Actividad Científica del Dr. Bernardo Ebrí

Los interesados en poder descargar publicaciones médicas científicas del Dr. Bernardo Ebrí Torné, pueden hacer "clic" en

https://www.researchgate.net/profile/Bernardo_Ebri/stats

Para descargar el programa informático para el cálculo de la Edad ósea en niños, guía explicativa como usarlo, sobre la radiografía de mano izquierda, y luego poder predecir la talla adulta del niño (niños de 0,5 años a 20); específicos programas para niños de 0 a 4 años a través de la radiografía de mano y de pie) (En español y lengua inglesa),publicaciones a este respecto, libro sobre Maduración ósea, etc.,.., introducirse en la siguiente web: www.comz.org
(Al final de la página, hacer "clic" en el banner: Bone Maturation (Maduración Ósea), dibuja el banner una radiografía lateral de pie, y ya se abre el portal, la página, donde se encuentra toda la información, con posibilidad de descarga.
El método esta siendo utilizado por pediatras, radiólogos, de España, Italia, México...
Comentarios en https://sites.google.com/site/doctorbernardoebri/prueba


Salmos 91:4 y 46:1. El amor de Dios

Salmos 91:4 y  46:1. El amor de Dios
"Pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será nuestro escudo y tu baluarte". "Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia"

Wednesday, January 30, 2013

Benedicto XVI: ''Dios, al crearnos libres, renunció a una parte de su poder''


                    
Nueva catequesis del papa por el Año de la Fe
Por Benedicto XVI
CIUDAD DEL VATICANO, 30 de enero de 2013 (Zenit.org) - Durante la Audiencia semanal de los miércoles, el santo padre Benedicto XVI continuó desarrollando sus enseñanzas por el Año de la fe, esta vez centradas en el Credo. El tema que propuso a los fieles presentes en el Aula Pablo VI fue: "Creo en Dios Padre todopoderoso". A continuación el texto completo de la catequesis del papa.
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Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis del miércoles pasado nos centramos en las palabras iniciales del Credo: "Creo en Dios". Sin embargo, la profesión de fe especifica esta afirmación: Dios es el Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Quisiera reflexionar con ustedes esta vez sobre la primera y fundamental definición de Dios que el Credo nos presenta: Él es Padre.
No siempre es fácil hablar hoy en día de la paternidad. Especialmente en Occidente: las familias rotas, los compromisos de trabajo cada vez más absorbentes, las preocupaciones, y muchas veces el esfuerzo por equilibrar el presupuesto familiar o la invasión distractiva de los medios de comunicación en la vida diaria, son algunos de los muchos factores que pueden impedir una serena y constructiva relación entre padres e hijos.
La comunicación a veces se hace difícil, se pierde la confianza, y la relación con la figura del padre puede llegar a ser problemática; también es difícil imaginar a Dios como un padre, sin tener modelos adecuados de referencia. Para aquellos que han tenido la experiencia de un padre demasiado autoritario e inflexible, o indiferente y poco afectuoso, o peor aún ausente, no es fácil pensar con serenidad en Dios como Padre y entregarse a Él con confianza.
Pero la revelación bíblica ayuda a superar estas dificultades hablándonos de un Dios que nos muestra lo que verdaderamente significa ser "padre"; y es sobre todo el evangelio el que nos revela el rostro de Dios como Padre que ama hasta entregar a su propio Hijo para la salvación de la humanidad. La referencia a la figura paterna ayuda por lo tanto a comprender algo del amor de Dios, que sin embargo permanece aún infinitamente más grande, más fiel, más completo que el de cualquier hombre. "¿Quién de ustedes --dice Jesús para mostrar a los discípulos el rostro del Padre--, al hijo que le pide pan, le dará una piedra? ¿Y si le pide un pescado, le dará una serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se lo pidan?" (Mt. 7,9-11;. cf. Lc. 11,11-13). Dios es nuestro Padre porque nos ha bendecido y escogido antes de la fundación del mundo (cf. Ef. 1,3-6), nos hizo realmente sus hijos en Jesús (cf. 1 Jn. 3,1). Y, como Padre, Dios acompaña con amor nuestra vida, dándonos su Palabra, sus enseñanzas, su gracia, su Espíritu.
Él --como lo revela Jesús--, es el Padre que alimenta a las aves del cielo sin que deban sembrar ni cosechar, y reviste de magníficos colores las flores del campo, con vestidos más bellos que los del rey Salomón (cf. Mt. 6, 26-32; Lc. 12, 24-28); y nosotros --añade Jesús--, ¡valemos más que las flores y las aves del cielo! Y si Él es lo suficientemente bueno para hacer "salir el sol sobre malos y buenos, y... llover sobre justos e injustos" (Mt. 5,45), podremos siempre, sin temor y con total confianza, confiarnos a su perdón de Padre cuando nos equivocamos de camino. Dios es un Padre bueno que acoge y abraza al hijo perdido y arrepentido (cf. Lc. 15,11 ss), se entrega gratuitamente a aquellos que se lo piden (cf. Mt. 18,19; Mc. 11,24, Jn. 16,23) y ofrece el pan del cielo y el agua viva que da vida para siempre (cf. Jn. 6,32.51.58).
Por lo tanto, el orante del salmo 27, rodeado de enemigos, asediado por malvados y calumniadores, mientras busca la ayuda del Señor y lo invoca, puede dar su testimonio lleno de fe, diciendo: "Mi padre y mi madre me han abandonado, pero el Señor me ha acogido" (v. 10). Dios es un Padre que nunca abandona a sus hijos, un Padre amoroso que apoya, ayuda, acoge, perdona y salva, con una fidelidad que supera inmensamente a la de los hombres, para abrirse a dimensiones de eternidad. "Porque su amor es para siempre", como sigue repitiendo como una letanía, en cada verso, el salmo 136 a través de la historia de la salvación. El amor de Dios nunca falla, no se cansa de nosotros; es el amor el que da hasta el extremo, hasta el sacrificio de su Hijo. La fe nos da una certeza, que se convierte en una roca para la construcción de nuestras vidas: podemos afrontar todos los momentos de dificultad y de peligro, la experiencia de lo oscuro de la crisis y del tiempo del dolor, apoyados por la fe de que Dios no nos deja solos y siempre está cerca, para salvarnos y llevarnos a la vida eterna.
Es en el Señor Jesús, donde se muestra plenamente el rostro benevolente del Padre que está en los cielos. Y es conociéndolo a Él que podemos conocer al Padre (cf. Jn. 8,19; 14,7); y viéndolo a Él podemos ver al Padre, porque Él está en el Padre y el Padre está en Él (cf. Jn. 14, 9.11). Él es la "imagen del Dios invisible", como lo define el himno de la Carta a los Colosenses, "primogénito de toda la creación... el primogénito de los que resucitan de entre los muertos", "por quien hemos recibido la redención, el perdón de los pecados" y la reconciliación de todas las cosas, "habiendo pacificado con la sangre de su cruz, tanto las cosas que están en la tierra, como las que están en los cielos" (cf. Col. 1,13-20).
La fe en Dios Padre nos pide creer en el Hijo, bajo la acción del Espíritu, reconociendo en la Cruz que salva, la revelación definitiva del amor divino. Dios es nuestro Padre al darnos a su Hijo; Dios es Padre perdonando nuestros pecados y llevándonos a la alegría de la vida que resucita; Dios es el Padre que nos da el Espíritu que nos hace hijos y nos permite llamarlo, en verdad, "Abbà, ¡Padre!" (cf. Rom. 8,15). Por lo tanto Jesús, al enseñarnos a orar, nos invita a decir "Padre Nuestro" (Mt. 6,9-13; cf. Lc. 11,2-4).
La paternidad de Dios es, pues, infinito amor, ternura que se inclina sobre nosotros, hijos débiles, necesitados de todo. El salmo 103, el gran himno de la misericordia divina, proclama: "Como un padre es tierno con sus hijos, así el Señor es tierno para con los que le temen, porque sabe bien cómo están formados, se acuerda de que somos polvo" (vv. 13-14). Es nuestra pequeñez, nuestra débil naturaleza humana, nuestra fragilidad que se convierte en un llamado a la misericordia del Señor, para que se manifieste la grandeza y ternura de un Padre que nos ayuda, nos perdona y nos salva.
Y Dios responde a nuestro llamado, enviando a su Hijo, que murió y resucitó por nosotros; entra en nuestra fragilidad y hace lo que el hombre solo nunca podría haber hecho: él toma sobre sí el pecado del mundo, como cordero inocente y abre el camino a la comunión con Dios, nos hace verdaderos hijos de Dios. Está allí, en el Misterio pascual, que revela en todo su esplendor, el rostro definitivo del Padre. Y está allí, en la Cruz gloriosa, que viene a ser la plena manifestación de la grandeza de Dios como "Padre Todopoderoso".
Pero podemos preguntarnos: ¿cómo es posible imaginar a un Dios todopoderoso, al mirar la cruz de Cristo? ¿En este poder del mal, que llega a matar al Hijo de Dios? Sin duda que quisiéramos una omnipotencia divina según nuestros esquemas mentales y nuestros deseos: un Dios "todopoderoso" que resuelva los problemas, que intervenga para evitarnos los problemas, que le gane al adversario, y que cambie el curso de los acontecimientos y anule el dolor. Por lo tanto, hoy en día muchos teólogos dicen que Dios no puede ser omnipotente, de lo contrario no podría haber tanto sufrimiento, tanta maldad en el mundo. De hecho, ante el mal y el sufrimiento, para muchos, para nosotros, es problemático, es difícil creer en Dios Padre y creer que es todopoderoso; algunos buscan refugio en los ídolos, cediendo a la tentación de encontrar una respuesta en una supuesta omnipotencia "mágica" y en sus promesas ilusorias.
Sin embargo la fe en Dios Todopoderoso nos lleva por caminos muy diferentes: tales como aprender a conocer que el pensamiento de Dios es diferente al nuestro, que los caminos de Dios son diferentes de los nuestros (cf. Is. 55,8), e incluso su omnipotencia es diferente: no se expresa como una fuerza automática o arbitraria, sino que se caracteriza por una libertad amorosa y paternal. En realidad, Dios, al crear criaturas libres, dándoles libertad, renunció a una parte de su poder, dejando el poder en nuestra libertad. Así, Él ama y respeta la respuesta libre de amor a su llamado. Como Padre, Dios quiere que seamos sus hijos y que vivamos como tales en su Hijo, en comunión, en plena intimidad con Él. Su omnipotencia no se expresa en la violencia, no se expresa en la destrucción de todo poder adverso como quisiéramos, sino que se expresa en el amor, en la misericordia, en el perdón, en la aceptación de nuestra libertad y en la incansable llamada a la conversión del corazón; en una actitud aparentemente débil --Dios parece débil si pensamos en Jesucristo orando, que se deja matar. ¡Una actitud aparentemente débil, hecha de paciencia, de mansedumbre y de amor, muestra que este es el camino correcto para ser poderoso! ¡Esta es la potencia de Dios! ¡Y este poder vencerá! El sabio del libro de la Sabiduría se dirige así a Dios: "Tú eres misericordioso con todos, porque todo lo puedes; cierras los ojos ante los pecados de los hombres, esperando su arrepentimiento. Amas a todos los seres que existen... ¡Eres indulgente con todas las cosas, porque son tuyas, Señor, amante de la vida!" (11,23-24a.26).
Solo quien es realmente poderoso puede soportar el mal y mostrarse compasivo; solo quien es verdaderamente poderoso puede ejercer plenamente el poder del amor. Y Dios, a quien pertenecen todas las cosas, porque todas las cosas fueron hechas por Él, revela su fuerza amando todo y a todos, en una paciente espera de la conversión de nosotros los hombres, que quiere tener como hijos. Dios espera nuestra conversión. El amor todopoderoso de Dios no tiene límites, hasta el punto de que "no retuvo a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros" (Rm. 8,32). La omnipotencia del amor no es la del poder del mundo, sino es aquella del don total, y Jesús, el Hijo de Dios, revela al mundo la verdadera omnipotencia del Padre dando su vida por nosotros pecadores. Este es el verdadero, auténtico y perfecto poder divino: Entonces el mal es en verdad vencido porque es lavado por el amor de Dios; entonces la muerte es definitivamente derrotada porque es transformada en don de la vida. Dios Padre resucita al Hijo: la muerte, el gran enemigo (cf. 1 Cor. 15,26), es engullida y privada de su veneno (cf. 1 Cor. 15, 54-55), y nosotros, liberados del pecado, podemos acceder a nuestra realidad de hijos de Dios.
Es así que cuando decimos "Creo en Dios Padre Todopoderoso," expresamos nuestra fe en el poder del amor de Dios, que en su Hijo muerto y resucitado vence el odio, la maldad, el pecado y nos da vida eterna: aquella de los hijos que quieren estar siempre en la "Casa del Padre". Decir "Creo en Dios Padre Todopoderoso", en su poder, en su modo de ser Padre, es siempre un acto de fe, de conversión, de transformación de nuestros pensamientos, de todo nuestro amor, de todo nuestro modo de vida.
Queridos hermanos y hermanas, pidamos al Señor que sostenga nuestra fe, que nos ayude a encontrar verdaderamente la fe y que nos de la fuerza para anunciar a Cristo crucificado y resucitado y de testimoniarlo en el amor a Dios y al prójimo. Y que Dios nos conceda acoger el don de nuestra filiación, para vivir plenamente la realidad del Credo, en el abandono confiado al amor del Padre y a su omnipotencia misericordiosa, que es la verdadera omnipotencia y que salva.
Traducido del original italiano por José Antonio Varela V.

Saturday, January 26, 2013

Estados Unidos: Cerc de un millón de abortos cada año

Arriba

           
El obispo Farrell de Dallas alzó su voz durante la ''Jornada por la Vida''
Por Jose Antonio Varela Vidal
ROMA, 25 de enero de 2013 (Zenit.org) - En los Estados Unidos de América se celebró hoy la Jornada por la Vida, una multitudinaria concentración de personas con un solo lema: “¡Sí a la Vida, no al aborto! La fecha recuerda el significado --y las consecuencias--, del veredicto de la Corte Suprema de Justicia estadounidense de 1973, conocido como Roe vs. Wade, mediante el cual se inició la despenalización el aborto en dicho país norteamericano.
Con este motivo hoy por la mañana, el obispo de la Diócesis de Dallas, Kevin J. Farrell, pronunció una homilía durante la misa celebrada en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington DC. Ofrecemos a nuestros lectores el íntegro del texto.
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En nombre de Jesucristo les doy la bienvenida, el día de hoy, a todos ustedes que han venido a celebrar el regalo más grande que Dios nos otorga –el don de la vida humana– y a conmemorar con tristeza la trágica decisión, de hace 40 años, la cual ha ocasionado la muerte a más de 55 millones de niños inocentes, ciudadanos cuyos derechos no fueron respetados o defendidos. Nos reunimos en esta celebración Eucarística para agradecer a Dios el don de la vida y para orar para que cambie los corazones de quienes no respetan la vida desde el momento de la concepción hasta su final natural.
Comenzamos nuestra peregrinación con la Misa de anoche, muchos de ustedes han pasado la noche en oración y ahora es el momento de ir más allá de las puertas de esta "Casa de María" y dar testimonio al mundo entero tal como nos lo indica San Marcos en el Evangelio de hoy: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura" (Mc. 16,15). Cuán apropiado resulta que hoy celebremos la Conversión de San Pablo. La mayoría de nosotros, cuando pensamos en san Pablo, pensamos en el gran Apóstol, el gran predicador de la Palabra de Dios, el gran misionero, el que no tuvo miedo de pararse en el centro de Atenas y predicar la Palabra de Dios a políticos e intelectuales. Pensamos en san Pablo como quien predicó "a tiempo y a destiempo", como el apóstol que fue un gran misionero a culturas totalmente indiferentes o abiertamente hostiles al estilo de vida Cristiano, como el hombre que escribió numerosas cartas a las primeras comunidades cristianas, explicándoles la Fe, y como el gran evangelizador.
Sí, la mayoría de nosotros piensa en Pablo como un hombre lleno de celo por Cristo y su Palabra. Sin embargo, otro aspecto en la vida de Pablo es que de la misma manera que defendió las enseñanzas y dio testimonio de Jesucristo, antes de su conversión, fue igualmente tenaz persiguiendo a los seguidores de Cristo. Su odio hacia Cristo y su mensaje, antes de su conversión, estuvo en proporción directa al gran amor y celo apostólico que experimentó después de su conversión.
En este cuadragésimo aniversario de Roe vs. Wade, el ejemplo de la conversión de Pablo nos llena de gran Esperanza. Si Jesús y su Palabra pudieron cambiar el corazón de Pablo, Su Palabra puede cambiar la mente y el corazón de aquellos que no respetan la vida humana. Durante los últimos 40 años, hemos trabajado en el nombre de Jesús para liberar a nuestra nación de la trágica amenaza del aborto. Hemos logrado cierto éxito. Hoy en día, hay una disminución a nivel nacional en el número y la tasa de abortos. Más y más gente entiende que verdaderamente el niño en el vientre es un ser humano. Lamentablemente, más de un millón de niños inocentes pierden la vida cada año a causa del aborto.
Después de estos 40 años de arduo trabajo, podemos sentirnos como el "pueblo elegido" del Antiguo Testamento deambulando por el desierto durante 40 años. El Señor hizo una alianza con ellos por la que heredarían la Tierra Prometida. Sin embargo, debido a todos los contratiempos, el desánimo, el sufrimiento, el dolor y el paso del tiempo, comenzaron a perder la esperanza. Sin fe, nosotros también podemos empezar a perder la esperanza que tenemos de cambiar los corazones de quienes no creen en la santidad de la vida humana. Existe un peligro real de caer en la complacencia. Queridos hermanos y hermanas, Cristo nos ha prometido que su Palabra prevalecerá. No podemos perder la esperanza. Debemos continuar nuestra lucha por la vida en una manera positiva.
Debemos orar y debemos hacer que nuestras voces sean escuchadas para que nuestros líderes electos se den cuenta que hay muchos ciudadanos que defienden la vida. Nunca debemos darnos por vencidos... En ocasiones podemos arrodillarnos ante Dios y quejarnos como lo hicieron los apóstoles... "Señor hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada...". En su nombre tiramos las redes... y continuaremos haciéndolo sin perder la esperanza. Es importante tomar en cuenta que el cuadragésimo aniversario ocurre durante el Año de la Fe. Al anunciar este Año de la Fe, el papa Benedicto afirma que "debemos abrir nuestros corazones para ser tocados y transformados por la gracia y la Palabra de Dios" (Porta Fidei Nº1). El Año de la Fe es un llamado para que todos nosotros pongamos más "vida y energía en nuestra fe". Es tiempo de volver a comprometernos a vivir nuestra fe y vivir el Evangelio de la Vida. También es un momento para examinar la manera en la que enseñamos y predicamos la Palabra de Dios. La Nueva Evangelización es la forma en la que comunicamos el mensaje del Evangelio a nuestro prójimo.
El beato Juan Pablo II en su carta encíclica "Evangelio de la Vida" nos recuerda que "perdiendo el sentido de Dios, se tiende a perder también el sentido del hombre, de su dignidad y de su vida" (nº21). Si queremos cambiar la "cultura de la muerte" en nuestra sociedad debemos reintegrar a Dios como el centro de nuestras vidas. El poder del Evangelio es transformar la humanidad desde dentro y hacerla nueva. Como la levadura que esponja el pan, el Evangelio está destinado a impregnar todas las culturas y darles vida desde dentro, para que puedan expresar la verdad plena de la persona humana y de la vida humana. Hermanos y hermanas, en este Año de la Fe necesitamos renovar nuestro compromiso de construir una "Cultura de la Vida" en nuestras comunidades. Necesitamos re-encauzar nuestras energías.
Una "Cultura de la Vida" no es sólo un elemento de persuasión al aborto sino la respuesta a muchos de los males que aquejan nuestra sociedad actual y promoverá el respeto de toda vida humana, en cada situación, circunstancia y etapa de la vida. Una "Cultura de la Vida" nunca permitiría la violencia que impregna nuestras vidas; nunca permitiría la falta de reverencia y respeto a la dignidad de cada persona humana. Es hora de que nos enfoquemos en la necesidad de cambiar las "mentes y corazones" de las personas como lo hizo Jesús, una persona a la vez. Podemos cambiar el mundo como lo hizo Jesús, poniendo más énfasis en las enseñanzas de la Palabra de Dios, tal como estamos llamados a hacerlo en la Nueva Evangelización.
Los Apóstoles continuaron el trabajo de edificar la Iglesia en un mundo y una cultura que estaba totalmente opuesta a las enseñanzas de Jesús. Cuando el Beato Juan Pablo nos desafió a crear una "Cultura de la Vida", él sabía que muchas veces nos encontraríamos en situaciones donde las leyes civiles serían contrarias a la ley de Dios; sabía que seríamos llamados a vivir nuestra fe en culturas adversas al Evangelio; entendía que deberíamos hacer todo lo posible por cambiar las leyes o hacerlas inoperantes, creando en nuestras comunidades una cultura que instintivamente les haría rechazar dichas leyes o filosofía de vida. Este es el trabajo que el Papa Benedicto nos llama a realizar durante este Año de la Fe.
Hermanos y hermanas, debemos renovar nuestra fe y nuestro compromiso de dar testimonio del Evangelio de Cristo. No demos paso al desaliento y nunca perdamos la esperanza. Nosotros venceremos todas las dificultades y desafíos que debemos enfrentar. Jesús nos prometió que su Palabra prevalecería. Nos reunimos esta mañana en oración para que podamos ser alimentados por el pan de vida. Estamos convencidos de que nuestra voz será irresistible, porque hablaremos con el poder del amor, el amor de Jesús por la humanidad. Y, al hacerlo crearemos una "Cultura de la Vida".
En este día en que conmemoramos la conversión de San Pablo, llenémonos del celo de Pablo. Imitemos a Pedro y a Pablo y prediquemos el Evangelio aun en Roma y Atenas, incluso a quienes no quieran oírlo. Pedro y Pablo transformaron el mundo con la Palabra de Dios. Salgamos, de esta iglesia, llenos del celo de Pablo y listos para evangelizar y dar testimonio de la fe que hemos recibido. Que Dios bendiga a cada uno de ustedes.
+ Kevin J. Farrell, Obispo de Dallas

Thursday, January 24, 2013

Thursday, January 17, 2013

Un perro asiste diariamente a misa a la espera de que su dueña, fallecida, regrese un día

El caso conmueve a Italia
El párroco ha dado su permiso para que Tommy, que era vagabundo hasta que encontró un hogar, cumpla ese rito.
Desde que murió la dueña hace dos meses, su perro Tommy asiste todos los días a misa en la Iglesia de Maria Asunta, en San Donaci, sur de Italia, donde espera el regreso de la anciana propietaria.

El perro, un pastor alemán de 12 años, todos los días pasa de la plaza central del pueblito, en donde se reúnen los ancianos, a la iglesia y se instala al lado del altar, con autorización del párroco.

Tommy no ha dejado de ir ni un día a la iglesia desde que asistió a las exequias de su dueña, cuenta el diario Il Messaggero.

Desde entonces, el párroco, Donato Panna, le permite entrar al templo para asistir a bautizos, bodas y entierros.

Apenas escucha las campanas o ve llegar el coche fúnebre, el perro entra a la iglesia y sigue al ataúd como si la dueña pudiera resucitar.

Tommy era un perro vagabundo que la dueña adoptó; ahora que quedó solo, todo el pueblo lo protege, lo alimenta y acaricia como emblema de fidelidad.

Wednesday, January 9, 2013

Impactante anuncio


Impactante anuncio
Coca-Cola pide en una publicidad: «Volvámonos locos... de hacer cosas buenas por los demás»
La compañía de refrescos americana Coca-Cola Company ha lanzado al mercado un sugestivo anuncio televisivo lleno de optimismo y con un mensaje: Date a los demás
.
La compañía de Estados Unidos Coca-Cola Company llena de optimismo y esperanza el panorama actual con una campaña publicitaria titulada: “Volvámonos locos” ¿Locos de qué? “De hacer cosas buenas por los demás”.

Hace apenas cuatro días ha lanzado esa campaña a nivel mundial en un momento especialmente duro, donde impera cierto pesimismo y tristeza en muchos países provocado por la situación de crisis económica mundial.

Un anuncio sugerente e impactante, con un mensaje evangélico, que da pistas para entrar en esa "locura" cristiana para "hacer cosas buenas por los demás". No se lo pierda...

Conversión por una madre

David bebía, se drogaba y pagaba abortos a sus novias... hasta que el Santísimo pasó a su lado
Un padre que lo despreciaba y lo abandonó. Cocaína, alcohol, marihuana. Borracho en misa, sólo por insistencia de su madre. Pero en una misa de Pentecostés sintió que Dios le cambiaba.
Actualizado 9 enero 2013
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C. Ramos / Sem. Fides / ReL
La informática protestante que se sanaba en la consagración sin saber nada de la misa
Misa diaria y 20 minutos de silencio: la receta de la cocinera más famosa de Inglaterra
Era sacerdotisa New Age: así fueron los tres segundos en una misa que la hicieron católica
El agente polaco que cambió su cápsula de cianuro por el Santísimo
A sus 26 años, David Cáceres ha vivido muchos extremos. “Mi papá me dejó, él vive en Estados Unidos", explica este joven de Tegucigalpa al semanario hondureño Fides.

"Crecí con una gran frustración, porque mi papá desde muy chiquito me decía: “¡vos no servís para nada, vos no vales nada en la vida!”, pero yo a él lo amo mucho y a mi madre que sufrió tanto por mí, también la amo”.

Aunque de pequeño iba a la iglesia y comulgaba y se confesaba, al crecer dejó los sacramentos y empezó a relacionarse con malas compañías.

La droga y la noche
El alcohol, la marihuana y la noche se convirtieron en sus hábitos. "Yo llegaba a trabajar, como normalmente decimos aquí, con un puro de marihuana en la cabeza” lamenta. “No me importaba nada”.

Consumí resistol, tiner y marihuana”, detalla. “Probaba todo lo que me encontraba en el camino. Conocí a alguien que tenía buenos vehículos y siempre estaba rodeado de bellas mujeres y de repente yo ya estaba inhalando cocaína. Hasta la llegué a vender, aún siendo novio de mi actual esposa".

Pagando el aborto de sus hijos
En dos ocasiones ayudó a que dos jóvenes abortaran a los hijos que él había engendrado. “Yo les decía: ¿cómo te voy a mantener? A mí hoy me duele eso. Son heridas que han costado que sanen”, comenta, mirando a la pequeña Camila Valentina, su hija, un pilar en su vida actual.

“Llegó un momento en el que estaba sumergido en la drogadicción y veía que no podía salir de ese mundo. Mi mamá siempre me invitaba a asistir a misa. Me encontraba a mi mamá siempre en las madrugadas, llorando, esperándome y me decía: hijo, no me hagas esto. Pasaban los días, meses, años y siempre la encontraba en aquel sofá”.

Por la insistencia de su madre, empezó a asistir a misa, pero borracho. Su cuerpo estaba en el templo, su mente perdida en los efectos del alcohol.

Hasta que llegó el momento que cambió su vida.

El Pentecostés que lo cambió todo
“Un sábado mi mamá me invitó a misa. Ese día tenía planes para ir a beber con mis amigos. Era Pentecostés. Yo no puse nada de atención durante la celebración. Pero cuando el padre Víctor Ruíz pasó bendiciendo cada una de las bancas con Jesús Sacramentado, yo sentí algo diferente en mí. Me sentía bastante raro".

Esa noche, desafió a Dios.

"Esa noche no salí con los amigos y me encerré en el cuarto y reté a Dios: ¡Señor, si Tú verdaderamente existes, yo quiero sentir tu presencia en este momento! En ese momento mi cuerpo se empezó a estremecer. Le grité a mi mamá porque sentía miedo. Cerré mis ojos".

David entendió que era Dios, que respondía a su reto.
"Sentía el llamado de Dios. Llamé llorando a mi esposa y le dije: amor, el Señor está con nosotros”, recuerda.

Una nueva vida
A los pocos días se le contó a su madre y le prometió “donde usted me invite allí estaré”. Y empezó a participar en los retiros del Movimiento Juan XXIII, un movimiento de evangelización nacido en Puerto Rico durante el pontificado de ese Papa, bastante extendido en el Caribe y América Central.

David Cáceres dejó el mundo de las drogas y la noche. Hoy se apoya en la Iglesia, la fe, el amor de su madre, el soporte y ayuda en su esposa Ivin y el cariño hacia su hijita Camila, viviendo una vida nueva.