,6% frente al 35,4%) y detectó la alta prevalencia de hipertensión (47,5%) sobrepeso (46,3%) y obesidad (48%) (Velasco JA) Nosotros también hemos visto la cardiopatía isquémica asociada con factores de riesgo cardiovascular, otras enfermedades vasculares y afectación de órganos diana. Por lo que se refiere a la enfermedad cerebrovascular, tanto en los varones como en las mujeres, la hipertensión arterial es el factor con mayor impacto potencial seguido de la hipercolesterolemia. El impacto de ésta sería mayor si se considerasen cifras de más de 200 mg/dl en vez de 250 mg/dl. La obesidad tendría también un mayor impacto si considerásemos el incremento ocuurido en los últimos años. El sobrepeso está asociado también a riesgo cardiovascular (Instituto Nacional de Estadística). Se ha visto que altos niveles de homicisteina se encuentran correlacionados con la severidad del accidente cerebrovascular, y que en familias con este historial los niveles en niños están determinados por lo de los padres (Torbus Lisiecka B) La morbilidad por enfermedad isquémica del corazón en los varones, es casi el doble que por enfermedad cerebrovascular, mientras que en las mujeres la morbilidad cerebrovascular es ligeramente superior a la isquémica. En estos últimos años la enfermedad isquémica del corazón ha aumentado más que la cerebrovascular. Nosotros hemos visto asociada la enfermedad cerebrovascular, además de la hipercolesterolemia, con la ateromatosis, enfermedad vascular periférica y el tabaquismo. En un estudio, Bergmark comprueba como los pacientes con enfermedad vascular periférica presentan niveles incrementados de autoanticuerpos contra el colesterol LDL oxidado. Además la presencia de hipertensión y una historia familiar de eventos cardiovasculares eran los únicos factores asociados de forma significativa con dichos incrementados niveles de autoanticuerpos (Bergmark C). Valentine y cols en otro estudio, comprueban como una historia familiar de eventos cardiovasculares es el mayor determinante de enfermedad arterial oclusiva periférica subclínica en jóvenes pacientes adultos. Además encontró una alta proporción de grandes fumadores en estos pacientes, donde se encontraban lesiones claramente detectables aunque todavía asintomáticas. Una historia familiar y tabaquismo se comportaron como factores aditivos en la enfermedad vascular periférica. Otros factores que encontraron también implicados fueron la hipercolesterolemia, hiperhomocisteinemia, estados de hipercoagubilidad y elevados niveles de lipoproteína a. Así mismo evidenciaron que la mayoría de los pacientes con enfermedad arterial oclusiva precoz tenían también enfermedad coronaria.
Diversos autores como Van Den Bosh y Collheri han encontrado una asociación positiva entre el consumo de anticonceptivos y la enfermedad vascular periférica, aunque observaron un efecto protrombótico más agudo que por mecanismo de actuación de tal forma que condujeran a una progresión de ateroesclerosis como fenómeno crónico. No obstante tal asociación no es frecuente, aunque el riesgo aumenta de 100 a 200 veces si la paciente es fumadora. Aconsejan discontinuar el uso de anticonceptivos. Autores como Ridker y cols han relacionado con la enfermedad vascular periférica a nuevos factores de riesgo, como niveles aumentados de homocisteina, infecciones crónicas, niveles elevados de Proteína C Reactiva. Nosotros hemos encontrado la enfermedad vascular periférica correlacionada con el tabaquismo y la cardiopatía isquémica, así como con otras enfermedades vasculares y factores de riesgo cardiovascular, observándose además un incremento con la edad de los individuos. En varones, al consumo de tabaco, sedentarismo e hipertensión se pueden atribuir aproximadamente la mitad de las muertes coronarias ocurridas en los años noventa. Autores como Valentine han encontrado una fuerte asociación entre el hábito de fumar y un padecimiento precoz de la enfermedad vascular periférica. La ateroesclerosis se desarrolla en arterias periféricas incluso en ausencia de otros factores de riesgo tales como una historia familiar de diabetes o de hipertensión. Nosotros hemos evidenciado también una correlación significativa entre tabaquismo y enfermedad vascular periférica, únicamente cuando hemos analizado la casuística de forma global, es decir hombres y mujeres juntos. Así mismo hemos observado su asociación con otros factores de riesgo cardiovascular y AFP de eventos cardiovasculares. Como otros autores, también hemos encontrado diferencias entre sexo y edad con diferentes factores de riesgo vascular, observando un incremento de enfermedad cardiovascular y afectación de órganos diana con la edad.
Las tasas por cardiopatía isquémica son en torno al doble en varones que en mujeres. Hay un mayor riesgo cardiovascular de los varones reflejado en las tasas específicas de edad. De hecho el riesgo coronario de los varones es similar al de las mujeres que son 10 años mayores que aquellos. La enfermedad cardiovascular es mas frecuente en las edades mas avanzadas de la vida, donde el número de mujeres es muy superior al de los varones. Ello explica que las mujeres, a pesar de tener menor riesgo cardiovascular que los varones, tengan mayor mortalidad proporcional bruta y número de muertes por esta causa (Rodríguez Artalejo F y cols) Razones similares explican por qué la mortalidad proporcional por ictus es mayor en las mujeres que en los varones. Las mujeres poseen un menor riesgo coronario que los varones, y por tanto una mayor probabilidad de llegar a edades avanzadas en los que la mortalidad por ictus es mas frecuente. A este respecto Marrugat señala que el infarto de miocardio presenta un pronóstico más severo y más letal en las mujeres que en los varones. En otro estudio Vogels comprueba como la morbilidad tanto para el angor pectoris como para el infarto de miocardio, es mayor en mujeres con un nivel socioeconómico bajo. Respecto a la edad, las tasas de mortalidad cardiovascular aumenta enormemente a medida que se incrementa la edad, siendo superior a mil por 100.000 habitantes en las personas mayores de 70 años, siendo la primera causa de muertes a esta edad; situándose en siguiente posición detrás de los tumores en edades mas jóvenes.
Se observan también diferencias significativas en las distintas variables estudiadas entre los dos grupos de pacientes: con y sin HVI. Con HVI se produce en ambos sexos un incremento en el porcentaje de incidencia de las diversas variables analizadas asociadas.
Existen en consecuencia de todo lo dicho diferentes perfiles asociativos entre las variables estudiadas.

Epígrafe:

Descender de la investigación a la clínica, ese es el reto para un buen profesional, personalizar a cada enfermo, y dar lo mejor de si en el trato al paciente. Santiago Loren nos citaba la queja que Josrés, enfermo, dejó escrita: “Los médicos nos evitan morir pero no nos ayudan a vivir”. El hombre, sobre todo el enfermo busca consuelo, guía, comprensión, calor humano, amor; busca no solo a un buen médico, sino a un médico bueno, y en vez de ello encuentra en muchas ocasiones a un médico organicista que ignora la vertiente humana del paciente. Esta vertiente a nuestro entender comprende una triple dimensión: Física o Somática, Psíquica o Mental-Emocional y Existencial-Trascendente o Espiritual.
La crisis existencial, de la que el propio médico participa, la sufre de manera crítica el paciente (etimológicamente Paciente viene del griego “Pathios” que significa el que sufre, y Clínica de Kliné que significa echado, inclinado), luego el paciente sufre echado en su cama, y en las largas noches de su hospitalización se plantea, aunque no lo explicite en ocasiones por no alarmar y entristecer a sus familiares, si tal vez saldrá vivo de su ingreso. El miedo a la muerte siempre persigue al ser humano así como el interrogante de la posible existencia de algo o alguien que nos espera en el otro mundo, o tal vez no nos espere nada. Estos pensamientos nos llevan a plantearnos la gran pregunta de ¿Qué es el ser humano?
Las religiones intentan darnos una respuesta a estos interrogantes, pero en definitiva la respuesta la tiene que encontrar el propio hombre en su búsqueda interior.
Arthur Peacocke, prestigioso bioquímico inglés, y teólogo presbiteriano, ganador del Premio Templeton, que se otorga en Gran Bretaña a los estudios que acercan Fe y Ciencia, nos insiste en la necesidad de que la idea moderna de Dios sea reformulada desde el mundo de la ciencia, y nos recuerda la semejanza entre la forma de razonamiento de la Ciencia y de la Teología, siempre a posteriori en dependencia de las evidencias fenoménicas, en donde mientras la Ciencia se pregunta el por qué de las cosas, la Teología se interroga más bien acerca del para qué. Pero éste no ha sido el primer científico que ha apuntado este acercamiento. Ya el gran sabio jesuita francés, antropólogo y geólogo Teilhard de Chardin nos decía como el Espíritu convive en la materia, de tal manera que el hombre cuando investiga, descubre ese Espíritu que lo trasciende todo en el corazón de la materia misma. Esta queda pues espiritualizada por el mismo Cristo que habiéndose hecho hombre, presente en todo enfermo y necesitado, resucita, y con El resucita también al propio hombre, tras el tránsito de lo que llamamos muerte.
De la Medicina Personalista, citada por Paul Tournier, se pasa a la Medicina de la Totalidad, que es aquella que considera las raíces existenciales-espirituales del ser humano; una medicina integral, holística que se puede ofrecer actualmente como el mejor remedio para tratar la deshumanización existente en nuestros días y mejorar nuestro Sistema Sanitario.
No olvidemos que en definitiva los propios médicos somos caminantes muchas veces en penumbra, que buscamos la luz, el camino, que se hace no obstante al andar, y poco a poco tal vez un día, caigamos en la cuenta de que ese amanecer está ya muy cercano. Entonces éste se hará evidente y definitivo en nuestras vidas.
Santiago Loren hace ya más de treinta años nos decía en relación a una apertura a la trascendencia: “En un futuro no tal vez muy lejano, será posible que coexistan los computadores y el médico metafísico en un mejor conocimiento de un mismo objetivo problema: el hombre”.

Tal vez si los hados son propicios, podamos en su día desarrollar más ampliamente estos conceptos ante esta ilustre cámara. Y es que en mi criterio, la Medicina de la Persona puede conducir en definitiva a una verdadera Medicina Integral.
Gregorio Marañón decía que “Sólo se es dignamente médico con la idea clavada en el corazón de que trabajamos con instrumentos imperfectos y con medios de utilidad insegura, pero con la conciencia cierta de que hasta donde no llega el saber, llega siempre el amor.


Muchas gracias por su atención.

He dicho

Deshumanización de la Medicina. Hacia una solución: La Medicina Integral o de la Totalidad


Discurso de entrada del Doctor Ebrí Torné en ASEMEYA (Asociación Española de Médicos Escritores) el 3 de Noviembre de 2010

Excmo. Sr. Presidente, ilustrísimos Señores, amigos y compañeros, señoras y señores.
Es un honor para mi haber sido admitido en la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas por lo que doy públicamente las gracias, por haber sido admitido como socio.
Y siguiendo el protocolo, paso seguidamente con el permiso de todos ustedes, a desarrollar mi discurso de entrada en Asemeya.
Nos encontramos en momentos de crisis humanística. El médico no tiene que olvidar que antes que médico es hombre, y que el enfermo antes de serlo es hombre. El contacto entre médico y enfermo debe de realizarse desde un plano humano. La deshumanización de la medicina se debe a la pérdida de valores en la sociedad. Es una realidad que palpamos todos los días, debiéndose a diversos factores, como la falta de tiempo de los médicos para atender a los pacientes y un interrogatorio correcto con el enfermo es fundamental y básico para el diagnóstico y constituye una parte esencial, pues de ella depende la confianza futura del paciente en el profesional.
Uno de los efectos de la deshumanización de la práctica sanitaria es la medicina defensiva, salida a la que acude el profesional ante el temor de ser denunciado por no ejercer una buena praxis.
El sistema actual es rígido y exige al médico en muchas ocasiones, anteponer la eficacia a la atención al paciente. Es bueno controlar el gasto, aunque es preciso que se realice dentro de unos límites.
Nunca se debió de perder el concepto del médico de cabecera, pues el contacto del facultativo con el enfermo beneficia el tratamiento y el diagnóstico. Acertar en la relación médico-paciente es la prestación más importante del Sistema Nacional de la Salud. Por ello es necesario que nos adentremos en la historia para entender mejor estas bases humanísticas que deben de presidir toda relación profesional médica.
Es Hipócrates y su escuela de Cos, quien introdujo en medicina el contacto personal con el paciente. El médico heleno sentándose a la cabecera del enfermo, marca el comienzo de la medicina personal. Es el primer médico que introduce una medicina basada en la evidencia, objetiva. Desarrolla la historia clínica a la cabecera de su paciente.
Antes de la Medicina Hipocrática, el hombre se movía en un mundo en el que se encontraba sometido a fuerzas mágicas y demoníacas a merced de dioses caprichosos y muchas veces crueles, sin voluntad ni libre albedrío. Los filósofos demostraron que el hombre es dueño de sí mismo y de su muerte.
En medicina Hipócrates fue aquél hombre observador atento e inteligente de la naturaleza y de los hombres. Poseedor de buen sentido, de sentido común que es el menos común de los sentidos, supo transmitir todo lo que observaba en el paciente en tablillas. Iba trazando en ellas las primeras historias clínicas, una realidad que el padre de la medicina ha legado a sus discípulos a lo largo de los dos mil quinientos años de medicina hipocrática. Los médicos hipocráticos, ayudándose con drogas, dietas, van anotando con sinceridad y exactitud todas sus experiencias, que darán lugar al Corpus Hipocraticum . Este es una verdadera compilación médica, donde se trata todo lo que en Medicina de su tiempo se pudo saber.
Hipócrates y sus discípulos pusieron los cimientos de la Medicina moderna occidental.
Con la invasión romana, el mundo heleno fue absorbido por los vencedores, y con ello la medicina. Los médicos helenos fueron tratados como esclavos, como curanderos. Muchos historiadores llegaron a decir que la civilización romana nació sin médicos. Sólo dos nombres destacan en esta época: Asclepiadeos y Galeno. Asclepiadeos, dotado de sentido común, y con gran capacidad de sugestión cara al enfermo. Galeno inteligente y dotado de espíritu científico e investigador. Ambos, utilizando también el herbolario, supieron influir poderosamente en los médicos de su tiempo, y en los posteriores gracias al imperativo dogmático, especialmente de Galeno. Sus escritos plenos de dogmatismo, atravesando la edad media, influyeron hasta el Renacimiento.
El cristianismo fue quien incorporó la ética hipocrática al sentir médico dando a éste al compás de los tiempos, ese talante de doble vocación a la vez de ciencia y de sacerdocio. Este ha sido el legado humanista producido por la fusión de la medicina hipocrática con la filosofía cristiana.
Existen largos siglos oscuros que se extienden desde la caída del imperio romano hasta el Renacimiento. En esta época se produjeron altibajos no sólo en lo científico y lo social, sino también paradójicamente hasta en lo ético.
Sólo al llegar el Renacimiento, especialmente con Vesalio, se produce un resurgimiento de la medicina. Este con su escalpelo va demostrando los errores de los libros de Galeno, que sólo había disecado monos y cerdos, mostrando la anatomía de un cadáver humano. Paracelso a su vez, quema en el patio de la universidad de Basilea los libros antiguos, libros hechos de dogmas. Entre las llamas perecen los aforismos de Hipócrates junto con los de Galeno, Avicena, Averroes.
Ambrosio Paré, cirujano militar, aplicando el sentido común a las heridas de guerra, consigue éxitos insospechados que encubre bajo la modesta frase: "Yo los cuido, Dios los cura".
Se consigue así romper las cadenas de una medicina apoyada en los dogmas, pero prácticamente no quedaba ya nada. En la larga noche medieval sólo se había conservado acumulados en los monasterios la tradición transmitida de la antigüedad, pero no se había creado nada. Ahora, en el Renacimiento se rompía con el pasado, pero las manos se encontraban vacías, salvo individualidades aisladas.
Surgen, como dice Loren, los asnos solemnes con levita y puños de encaje, que pretendían curar las enfermedades a fuerza de sentencias latinas. Son los tiempos de las burlas, los sarcasmos, las persecuciones de aquellos pobres médicos, que se encontraban no sólo impotentes ante las pestes de su época, sino ante el más leve trastorno del cuerpo humano. Especialmente son objeto de mofa por los literatos. Tanto Quevedo como Moliere los satirizan cruelmente. Este último llega a morir de risa cuando estaba representando una sátira dirigida contra ellos (El enfermo imaginario), donde el mismo representaba el papel de enfermo. En plena representación se sintió muy mal, y viéndose morir, haciendo el papel de enfermo y en manos de un médico asnal, que era la criatura creada por él, le entro tal regocijo, que falleció entre enormes carcajadas, con la muerte más divertida que se conoce.
Este largo período de impotencia duró hasta que Claudio Bernard, Pasteur y Santiago Ramón y Cajal con sus aportaciones elevaron el nivel de la medicina. Bernard, mediante sus experimentos con perros, introduce la experimentación fisiológica básica. Cajal aporta con el descubrimiento de la neurona y establece la unidad del sistema nervioso, que posteriormente se haría funcional en Pavlov, creándose como el substratum orgánico de la conducta del hombre. Pasteur descubre en la platina de su microscopio los microscópicos seres causantes de las enfermedades ignoradas hasta entonces.
Nace así la medicina experimental, localicista, focalista y anatomopatológica. El pago es el olvido radical de los orígenes humanísticos de la medicina. Se crea una especie de filosofía médica de urgencia para acudir desesperadamente en ayuda del hombre, olvidando el encuadre existencial de éste. Se han creado las bases somáticas de la medicina, sacrificando las bases humanas hipocráticas. ¡Cómo si hubiesen de ser incompatibles!
Se olvida por la presura pragmática de la atención médica la unidad psicosomática de todo hombre. Comienza a ser visto el hombre por parcelas, por pequeños compartimentos cada uno de los elementos anatomofisiológicos del organismo humano. Surgen así los especialistas y superespecialistas.
Si Cajal, Pasteur, y Claude Bernard son los primeros de esta medicina científica de época, no olvidemos que Hipócrates desde la observación y el humanismo en su medicina es el pionero. Los científicos mediante la observación hipocrática, pudieron experimentar y comprobar que en la repetición de los fenómenos observados es posible inferir y sacar leyes.
Claudio Bernard a través de sus experimentos da consistencia lógica y científica a la teoría de los humores, y pone a su vez los cimientos para que otros investigadores del medio interno del hombre descubran a su vez las hormonas y los diferentes neurotransmisores. Es el substrato químico del temperamento. Cajal nos llega a decir que es incalculable lo que una idea que parasitice constantemente la mente de un investigador puede llegar a producir. El esquema cajaliano del sistema nervioso se ha revelado útil para explicarnos no sólo las interacciones de la vida vegetativa, sino también las de la vida voluntaria o de relación. Junto con las aportaciones de Pawlov ha servido de base para una concepción electrónica y cibernética del ser humano, dando paso a la robótica.
La observación prolongada de estos tres genios, sentó las bases de nuestra medicina actual. Se ha producido así un salto incalculable desde la Microbiología a la bioquímica, y de la bioquímica a la Física atómica.
Aún siendo muy completas estas aportaciones, el hombre tiene algo más, que es difícil otorgarle un substrato orgánico, y es su libre albedrío, su capacidad libre de decisión, aunque existan condicionamientos donde influyan las hormonas o su sistema nervioso. Su carácter de hombre religioso, que se pregunta por el más allá de su existencia en este mundo y ¿donde se localiza?. Para abordar estas cuestiones no hay sólo que desarrollar una medicina psicosomática, incluso el uso del psicoanálisis, sino una medicina integral, de la totalidad, que comprenda también las raíces existenciales y religiosas del hombre, su aspecto espiritual en suma.
No sólo hemos asistido a descubrimientos de índole farmacológico, sino que a lo largo de esta época hasta nuestros días, la cirugía ha ido ganando terreno, llegando a la cumbre de los transplantes actuales.
Contrasta con la complejidad de los medios electrónicos tecnológicos actuales, utilizados tanto para el diagnóstico como para la terapia, aquella figura clásica del médico de cabecera, armado sólo con su ingenio, su ojo clínico, su fonendoscopio y su martillito de reflejos. Aquella figura individual ha ido cediendo terreno ante la medicina de equipo, donde un conjunto de profesionales ejerce sus cuidados sobre un mismo enfermo, que es visto por muchos a la vez, por lo que se llega de nuevo a una medicina deshumanizada donde el enfermo es visto como un objeto, sin que se llegue en una mayoría de los casos a profundizar con él en un plano humano.
Esta medicina socializada a la que asistimos en nuestros días, se ha ido encareciendo cada vez más, de tal forma que se ha hecho prácticamente insostenible el gasto para casi todos los estados, por lo que se ha hecho necesario un control del gasto, una optimización y control de los recursos, a efectos de que éstos puedan llegar a todos. Esta preocupación por el gasto, ha contribuido también de rebote a intensificar la deshumanización existente; ya que se insta encarecidamente a los médicos, por parte de la administración a que contribuyan a la optimización de los recursos, importándole en realidad, más a ésta, el control del gasto que la satisfacción del usuario, y el nivel de la medicina que se ejerza. Claro está que no por mucho gastar se hace mejor medicina, sino que ésta es fruto del equilibrio entre una aplicación sabia de los recursos técnicos actuales a cada enfermo en particular, es decir individualizar en cada enfermo, no sólo el diagnóstico sino la terapia. Y para ello volvemos al viejo problema: Hace falta tiempo para ver a cada enfermo, y poder así crear la base suficiente humanística entre paciente y médico que haga posible un ejercicio saludable de la medicina, que tiene que ser no únicamente científica sino humana. El médico se motivaría más con un ejercicio humanístico de su profesión, saldría airoso de este engranaje social de medicina, donde es una pieza más de esta maquinaria impersonal y socializada de curar, donde ni el jefe del servicio, es conocido por los usuarios. Es esta una sociedad que pone en un saco común a todos los médicos; una sociedad pragmática que ha ido sacrificando el humanismo en beneficio de la evolución. Gregorio Marañón decía que “sólo se es dignamente médico con la idea clavada en el corazón de que trabajamos con instrumentos imperfectos y con medios de utilidad insegura, pero con la conciencia cierta de que hasta donde no llega el saber, llega siempre el amor”.
El enfermo nos pide además de competencia, comprensión y trato cordial. En segundo lugar, puede que al interrogarnos descubramos carencias y por ello sintamos miedo de hacerlo, y así poder escudarnos en el sistema por nuestra falta de generosidad, comprensión y cariño. Por ello concluye este compañero diciendo que el problema se resuelve contestando cada uno de nosotros desde nuestro propio corazón; entonces descubriremos el verdadero sentido de nuestra vocación, que es la de ayudar a nuestros pacientes, adquiriendo entonces un sentido más pleno nuestra vida.
Lo que puede aprenderse de un enfermo, no puede reducirse en definitiva a unas reglas prácticas fácilmente enunciables y estrictamente mecánicas en su aplicación.
El médico clásico, el curandero siempre han curado por sugestión (por efecto placebo), tratando de sustituir el temor del enfermo por la confianza, que se personalizaba en el mismo médico. Sobre estas bases humanísticas se asentaba la eficiencia, la posibilidad de curación. Hoy hemos olvidado estas premisas y no sólo los médicos sino también los pacientes, sobre todo si se trata de obtener una compensación económica tras una denuncia de una aparente mala praxis (actuación médica).
El profesional ante esta situación no debe de escudarse en una medicina de tipo defensivo; medicina constituida a base de solicitar una multitud de pruebas (que suplen en una mayoría de casos la falta de atención personal al enfermo) a efectos de defenderse ante los tribunales de posibles denuncias. Lo lamentable es que los jueces al no ser médicos, valoran más pruebas protocolizadas que el diagnóstico correcto efectuado al paciente y su asistencia personalizada. Valoran más la "cantidad" que la calidad en la atención. Fruto de esta medicina técnica es la judicialización de la medicina a que estamos asistiendo. Es necesario por ello el consentimiento informado, ya que el paciente tiene que aceptar las pruebas u operaciones a que va a ser sometido, pero este consentimiento jamás debe de sustituir la confianza que el paciente tiene que tener a su médico. Lo que ocurre es que en la mayoría de las ocasiones, en esta medicina socializada en que nos movemos, los pacientes ya no eligen médico, ya que al sentirse enfermos entran en un sistema burocratizado en extremo, donde se ven asistidos por médicos que no conocen, y que por lo general se encuentran sobresaturados de trabajo, con lo que la atención personalizada no se realiza en condiciones óptimas. Y es que interesa más actualmente la cantidad que la calidad. Pasamos en consecuencia de un pragmatismo y tecnicismo a la práctica de una medicina deshumanizada. Esta situación acaba también por pasar a la larga factura al propio médico, produciéndole una desmotivación profesional. El médico queda robotizado, sujeto a protocolos estrictos que le defiendan caso de denuncias, y viendo en una mayoría de las ocasiones al enfermo como un posible enemigo, o al menos como un no amigo, que puede producirle muchos problemas. El paciente también sufrirá esta situación (pagan justos por pecadores), de tal forma que si le falta el afecto del profesional sanitario que le atiende, su estancia en el hospital (muchas veces antesala del tránsito) quedará como una amarga experiencia hasta los últimos instantes.
Para Clavé, médico experto en bioética, el dolor y la propia muerte nos replantean si lo que estamos haciendo cada día es lo correcto: “El dolor, la enfermedad y la muerte es un proceso de aprendizaje que debe de ser abordado a través de un camino de humanización. Cuando ponemos en funcionamiento la comprensión, la compasión, el cariño, la ternura, el amor, la solidaridad..., somos capaces de afrontar mejor la realidad siempre dura de la enfermedad y la muerte". Abordar estas cuestiones es más complicado que un abordaje exclusivamente “científico” del enfermo, desde una protocolización exhaustiva.
Es necesario que se enseñe al estudiante desde la carrera estos aspectos llamados paramédicos, que es importante conocer. De esta forma los futuros médicos sabrían plantear estas situaciones.
Expertos en el tema del dolor comentan que es necesario entre los profesionales, el intercambio de experiencias pertenecientes a diferentes disciplinas que desde su posición tratan el dolor; forman parte de las llamadas Medicinas complementarias: “Desde una perspectiva científica-humanista, la medicina, la psicología, la filosofía y las medicinas complementarias confluyen en un intento integrador de respuesta a esta realidad del hombre”. La acupuntura, la homeopatía, la homotoxicología, la terapia neural, la sofronización, entre otras varias, se ha utilizado para tratar el dolor con muy buenos resultados. Desde estas disciplinas la visión del enfermo es más unitaria, dedicándose además más tiempo al paciente que en la medicina tradicional.
No solo en la medicina hospitalaria, sino también en asistencia primaria se evidencia este proceso deshumanizador. Los médicos intensivistas al mantener una estrecha relación con el paciente, se encuentran muy sensibilizados hacia esta problemática. Hay que ir hacia una medicina intensiva más humana y más justa, comentan muchos compañeros intensivistas. Se ha perdido en definitiva calidad en la relación médico paciente. Se ha perdido así mismo la forma de hacer medicina desde la observación. A este respecto el cirujano Enrique Moreno a propósito de la presentación del libro Marañón y su obra, escrito por el discípulo de don Gregorio, Vicente Pozuelo, incidía en la necesidad de rescatar esa forma de hacer medicina basada en el trato más humano, en el amor al enfermo y su dolencia por encima de cualquier conocimiento científico o avance tecnológico, que vivía con tanta intensidad Marañón o su discípulo. “Aprendí que la humildad era necesaria ante el enfermo y que el conocimiento de la ciencia necesitaba de ella para poderse transmitir con beneficio. Me di cuenta de que la soledad y el miedo del enfermo también pueden, en una situación tan especial, necesitar del espíritu de un verdadero médico”.
El paciente de cáncer requiere un cuidado afectivo y emocional básico. En este aspecto la Psicooncología es una especialidad que rompe las barreras de la incomunicación entre el enfermo, el médico y los familiares, así como favorece la aplicación de protocolos que permiten identificar precozmente las patologías psiquiátricas. La comunicación con el paciente de cáncer es decisiva. Cada paciente requiere que se le de una información individualizada. El médico debe de informar a los familiares adecuadamente, ya que en muchas ocasiones éstos tienden a desentenderse de la realidad.
Los médicos de asistencia primaria se quejan de que sólo hacen asistencia y burocracia. Manifiestan que soportan un estrés que repercute no solamente en su salud, sino en el paciente a través de posibles errores profesionales. Comentan que al médico de familia se le forma para ofrecer calidad, pero se le exige cantidad. El médico general, e incluso el especialista no pueden hoy día desarrollar todo su potencial entre otras cosas por la presión asistencial. De ahí la importancia de conceder un tiempo suficiente para relacionarse médico y paciente.
Se corre el peligro de convertir al médico en un técnico, en un ser robotizado, que sigue al pie de la letra los protocolos, sin individualizar los síndromes en cada paciente, por miedo sobre todo a errar. Esta medicina defensiva nace de la fuerte presión asistencial que limita el tiempo que el médico puede conceder a cada paciente. Tengamos en cuenta además que el médico general no sólo debe de realizar asistencia sino prevención; y además debe de seguir formándose de manera ininterrumpida, amén de investigar. Para todo ello debe de estar motivado, disponer de tiempo, tener una estabilidad profesional, y recibir un salario adecuado, que en España es de los más bajos de Europa. El médico necesita además disponer de una carrera profesional.
Los gestores de la sanidad tienen que planificar correctamente los recursos sanitarios, para hacer posible la práctica de una medicina más humana. Existe el peligro de que en un afán por la reducción de costes, se relegue a un segundo plano el carácter primordialmente asistencial de la profesión médica.
El propio médico debe de ayudar a gestión racionalizando el gasto, utilizando adecuadamente las nuevas tecnologías, pero esta cuestión no debe de hacerle relegar su carácter profesional y atender con todas las garantías al enfermo. Para ello, volvemos a repetir, necesita tiempo y motivación profesional. La administración tiene que contratar más médicos para la asistencia y la prevención. De esta manera se rebajará la presión asistencial. Este mayor coste inicial desembocará a un medio y largo plazo en un ahorro sanitario, ya que siempre es más barato prevenir que curar, además de conseguirse un mayor nivel de satisfacción tanto para el paciente, como para el propio médico. De esta forma disminuirán los errores de los profesionales, evitándose mucha iatrogenia.
Ante este conjunto de cosas, expertos en Bioética de diferentes países, solicitan que los médicos estudien y traten los errores con el resto del equipo. El médico ha de ser técnicamente excelente y moralmente bueno. La gestión clínica es algo que los médicos venimos haciendo desde hace muchos años desde la Grecia clásica. La búsqueda de la excelencia, es el areté (la virtud) de los griegos.
Personalmente me he preguntado mentalmente en muchas ocasiones al ver a un nuevo paciente: ¿Cómo te puedo ayudar? ¿Cómo no perjudicarte con mi actuación? Y así centrando el problema clínico que se me plantea desde la persona, no únicamente desde el síndrome, voy encontrando el cómo actuar; un cómo más fácil y más lúcido para dar una respuesta adecuada individualizada al problema médico de cada enfermo (Medicina de la Totalidad). Esta visión personalizada te da una seguridad profesional, que no la otorga un ejercicio puramente técnico de la medicina.
En Asistencia Primaria, hay que hacer posible que la entrevista médica sea al menos de diez minutos, tal como solicitan los propios médicos. Los seis minutos actuales de media son totalmente insuficientes. Para hacer posible estas demandas, la administración tendría que contratar a más médicos. Habría que pasar de un médico de familia que existe en la actualidad por 2000-2500 habitantes, a uno por 1200-1400 habitantes. Los defensores de esta propuesta afirman que con tal medida aumentaría la calidad de la asistencia, se ahorraría dinero y disminuiría el paro. La actual situación impide esta buena relación, además de permitir un mayor número de errores, desmotiva al profesional, e impide que éste pueda formarse adecuadamente de una forma continuada y dedicarse a la investigación. Comentan que la presión asistencial a que se ven sometidos hace que su trabajo sea burocrático y quede reducido mayoritariamente a rellenar recetas. El tiempo a asignar a cada paciente tendría que ser en función de su patología y necesidades; de esta forma el nivel de satisfacción sería alto no sólo para los pacientes sino para el propio médico. Un paciente insatisfecho sobrecarga la sanidad. Por ello algunos compañeros propugnan quince minutos por paciente, o limitar el número de pacientes a 20 por cada cinco horas, dedicar 30 minutos cuando se trata de la primera consulta y 20 cuando es la segunda. Los diagnósticos se realizarían con mayor certeza y mejores resultados de salud. Los pacientes se adherirían al tratamiento mejor, y se resolverían problemas más concretos.
Hoy día es frecuente sobre todo en nuestros hospitales el llamado síndrome del distrés moral que se origina por no poder actuar de acuerdo con lo que una persona cree que es éticamente adecuado. Se trata de un creciente problema en los hospitales, donde los médicos y enfermeras se sienten atrapados por las demandas de administradores, compañías de seguros, abogados y familiares, que chocan con sus principios, no pudiendo en definitiva poder salvaguardar los derechos de sus pacientes. Este síndrome que puede abocar si no se pone remedio al “burn out” produce absentismo laboral, e incluso abandono del puesto de trabajo. Sentimientos de frustración, debilidad, abrumación y fatiga son frecuentes y previos a estas determinaciones. Un estudio realizado por la Facultad de Enfermería de la Universidad de Pensilvana (Estados Unidos) concluyó que el 25 por ciento de las enfermeras de ese país experimentaron distrés moral, lo que les hizo querer abandonar su trabajo. Además, el 41 por ciento afirmaron no estar seguras de que volverían a elegir su profesión.El estudio mostró que cuando los profesionales sanitarios deseaban abandonar el trabajo era en gran parte por experimentar la citada patología y por no sentirse apoyados institucionalmente para lidiar con los problemas éticos de la profesión. Además, todo esto derivaba en una baja percepción de su profesión.
Si no se hace prevención, enseñando, transmitiendo estilos de vida (dieta sana, hábitos higiénicos, desde la perspectiva de una Medicina Biológica, Integral, y para ello hace falta la adecuada formación de los profesionales a este respecto) se fracasa a la larga no sólo en la gestión económica, sino en proporcionar al paciente una mayor calidad de vida. Un paciente no satisfecho, y ya con enfermedades declaradas, resulta más caro para la administración que la práctica de una medicina en la que funcione la prevención; aunque a lo primero se necesite una mayor inversión, sobre todo de tiempo y de un mayor número de médicos en ejercicio.
La Medicina Psicosomática ha pretendido ser una solución al problema, ya que lo que pretende es no desligar en ningún caso el alma del cuerpo. Hace falta no obstante ahondar más en las raíces del ser humano, donde radica su esencialidad, y el hambre de trascendencia; y esta dimensión espiritual o trascendente solo la puede abarcar una medicina global, como es la Medicina de la Totalidad. La llamada Medicina Biológica versión moderna de esta medicina integral está llamada a ocupar este lugar en nuestros días. Esta medicina se asienta sobre las bases hipocráticas de acercamiento al enfermo, con grandes dosis de cordialidad, comprensión y calor humano y no es ajena a los adelantos científicos de nuestro tiempo.
La medicina de corte social que estamos viviendo se asienta sobre la justicia social, pero por las exigencias de su propia dinámica parece estar condenada a la masificación, que conlleva retardos y largas listas de espera en la asistencia especializada, sobre todo la quirúrgica. El médico lleva prisas porque tiene que llegar a todos con un cierto nivel de calidad, y no llega con el nivel de suficiente calidad que le otorgue una satisfacción profesional adecuada. La resultante es su desmotivación, y el empobrecimiento de la calidad de la medicina; una medicina tecnificada a la última, pero excesivamente protocolizada y burocrática que ha llevado de nuevo al mundo sanitario a la deshumanización actual.
Las facultades de medicina están produciendo médicos únicamente técnicos pero no humanistas. Sin ese marco paramédico adecuado que es la relación médico paciente no es posible ejercer una medicina personal y gratificante para ambos. Es necesario un nuevo replanteamiento de la enseñanza a este respecto, comenzando ya en el pregrado. Los nuevos médicos aunque tendrán que pasar por sus propias experiencias, tienen que estar mentalizados y adoctrinados de que el ejercicio de la medicina plantea numerosas y difíciles cuestiones no sólo de índole estrictamente científica, sino deontológica.
Este vacío de una medicina humanista, esta necesidad de sentirse escuchado un paciente, comprendido como persona humana explica el auge del curanderismo en nuestros días, o las visitas a profesionales naturópatas no médicos. El curandero heredero de la folk medicina y de las raíces de la enfermedad como castigo de los dioses pretende servir de intermediario entre la divinidad y el hombre enfermo.
Todo médico participa en mayor o menor grado de un poder de sanación sobre el enfermo, que no puede reducirse a la aplicación estricta de sus saberes médicos. Así durante muchos años hemos asistido a la figura del médico tradicional que curaba a veces, aliviaba casi siempre y consolaba siempre. El médico puede equilibrar estas dos vertientes de la medicina la científica y la animista que cura por sugestión, ¡que no deja de ser una curación!, dada la vertiente psicosomática del hombre y el alto grado de somatizaciones como causa de enfermedades. Cuando el profesional aborta esta capacidad que todo médico dispone en potencia, la malogra, se convierte en un técnico incapaz de sanar integralmente a la persona, aunque “cure” parcelas de salud aparentemente sólo físicas.
La Medicina Interna cada vez tiene que servir más de conglutinante o de coordinadora de la pluripatología. El médico internista tiene que ser el nexo coordinador entre la atención primaria, el sistema sociosanitario y los hospitales. La atención primaria y la especializada tienen que mantener una excelente vía de comunicación. Los programas de formación de los médicos residentes en medicina Familiar y Comunitaria tienen como tutores a médicos internistas. Además los residentes de Medicina Interna pueden realizar también cursos de reciclaje para médicos de asistencia primaria, junto con el establecimiento de sesiones clínicas conjuntas, guías de actuación e incluso protocolos clínicos. Además se podría atender la consulta externa de manera periódica. El internista puede marcar las pautas de las exploraciones complementarias y las consultas en las diferentes especialidades. El contacto tiene que ser estrecho también con las otras especialidades, especialmente con los geriatras, reumatólogos, nutricionistas, así mismo tiene que colaborar en la creación de unidades de investigación, así como participar en ensayos clínicos multicéntricos.
La socialización creciente de la medicina, comentaba Rey Ardid que fue catedrático de Psicología y Psiquiatría en Zaragoza, unida al hecho del surgimiento no sólo de especialidades sino de las superespecialidades médicas, interaccionándose ambos factores, ha conducido a la situación actual, un sistema fruto de la socialización y burocratización de la medicina, que por sí sólo tiene un alto poder deshumanizante, al considerar al paciente como un número.
A este respecto surgieron como reacción, la patología funcional de Von Bergman, la patología constitucional de Kretschmer, la hipótesis del síndrome general de adaptación de Seyle, y principalmente la medicina antropológica de Von Weizsäcker y la medicina psico-somática de Dumbar. La frase "No existen enfermedades sino enfermos" quiere traducir este pensar.
Pero el hombre no es tan sólo un complejo psico-somático, un alma y cuerpo, sino algo más. Es un ser trascendente con una misión que cumplir y un Destino que le espera. Por encima de lo psíquico, está lo espiritual, que nos hace personas, que nos liga a lo eterno, a lo divino. Y cuando este ser trascendente enferma, se resienten todas estas vertientes del ser humano, y así como cuando se resiente el plano físico y psíquico, también se resienten por ello su conciencia religiosa y moral. Es en la muerte o en su peligro, donde el hombre atisba lo infinito. La enfermedad es una tremenda experiencia vital que hace vibrar las más recónditas intimidades de nuestra actitud y nuestra postura en el mundo. ¿Cómo es posible ejercer la medicina desconociendo u olvidando estas verdades? ¿Cómo podemos considerar cumplida nuestra misión, los que nos dedicamos al arte de curar, si pasamos por alto la profunda significación que constituye la enfermedad para un ser humano? Es ésta una vivencia existencial, íntimamente unida a la espiritual, que todo médico tendría que dar respuesta, ya que es una vertiente del ser humano inseparable en su unidad.
Cuando enferma el cuerpo sufre también el psiquismo (o viceversa) y se resiente a la corta o a la larga, la vertiente espiritual (existencial). El enfermo somatiza y/o entra en depresión, muchas veces enmascarada. En algunos casos no hay una causa aparente como ocurre en la llamada Neurosis noogénica de Frankl, o neurosis de falta de sentido de la vida..
Si no se atiende al ser humano desde una perspectiva global, cosa hoy harto difícil en esta medicina socializada, burocrática y despersonalizada, el enfermo no se cura, a lo sumo mejora parcialmente. Se va parcheando el problema pero éste solo puede resolverse desde la propia idiosincracia del ser humano, que es, quiérase o no un ser personal, es decir global en sus tres vertientes dichas.
La crisis humanística actual supone un reto a superar por el profesional sanitario. Es un verdadero crisol que puede hacer despertar el médico vocacional que todos llevamos dentro. El síndrome del médico quemado, puede tener solución, si entre todos trabajamos para crear unas condiciones sanitarias más humanas, donde sea posible practicar una medicina más personal que haga posible que la relación médico paciente sea apropiada y no una quimera. La administración representa una labor de árbitro, dado que tiene que arbitrar, facilitar y crear las condiciones de tiempo, de organigrama sanitario que hagan posibles un ejercicio humanista de la medicina.
Es necesario desarrollar una medicina personal que de paso a una medicina integral, de la Totalidad, y mejorar la relación médico-paciente.
Es totalmente imprescindible crear un marco de humanización en este sistema de medicina socializada en el que nos movemos en la actualidad.
¿Cómo encontrar motivaciones, condicionamientos diferentes, agentes de cambio, en esta medicina masificada, en equipo, tecnificada en extremo, que hagan posible acoplarse de nuevo a normas de ejercicio de la praxis médica, en condiciones de dignidad y liberalidad suficientes? Hay que aceptar lo que tenemos pero renovado, humanizado.
Según un estudio norteamericano, los pacientes prefieren a un médico que les sepa escuchar, que responda a sus preguntas y a sus dudas, y que les haga sentirse cómodos en la consulta. Escuchar al paciente es clave para ganar su confianza. (The Journal of Family Practice 2001; 50: 323-328).
La solución a toda esta disyuntiva y problemática actual engloba no sólo a los médicos, pacientes, sino al propio sistema sanitario, teniéndose que encontrar dentro del mismo sistema.
Hay que trabajar para modificarlo y humanizarlo, de tal manera que sea posible una atención individual de calidad con el enfermo, no sólo de orden técnico, sino humana, en una adecuada relación médico paciente. El reto personal que supone para cada médico un nuevo paciente, es la mejor garantía para evitar este síndrome del médico quemado, y superar así la crisis de esta medicina deshumanizada. Este modelo aunque requiere una mayor inversión a corto plazo resultaría, como hemos comentado antes, más rentable a un mediano y largo plazo. La medicina biológica, la medicina integral, se convierten así dentro de este nuevo modelo, en instrumentos indispensables para poder llevar a cabo esta reconversión.
El personal sanitario en general, médicos, ATS, etc, tienen que crear un clima de diálogo que haga posible limar asperezas, y busque soluciones a los problemas, de manera desapasionada. De esta forma la convivencia será también más fácil y más productiva a la larga no solo en el hospital sino en otros estamentos del Sistema sanitario. Así no veremos a los colegas como potenciales enemigos o rivales sino como compañeros auténticos que están como nosotros embarcados en el mismo barco, por lo que resulta más conveniente para todos llevarnos bien, dentro de una sana convivencia. Entonces se trabaja más a gusto, se es más feliz, y nuestra productividad aumenta.
Los farmacéuticos y médicos no deben de socavar sus relaciones entre sí, antes bien éstas tienen que ser cordiales, no olvidando que el farmacéutico nunca debe de sustituir al médico.
Sólo entender la medicina como una vocación puede hacernos evitar el peligro de actuar desde nuestra profesión como asalariados, cuasi mercenarios. Las políticas de abusos sobre el paciente, el propio médico u otro personal sanitario, o sobre los derechos básicos incuestionables de los profesionales, tienen que ser denunciados y defendidos desde la vía sindical. Así mismo las políticas de mala calidad, derivadas de dar prioridad al gasto sanitario al bien del enfermo, tienen que ser también denunciados públicamente, incluso desde la mass media.
Los comités de ética de los hospitales tienen que intervenir en todas aquellas cuestiones que rocen la bioética dentro del hospital, y deben de formar en todas estas cuestiones a los diferentes estamentos hospitalarios, fundamentalmente a los médicos, enfermeras y auxiliares.
Como derechos irrenunciables del médico, cuyo respeto evitará conflictos varios con su entorno, incluido una presión sobre su propia conciencia son entre otros los siguientes:
- Libertad de prescripción, y necesaria libertad de actuación, según su leal saber y entender. Esto incluye la aplicación de todas aquellas terapias legales, admitidas además y reguladas por BOE en nuestro país, así como en uso legal en la propia Comunidad Europea, de la que España forma parte; como son las terapias biológicas: homeopatía, homotoxicología, terapia neural etc.
- Supeditar el salario que recibe al trabajo habitual, no a cierta productividad de bajos costes.
- Tiene que ver asegurado el control y autoridad sobre el personal colaborador, todo dentro de la exquisitez de relaciones interprofesionales.
Así mismo tiene que cumplir unos deberes como:
- Deber de ciencia, de formación continua, aunque no exista todavía como tal una carrera profesional que promocione al médico, siendo una de las cosas que más desmotiva a los profesionales.
- Debe de guardar el secreto profesional, incluido los restantes estamentos.
- Debe de obtener el consentimiento informado y libre de su paciente.
- Preservar la necesaria libertad de actuación de los colaboradores, aunque luego supervise según sea la complejidad de la materia, o la gravedad de la situación en particular.
- El médico como perito y como asistencial no debe de derivar pacientes del hospital a casa, que puedan ser tratados con todas las garantías de calidad en el medio sanitario socializado.
Atender debidamente todos estos derechos y deberes favorecerá la convivencia mutua, entre todos, y hará disminuir significativamente los conflictos entre el personal sanitario entre sí y con los propios enfermos y familiares, favoreciendo una humanización de nuestra medicina.
La actual situación supone un reto para aquél que quiera afrontarlo. En realidad no es una crisis de la medicina sino de los propios médicos, de su quehacer, de su profesionalidad; como en la llamada crisis religiosa no ocurre una crisis de la fe misma, que ésta es inalterable, sino de las Iglesias. La Medicina de la Totalidad a la que luego haremos referencia más concreta, se revela como el antídoto a esta crisis. Tiene que ser enseñada en las facultades, y luego hacerla viva en el ejercicio profesional a diario. Se trata en definitiva de la vuelta a un nuevo humanismo, a la necesidad de volver a las bases hipocráticas de la medicina, donde el hombre es visto como una unidad en sus diferentes vertientes física, psíquica y espiritual.
Ya eminentes hombres de ciencia a lo largo del siglo XX, como el neurólogo Penfield, el neurofisiólogo Heeb, y psicofarmacólogo Cale coincidieron en afirmar que hay algo en lo más íntimo del hombre que es imprescindible, pero que señala su existencia, señoreando a todo lo demás, incluso a la fisiología. Todos ellos destacaron que es preciso aceptar en el hombre la unión de lo físico y lo psíquico, en el estudio del cerebro. Se van revelando las bases bioquímicas de cómo el pensamiento interacciona con la materia, de la ciencia llamada psicoinmunoendocrinología, de cómo el psiquismo influye en la inmunidad y estado hormonal del individuo, y de cómo a través de técnicas de relajación mental puede actuarse, modularse la inmunidad, con la importancia que ello representa para el manejo de muchas enfermedades crónicas (cáncer, autoinmunitarias....)
¿Pero cómo surge de nuovo el pensamiento? ¿Qué fuerza inicial mueve, inicia esos cambios bioquímicos que van configurando, personalizando nuestro cerebro a lo largo de la vida del individuo, de tal manera que cada persona tiene sus propios pensamientos y no otros? ¿Cómo a su vez la propia elaboración de esos pensamientos (a través de nuevos cambios bioquímicos) desemboca en sensaciones de plenitud, en determinaciones de libre albedrío, donde el individuo se ratifica unitariamente cómo persona, dueño de sus actos y con profundos sentimientos que tocan el techo de lo existencial-trascendente?
Lo que pretendo decir es que en el ser humano coexiste lo físico (bioquímico, molecular) con lo psíquico y espiritual, y que aunque ya se están encontrando las bases físicas (moleculares) de esta interacción, en nada es demostrable que éstas sean las causas de lo psíquico, sino el modo como actúan y se interrelacionan a nivel de nuestro cerebro. Kandel afirma "cómo somos totalmente libres para pensar lo que queremos y para desarrollar nuestras propias ideas". Creo sinceramente que el cerebro es un receptor indispensable para relacionarnos en nuestro mundo a nivel de la conciencia ordinaria, pero el hombre, su esencia espiritual (cuerpo energético, espiritualizado) es independiente de éste tras la muerte.
¿Cómo en definitiva sacar conclusiones de esta crisis para encontrar soluciones para la medicina de este siglo XXI? Cómo caminar hacia una nueva humanización global y particular, personal con cada enfermo?
El propio médico a través de su experiencia profesional debe de adquirir una visión diagnóstica de los propios males sociales que le toca vivir. El tiene que ser también aquí el agente de cambio social. La imagen del médico de cabecera tiene ser potenciada porque en la Medicina General el principal medicamento es el propio médico. El paternalismo ancestral que el médico desarrollaba sobre su paciente tiene que dejar paso a un colaboracionismo estrecho en un plano de igualdad entre los dos como personas. Los avances tecnológicos no pueden dejar de lado la buena práctica diaria. El médico aporta la dirección al enfermo, es guía, propone, invita, no impone. El educa con paciencia a su paciente, en un acercamiento personal, guardando el secreto de lo que le dicen y ve. Es una relación individualizada de hombre a hombre.
Para poder salvar esta encrucijada, hay que tener en cuenta en primer lugar, que no hay una antinomia insalvable en los postulados que informa la Medicina liberal y los que obran como imperativos de la Medicina colectivizada y técnica.
En definitiva se trata de volver a un humanismo en la Medicina, sin abandonar esta Medicina Socializada, que de hecho es imposible hacerlo.
Una nueva medicina se está gestando, una medicina personalista que considera al hombre como un todo indisoluble que actúa y reacciona ante la enfermedad con todo su ser, sin que ninguna parcela de su anatomía, fisiología o psicología sea ajena a esta reacción. La medicina personalista en cierto modo es la condena de la excesiva especialización, de la indiferencia con que el especialista demasiado técnico contempla todo lo que no se halle en su parcela. Una corriente de humanismo se está infiltrando entre los médicos jóvenes. Letamendi siempre pidió que el médico tuviera una formación humanística, filosófica al lado de la técnica, si quería comprender al hombre y en especial al hombre enfermo. Su famosa frase: "el que sólo sabe de medicina ni medicina sabe" resume toda su filosofía.
Ya Hipócrates 2500 años antes de Cristo sentó las bases de la medicina personal cuando a la cabecera del enfermo, confeccionaba la historia clínica. El motivo de la desviación actual ha residido en una concepción mecanicista del ser, que ha ignorado el componente espiritual del hombre.
La medicina psicosomática de Weizsaeckner demostró que los síntomas patológicos, pueden ser símbolos de conflictos anímicos y que, hasta los pensamientos, pueden ser causa de enfermedad. De la medicina personalista se pasa a la medicina de la totalidad, que es aquella que considera las raíces existenciales-espirituales del ser humano; una medicina integral, una medicina holística, de la que la propia medicina biológica con sus bases naturistas forma parte.
La base de la medicina humanista está en la excelencia, en el sentido que la entendía Aristóteles: ser bueno científicamente y bueno en el trato humano. En los últimos años, refiere el humanista Trujillo, la excelencia en la medicina ha sido sinónimo de excelencia científica, olvidándose los otros dos pilares del humanismo: los valores y la empatía.
La excelencia no es sólo excelencia científica. Toda la Medicina desde la universidad, la formación, el examen MIR, están planteadas para que sólo sobreviva el excelente científicamente y no el excelente en otras virtudes. Aparte que no tienen que verse como incompatibles que un médico reúna estas dos vertientes; así debería ser y la formación en nuestras universidades tendría que girar en estos dos aspectos.
El profesional tiene que acrecentar su sensibilidad para poder apreciar desde la obra maravillosa hasta las miserias humanas más grande que vemos los médicos a diario. "Sería un falso humanismo llorar con la flauta mágica de Mozart, y después ser indiferente ante el dolor de un enfermo; ese es el falso humanista".
El humanismo va mucho con la madurez de la persona. Nunca es incompatible la presión asistencial con la práctica de la medicina humanista. De hecho muchos de los problemas actuales como la carga asistencial o el síndrome de "burn out" están en consonancia con intentar a cada uno el salario emocional.
Los propios gestores, olvidan que el profesional no sólo necesita incentivos económicos para desempeñar motivadamente su trabajo diario, sino también un buen ambiente de trabajo, un salario emocional. No obstante los salarios, la productividad y la eficiencia están interrelacionados.
.Para un médico cristiano, la presencia del crucifijo en su mesa o colgado en la pared le recuerda lo sagrado de su "ministerio", de su vocación profesional: "Lo que a uno de éstos necesitados hicieres, a mí me lo haces".
El médico que sacrifica tanto de su vida privada (familia, tiempo libre) por su trabajo (estudio, enfermos) debe de hacer un hobbi de su propio trabajo, procurando que éste sea siempre creativo. Cada paciente supone de hecho un nuevo reto al profesional, porque en definitiva no olvidemos, no hay enfermedades sino enfermos, personas necesitadas de ayuda no sólo para problemas físicos, sino de comprensión humana y hasta de ayuda espiritual: medicina integral, de la totalidad.
Tenemos que desarrollar la empatía, de tal manera que un individuo pueda sintonizar con otro no desde el intelecto sino también desde las emociones. Sólo a través de la empatía con nuestro enfermo podremos personalizar, detectar y atender sus demandas emocionales. Las emociones compartidas igualan tanto al médico como al paciente en dignidad como seres humanos. También es necesario implicar al familiar o cuidador del paciente a efectos de que éste se sienta comprometido con el personal médico en relación al enfermo crónico o incapacitado.
Si las emociones se interiorizan se vuelven negativas, si no se canalizan adecuadamente hacen daño al organismo, creando numerosas somatizaciones en el plano corporal: dolores de espalda, úlceras, lesiones en la piel, colon irritable, jaquecas, colitis ulcerosa...... Cada persona hará su enfermedad según su predisposición genética, pero las emociones negativas contribuirán a ello, a partir del “locus minor resistente” de cada persona La persona intentará en estas situaciones adaptarse pero si las condiciones que generan las emociones negativas persisten, se llegará al agotamiento, a la depresión por el gasto de energía que supone intentar adaptarse a una situación negativa continua. Los ansiolíticos tan en boga hoy en día, no resuelven la situación conflictiva que genera la ansiedad, sino que contribuyen a su interiorización; así impiden que las emociones afloren al plano consciente y aunque aparentemente la persona se encuentre tranquila, no resuelven la base de los problemas, ya que éstos deben de liberarse y resolverse desde su raíz, afrontándolos aunque resulten dolorosos. Los ansiolíticos pueden ayudar momentáneamente, pero nunca hay que descansar en ellos totalmente, porque nuestras emociones en definitiva son nuestras y hay que canalizarlas adecuadamente. No se puede en definitiva negar el miedo, reprimir la angustia, hay que afrontarlos y que canalizarlos adecuadamente La psicoterapia tanto de apoyo como dinámicas de grupo puede ayudarnos mucho. Cuando se comparte un problema con otro, ya se descansa.
El médico debe de dejar hablar a su paciente y escucharle. Necesitamos recibir y dar afecto, sentir autoestima, tener proyectos, ser reconocido en lo que hacemos, ser apreciados, existir a los ojos de los demás. El balance a nivel emocional es similar al físico, tiene que mantenerse en equilibrio entre las entradas y las pérdidas. Si generamos emociones y no las soltamos hasta el final, no nos desahogamos, y estas nos hacen daño. El modelo evangélico de tolerancia con el prójimo se nos ofrece también como una alternativa saludable.
Tenemos que controlar, canalizar, tener un cierto grado de dominio de los sentimientos, pero no ahogarlos, ni suprimirlos. A través del deporte, de la gimnasia aeróbica, del tai-chi, yoga, zen…, pueden liberarse nuestras emociones y modularlas.
.El autocontrol del profesional de la salud es esencial para establecer una relación de apoyo eficaz. Permite identificar y gestionar las propias emociones y conocer nuestro estado de ánimo; facilita el manejo de la incertidumbre y la dosificación de la información y mantiene una esperanza inteligente (Sanz Ortiz).
Decía un famoso clínico de épocas pasadas William Osler que, "tan importante es conocer a una persona que tiene una enfermedad, cuanto conocer la enfermedad que la persona tiene".
Los médicos sabemos como funciona el riñón de un paciente, pero no como son sus sentimientos, ilusiones, proyectos..., y éstos son también parte del enfermo, son el mismo. Si no los abordamos también no estaremos haciendo una medicina integral.
Esta habilidad que tiene que desarrollar el profesional con su paciente, tendría que ser en cierta manera enseñada en las facultades, en cursos de postgrado y durante la formación MIR. Son habilidades que pueden mejorar con su uso. Y son buenas para todos. El profesional tiene que pagar no obstante un precio por ellas y es el tiempo que tiene que invertir, tiempo que por otra parte lo ganará en madurez como persona. "Nunca se pierde el tiempo con un paciente. Siempre nos comunica algo y aprendemos". Esta es una de las cosas que no sólo tenemos que deciros a los estudiantes, sino que también es necesario que nos las apliquemos los profesionales. No son únicamente tareas para los médicos llamados humanistas, sino para todos.
Controlar las emociones supone en consecuencia favorecer la relación médico paciente para luego poder aplicar los conocimientos estrictamente técnicos al enfermo, tanto para el diagnóstico como para el tratamiento. Son como el marco de un cuadro que necesita estar bien tensado para poder pintar luego (aplicación técnica de la medicina).
El profesional se halla ante la tentación dada la presión asistencial que soporta, en pasar de puntillas por la habitación del paciente, aplicar sólo los conocimientos técnicos, trabajar casi exclusivamente con los papeles del enfermo.
Marañón era una persona con una vida profesional, literaria e investigadora muy intensa. Un día le preguntaron cómo podía hacer tantas cosas "Mire usted, le replicó, yo me considero un trapero del tiempo. Cada uno tenemos una medida del tiempo. Yo como sólo tengo un cuarto de hora para hacer algo lo aprovecho al máximo para poder disfrutar también de otras cosas que no son mi profesión. Necesitamos una gestión más inteligente del tiempo".
Marina cuenta una anécdota respecto de ¿quién fue el mejor en su profesión, quién sabía más ¿Marañón o Jiménez Díaz? Refiere que en una reunión donde había surgido esta pregunta, un médico viejito dijo: "yo se quien era mejor facultativo". Había sido este médico catedrático de Patología en el Hospital Clínico de San Carlos y hacía la autopsia de los enfermos de Jiménez Díaz y Marañón. Contaba que Jiménez Díaz sabía mucha más medicina que Marañón, pero éste curaba más que aquél.
"Curar es una tarea muy compleja, porque muchas veces no se cura una enfermedad, sino un ser humano entero y para eso hay que saber lo que tienes por delante. Si el médico general delega en todo al especialista, al final resulta que hemos hecho un mosaico de la persona y no sabemos cómo recomponerlo".
El médico necesita también estudiar sobre su profesión. La especialización ha hecho muy difícil que un médico se lo sepa todo. Cada vez es más difícil estar al día en lo tuyo, y máxime un internista; aunque hoy día disponemos de técnicas como Internet que te pueden ayudar mucho. Para mí otra tentación del médico sería encerrarse sólo en el estudio de su profesión., donde se va a tener más posibilidades de ayudarse unos a otros. Necesitamos fomentar la inteligencia compartida que es lo único que nos puede permitir aprovecharnos de la especialización sin caer en el analfabetismo especializado.
El siglo XX es un ejemplo de los disparates que se cometen cuando se da demasiada importancia a la inteligencia en su función cognitiva. Ha sido el siglo del gran avance de la inteligencia y también el más cruel de todos".
Creo que con todo lo que hemos comentado, podremos disponer de unas bases para practicar una medicina más humana, donde la relación con el paciente presida todo nuestro ejercicio profesional. Nunca insistiremos lo suficiente como el profesional tiene que tener delicadeza con su paciente y procurar mantener su intimidad. No hurgar más de lo que no favorezca el diagnóstico y el tratamiento.
Gracias por su atención

Bernardo Ebrí Torné

Madrid 3 de Noviembre de 2010