Actividad Científica del Dr. Bernardo Ebrí

Los interesados en poder descargar publicaciones médicas científicas del Dr. Bernardo Ebrí Torné, pueden hacer "clic" en

https://www.researchgate.net/profile/Bernardo_Ebri/stats

Para descargar el programa informático para el cálculo de la Edad ósea en niños, guía explicativa como usarlo, sobre la radiografía de mano izquierda, y luego poder predecir la talla adulta del niño (niños de 0,5 años a 20); específicos programas para niños de 0 a 4 años a través de la radiografía de mano y de pie) (En español y lengua inglesa),publicaciones a este respecto, libro sobre Maduración ósea, etc.,.., introducirse en la siguiente web: www.comz.org
(Al final de la página, hacer "clic" en el banner: Bone Maturation (Maduración Ósea), dibuja el banner una radiografía lateral de pie, y ya se abre el portal, la página, donde se encuentra toda la información, con posibilidad de descarga.
El método esta siendo utilizado por pediatras, radiólogos, de España, Italia, México...
Comentarios en https://sites.google.com/site/doctorbernardoebri/prueba


Salmos 91:4 y 46:1. El amor de Dios

Salmos 91:4 y  46:1. El amor de Dios
"Pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será nuestro escudo y tu baluarte". "Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia"

Monday, April 26, 2010

La nutrición, pilar de la psiconeuroinmunología

El estrés provoca cambios hormonales
La nutrición, pilar de la psiconeuroinmunología
La alimentación, el estrés, los traumas psico-emocionales o el contacto social provocan cambios hormonales que hacen que determinados músculos trabajen en exceso de manera crónica, provocando fatiga y daño muscular, afirma José Santos, secretario general del Colegio de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid.
Redacción - Lunes, 26 de Abril de 2010 - Actualizado a las 00:00h. Diario Médico
Para analizar estos mecanismos del cuerpo se ha desarrollado la psiconeuroinmunología (PNI), que toma la nutrición como pilar terapéutico principal, porque según explica Santos, "somos lo que comenos y de lo que ingerimos sacamos la materia prima para construir y regenerar el organismo".
El colegio mantiene que un fisioterapeuta experto en PNI puede detectar claramente los síntomas y signos que caracterizan este tipo de dolores y orientar las preguntas al paciente para dar con la causa.
"El problema que origina el dolor puede estar localizado en una víscera, como por ejemplo el intestino, que comparte inervación con la musculatura lumbar y puede generar dolor en esa zona, llegando incluso a cronificarlo", informa Santos.
Después, el fisioterapeuta informará al paciente de todo aquello que le afecta en relación con su dolor, explicándole las estrategias nutricionales, pisco-emocionales que debe seguir y el tipo de ejercicio físico que debe realizar para paliarlo.

El estudio de las radiaciones en la salud tiene una fundación

Se ha presentado en Madrid la Fundación para la Salud Geoambiental para investigar y crear conciencia sobre la posible influencia de las radiaciones, campos electromagnéticos y ondas en la salud, así como proponer soluciones para vivir en un entorno más sano.
Isabel Gallardo Ponce - Lunes, 26 de Abril de 2010 - Actualizado a las 00:00h.
Diario Médico
La sobreexposición a radiaciones y campos electromagnéticos puede causar desde cansancio inexplicable e insomnio a graves alteraciones
Para investigar la influencia sobre la salud de la sobreexposición a ondas, a campos electromagnéticos y a radiaciones y qué límites son admisibles se ha creado la Fundación para la Salud Geoambiental, entidad sin ánimo de lucro cuya puesta de largo se ha realizado en Madrid. Según explica Fernando Pérez, vicepresidente de la fundación, las radiaciones pueden tener un origen natural y proceder del subsuelo, como las alteraciones geofísicas, las redes geomagnéticas naturales, la radiactividad ambiental..., y un origen artificial, como las antenas de telefonía, redes wifi, teléfonos inalámbricos, instalaciones eléctricas mal realizadas, suelos y techos técnicos... Así, la misión de la fundación tiene varios matices: "queremos profundizar en los estudios que ya existen sobre los riesgos que implican las ondas y radiaciones de todo tipo; no sólo las artificiales, sino sobre todo las naturales, que son más desconocidas", explica Ezequiel Cabado, director general. Las radiaciones naturales se producen en el subsuelo, lo que influye en la superficie, en los campos magnéticos del entorno y, a su vez, en el funcionamiento electromagnético del cuerpo humano.
"Nuestros órganos vitales funcionan mediante impulsos eléctricos y vivimos en un océano electromagnético. Por tanto, estar sobreexpuesto a radiaciones naturales y artificiales interfiere con los ritmos biológicos y tiene consecuencias para nuestra salud". Según Pérez, los síntomas pueden variar desde cansancio inexplicable y dolores de cabeza que terminan por englobarse como manifestaciones psicosomáticas, hasta manifestaciones más graves, como disfunciones en el sistema endocrino, reproductor o inmunológico, que pueden derivar en tumores. "Algunas son molestias relativamente llevaderas, como insomnio o dificultades de concentración. Pero cada día se registran más casos de cánceres. La mayoría de las personas desconocen el origen del problema. Es necesario empezar a plantearse seriamente qué papel juegan las radiaciones en la salud y definir soluciones a nivel social".
· El informe Bioinitiative recomienda limitar la radiación máxima en todas las altas frecuencias a 10 microvatios/cm2 y a 0,1 en las de móviles
LegislaciónPor otra parte, la Convención de Salzburgo de 2002 recomendaba limitar la radiación máxima en todas las altas frecuencias a 10 microvatios/cm2, y a 0,1 en las frecuencias de telefonía móvil. En 2007 el Informe Bioinitiative, tras revisar 1.500 investigaciones, hizo un llamamiento a las autoridades públicas y sanitarias para reducir los niveles de exposición por debajo del 0,1 en los lugares donde la gente vive, trabaja o estudia. Sin embargo, según Pérez y Cabado, la legislación es dispar en función de los países. "En España la legislación data de 2001 y establece unos límites máximos que son 4.000 veces superiores a los recomendados por la Convención de Salzburgo. La tecnología avanza a pasos agigantados y cada vez estamos más expuestos a fuentes de radiación pero las leyes no se están adaptando a la realidad"; por eso desde la fundación piden que los poderes públicos modifiquen la legislación atendiendo a las nuevas evidencias científicas que se refieren a la influencia de las radiaciones sobre la salud. Un metaestudio de 2002 sobre el informe Karolinska del 92, comparando los resultados con otras investigaciones, "comprobó que la exposición a radiaciones de campos electromagnéticos por encima de los 400 nanoteslas en los niños se asocia con el doble de riesgo de padecer leucemia infantil".
Además, para elevar la concienciación social sobre los riesgos de radiaciones y campos electromagnéticos, la fundación ha editado un libro dirigido a niños con los conceptos más básicos de salud medioambiental.
RECOMENDACIONES Y SEGURIDAD
Desde la Fundación para la Salud Geoambiental dictan sencillas medidas para evitar las radiaciones y campos magnéticos en el domicilio, sobre todo por la noche cuando el cuerpo descansa. Así recomiendan mantener los teléfonos inalámbricos y móviles -la frecuencia de ambos es la misma- alejados de la cabecera de la cama, al igual que radiodespertadores conectados a la red eléctrica -emiten menos radiaciones mantenerlos encendidos con pilas- y lámparas. El desgaste de los muelles o estructuras metálicas de colchones y camas también puede producir un campo electromagnético que afecte al descanso y a los órganos. Asimismo, desde la fundación recomiendan apagar el wifi durante la noche y mantenerlo alejado de los dormitorios. En cuanto a los electrodomésticos, se aconseja que no estén junto a una pared que linde con un dormitorio, especialmente si coincide con la cabecera de la cama, ya que son una fuente importante de ondas electromagnéticas de baja frecuencia. Las cocinas de inducción producen potentes campos y las vitrocerámicas por resistencia los generan de menor nivel. Asimismo, las antenas de telefonía emiten ondas en frecuencias entre 900 y 2.000 mHZ, y aunque importa la distancia a la que se encuentren, es más importante su orientación.

Sunday, April 25, 2010

El suicido demográfico de España, un problema gravísimo



Publicado el 24-04-2010 , por Alejandro Macarrón Larumbe
Comienza aquí una serie de tres artículos sobre el gravísimo problema demográfico que afronta España, consecuencia de nuestra muy deficiente fertilidad en las últimas décadas y del formidable incremento de nuestra esperanza de vida, que en 2010 es más del doble que en 1900.
No es un problema exclusivo de España, sino de casi todo el mundo desarrollado y en desarrollo, pero aquí es particularmente agudo. Nuestras tasas de natalidad son tan raquíticas que equivalen a un suicidio demográfico a cámara lenta del pueblo español. Y nos abocan a una estructura de población cada vez más envejecida y probablemente menguante, con consecuencias muy ingratas en materia económica y social. Es algo que no parece preocupar lo debido a los españoles y a sus clases dirigentes e intelectuales, a juzgar por lo poco que, para su enorme gravedad, se habla y publica sobre esta cuestión, y lo poquísimo que se hace para tratar de solucionarla.
En estos artículos, que contienen datos muy impactantes, se analizará la evolución demográfica reciente de España, las previsibles consecuencias para nuestra economía y sociedad del tsunami de canas en ciernes, y los posibles remedios y soluciones.
El estado de la cuestión demográficaDesde 1861 a 1980, en España nacieron prácticamente todos los años entre 600.000 y 700.000 personas, salvo períodos tan difíciles como 1937-1939 y 1941-1942. Como la esperanza de vida no paró de mejorar desde 1900, gracias sobre todo a los avances de la medicina, la higiene y una mejor alimentación, aunque las tasas de nacimientos por mil habitantes descendieron de forma paulatina a lo largo del siglo XX, la población española crecía de forma continua, algo muy positivo para nuestra economía y signo de vitalidad de la sociedad española.
Pero el número de nacimientos cayó en picado a partir de 1977, disminuyendo un 46% en menos de dos décadas (!!!), hasta unos 363.000 en 1995-1996, cuando nuestra natalidad tocó fondo. Desde entonces, gracias sobre todo a los inmigrantes, hemos llegado a 518.000 nacimientos en 2008, cifra que descendió ligeramente, hasta 509.000, en 2009. Pero la inmigración se ha frenado en seco con la crisis. Y como la fecundidad de los inmigrantes también suele caer drásticamente cuando se acostumbran a nuestro modo de vida, con la excepción parcial de los musulmanes, es posible que a lo largo de 2010, o en 2011, comencemos a perder población, algo que no sucedía desde la guerra civil, y que no ayudaría precisamente a una recuperación vigorosa de nuestra economía de la actual recesión.
En la muy envejecida Alemania, donde el invierno demográfico comenzó antes que aquí, la población disminuye desde 2004, y muere más gente de la que nace desde, por lo menos, 1998. Esto explica mucho de por qué, en la última década, Alemania ha crecido menos que la eurozona prácticamente todos los años, su consumo es débil, y su tasa de ahorro, elevada.
Algo similar, pero peor, cabe decir de Japón, el país más envejecido del mundo, cuya economía sigue sin recuperarse de la burbuja inmobiliaria-bursátil de hace veinte años, y que si antaño fue imperio del ‘sol naciente’, hoy se lo podría llamar del ‘nipón menguante’, pues pierde población y sus perspectivas demográficas son horrorosas.
Con nuestras actuales tasas de fecundidad (1,44 hijos por mujer en 2009), aún necesitaríamos casi un 50% más de nacimientos, unos 250.000 al año, simplemente para asegurar el reemplazo de la población (2,1 hijos por mujer, una tasa desconocida en España desde hace treinta años).
Y si al comienzo del reinado de D. Juan Carlos I los nacimientos superaban a las muertes por millar de españoles en más de diez, a finales de los años 90 estuvimos al borde del decrecimiento vegetativo (más defunciones que nacimientos), algo que sólo evitamos por poco al acudir en masa inmigrantes a España. Pero este aflujo de extranjeros se ha reducido drásticamente con la crisis económica, y porque ya no es viable permitir una inmigración masiva, por su impopularidad y por la presión de la Unión Europea.
La España que languideceEn 2009, el INE estima que murió más gente de la que nació en dieciocho provincias españolas, incluyendo entre ellas la otrora boyante Vizcaya, en la que hace sólo un tercio de siglo nacían doce personas más de las que fallecían por cada mil habitantes.
El año pasado fallecieron más de dos personas por cada bebé en Lugo, Orense y Zamora. En Asturias, murieron 1,6 personas por cada nacimiento. En siete de las ocho provincias castellanoleonesas falleció más gente de la que vino al mundo, y lo mismo sucedió en las cuatro provincias gallegas. Y aunque otras regiones, sin llegar ni de lejos a los nacimientos necesarios para el reemplazo de la población, presentan un mejor perfil demográfico (como Madrid, Murcia, Cataluña, Valencia o Andalucía), en casi todos los casos esto se debe, en lo esencial, a las mujeres inmigrantes.
Si en 1996 sólo el 3,3% de los nacidos en España tenía madre extranjera, en 2008 este porcentaje alcanzó el 20,7% (siendo los inmigrantes sólo el 12% de la población actual de España), proporción que llegó casi al 36% en Gerona y superó el 30% en cinco provincias más (Lérida, Tarragona, Almería, Baleares y Castellón), sobrepasando el 25% en La Rioja, Madrid, Segovia, Soria, Teruel, Alicante, Murcia, Barcelona, Cuenca, Huesca y Zaragoza.
Dos buenas noticiasLos datos demográficos del INE sólo contienen dos noticias excelentes. Una es magnífica para todos: nuestra esperanza de vida al nacer sigue creciendo, a razón de casi tres meses por año. Paradójicamente, como no tengamos más hijos / jóvenes que nos sostengan en la vejez, ese extra de esperanza de vida podría tener sabor agridulce a la postre, al desequilibrar aún más la pirámide de población, haciéndola cada vez más cabezona en las edades avanzadas respecto de las franjas de edades intermedias, las que mueven la economía.
Y la otra noticia también es excelente, pero sólo para los amantes de la ‘Alianza de las Civilizaciones’, la religión islámica y sus valores: el porcentaje de nacidos en España de madre musulmana no deja de crecer. La madre de casi el 5% de los bebés españoles de 2008 es marroquí, porcentaje que crece año a año y que casi se duplica en Cataluña –donde, precisamente, están surgiendo los primeros partidos ‘inmigrófobos’ de España–, Murcia o La Rioja.
Lógicamente, la proporción es muy superior en Ceuta y Melilla, con un 17% y un 34%, respectivamente, de hijos de madre marroquí en 2008. Y si a los nuevos españoles de madre marroquí añadimos el resto de los de madre africana, en su gran mayoría de religión mahometana, y los de madre paquistaní o siria, los porcentajes de hijos de mujer musulmana superan el 9% también en Aragón o Baleares.
Ahora bien, siendo justos, si los marroquíes y musulmanes ganan sin parar cuota étnico-religiosa en España es, sobre todo, porque los seguidores de Mahoma, en su inmensa mayoría, hacen simplemente lo que deben, de acuerdo con su condición humana y su religión: tener hijos, buscarse la vida donde mejor puedan encontrarla, y propalar sus creencias. Y la raíz profunda del posible problema de esto para España –del que los recientes incidentes en la mezquita de Córdoba podrían ser apenas un aperitivo– no son quienes no habiendo nacido en España y siendo de religión y/o costumbres muy distintas a las nuestras, tratan de ocupar el apetecible vacío que produce nuestra infertilidad colectiva, sino esta última, el rey desnudo de este triste cuento.
En el siguiente artículo de la serie, Una economía con plomo demográfico en las alas, analizaremos las consecuencias negativas sobre nuestra economía española y empresas de nuestro invierno demográfico.
Alejandro Macarrón Larumbe es consultor de estrategia empresarial y finanzas corporativas

Monday, April 19, 2010

EL FUTURO DE DIOS EN UNA SOCIEDAD LAICA. José Antonio Estrada



Somos Iglesia Andalucía
Ponencia que dió el autor en la XIII Semana Andaluza de Teología.1.- DIOS Y EL SENTIDO DE LA VIDA EN UNA SOCIEDAD RELIGIOSA.Hablar de Dios es hablar del sentido de la vida, dado que a todos lo que realmente nos interesa de Dios está en relación con las preguntas que todos nos hacemos: ¿cómo ser felices, qué es el bien y el mal en cada uno de nosotros, cómo tenemos que aprovechar el tiempo que nos quede de vida?… Todo esto de una forma u otra son preguntas que tenemos todos los seres humanos y que todos nos hacemos. Son preguntas que nos marcan como personas. Y a las que deseamos una contestación cuando nos acercamos a Dios.Nosotros somos un animal humano. Un animal que se diferencia del resto de los animales, que están marcados por el instinto. Los animales no tienen el problema del sentido de la vida. El animal lo que tiene que hacer es seguir sus instintos. Siguiendo sus instintos, va respondiendo a los problemas que se le van planteando. El animal está determinado por estímulos y respuestas. Nosotros podemos prever el comportamiento del animal y, a base de premios y castigos, podemos hasta controlarlo.
El ser humano es mucho más complejo. Y ello porque tenemos unos instintos muy pobres. Y, sobre todo, porque podemos jugar con nuestros instintos, luchar contra nuestros instintos. Un instinto fundamental es el instinto de la supervivencia: yo puedo declararme en huelga de hambre por un ideal político, religioso, profesional, biológico. Puedo sobreponerme a mi instinto y no comer, aunque tenga hambre. Esto es algo que marca al ser humano. Y nos marca abriéndonos espacios a la libertad y la inteligencia.
Somos un animal libre… No absolutamente libre pues estamos condicionados por la cultura, la familia, la sociedad, la educación… Pero el libro de nuestra vida no está escrito, lo escribimos nosotros. Y somos nosotros los que tenemos que ir respondiendo a los problemas y los que tenemos que ir dando respuestas a las distintas situaciones que nos encontramos a lo largo de nuestra biografía. Dios no escribe el libro de la vida, lo escribimos nosotros. Por eso es preferible equivocarnos, haciendo lo que creemos que tenemos que hacer, que haciendo lo que nos dicen otros. Estamos cargados con el peso de la libertad y estamos cargados con la necesidad y la responsabilidad de dar un sentido a la vida. ¿Qué modelos, qué referencias, qué apoyo, qué es lo importante y qué es lo secundario en ese buscar un sentido a nuestra vida como seres libres? A partir la respuesta que damos a estas preguntas marcamos lo que es la trama de cada persona.
El sentido de la vida estaba claramente resuelto en la sociedad cristiana tradicional en la que la mayoría de los que estamos aquí hemos vivido. Porque nosotros somos el país que en 40 ó 50 años hemos pasado de la pobreza a la riqueza, del subdesarrollo al desarrollo, de un régimen dictatorial y autoritario a un sistema de libertades democráticas, de una sociedad tradicional y católica a una sociedad laica, secularizada y cada vez más marcada por lo que denominamos sociedad postcristiana.
En esta sociedad que todos los que tenemos más de 50 años hemos vivido, los valores fundamentales de la sociedad eran los valores del cristianismo. Nosotros recibíamos fundamental-mente unos valores en la educación familiar, en la educación escolar, en la leyes, en las constituciones, en el ámbito político y social, que estaban marcados por la Iglesia. Todo estaba marcado por una manera de entender la vida que, de una manera abierta o de una manera indirecta, estaba fundamentada en la religión cristiana que todos teníamos. Yo creo que esto incluso afectaba al ateismo. En realidad en nuestras sociedades, el ateismo como tal ha sido marginal. Lo que nuestra sociedad ha vivido sobre todo es el anticlericalismo. Lo que se ha dado es“yo creo en Dios pero no creo en los curas”.
Lo que ha existido en los que no se sentían cristianos ha sido, más que el ateismo, el desencanto con el papel de la Iglesia y sobre todo de los máximos dirigentes de la misma, pero no una impugnación de los valores cristianos. La Pasionaria llegó a decir: “Si yo hubiera conocido el cristianismo de la teología de la liberación no hubiera dejado de ser cristiana”. Vivíamos en un modelo muy conservador, y en ese marco los valores cristianos eran los valores que imperaban en la sociedad. Lo cual nos llevaba a un cristianismo fácil. ¿Por qué se era cristiano? Porque se había nacido en una familia católica, porque me habían educado en un colegio en el que me inculcaron las creencias y los valores católicos… Esta era la expresión de nuestro catolicismo en la primera época que todos los de mi quinta hemos vivido. Había un tejido social en el cual vivíamos los valores cristianos casi sin darnos cuenta. En ese catolicismo en el que nosotros hemos vivido había una referencia a Dios, una referencia a la gracia, y una referencia una serie de virtudes, que eran las virtudes morales que nos daba el cristianismo. Nuestra vida, se nos decía en palabras de Sta. Teresa, era “una mala noche en una mala posada”.
Se nos ha educado en que estábamos orientados a la patria celestial y que la vida que vivimos era algo de paso, y que por tanto lo sobrenatural, la gracia, Dios, eran los elementos fundamentales. Lo mundano, lo natural, lo humano, estaban en un segundo plano. Por eso el modelo del cristiano estaba muy marcado por lo sobrenatural y por la referencia al religioso y a la religiosa, a los monjes y los sacerdotes. Ellos eran los que mejor expresaban las cosas espirituales y los que más tomaban distancia de las cosas mundanas. Es obvio que en este contexto los laicos, las mujeres, etc. jugaban un papel secundario, subordinado. Había un respeto por lo valores cristianos porque eran los valores aceptados por toda la sociedad. El sentido de la vida estaba claramente determinado. Todos sabíamos a qué atenernos. Todos sabíamos lo que era bueno y lo que era malo, aunque luego lo practicáramos o lo dejáramos de practicar. Pero todos somos conscientes de que esta cristiandad pertenece al pasado. Hoy vivimos en una sociedad laica, secular, postreligiosa.
2.- EL SENTIDO DE LA VIDA EN UNA SOCIEDAD POST-CRISTIANA.
En esta sociedad laica Dios se ha vuelto innecesario. Yo lo expreso de una manera muy sencilla. Para ser un buen ciudadano no hace falta ser un buen cristiano. Hoy nos encontramos en un modelo de sociedad en el que los valores de la vida social, de la vida familiar, de la vida profesional, de la política, de la cultura, de la economía, no son valores cristianos sino que son valores humanos, profanos, laicos, seculares. Ser una buena persona no equivale hoy a ser un buen cristiano, aunque para ser un buen cristiano hay que ser una buena persona. Todos tenemos amigos y conocidos que son excelentes personas y no son cristianos. Todos nos sentimos con frecuencia admirados ante el comportamiento de personas que no creen en Dios, pero que nos dan unos ejemplos de solidaridad, de compromiso, de entrega a los demás, que nos suscitan admiración.
Ranner los llamaba cristianos anónimos, no precisamente con gusto de esos anónimos. ¿Y esto por qué ha ocurrido? Pues sencillamente porque Dios se ha hecho innecesario. Innecesario para la ciencia, que no necesita el postulado de Dios. La ciencia es, por definición, atea. Cuando nos encontramos con una enfermedad, un fenómeno desagradable de la naturaleza, lo que hacemos hoy es buscar las leyes y las estructuras que producen ese fenómeno, y no acudir a Dios como el que lo ha ocasionado o como el que de algún modo puede darle una solución satisfactoria. Ha muerto definitivamente el Dios “tapaagujeros”, el Dios que daba respuesta a preguntas para las que nosotros no teníamos respuesta. Es ésta una realidad que ha marcado nuestra sociedad. Hoy lo verdadero es lo científico, lo experimental, lo comprobable, lo de alguna manera empíricamente constatable. Y Dios, como es algo que no se puede percibir, constatar, demostrar, ha quedado para muchos en segundo plano y para los más en algo que para nada nos sirve.
Vivimos una moral y una ética laica, sin teología, autónoma, en la que Dios no cuenta para nada. Una moral basada en unos comportamientos que impregnan el orden social, jurídico, económico, en los cuales no es necesario la referencia a Dios. Antes todo estaba orientado hacia lo sobrenatural -“la vida es una mala noche en una mala posada”-; hoy, en esta nueva sociedad del progreso, lo importante es lo tangible, lo que nos da placer, lo que nos hace más felices. Antes se decía: “la vida es una mala noche en una mala posada”; y hoy decimos: “más vale pájaro en mano que ciento volando”. Y el pájaro en mano es la vida. Y lo que venga después de la muerte, eso… ¿quién lo sabe? Esta moral marca nuestra cultura y nuestra persona.
¿Qué sentido a la vida ofrece nuestra sociedad? Nuestra sociedad, como todas, ofrece un sentido a la vida, una manera de vivir, que da una respuesta a esas preguntas fundamentales que tiene el hombre. Una respuesta a cómo realizarnos, cómo vivir plenamente, cómo ser felices. Y nos lo ofrece diariamente a través de los medios de comunicación, que nos dan un montón de ofertas y mensajes que nos están condicionando diariamente. Y en esas ofertas y mensajes no está Dios, ni la Iglesia. Hoy el centro de la oferta que recibimos, lo que es la felicidad, lo encontramos en el centro comercial. Me decía un amigo: “a mí me gustaría que cuando yo me muriera me incineraran, y que mis cenizas las esparcieran en El Corte Inglés, ¡porque he pasado tan buenos momentos en El corte Inglés!”. Más allá del chiste, hay una realidad. La realidad es que estamos abocados a valores materiales, en los que encontramos una sensación de plenitud, de gratificación, de placer.
Lo tenemos todo y sin embargos nos sentimos insatisfechos. Hoy podemos asegurar sin miedo a equivocarnos que tenemos en nuestra sociedad española resueltas nuestras necesidades primarias y también nuestras necesidades secundarias. Es verdad que todavía quedan grupos en nuestra sociedad que aún no tiene resueltas las necesidades primarias. También queda otro grupo, dicen que un 20%, que cubren sus necesidades secundarias con dificultad. Pero al resto, el 84% restante, ni nos falta un techo, ni una comida, ni nos falta lo más necesario como un puesto de trabajo, la escolarización de nuestros hijos, seguridad social, pensiones, tiempo libre, etc. Lo tenemos todo. Estamos viviendo lo que hace 40 ó 50 años nos hubiera parecido un sueño. Y se nos dice que de aquí al 2010 ó 2015 vamos a tener la renta per cápita de Alemania., Francia e Italia, los países más ricos de Europa, que son también los más ricos del mundo, dejando aparte EE.UU.
Pero el hecho es que nos encontramos entonces con una situación paradójica. Materialmente lo tenemos todo, y sin embargo nos encontramos con grandes necesidades espirituales Se produce un colapso en nuestra sociedad. Tenemos unas sociedades muy ricas materialmente y sociedades al mismo tiempo muy insatisfechas, muy infelices, sociedades con mucho aburrimiento, tedio. Nos faltan metas, proyectos, razones que den un sentido a nuestra vida. Tenemos miedo al ocio, al tiempo libre. Nos da miedo la jubilación, una vida cotidiana tremendamente gris, muy insatisfactoria. La demanda de drogas, de alcohol es cada día mayor. La gente busca algo que no tiene. Ni sabe donde buscarlo.
El mero tener y consumir no llena las necesidades vitales. Vivimos en sociedades que lo tienen todo y que a escala social se pregunta: ¿merece la pena vivir esta vida?; ¿merece la pena trabar más y más para consumir más y más, trabajar para poder comprar, comprar para poder disfrutar y disfrutar para encontrar en el placer las respuestas al sentido de la vida?. Nos encontramos con un tedio generalizado. Y lo malo es que esta cultura occidental es la que se está imponiendo en el mundo entero. El mundo entero se está occidentalizando. No sólo comprando nuestros productos sino sobre todo adoptando nuestra forma de vivir, los valores del neoliberalismo y de la sociedad postmoderna que nosotros vivimos.
Y ese triunfo de Occidente se está dando cuando son muchos los que se preguntan: ¿merece la pena invitar y presionar a otros para que vivan como nosotros vivimos? Hemos perdidas las metas, los fines, la orientación. Hemos resuelto satisfacer nuestras necesidades primarias y secundarias, hemos sido la generación del cambio económico y político, pero nos sentimos tremendamente insatisfechos. Vivimos un tedio no precisamente de los deseos insatisfechos, sino de los deseos realizados.. Se nos está diciendo que tenemos que consumir y que es consumiendo como vamos a encontrar la chipa de la vida, cuando seremos felices. Y que en la medida en que vamos consumiendo y que no nos encontramos más felices, surge en nosotros un aburrimiento, un tedio, un sinsentido que impregna nuestro ser y nuestra sociedad. Vivimos una sociedad deshumanizada., en la que lo espiritual no cuenta.
Cada vez hay más soledad en personas que materialmente lo tienen todo. Hay muchas gentes tan pobres que solamente tienen dinero. Y con el dinero hay muchas cosas –las que más necesitamos- que no se pueden comprar. En este contexto surge las preguntas: ¿para qué sirve Dios?; ¿dónde está Dios?; ¿cómo actúa Dios?; ¿qué es lo que puede aportar Dios? No nos satisface la sociedad en que vivimos. Aunque reconozcamos que no todo en ella sea por supuesto negativo. Gozamos ciertamente de unos plus de bienestar, libertad, derechos democráticos, capacidad de elegir, etc. que no teníamos en la sociedad que vivíamos.
Para buscar hoy a Dios no es la solución refugiarnos, volver de nuevo a la Iglesia. No podemos refugiarnos en la Iglesia-institución porque ella lleva dos siglos llevando la contraria a todo avance social y humano. Sigue en la época del “anti”: antimodernismo, antiilustaración, antilibera-lismo… Está siempre en el “anti”. Y aunque el Concilio Vaticano II intentó un acercamiento al mundo de hoy, todos sabemos hasta donde está llegando después de la primavera conciliar la involución, la retirada a los cuarteles. Vivimos en una iglesia desubicada, que no encuentra lugar en la sociedad postmoderna, laica, secular, que nos ha tocado vivir. Sigue soñando en su pasado del nacionalcatolicismo.
No asume que en el orden institucional político cada vez tiene menos que decir. Que la sociedad actual no necesita sus directrices, ni sus buenas palabras, sino argumentos convincentes, argumentos que convenzan a los cristianos y a la sociedad. Se está convirtiendo en gueto, un gueto cultural que se protege de la sociedad porque la ve como la presencia del humo de infierno, y ve los cambios que se producen en la familia, en el orden político, económico, científico, cultural, etc. como una amenaza y no como una oportunidad., como una buena noticia. Eso hace que nos encontremos perdidos. Porque, utilizando una expresión de nuestro teatro clásico del siglo de oro, en realidad, “los cristianos de izquierda nos sentimos como cornudos y apaleados”.
Cornudos y apaleados porque por un lado no se fian de nosotros, porque somos comunistas, disidentes, heterodoxos, porque nos hemos integrado en la sociedad, hemos perdido nuestras referencias cristianas… Y al mismo tiempo se nos está diciendo que tenemos que vivir un proceso de recristianización de las viejas cristiandades europeas, que España es un país de misión, que hay que hacerse presente en el ámbito de la increencia, que hay que insertarse en los sitios donde se está jugando el futuro de la sociedad… Por un lado se nos envía a esta misión y por otro lado, al situarnos con un espíritu crítico y en disidencia con lo establecido que no sirve, somos apaleados y condenados como disidentes y personas sospechosas. La pregunta entonces es: ¿a dónde nos refugiamos?
Si nos situamos en la sociedad, que no es cristiana sino postcristiana, perdemos nuestra identidad cristiana. Y si queremos conservar nuestra identidad cristiana, en la Iglesia institucional, tenemos que asumir planteamientos, forma de entender la vida, valoraciones antropológicas, formas de entender la familia, la sexualidad, la autoridad…, de forma totalmente inaceptable en la sociedad postmoderna y postcristiana. Ello produce en nosotros la inseguridad, una inseguiridad personal y colectiva, y que nos marca, precisamente a nosotros que andamos buscando y a los nos consideran pioneros de un catolicismo que está por emerger.
Estamos en el final del cristianismo sociológico. Todos sentimos la sensación de no estar en una sociedad más tranquila y más segura, en la que vivir la identidad cristiana ni está menos cargada de conflictos. Cuanto más años tenemos, más difícil se nos pone, porque nuestra capacidad de adaptación va disminuyendo. Y que por tanto para los ancianos cualquier cambio, por el hecho de ser cambio, es malo. Todo cambio, queramos o no, nos desestabiliza. Todo cambio nos provoca y nos exige una adaptación, y nuestras posibilidades de adaptación a nuevas circunstancias conforme nos vamos haciendo mayores van disminuyendo. Por tanto lo primero es asumir que estamos en el final del cristianismo sociológico .No hay vuelta atrás. Si los obispos siguen soñando en que después de las crisis de vocaciones sacerdotales y religiosa va a haber una gran afluencia de jóvenes que llenen los seminarios como ocurrió después de la guerra civil, están equivocados. Si ellos piensan que la sociedad va a volver a ser una sociedad cristiana en la que el papel de la Iglesia va a volver a tiempos pasados, están equivocados. Hemos acabado con ese tipo de cristianismo.
A nosotros nos ha tocado ser la generación de la transición. Después de una época de cambio como ha sido el siglo XX, asistimos a un cambio de época. Los sociólogos nos lo dicen. La revolución del coche, la electricidad, teléfono…, cambió nuestra vida. Las revolución actual, la del ordenador, internet, computadoras, biogenética, medios de comunicación…, está cambiado el mundo, con un cambio en el que ya no es posible la marcha atrás. Somos testigos privilegiados del final de una etapa y el comienzo de otra radicalmente nueva. Un amigo Jesuita ya muy mayor me decía: “hombre, a mí me da pena, ahora que esto se está poniendo interesante, cuando realmente se está poniendo bueno, tener que morirme…”.
Tenemos que asumir que estamos con los pies puestos en la etapa que se está cerrando y en la ya está abierta y cambiando el mundo. En esta nueva etapa histórica Dios, ni es necesario, ni se presenta como referente cultural. Con bastante frecuencia cuando Dios aparece en los medios de comunicación de masa lo hace bajo la túnica de la burla, de la minusvaloración, del rechazo, de la desconfianza, y ello precisamente por parte de una gran parte de conciudadanos nuestros que son quizás magníficas personas. Dios ha dejado de ser una buena noticia.
Tenemos que sentirnos extraños, solos, inadaptados en esta sociedad. Yo creo que lo primero que tendríamos que sentir los cristianos es una sensación de soledad, de extrañeza. Nos tendíamos que sentir extranjeros en esta sociedad. Y somos extranjeros en la medida en que buscamos a Dios en una sociedad que ya no busca a Dios porque no le interesa para nada; en la medida en que sigamos buscando a través de la religión, de los valores evangélicos y de la tradición cristiana un sentido de la vida que otros muchos ciudadanos han encontrado sin necesidad de pasar por el cristianismo y sin necesidad de conocer los valores evangélicos. Creo que la conciencia de la ausencia es lo primero.
Sentirse extraño, en el trabajo, en la familia, con los amigos, con nuestros conciudadanos con los que compartimos nuestra existencia cotidiana y que con mucha frecuencia nos interpelan con preguntas como: ¿tú cómo eres cristiano, cómo sigues perteneciendo a la Iglesia?; ¿qué hace un chico como tú en un sitio como ése?; si la Iglesia es tan rara, tan antigua, tan anacrónica, tan obsoleta, tan autoritaria, ¿tú con tus planteamientos qué haces ahí? Lo primero por tanto es sentir y vivir la ausencia. Una oración que teníamos que rezar a diario los cristianos sería el salmo: “como el ciervo suspira por el agua suspira mi alma por ti, Dios mío”. Y teníamos que añadir, como los judios en el destierro de Babilonia: “que mi lengua se me pegue al paladar si me olvido de ti, Dios mío”. Tenemos que sentirnos aislados, inadaptados. No porque nadie nos persiga, en contra de lo que piensan los obispos, sino por el modo de sociedad en que vivimos.
La nueva sociedad emergente, los nuevos valores antropológicos, familiares, sexuales, políticos, son la mayor amenaza a nuestra identidad como seguidores de Jesús de Nazaret. Cada vez más se irá planteando que ya no hay que poner un Belén en las escuelas, porque esos son símbolos que pertenecen a un pasado que pasó, que molestan en la sociedad laica. Algo que no tiene explicación porque si por un lado pedimos el respeto a la diferencia, por qué no respetamos lo diferente. Todos tienen derecho a expresar en público sus símbolos…, pero nosotros no, a pesar de ser, además de algo religioso, algo cultural. El tejido social no nos ayuda a ser cristianos. Las tradiciones, modelos, valores de la sociedad que marcan nuestra vida son generalmente la antítesis de los valores evángélicos. Antes teníamos un apoyo en la Iglesia, ahora no lo tenemos.
Somos parte de una generación sin padres ni hijos. Ello nos lleva a un problema que tenemos planteado los cristianos, y los cristianos de izquierda más todavía porque somos en parte una generación sin padres ni hijos desde un punto de vista religioso. Nuestros padres se educaron en el socialcatoli-cismo, esa manera de entender la fe cristiana es algo con la que hemos roto totalmente. Somos también una generación sin hijos porque nos vamos encontrando y nos preocupa de que en nuestros grupos, en nuestras comunidades, los jóvenes no se metan. ¿Qué va a pasar cuando nuestra generación desaparezca? Nos encontramos con una carencia de continuidad que nos preocupa como cristianos y como personas, y es una preocupación cada vez más acuciante en nuestras comunidades. La generación que viene detrás nuestra no les dice nada Juan XXIII, el Padre Arrupe, ni esos valores por los que nosotros hemos luchado. Es necesario sentir y compartir este sentimiento de soledad, de indigencia cultural y eclesial. Son sentimientos que debieron vivir muchos en épocas como la reforma y contrarreforma, la revolución francesa, la revolución industrial… En todas ellas hubo un cataclismo como el que nosotros estamos viviendo.
3.- LA EXPERIENCIA DE DIOS EN UNA SOCIEDAD POS-CRISTIANA
Si no encontramos los referentes que necesitamos en la sociedad, ni en la Iglesia, ¿dónde encontrarlos? Nuestro referente tiene que ser una persona y una espiritualidad que tiene que comprometernos en la vida, que tiene que comprometernos con el hombre, que tiene que comprometernos con la sociedad consciente de que el crecimiento en santidad es un crecimiento en humanidad. Si queremos crecer como cristianos tenemos que crecer como personas. El pecado no es no *****plir una norma externa establecida; el pecado es todo aquello que te impide crecer y vivir, .y lo que impide crecer y vivir a los que viven contigo. Podríamos decir algo que es fundamental: la experiencia de Dios; la búsqueda de Dios. Y la experiencia de Dios y la búsqueda de Dios tiene que ver, no lo olvidemos, con lugares, tiempos, espacios, actitudes, compromisos y vivencias en las cuales busquemos a Dios. Y ahí es donde nos encontramos con otro problema.
La vieja espiritualidad que nos ofrecía un montón de prácticas, de devociones, de lugares, de experiencias, de medios, a través de los cuales podríamos cultivar la experiencia de Dios, ha caido en el vacío. Ya ni los rezos del rosario, ni las exposiciones del santísimo, ni las horas santas, ni la visitas a los sagrarios nos dicen nada. Lo hemos dejado como algo obsoleto, arcaico. Pero ¿con qué hemos sustituido todo eso? El haber dejado lo antiguo y no disponer de nada con que sustituirlo, que nos produce un vacío, una ausencia que nos impele a ser fagocitados por la sociedad. Vamos perdiendo nuestras referencias, el cristianismo que hemos vivido no nos dice nada y el nuevo que intentamos crear no sabemos aun cuál es. Es esta una situación la que a muchos de los nuestros nos lleva a olvidarnos de todo e integrarnos e instalarnos como uno más en la sociedad.
Lo que hoy más necesitamos es lo que más nos falta: gurús. Ranner decía que el cristiano del siglo XXI, o será alguien que ha experimentado algo, o no será. Y aquí viene la gran pregunta: ¿hemos experimentado algo?; ¿experimentamos algo personalmente, en nuestros grupos, en nuestras comunidades?; ¿qué decimos cuando nos preguntan por Dios? En la Iglesia hay un ateísmo eclesiástico. La Iglesia habla mucho de moral, de doctrina…, pero no se habla de Dios. Y cuando se habla de Dios se habla del Dios aprendido en los catecismos y en los libros, pero no de un Dios vivencial. Y ¿cuál es el Dios vivencial y experiencial? El que nos lleva a nosotros, en la biografía de cada uno, en los acontecimientos de la vida, en las situaciones difíciles, en las situaciones gratificantes, a vivir esas experiencias relacionándolas con Dios, buscándolas en Dios.
De forma que la persona de Jesús determine nuestro modo de pensar y comportarnos. Lo que necesitamos es lo que más nos falta: gurús, maestros y maestras espirituales que nos enseñen un camino, un camino que ellos mismos han experimentado, que ellos mismo han vivido. De forma que al hablar de Dios tengamos que hablar de nuestra vida; y al hablar de nuestra vida, tengamos que hablar de Dios. Porque no es posible establecer a Dios como un compartimento estanco al margen de la vida.
A Dios tenemos que encontrarlo en las opciones que hacemos, en los compromisos que asumimos, en las respon-sabilidades que tenemos, en situaciones de sufri-miento y en situaciones de alegrías en las cuales intentamos siempre con la incoherencia y siempre con los fallos que son consustanciales a cualquier experiencia humana, vivir eso desde una identidad cristiana, teniendo como referencia la persona y la vida de Jesús y lo que ha generado a lo largo de dos mil años de historia.
Nos encontramos hoy con una necesidad de experiencia y vivencias de Dios. Con una necesidad de espiritualidad. Una espiritualidad que no vamos a encontrar en la Iglesia, ni en muchos cristianos, tampoco en el budismo. O en las tradiciones orientales, ni en esoterismo, ni en la parapsicología. Ello es algo que millones de personas andan buscando. La televisión con sus programas de esoterismo es un ejemplo de ello. La experiencia cristiana tiene que llevarnos a un modo de comportarnos que haga que lo que nos rodean vean en nosotros ese gurú que buscan.
Y ello en una dinámica en la que el individuo-isla está perdido en la sociedad. Vivimos un creciente aislamiento, en soledad, del individuo en la sociedad. Un individualismo y una soledad en isla, no compartida. Algo que no depende de nosotros. Es la sociedad la que está organizada de forma que nos lleva necesariamente a ello. Con frecuencia nos sentimos solos entre los que nos rodean, a veces con nuestros propios hijos, con nuestra esposa. Detrás del botellón ahí sin lugar a duda una necesidad de compañía. Por ello es necesario permanecer unidos, conscientes de que el que tiene un amigo tiene un tesoro… Es imprescindible vivir en grupos donde nos sintamos aceptados y aceptemos a los demás, donde podamos compartir ideas y sentimientos, con personas que sepamos que nos van a echar una mano cuando, para lo bueno o lo malo, los necesitemos.
Compañeros entre los que nos sintamos iguales, podamos situarnos sin máscaras, tal como somos. Él solo, el hombre-isla, difícilmente podrá vivir una espiritualidad. Urge integrarnos en comunidades en las que no sólo se pueda hablar, compartir ideas sino, sobre todo, intercambiar nuestras vivencias: aquéllo que queremos, lo que nos preocupa, por lo que luchamos teniendo como referente a Jesús. Y lo más hermoso es encontrar comunindades esparcidas por todas partes en las que el que llegue sienta que hay otros que piesan como él y encuentre en ellas aliento en su caminar. Experimentar la fe no es sólo encontrarme con otros hermanos. Es sobre todo comunicarnos, intercambiar con compañeros que tienen las mismas inquietudes, la misma búsqueda…, que producen una comunión en la fe.

Thursday, April 15, 2010

Papa: los cristianos deben tener el valor de hablar de la vida eterna


En la Misa para los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica
CIUDAD DEL VATICANO, jueves 15 de abril de 2010 (ZENIT.org).- “La obediencia a Dios tiene el primado” y hace al hombre verdaderamente libre, aún de oponerse a la dictadura del conformismo. Lo ha dicho este jueves por la mañana Benedicto XVI, en la homilía de la Misa celebrada, en la Capilla Paulina del Vaticano, con los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica.
Del 12 al 16 de abril, de hecho, se está celebrando en el Vaticano la plenaria de la Pontificia Comisión Bíblica, bajo la presidencia del cardenal William Levada, sobre el tema “Inspiración y verdad de la Biblia".
Según informó Radio Vaticano, el Papa, recordando las palabras de san Pedro ante el Sanedrín: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”, hay que subrayar que “la obediencia a Dios” da a Pedro la libertad de oponerse a la suprema institución religiosa.
Al contrario, en los tiempos modernos – observó Benedicto XVI – se teorizó la liberación del hombre, también de la obediencia a Dios: el hombre sería libre, autónomo y nada más.
“Pero esta autonomía – prosiguió el Pontífice – es una mentira, una mentira ontológica, porque el hombre no existe por sí mismo; es una mentira política y práctica, porque la colaboración y la participación de las libertades es necesaria y si Dios no existe, si Dios no es una instancia accesible al hombre, permanece como instancia suprema sólo el consenso de la mayoría”.
“Después, el consenso de la mayoría se convierte en la última palabra a la que debemos obedecer y este consenso – lo sabemos por la historia del siglo pasado – puede ser también un consenso del mal. Así vemos que la llamada autonomía no libera al hombre”.
“Las dictaduras han estado siempre contra esta obediencia a Dios”, subrayó el Papa.
“La dictadura nazi, como la marxista, no pueden aceptar a un Dios por encima del poder ideológico, y la libertad de los mártires, que reconocen a Dios.... es siempre el acto de liberación,, en el que llega la verdad de Cristo a nosotros”.
Hoy, en cambio, existen formas sutiles de dictaduras: “Un conformismo, por el que resulta obligatorio pensar como piensan todos, actuar como actúan todos, y la sutil agresión contra la Iglesia, o incluso no tan sutil, demuestran cómo este conformismo puede realmente ser una verdadera dictadura”.
Para los cristianos – añadió Benedicto XVI – obedecer más a Dios que a los hombres supone sin embargo conocer a Dios y querer obedecer verdaderamente.
“Nosotros hoy tenemos a menudo un poco de miedo de hablar de la vida eterna – observó –. Hablamos de las cosas que son útiles para el mundo, mostramos que el cristianismo ayuda también a mejorar el mundo, pero que su meta sea la vida eterna y que de la meta procedan los criterios de la vida, no nos atrevemos a decirlo”.
Por tanto – prosiguió el Papa – debemos tener el valor, la alegría, la gran esperanza de que la vida eterna existe, que es la verdadera vida y que de esta verdadera vida viene la luz que ilumina también este mundo.
En esta perspectiva, recoge Radio Vaticano, “la penitencia es una gracia”, gracia “el que nosotros reconozcamos nuestro pecado, que reconozcamos que tenemos necesidad de renovación, de cambio, de una transformación de nuestro ser”.
“Debo decir que los cristianos, también en los últimos tiempos, hemos evitado a menudo la palabra penitencia, que nos parecía demasiado dura – observó –. Ahora bajo los ataques del mundo que nos hablan de nuestros pecados, vemos que poder hacer penitencia es una gracia y vemos que es necesario hacer penitencia, reconocer lo que está equivocado en nuestra vida”.
“Abrirse al perdón, prepararse al perdón, dejarse transformar. El dolor de la penitencia, es decir, de la purificación y de la transformación, este dolor es gracia, porque es renovación, es obra de la Misericordia divina”, concluyó.

Saturday, April 10, 2010

Abortos low cost


JUAN MANUEL DE PRADA
ABC Sábado , 10-04-10
LA ministra Bibiana ya nos había anticipado que abortar es algo tan banal como ponerse tetas; ahora descubrimos que abortar puede ser tan ventajoso como ir al cine en el día del espectador o a unos grandes almacenes en la semana mágica. Según nos informa Erika Montañés, varios mataderos infantiles de Andalucía ofrecen descuentos del veinte por ciento a las jóvenes que, a la hora de abortar, exhiban el carné joven que expide el Instituto de Juventud de la Junta; y no nos extrañaría que algo similar ocurra pronto, o esté ocurriendo ya, en otras comunidades autónomas. El crimen del aborto, que la última ley ha encumbrado al rango de bien jurídico protegido, se convierte así en un bien de consumo, regido por los reclamos publicitarios que estimulan la demanda.
Vemos aquí los efectos implacables de lo que Hannah Arendt llamaba la «banalidad del mal», fenómeno que florece cuando las personas «normales» dimiten de su racionalidad ética, hasta hacer de sus crímenes una trivial rutina. Arendt acuñó el término para referirse al caso de Adolf Eichmann, un estólido oficial nazi que se encargó de agilizar el transporte de judíos con la misma aséptica probidad con la que habría agilizado cualquier otro trámite burocrático. Eichmann no era un antisemita fanático, ni siquiera un ideólogo fervoroso: simplemente, se había «olvidado» de que los judíos fuesen seres humanos, adaptando su mente al «clima moral» de la época; y cuando sus superiores le pidieron que agilizase su traslado a los campos del Este actuó de modo idéntico a como lo habría hecho si le hubiesen pedido que agilizase el traslado al frente de mulas o de carros de combate. Para Eichmann, los judíos eran una masa indiscernible, piojosa y gemebunda, una informe agrupación de seres acaso vivos, pero en ningún caso humanos, como para la ministra Bibiana son los fetos; y, para organizar el traslado de ese «cargamento», se rigió por criterios estrictos de intendencia. En esto consiste la «banalidad del mal»: en cosificar a la víctima, para que su «eliminación» no plantee conflictos de conciencia; de tal modo que, una vez cosificada, su destino se nos antoje tan trivial como el de la mosca a la que rociamos con insecticida.
Y como los supermercados rebajan el precio de los insecticidas, para estimular la demanda, los mataderos infantiles abaratan el aborto; aunque, más cucos que los dueños de los supermercados, repercuten la rebaja sobre el contribuyente. A fin de cuentas, si el aborto es un derecho, ¿no es misión de las instituciones favorecer su ejercicio? Así se remueven los últimos escrúpulos que dificultan la «cosificación» del feto, haciendo del aborto algo tan tentador como las rebajas de enero, algo tan apetecible como la segunda copa gratis en una discoteca que celebra la fiesta de la camiseta mojada. Una vez que la vida gestante ha sido reducida a la categoría de excrecencia, algo así como un quiste sebáceo o una verruga peluda, eliminarla deja de plantearnos conflictos de conciencia; y nuestra preocupación se centra en que esa «eliminación» sea lo más barata posible. Y, para que este proceso maligno y banalizador sea más completo, el Instituto de la Juventud de Andalucía se preocupa de otorgar al aborto la misma consideración que a un concierto de rock, incluyéndolo en su repertorio de bicocas con descuento, como el fabricante de insecticidas se preocupa de enriquecer su producto con aromas que acaricien la pituitaria, otorgándole la mima categoría que a un ambientador. De este modo, abortar es como responder a una pulsión consumista o entregarse a un lúdico esparcimiento, como comprar ropa de marca en un outlet o pegarse un atracón en el bufé del desayuno de un hotel que hemos pagado con un bonochollo. Es la cultura del low cost al servicio de la banalidad del mal.