Actividad Científica del Dr. Bernardo Ebrí

Los interesados en poder descargar publicaciones médicas científicas del Dr. Bernardo Ebrí Torné, pueden hacer "clic" en

https://www.researchgate.net/profile/Bernardo_Ebri/stats

Para descargar el programa informático para el cálculo de la Edad ósea en niños, guía explicativa como usarlo, sobre la radiografía de mano izquierda, y luego poder predecir la talla adulta del niño (niños de 0,5 años a 20); específicos programas para niños de 0 a 4 años a través de la radiografía de mano y de pie) (En español y lengua inglesa),publicaciones a este respecto, libro sobre Maduración ósea, etc.,.., introducirse en la siguiente web: www.comz.org
(Al final de la página, hacer "clic" en el banner: Bone Maturation (Maduración Ósea), dibuja el banner una radiografía lateral de pie, y ya se abre el portal, la página, donde se encuentra toda la información, con posibilidad de descarga.
El método esta siendo utilizado por pediatras, radiólogos, de España, Italia, México...
Comentarios en https://sites.google.com/site/doctorbernardoebri/prueba


Salmos 91:4 y 46:1. El amor de Dios

Salmos 91:4 y  46:1. El amor de Dios
"Pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será nuestro escudo y tu baluarte". "Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia"

Thursday, February 19, 2015

Más sobre Ciencia y Fe

http://www.ellibrepensador.com/

 

A raíz de la muerte  el pasado Enero a los 99 años de edad de Charles Thownes,  Premio Nobel de Física en 1964 e inventor del Láser aplicándolo al estudio del Universo, hombre profundamente creyente y ganador también del  famoso Premio Templeton en 2005 por sus contribuciones a la comprensión de la religión, aprovecho la ocasión para escribir este artículo donde trato de establecer la convergencia entre ciencia y fe, como lo vivió en su vida este afamado investigador y otros muchos más.
Y es que servidor, está un poco hasta el gorro de escuchar a gente que se declara científica como atea, y presume que su hipótesis es la oficial dentro del mundo de la Investigación, y el mundo de la Ciencia. Toda mi vida me he dedicado a la investigación biomédica, mi expediente así lo atestigua e incluso he sido un primer premio a este respecto otorgado por el Ilustre Colegio de Médicos de nuestra Ciudad de Zaragoza, y me considero creyente.
Creo honradamente que la aparente divergencia entre Ciencia y Fe es producto de una visión superficial que presupone ya de entrada esa aparente divergencia. Esta visión, a mi entender, es fruto de una presupuesta superioridad intelectual de algunos llamados científicos, no de la ciencia en sí que es convergente con la fe.
Cuando el científico, como hombre que es y sujeto de relación social, mantiene un trato personal con esa figura, presupuesta en el mejor de los casos por ellos como ley universal o ente abstracto no personal, que a hurtadillas llaman Principio Universal, entonces esta visión puede cambiar.
La figura de Jesucristo, el Hijo de Dios,  se hace cercana en el trato personal y esa figura lejana abstracta  principio y ley causal del devenir cósmico se encarna en una figura personal, en un hombre con el que se es capaz de mantener una relación personal.
Ya lo entendió así el gran antropólogo, sabio jesuita,  Teilhard de Chardin, que estableció SU PUNTO OMEGA como el pico más alto de la evolución de la consciencia.
Foto: pasotraspaso
Teilhard encuentra en lo que llama la ley de complejidad-conciencia, una tendencia natural que orienta la evolución de la materia, la vida y el Espíritu Santo. En el futuro tal tendencia llevará a la humanidad hacia un estado de conciencia determinado plenificante. Este “foco iluminador” del destino humano, es lo que Teilhard denomina PUNTO OMEGA, un auténtico foco personalizante de unión, de convergencia entre la materia y el espíritu que la vivifica.
Ese Dios presente en la materia que la  dota de conciencia se abre en portentosa diafanía en la imagen universal y encarnada en ella del Cristo Cósmico. Ahí se establece la convergencia, entre la materia, que es objeto de la  investigación, de estudio por la ciencia,  y el  espíritu que es  sujeto de la fe, que la dota de profundidad y que capacita al hombre para el discernimiento, no solo ético sino, en expresión Paulina, capaz de abismar en las profundidades de lo ancho, de lo largo, de lo hondo de las cosas, de la materia constitutiva.

No dejan de ser materia y espíritu como la cara y cruz de una misma moneda, por ello ciencia y fe convergen en lo mismo.

Lo que llamamos natural, y por ello abordable por nuestros sentidos y capaz de ser mensurable por ello, es una simplificación, dado que no todo lo natural es abordable y la frontera con lo inmaterial, lo energético, no es diáfana. Por otra parte lo que denominamos sobrenatural,  y a lo que intentamos acercarnos por la metafísica, es también un intento aproximativo. Dios está en el corazón de la materia, lo percibamos o no.  La expresión panenteista Bíblica (no panteísta):   “En Dios nos movemos, somos y existimos” (Hechos 17,28) representa lo más íntimo y cercano de esta convivencia de la Divinidad con nosotros incluido el Cosmos entero.
En esta visión panenteista, todo se ordena y la aparente separación entre el espíritu y a materia se diluye. Cuando el investigador, el científico ahonda e intenta profundizar en cualquier campo científico si recordara esto no le sería difícil ver esta proximidad.
Pero, ¿Por qué esta aparente separación  e incluso obstinación de algunas mentes en no ver la interacción continua y constante de Dios en el mundo, en nosotros, pretendiendo explicar todo desde lo que llaman natural, como si la materia hubiera surgido por una generación espontánea? Y aún más, ¿Por qué se niega esta acción y se pretende que todo es “natura” sin la presencia vivificante del Espíritu? Ahí, creemos, entra lo que llamamos fe, ese don, esa capacidad Divina que abre las puertas a la inteligencia humana para que pueda aprehender  los misterios; y  en este término incluimos todo lo que el ser humano no puede entender, explicarse fácilmente.
Cuando la fe actúa viva y sin cortapisas por la resistencia del hombre, se descorre el velo de lo que llamamos misterio, porque la palabra de Dios actúa entonces como una espada de dos filos que llega hasta los entresijos, que penetra hasta la división del alma y del espíritu (Hebreos 4,12), pero el hombre tiene humildemente que pedir esa fe a Dios mismo.
En el trato personal con Dios, y quién mejor para nosotros, que relacionarnos con su propio Hijo, el Dios encarnado, para que el hombre sea  capaz de descorrer ese velo y llegar a una comprensión profunda de las cosas, de Dios mismo; y las cosas se vean entonces de una forma muy diferente, las fronteras se diluyan, y todo quede enmarcado de la presencia divina que sustenta toda la Creación. Sin ese trato personal, que eso es la mística, Dios es visto en el mejor de los casos como un legislador frio de leyes universales que rigen el Cosmos, y de ahí como impasible ante el misterio del mal en el Mundo, olvidándonos de que su propio Hijo experimentó el sufrimiento y la muerte, abriéndonos las puertas de la Resurrección.
Dios crea, y otorga a la materia  una  sana autonomía, la dota de leyes universales que el hombre va descubriendo, algunas con orden matemático, como la propia ley de la gravedad, y otras que siguen las leyes probabilísticas, pero que el hombre gracias a su inteligencia sigue descubriendo y adaptándose a ellas para un mayor logro humano, social y económico: “Dominad la tierra” (Génesis 1,28)
En alguna ocasión, la supuesta superioridad intelectual del agnóstico o ateo, se muestra despreciativa hacia el creyente: “Nosotros,  los científicos no somos creyentes, el  que lo es, no puede ser un  científico”.  A mí, cierta vez, me llegaron a decir: ¿Como tú que eres investigador puedes ser creyente?
Cuando el auténtico científico es humilde se da cuenta en su investigación  de que no sabemos nada aun cuando vayamos descubriendo cosas, y además si el hombre posee esa capacidad de ir descubriendo ¿quién le ha dotado de esa capacidad?,¿Ha surgido en él, por generación espontánea o sujeta al puro azar de una evolución ciega?
Cuando el hombre vuelve su corazón a Dios (metanoia) entonces se produce la convergencia entre lo que llamamos ciencia (como el estudio de explicarnos las causas, los modos, la función  de las cosas) y la fe, que posee  la capacidad de armonizar la inteligencia para admitir, para “entender “ lo que no es materialmente demostrable por el método cartesiano.
Prefiero  personalmente un hombre humilde no creyente, que un pretendido científico henchido de orgullo. Una persona humilde está abierta a la verdad, no así el soberbio, aunque conserve una aparente etiqueta de creyente. La Teoría de la evolución Darwiniana  es interpretada por muchos como una  aparente excusa para no creer en Dios. El auténtico científico mantiene su corazón e inteligencia abiertos a la verdad, y  cuando va descubriendo las leyes universales de la naturaleza, no tiene pudor en decir “Dios juega a los dados”, es decir admite que el Creador respeta las leyes probabilísticas de la materia que se encuentra en  continua evolución. Así ha creado el Cosmos en un modelo en continua  transformación evolutiva que el mismo respeta. Solo desde la humildad se sea investigador o no,  podemos llegar a admitir la existencia de Dios, pero solo desde una relación personal existencial con la Divinidad, abriendo  nuestro corazón  e inteligencia, podemos  llegar a tener la sincera convicción de su existencia irrefutable. Y esa experiencia, es fundamentalmente Cristocéntrica. Ya el sabio jesuita llegó a decir que Cristo es el alfa y el omega, principio y fin. El Cristo histórico y el de la fe se funden en el corazón humano y adquieren una dimensión cósmica que va desde el microcosmos que es el propio hombre hasta el macrocosmos estelar. El  Señor Jesús, el Hijo de Dios, el Logos,  la Palabra del Padre realizan en el Espíritu su acción creadora en continua evolución.
La inteligencia emocional espiritual no deja de ser un don de Dios y se concede al hombre que tiene abierto su corazón e inteligencia a El que se proyecta en su Creación, en su polimorfa obra que sin embargo mantiene su unidad esencial con el Creador. Esta inteligencia está muy por encima de lo que llamamos inteligencia técnica y profundiza más allá de lo aparente, de lo visible. Produce paz y armonía  y es capaz de ahondar en el mismo Dios. Se le concede al hombre que es capaz con honradez y humildad de pedirla. Sin ésta,  el conocimiento engríe, se aparta de Dios y se recubre de una aparente superioridad, de tal manera que se llega  al supuesto: “No hace falta Dios para la Ciencia; el auténtico  científico no es creyente”.
Esta visión  no deja de ser a mi entender más que una justificación de una soberbia de base, que reduce además a Dios, a una visión simplista e infantil, cuya  finalidad se reduce a rellenar los agujeros de la ciencia, de tal forma que una vez que la técnica va desentrañando algunos porqués de las cosas ya no hace falta Dios. Es como ver los toros desde la barrera, sino te introduces en la arena no experimentas la Fiesta. Al Padre Dios, a su Hijo hay que  tocarlos desde la arena del corazón humano abierto al Espíritu. Y ello requiere, una vez más, humildad y sacrificio.

La fe es avanzadilla de la sabiduría, el amor es su constante.

Ella integra el saber ordinario con el espiritual y entonces la aparente divergencia entre ellos desaparece, todo apunta entonces hacia una misma realidad convergente, integradora, una realidad plenificante y amorosa que llamamos Dios.
Si te ha gustado este artículo usa los botones para compartirlo en redes sociales con tus amigos o síguenos en Facebook o Twitter para estar al tanto de nuestros nuevos artículos.

Acerca de Bernardo Ebri Torné

Zaragoza (1949). Doctor en Medicina, especialista en Medicina Interna y General. Humanista, investigador y escritor, autor de la trilogía:"La Otra Cara de la Medicina", “Entre dos vidas” y "Mística del día a día". Miembro de ASEMEYA y de AAE (Asociación de Escritores Aragoneses). Diplomado en Medicina Biológica: Homeopatía, Homotoxicología, Neuralterapia, Fitoterapia. Miembro de ...

Deja un comentario

Monday, February 2, 2015

Muere Charles Townes, Premio Nobel de Física: «Siempre estuve inspirado y guiado por la religión»


Charles Townes: ninguna contradicción entre la ciencia y la fe.
El pasado martes falleció en California, a los 99 años de edad, Charles H. Townes, Premio Nobel de Física en 1964 e inventor del láser, cuyos rudimentos tecnológicos barruntó en 1951, aunque no fue hasta 1960 cuando realizó las primeras pruebas de su funcionamiento. Dedicó toda su vida a la investigación y en 1967 se incorporó a la Universidad de Berkeley, donde aplicó el láser al estudio del Universo.

"Fue uno de los físicos experimentales más importantes del siglo pasado. Para quienes le conocieron fue un modelo a imitar, un mentor maravilloso y una persona admirada", declaró el astrofísico Reinhard Genzel, director del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre: "Su fortaleza estaba en su curiosidad y su imperturbable optimismo que se basaba en su profunda espiritualidad cristiana".

En efecto, Townes era miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias y un cristiano confeso que había recibido el
Premio Templeton en 2005 por sus contribuciones a la comprensión de la religión. En la ceremonia de entrega del galardón (la mitad de cuyo premio económico entregó a iniciativas católicas de caridad), explicó que "el desarrollo concreto de la ciencia fue posible gracias a la religión monoteísta", y que "el mismo concepto de un universo gobernado de forma ordenada por un Dios es un presupuesto para el desarrollo de las leyes científicas". En 2009 partició en el meeting de Rimini de Comunión y Liberación.

Ya en 1966 había escrito un artículo sobre "La convergencia de ciencia y religión" publicado en el IBM Journal Think, una idea que reiteró en multitud de ocasiones a lo largo de su vida.
Veamos algunas de ellas.

"Se nos podría preguntar: ¿dónde está Dios? En mi opinión, es una pregunta casi inútil. Si crees en Dios, no hay ningún ´dónde´ particular, Él está siempre ahí, en todas partes, Él está en todas estas cosas. Para mí, Dios es personal pero omnipresente. Una gran fuente de fortaleza, Él ha marcado la diferencia en mí" ("Making waves", American Institute of Physics Press, 1995).

"La ciencia y la religión son ambas universales, y básicamente muy similares. El papel esencial de la fe en la religión es tan bien conocido que asumir algo por fe más que probarlo suele considerarse una característica de la religión, y como factor distintivo de la religión respecto a la ciencia. Es precisamente la fe en que el universo tiene un orden comprensible por el hombre lo que permitió el cambio básico desde una era de superstición a una era de ciencia... El hecho de que el universo tuviese un principio [se refería a la teoría del Big Bang, n.n.] es algo muy chocante. ¿Cómo explicas ese evento único sin Dios?" (
The Times, 1996).

"La ciencia, con sus experimentos, y la lógica intentan comprender el orden o la estructura del universo. La religión, con su inspiración, y la reflexión teológica intentan comprender la finalidad o el significado del universo. Estas dos vías son correlativas. Soy un físico. También me considero un cristiano. Cuando intento comprender la naturaleza de nuestro universos con estas dos formas de pensar, encuentro muchos elementos comunes entre ciencia y religión.
Parece lógico que un día las dos podrán también converger" (“Logic and Uncertainties in Science and Religion”, en Proceedings of the Preparatory Session 12-14 November 1999 and the Jubilee Plenary Session 10-13 November 2000).

"Creo firmemente en la existencia de Dios basándome en la intuición, en las observaciones, en la lógica y también en el conocimiento científico" (Carta a T. Dimitrov, 24 de mayo de 2002).

"La religión ha sido muy importante en mi vida. Siempre estuve inspirado y guiado por la religión" (Il Sussidiario, 26 agosto 2009).