Actividad Científica del Dr. Bernardo Ebrí

Los interesados en poder descargar publicaciones médicas científicas del Dr. Bernardo Ebrí Torné, pueden hacer "clic" en

https://www.researchgate.net/profile/Bernardo_Ebri/stats

Para descargar el programa informático para el cálculo de la Edad ósea en niños, guía explicativa como usarlo, sobre la radiografía de mano izquierda, y luego poder predecir la talla adulta del niño (niños de 0,5 años a 20); específicos programas para niños de 0 a 4 años a través de la radiografía de mano y de pie) (En español y lengua inglesa),publicaciones a este respecto, libro sobre Maduración Esquelética etc.,.., introducirse en la siguiente web: www.comz.org/maduracion-osea
Se abrirá el portal al hacer "clic" y allí, se encuentra toda la información, con posibilidad de descarga.
El método esta siendo utilizado por pediatras, radiólogos, de España, Italia, México, Venezuela...
Comentarios en https://sites.google.com/site/doctorbernardoebri/prueba


Salmos 91:4 y 46:1. El amor de Dios

Salmos 91:4 y  46:1. El amor de Dios
"Pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será nuestro escudo y tu baluarte". "Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia"

Monday, December 22, 2014

“Cuando yo me vaya”


Publicado en la Revista: “Palabras Indiscretas” nº 13, pág: 24-26. Diciembre de 2014

                                                       

Llovía cuando salimos de aquel bar. Elena y yo nos encontrábamos enfadados. Ella era mi pareja, vivíamos juntos desde hacía ya cinco años. Nuestra rutina era la de unos casados: trabajo, casa, alguna salida al cine y a tomar unas cañas y tapas en el Amanda Bar. Aquella rutina debía haber saturado a Elena, y así me lo expuso aquella tarde noche, diciéndome: -Luis, no puedo más, llevamos cinco años y noto que me falta aliciente a mi vida. Quiero novedades, tengo deseos de ser madre.

Y me lo expuso así, de sopetón. Esta era una cuestión que no habíamos tocado seriamente. De hecho no estamos casados, ni yo creo preparados para ser padres. Por lo menos, así me lo parecía a mí, y así se lo expuse. Ese fue el motivo de la discusión. Yo no me veía capacitado para asumir la carga de un hijo. Ella, se había puesto a llorar, y me dijo que se encontraba vacía. Entonces le comenté: -¿Es que acaso no te basto yo?

-Es diferente Luis. Las mujeres llega un momento en la vida, por lo menos así me ocurre a mí, que deseamos ser madres.

-No lo creo así-le respondí, e intenté acariciar su larga cabellera. Ella entonces rechazándome, se levantó de súbito poniéndose el abrigo. Yo hice lo mismo y cogiendo la nota de la consumición se la aboné al camarero. La alcancé en la puerta y comenzamos a caminar  juntos bajo la lluvia. Elena iba a la par mío, callada y pensativa.

De pronto, dijo:-¡No puedo más, me voy!, y dirigiéndose al borde de la calzada hizo señas a un taxi.

-¿Qué haces?-le dije-, pero si nuestra casa está a la vuelta de la esquina.

-¡Me voy Luis!

-¿Pero a dónde vas?

-A casa de mis padres, y no me  llames.

Me dejó con la palabra en la boca y se metió en el taxi.

Cabizbajo seguí andando bajo la lluvia, incrédulo de lo que me estaba pasando. ¿Qué mosca le había picado? ¿Solo era el problema de querer tener un niño y mi negativa a ello lo que le había enfadado?

La lluvia era fina pero comenzaba a calar, por lo que agradecí llegar al portal de mi casa. Subí las escaleras a pie hasta el segundo piso. Cuando abrí la puerta la casa se me echó encima. Noté el silencio que me envolvía y me entró una gran desazón. Supongo que mañana reflexionará sobre su conducta y vendrá a casa. De hecho tendría que volver a casa antes de acudir a su trabajo, aunque tal vez no…

No tuve ganas de cenar, de hecho me encontraba saciado física y psíquicamente. ¿Qué reacciones más intempestivas tienen las mujeres?  Espero que piense lo que ha hecho. Yo desde luego no la voy a llamar, ya es mayorcita.

¿Qué hacer? Todavía era pronto para acostarme. La televisión me aburre, y además no tengo ganas. ¿Por qué no? Voy a meterme un rato a internet. Lo hice y al abrir mi correo vi el anuncio de una presentación que me enviaba mi amigo Pedro. Su título era muy sugestivo: “Cuando yo me vaya”

Era un poema  de un poeta argentino Carlos Alberto Boaglio. ¡Vaya!-pensé-parece muy oportuno para este momento.

Comencé a leerlo, y su contenido era muy diferente a lo que yo pensaba, hablaba de una marcha definitiva, y entonces al acabar de leerlo no pude evitar que asomaran unas lágrimas por mis ojos. Decidí entonces llamarla. Cogí el teléfono y mientras marcaba la numeración de mis suegros, aun martilleaban en mi mente algunas estrofas del poema: “Cuando yo me vaya, no quiero que llores, quédate en silencio sin decir palabras y vive recuerdos, reconforta el alma. Cuando yo me duerma respeta mi sueño, por algo me duermo, por algo me he ido. Si sientes mi ausencia no pronuncies nada…Te presto mi cuarto, mi almohada, mi cama y cuando haya frío ponte mis bufandas…Si traen mi cuerpo no me tengas lástima, libera tu alma, palpa la poesía, la música, el canto y deja que el viento juegue con tu cara. Besa bien la tierra y aprende el idioma vivo de los pájaros…”

-¿Puede ponerse Elena?-le dije a su madre.

-Espera un momento Luis.

-¿Qué quieres?

-¡Qué vengas! No puedo estar sin ti. Si quieres un niño, lo tendremos, pero antes tendremos que casarnos ¿No te parece?

-¡Luis, amor mío!

-Ven pronto, te espero. ¿Paso a buscarte?

-No, vendré mañana antes de ir a trabajar. Ya que estoy aquí, aprovecho a estar con mis padres.

-Bueno, cuando estemos casados, no te vayas de casa, porque entonces, puedo denunciarte  por abandono de hogar-le dije sonriendo.

-¡Tonto!, te quiero. ¡Qué duermas bien!

Y colgando el teléfono no pude resistir de comenzar de nuevo a leer la poesía.

 

Bernardo Ebrí Torné

 

Tuesday, December 9, 2014

El silencio de las zapatillas es más peligroso que el ruido de las botas.


 

Texto de Martin NIEMÖLLER (1892-1984)

 

Un hombre cuya familia formaba parte de la aristocracia alemana, antes de la segunda guerra mundial, poseía varias grandes fábricas y propiedades, Cuando se le preguntaba cuántos alemanes eran verdaderamente nazis, daba una respuesta que puede servirnos de guía sobre nuestra actitud respecto del fanatismo.          

Pocas personas son verdaderos nazis, decía, pero son numerosas las que se felicitan del retorno del orgullo alemán, y aún más numerosas las que están demasiado ocupadas para prestar atención. Yo era uno de los que pensaban simplemente que los nazis eran una panda de locos. Así la mayoría de limitó a mirar y dejar hacer. De pronto, antes de reparar en ello, eran nuestros amos, habíamos perdido toda la libertad de maniobra y el fin del mundo había llegado. Mi familia perdió todo, yo acabé en un campo de concentración y los aliados destruyeron mis fábricas.


La Rusia comunista estaba compuesta sencillamente de rusos que querían simplemente vivir en paz, pese a que los comunistas rusos hayan sido los responsables del asesinato de alrededor de veinte millones de personas. A la mayoría pacífica no le concernía.


La inmensa población china era, también, pacífica, pero los comunistas chinos llegaron a matar la cifra escalofriante de setenta millones de personas.

El japonés medio, antes de la segunda guerra mundia, no era un belicista sádico. El Japón, sin embargo, sembró su ruta a través del sudeste asiático, de asesinatos y carnicerías en una orgía de muerte incluyendo la exterminación sistemática de doce millones de civiles chinos, muertos, la mayoría, a golpes de espada, de pala o de bayoneta.

¿Y quién puede olvidar Ruanda, que se convirtió en una carnicería? ¿No hubiéramos podido afirmar que la mayoría de los ruandeses estaba a favor de la Paz y el Amor?

Las lecciones de la Historia son, con frecuencia, increiblemente sencillas y brutales. Sin embargo, pese a todas nuestras facultades de raciocinio, pasamos con frecuencia junto a cosas de los má elemental y mínimamente complicadas: los musulmanes pacíficos se han convertido en inconsecuentes debido a su silencio.

Hoy, expertos y cabezas bienpensantes, no dejan de repetir que el Islam es la religión de la paz y que la inmensa mayoría de musulmanes no desea sino vivir en paz. Incluso si esta afirmación gratuita fuera cierta, está absolutamente infundada. No es más que una falacia desprovista de todo sentido, destinada a tranquilizarnos y, de algún modo, a atenuar el espectro del fanatismo que invade el Mundo en nombre del Islam.     

El hecho es que los fanáticos gobiernan actualmente el Islam. Son los fanáticos quienes desfilan. Son los fanáticos quienes financian cada uno de los cincuenta conflictos armados por el mundo. Son los fanáticos quienes asesinan sistemáticamente a cristianos y grupos tribales en África y meten poco a poco mano en el continente entero, a través de una ola de islamismo.

Son los fanáticos quienes ponen bombas, decapitan, masacran o cometen crímenes en nombre del honor. Son los fanáticos quienes toman el control de las mezquitas, una tras otra. Son los fanáticos quienes predican con celo la lapidación y el ahorcamiento de víctimas de violación y de homosexuales. La realidad, brutal y cuantificable, es que la mayoría pacífica, la mayoría silenciosa es ajena y esconde la cabeza.

Los musulmanes pacíficos se volverán enemigos nuestros si no reaccionan, porque, como mi amigo alemán, se despertarán un día para comprobar que son la proa de los fanáticos y que el fin de su mundo habrá comenzado.

Alemanes, japoneses, chinos, rusos, ruandeses, serbios, albaneses, afganos, iraquiés, palestinos, nigerianos, argelinos, todos partidarios de la Paz, y muchos otros pueblos han muerto porque la mayoría pacífica no ha reaccionado antes de que fuera demasiado tarde. 

En cuanto a nosotros, que contemplamos todo esto. debemos prestar atención al único grupo verdaderamente importante que amenaza nuestro modo de vida: los fanáticos.

Y también, a riesgo de chocar con los que no creen que el asunto sea tan serio y destruirán sin más este mensaje, sin hacerlo seguir, que sepan que contribuirán a la pasividad que propiciará la expansión del problema.

Por ello, medite un poco, y propague tanto como pueda este mensaje..

Esperemos que millares de personas de todo el Mundo lo lean, reflexionen en ello y lo hagan seguir...

Cuando vinieron a por los comunistas, no protesté porque yo no soy comunista.

Cuando vinieron a por los judíos, no protesté porque yo no soy judío.

Cuando vinieron a por los sindicalistas, no protesté porque no soy sindicalista.

Cuando vinieron a por los católicos, no protesté porque yo no soy católico.

Y cuando han venido a por mí, no queda nadie para protestar


Texto de Martin NIEMOLLER (1892-1984), pastor protestante detenido en 1937 y enviado al campo de concentración de Sachsenhausen.  Fué transferido en 1941 al campo de concentración de Dachau .  Liberado en 1945 tras la caída del régimen nazi.

No podemos dejar de pensar en la siguiente frase de uno de nuestros más clarividentes congéneres, él también alemán de origen:

El mundo es peligroso para vivir pero no tanto a causa de los que practican el mal sino a causa de los que miran y dejan hacer.
 

Albert Einstein


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Monday, December 1, 2014

Fomentemos la Solidaridad y la amistad entre diferentes culturas

Fomentemos la Solidaridad y la amistad entre diferentes culturas

Recuerdo con emocionada gratitud la entrevista que tuve con Jorge, un cooperante en tierras africanas y que conoció muy bien al hermano Miguel, el religioso toledano que falleció en el Hospital Carlos III de Madrid a causa del Ébola.
razas multiculturalidad
Foto: jlastras
Jorge disipó mis dudas respecto a la labor que desempeñan los cooperantes y misioneros que trabajan en países subdesarrollados.
Siempre me he preguntado, qué lleva a estas personas a vivir en estos lejanos lugares desprovistos la mayoría de las veces de las comodidades básicas de nuestra cultura del bienestar. Por qué abandonan familia, cultura y el marco ambiental donde han nacido y desarrollado como personas civilizadas, y se exponen a peligros de toda índole, especialmente para la salud e integridad física.
Jorge con su lenguaje espontáneo, sincero desprovisto de recovecos y ambigüedades no me lo pudo decir más claro y más fuerte: “Porque nos encontramos bien allí y en paz con nosotros mismos”. “Muchos de vosotros no nos podéis comprender del por qué dejamos comodidades y una existencia segura acomodada al consumismo y al dinero, nosotros en aquellos lugares, nos sentimos realmente útiles junto a personas a quienes les llevamos no solo cultura, salud sino cariño”
Cuando le pregunté acerca del Hermano Miguel, él que lo conocía bien porque había trabajado junto a su persona en aquel hospital de San José de Monrovia ( Liberia), qué rasgos de su personalidad le habían más llamado la atención, el me respondió: “Su sencillez y cortesía. Era una persona amabilísima, sembradora de paz y de Evangelio. Siempre con su amplia sonrisa”.
No puedes ni sospechar amigo, me dijo Jorge, la labor solidaria que los cooperantes efectuamos en ese llamado tercer mundo. Nuestra presencia es un testimonio eficaz de auxilio y de apoyo para aquellas gentes que viven en la penuria, en la hambruna y muchos de ellos en la enfermedad crónica. Se sienten contentos con nuestra presencia, incluso importantes porque nosotros los occidentales, los blancos estamos con ellos y permanecemos compartiendo su vida y existencia.
Cuando le pregunté por las dificultades de relación entre culturas diferentes y religiones, dado que conviven en un mismo poblado musulmanes, católicos y negros de cultura animista me comentó que salvo dolorosas excepciones fomentadas por el terrorismo islámico, la mayoría de las veces reina la concordia y el respeto mutuo.
Le pregunté a Jorge, el porqué de esta tolerancia, y el volvió a responderme: “La palabra mágica con la que se logra eso es sencilla, como te he dicho antes, es el respeto, que abre la puerta a la amistad”. Me refirió entonces, unas palabras que el hermano Miguel le había comentado un día al hablar de estos temas. Le dijo: “Cuando veo que un musulmán me ayuda a mí, un cristiano blanco y extranjero, me pregunto: ´¿Qué tenemos este ser humano y yo en común?´ No es el color de la piel, ni el idioma, ni la educación, ni el clan o la familia, ni tampoco la fe. ¿Qué nos une entonces?: Qué somos amigos, y hemos llegado a ello desde el respeto mutuo. Desde el calor humano de la convivencia en paz se fomenta la amistad y la tolerancia”.
Seguí preguntándole por el hermano Miguel acerca de su persona y su labor de médico en el hospital, Jorge siguió diciéndome: “El hermano Miguel, me comentó en alguna ocasión, que él estaba allí, para servir, para consolar, para seguir el ejemplo del Evangelio, y hacerlo con alegría, porque todos son hermanos nuestros, no importa su confesión religiosa, ni su estamento social”.
Tenía un prodigioso don, siguió diciéndome, para unir a católicos, musulmanes y agnósticos, para trabajar todos por un mismo fin, sin divisiones. Con su sencillez y humildad los ponía de su parte. Admiraban su entrega y dedicación. Ellos ahora han llorado su muerte lamentando su pérdida.
Efectivamente de mi conversación con Jorge, saqué en consecuencia que el hermano Miguel fue un hombre de ideas claras, un aperturista, hombre de fe, pero abierto a todos. Capaz de dar una palmada en el hombro animando al paciente convaleciente, o un oído atento a sus problemas y dificultades, pronto para dar una solución rápida a los mismos. Y qué decir, de sus bolsillos repletos de caramelos que ponía en las manitas de los niños.
No dejó de visitar tampoco a los presos, poniendo en riesgo su propia seguridad. Pudo más su solidaridad con los que sufrían que sus miedos humanos. También visitó el leprosorio de Ganta. A este respecto sus reticencias y escrúpulos quedaron vencidos al poder charlar con niños, jóvenes y ancianos que allí vivían y trabajaban. No iba de vacío pues les llevaba vendas tan necesarias para esta enfermedad.
Así estuvimos un buen rato más conversando con Jorge acerca de Miguel Pajares, el hombre que ofreció su vida en servicio al necesitado, y además a necesitados de distintas religiones. Él fue un instrumento de la Providencia en fomentar valores universales solidarios y de unión de distintas culturas, porque Miguel desarrolló durante toda su vida la tolerancia y el respeto a aquellos que no piensan igual que tú, pero que siguen siendo personas humanas tan necesitadas de cariño y afecto como nosotros, la mayoría blanca que vivimos en nuestros países occidentales, y que aunque en la actualidad nos ha azotado esta crisis económica, dese luego consecuencia de la crisis de valores fundamentales, nadie se queda sin comida ni bebida gracias a los Comedores Sociales. El hermano Miguel como otros tantos misioneros y misioneras, como el mismo Jorge, médico cooperante, son instrumentos de paz y de concordia, de unión entre diferentes culturas, porque en definitiva lo importante es el hombre y su servicio. Cuando actuamos así, desinteresadamente con nuestros prójimos, venciendo nuestra comodidad y reticencias, entonces nos sentimos en paz y felices.
Aportemos nuestra ayuda económica para esta causa universal y los que se consideren creyentes también sus oraciones.
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Acerca de Bernardo Ebri Torné

Zaragoza (1949). Doctor en Medicina, especialista en Medicina Interna y General. Humanista, investigador y escritor, autor de la trilogía:"La Otra Cara de la Medicina", “Entre dos vidas” y "Mística del día a día". Miembro de ASEMEYA y de AAE (Asociación de Escritores Aragoneses). Diplomado en Medicina Biológica: Homeopatía, Homotoxicología, Neuralterapia, Fitoterapia. Miembro de ...

Thursday, November 27, 2014

¿Somos corruptos como Babilonia o distraídos como Jerusalén?


Homilía del papa Francisco en santa Marta 27 noviembre 2014

 

 No ceder a la depresión, aún en medio de las dificultades. Esta es la invitación del papa Francisco durante la homilía de esta mañana en la misa de Santa Marta. Asimismo ha reflexionado sobre Babilonia y Jerusalén. En estas dos ciudades se ha apoyado el Santo Padre para hablar en su homilía, ciudades de las que se habla en las lecturas de hoy. A propósito, el Pontífice ha señalado que ambas lecturas llaman nuestra atención sobre el final de este mundo. Y para meditar nos habla de la "caída de las dos ciudades que no han acogido al Señor, que se han alejado" de Él.

Francisco ha recordado que la caída de estas dos ciudades sucede por motivos diferentes. Sobre Babilonia ha indicado que es el "símbolo del mal, del pecado" y "cae por corrupción", se "sentía dueña del mundo y de sí misma". Y cuando "se acumula el pecado se pierda la capacidad de reaccionar y se comienza a marchitarse". Y así sucede también con las personas corruptas, que no tienen fuerza para reaccionar. Y así lo ha explicado el Papa: "porque la corrupción te da alguna felicidad, te da poder y también te hace sentir satisfecho de ti mismo: no deja espacio al Señor, para la conversión. La ciudad corrupta... Y esta palabra 'corrupción' hoy nos dice mucho a nosotros: no sólo corrupción económica, sino corrupción con muchos pecados diferentes; corrupción con el espíritu pagano, con ese espíritu mundano. ¡La corrupción más fe es el espíritu de mundanidad!"

A propósito, el Santo Padre ha afirmado que esta cultura corrupta "te hace sentir con en el Paraíso aquí, pleno, abundante" pero "dentro, esa cultura corrupta es un cultura putrefacta". Y ha añadido sobre Babilonia que "está cada sociedad, cada cultura, cada persona alejada de Dios, también alejada del amor al prójimo, que termina por marchitarse".

Por otro lado ha hablado de Jerusalén, que "cae por otro motivo". Jerusalén es la esposa del Señor, pero no se da cuenta de las visitas del Esposo, "ha hecho llorar al Señor". De este modo, el papa Francisco ha recordado que "Babilonia cae por corrupción, Jerusalén cae por distracción, por no recibir al Señor que viene a salvarla. No se sentía necesitada de salvación. Tenía los escritos de los profetas, de Moisés y esto le bastaba". ¡Pero escritos cerrados!, ha exclamado. Así, el Santo Padre ha especificado que "no dejaba lugar para ser salvada: tenía la puerta cerrada para el Señor. El Señor llamaba a la puerta, pero no había disponibilidad para recibirlo, escucharlo, dejarse salvar por Él. Y cae..."

Según ha indicado el Pontífice, estos dos ejemplos nos pueden hacer pensar en nuestra vida. Por eso, ha preguntado: "¿somos parecidos a la corrupta y suficiente Babilonia o a la Jerusalén distraída?" Aún así, el Papa ha subrayado que "el mensaje de la Iglesia en estos días no termina con la destrucción: en los dos textos, hay una promesa de esperanza". Jesús -ha recordado el Papa- no exhorta a levantar la cabeza, a no dejarse asustar por los paganos. Éstos -ha añadido- tienen su tiempo y debemos soportarlo con paciencia, como ha soportado el Señor su Pasión".

Para finalizar la homilía, el Obispo de Roma ha precisado que "cuando pensamos en el final, con todos nuestros pecados, con toda nuestra historia, pensamos en el banquete que gratuitamente no será dado y levantamos la cabeza. Ninguna depresión: ¡esperanza!" Pero - ha concluido- la realidad es fea: hoy muchos, muchos pueblos, ciudad y gente, mucha gente que sufre; muchas guerras, mucho odio, mucha envidia, mucha mundanidad espiritual y mucha corrupción. ¡Sí, es verdad! ¡Todo esto caerá! Pero pidamos al Señor la gracia de estar preparados para el banquete que nos espera, con la cabeza siempre alta.

 

Fuente: zenit.org

Sunday, November 23, 2014

Jesús llora cuando la Iglesia rechaza sus sorpresas


Homilía del Papa Francisco  en Santa Marta 20 noviembre 2014

Jesús llora cuando la Iglesia rechaza sus sorpresas

 

Hoy Jesús llora también, cuando las puertas de nuestros corazones, de los pastores, de la Iglesia, se cierran a sus sorpresas no reconociendo a Aquel que trae la paz. Es lo que ha afirmado el papa Francisco en la misa de esta mañana en la capilla de la Casa Santa Marta.

Jesús llora por Jerusalén, porque no ha reconocido a Aquel que trae la paz. El Santo Padre ha comentado el Evangelio del día, explicando que el Señor llora por "el cierre del corazón" de la "ciudad elegida, el pueblo elegido. ¡No tenía tiempo para abrirle la puerta! Estaba demasiado ocupada, demasiado satisfecha de sí misma. Y Jesús sigue tocando a las puertas, como ha llamado a la puerta del corazón de Jerusalén: a las puertas de sus hermanos, de sus hermanas; a nuestras puertas, a las puertas de nuestros corazones, a las puertas de su Iglesia. Jerusalén se sentía feliz, tranquila con su vida y no tenía necesidad del Señor: no se había dado cuenta de que necesitaba la salvación. Y por eso ha cerrado su corazón ante el Señor". "El llanto de Jesús" por Jerusalén -ha dicho el Pontífice- es "el llanto por su Iglesia, hoy, por nosotros".

"¿Y por qué Jerusalén no había recibido al Señor? Porque estaba tranquila con lo que tenía, no quería problemas. Pero además -como dice el Señor en el Evangelio- 'si hubieras entendido tú también, en este día, quien te trae la paz. No has reconocido el tiempo de tu visitación'. Tenía miedo de ser visitada por el Señor; tenía miedo de la gratuidad de la visita del Señor. Estaba segura de las cosas que ella podía gestionar. Nosotros tenemos confianza en las cosas que podemos gestionar... Pero la visita del Señor, sus sorpresas, nosotros no las podemos gestionar".

Y el Papa ha añadido: "Y de esto tenía miedo Jerusalén: de ser salvada por el camino de las sorpresas del Señor. Tenía miedo del Señor, de su Esposo, de su Amado. Y así Jesús llora. Cuando el Señor visita a su pueblo, nos trae la alegría, nos lleva a la conversión. Y todos nosotros no tenemos miedo de la alegría -¡no!- Pero sí de la alegría que trae al Señor, porque no podemos controlarla. Tenemos miedo de la conversión, porque convertirse significa dejar que el Señor nos guíe".

"Jerusalén estaba tranquila, contenta. El templo funcionaba. Los sacerdotes hacían sacrificios, la gente venía en peregrinación, los doctores de la ley habían arreglado todo, ¡todo! ¡Todo claro! Todos los mandamientos claros... Y con todo esto Jerusalén tenía la puerta cerrada". La cruz, "el precio de aquél la rechazo" -ha observado Francisco- nos muestra el amor de Jesús, lo que le lleva "hoy también a llorar -muchas veces- por su Iglesia".

"Yo me pregunto: ¿hoy los cristianos, que conocemos la fe, el catecismo, que vamos a Misa todos los domingos, los cristianos, los pastores estamos contentos con nosotros? Porque tenemos todo acomodado y no necesitamos nuevas vistas del Señor... Y el Señor sigue llamando a la puerta de cada uno de nosotros y de su Iglesia, a los pastores de la Iglesia. Ah sí, la puerta de nuestro corazón, de la Iglesia, de los pastores no se abre: el Señor llora, también hoy".

Por último, el Papa ha invitado a un examen de conciencia: "Pensemos en nosotros: ¿cómo estamos ahora ante Dios?".

 

Fuente: zenit.org

Saturday, November 15, 2014

Caminando por la Vida

Caminando por la vida
Publicado en la Revista : "Palabras Diversas"  número 50. Noviembre de 2014.

Este relato quiere incidir en cómo reacciona una persona a la que se le da una noticia sospechosa de diagnóstico de cáncer. Lejos de amilanarse, el protagonista intenta volver a sus recuerdos. Su voluntad es firme aunque sus fuerzas le flaquean. Su estado de ánimo se hallaba ya resentido debido a la muerte de su mujer acaecida un año antes por cáncer. Durante el relato, la imagen del pajarillo que cae de un árbol a sus pies, durante un paseo por el campo, es la imagen simbólica que evoca en su inconsciente la posibilidad del suicidio, pero este impulso es vencido al perdonar la vida al pobre animal: “Hubiera bastado un apretón de sus manos sobre aquel cuerpecillo inerte para acabar con su vida por lástima” pero se la respetó, y en aquel pajarillo estaba también inconscientemente el mismo, su propia vida, de tal forma que al respetarla respetó la suya. Poco a poco, nuestro protagonista se entona y en el amor de su mujer encuentra fuerzas para poder enfrentarse con un posible fatídico diagnóstico, y nombrando a Dios mismo, se pone en sus manos, de esta forma el sueño reparador viene a sus puertas.
Evidenciamos en conclusión, como este hombre está pasando de alguna forma por las fases psicológicas que la famosa psiquiatra Elisabeth Kübler Ross estableció de cómo reacciona una persona bajo el diagnóstico de una patología grave que puede llevar al óbito. Respuesta esperanzada de nuestro protagonista pese a la severidad de la situación, que la va a dar una calidad de vida aceptable para poder enfrentarse positivamente a lo que se le viene encima.


Me llamo Pedro, tengo 73 años. Resido habitualmente en Zaragoza, donde he ejercido de abogado. Llevo un año viudo, y tengo tres hijos. Todos los años, con mi esposa Ana y mis hijos desde pequeños solíamos pasar un mes de verano en nuestra casa solariega de Cuevas de Cañart de donde soy natural. Desde que enviudé paso aquí todos los veranos.
Aquella tarde, como de costumbre, había salido a caminar. Casi instintivamente dirigió sus pasos desde su casa sita en la calle Mayor en dirección a Ejulve. Solía tomar cada día diferentes direcciones en su paseo vespertino. Cuevas permite tomar desde la villa diversas y pintorescas rutas desde donde pueden contemplarse espléndidos atardeceres.
Algunos de estos recorridos son antiguos trayectos medievales, como los que desde la Villa permiten llegar a Molinos y Las Cuevas del Cristal, cruzando por el chorro de San Juan o en dirección contraria, saliendo desde El Portal de Marzo atravesar el Estrecho, una espectacular formación caliza, y llegar hasta Ladruñán.
De esta forma solía seguir los consejos médicos de hacer ejercicio, además de gozar con los bellos paisajes de esta afortunada tierra, que tantas veces había recorrido desde cuando era niño hasta ahora que se encontraba ya en el atardecer de su vida.
Las Cuevas de Cañart, situada en un pequeño valle a unos ochocientos metros sobre el nivel del mar, se encuentra toda ella rodeada por una cordillera de montañas del Sistema Ibérico. Dada la abrupta orografía de esta zona, plena de cañadas y barrancos que desembocan en el río Guadalope, es de interés reseñar para los amantes de los fósiles, como estuvo sumergida por mares y lagos poco profundos en los períodos Jurásico y Cretácico, de tal forma que pueden encontrase restos fosilizados de aquella fauna y flora marina incrustados en la roca, así como restos petrificados de grandes árboles e incluso de saurios.
Esta localidad turolense, declarada bien de interés cultural en 2004, está ubicada en una de las zonas más encantadoras y pintorescas de El Maestrazgo, atesora un interesante legado histórico, concretado en un conjunto de edificaciones religiosas, civiles y de arquitectura popular. Ubicada en un bello paraje de la vertiente sur de la Sierra de la Garrocha, Cuevas fue una de las villas que integraron la Encomienda de Castellote desde el siglo XII a cuyo término municipal pertenece en la actualidad. Su historia está unida por tanto al proceso repoblador que llevó a cabo el rey Alfonso II ayudado por las Ordenes Militares en la zona oriental de Teruel, creando un conjunto de asentamientos fortificados que favorecerían la reconquista del Reino de Valencia.
Pedro, con paso cansado, atravesó el núcleo urbano, y una vez fuera de la villa, tomó la pista forestal que se dirige a Ejulve, y que pasa por las ruinas del Convento de San Miguel, magnífico ejemplo del barroco tardío, que conserva aún decoraciones del tipo rococó.
“Mi vida actualmente puede considerarse una ruina, como las del Convento de San Miguel”- pensó-, pues aquella mañana había recibido una llamada de su médico de cabecera, buen amigo, que habiendo recibido el informe de un escáner, hecho hace quince días, y que le había solicitado por unas molestias digestivas de varios meses de duración, le solicitaba que volviera pronto a Zaragoza para revisión. Pedro había perdido en ese tiempo, unos siete quilos de peso, además de presentar escaso apetito.
Le instaba a que volviera para someterle a nuevas pruebas y posible tratamiento, teniéndole que hospitalizar para ello. A sus preguntas de qué había salido en el escáner, le había comentado que habían aparecido unas manchas en la región hepática sospechosas y que había que aclararlo con biopsias.
El mundo se le había caído entonces delante de sus ojos, pues sospechó que aquello podía ser el comienzo del fin, pero sobreponiéndose no quiso alterar su vida y por ello no quiso quedarse en Zaragoza, sino volver a visitar su pueblo natal, y de paso recordar viejos tiempos y estancias felices en aquel lugar.
Al doctor, le había comentado que tenía que arreglar unos asuntos en Cuevas, y que se pondría de viaje lo antes posible para Zaragoza. Por ello esta tarde era para el algo muy especial, pues tal vez podía ser el último paseo que realizara por su querida tierra.
Desde la muerte de su esposa las cosas no habían ido bien en su vida, le echaba mucho de menos, la soledad se le comía, había sufrido mucho con su muerte, cayendo en una depresión por la que estaba siendo también tratado. Por todo ello esta tarde era una tarde oscura en un día aciago. Su voluntad luchaba por sobreponerse a su desventura.
Pedro mientras caminaba, taciturno iba rumiando lo que aparentemente era un tenebroso destino. La campiña cómplice de su desgracia servía de marco imponderable a su desgracia. ¿Pero, a dónde caminaba sin aparente destino? ¿Dónde le llevaban sus pasos? Como aquellas ruinas del que fue un día esplendoroso Convento de San Miguel, se asemejaba su alma, pobre alma a la que se abría ahora tan cruel porvenir. Pedro iba dejando atrás los recuerdos de su vida como lo hacía el camino andado en aquella tarde de verano. El horizonte lejano le parecía cada vez más cercano a medida que avanzaba lento y pensando como la vida había pasado tan deprisa. Atrás quedaban sentimientos profundamente vividos en su existencia.
- Mi vida -se decía-, ha sido especialmente densa y cargada de emociones, pero no puedo decir que haya sido infeliz hasta que aquel cáncer se llevó a Ana. Y sin embargo ha sido tan efímera, o por lo menos me lo parece a mí.
Había sido un soplo profundamente vivido, algo así como cuando un extenso campo de hierba se va doblegando progresivamente al soplo del viento. Muy probablemente, lo que le esperaba al llegar a Zaragoza sería un diagnóstico de cáncer, como le sucedió a su esposa.
- Mi vida pende de un delgado hilo -se dijo-, cada vez más tenue por lo que me voy percatando.
Mientras el terreno de la pista forestal que estaba transitando, pronto iba a hacerse ascendente y más costoso, como lo estaba siendo para Pedro. Se sentía cansado, abatido, pero en su inercia de pensamientos quiso seguir adelante.
-Se dijo- ¿Qué me está sucediendo? ¿Cómo ha sido mi vida? Las ideas se agolpan en mi mente como torbellinos de nubes negras que oscurecen el horizonte de mis recuerdos. ¡La vida me ha pasado tan aprisa, y sin embargo ha sido tan intensa!-.
El camino se le ofrecía serpenteante, onduloso, abierto a sus recuerdos y a las experiencias de toda una vida.
- ¿Qué nos sucede? -se dijo-, cuando sabemos a ciencia cierta que tenemos caducidad temprana del carné de nuestra vida ¿Por qué, y solo entonces nos abrimos con nostalgia a nuestra intimidad más auténtica y escondida?
Las imágenes de sus hijos cuando eran pequeños le venían una y otra vez a su mente. Era de niños cuando mejor los recordaba, cuando se traslucía en sus sonrisas su inocencia, su cariño, sus expectativas abiertas, esperándolo todo y nada, de nuestro amor sin medida. La mirada de un niño es una puerta abierta al interior de su corazón, puro sin recovecos, solícito de cariño pero que también lo da, a través de las caricias de sus manecitas.
“El tiempo –pensó-, pasa inexorable, como un ventisco que hace zozobrar las junturas de las puertas y ventanas de nuestras almas. No hay que ofrecerle resistencia sino dejarnos llevar por él, aunque en ocasiones sintamos su frío rostro en nuestras mejillas, y otras su cálido aliento en nuestros labios. Ahora que al parecer la muerte me ronda, como lo hace a todo ser humano, a mí al parecer más cerca, siento mi existencia vacía. Los recuerdos felices de mi vida no acaban de llenar plenamente el sentido de mi existencia. ¿Por qué he nacido? ¿Para qué? ¿Por qué precisamente lo he hecho en esta bella localidad de Cuevas y no en otra? ¿Existirá algo después de aquí? Yo nunca he sido especialmente religioso, pero ahora me asaltan dudas de si existe lo que llaman Dios, y si existe, si me acogerá a mí, que no es que me haya acordado mucho de Él”.
La vida de Pedro, salvo su infancia y adolescencia había transcurrido fuera de Cuevas. Sus padres le enviaron a estudiar el bachillerato a Teruel, y posteriormente hizo la carrera de Derecho en Zaragoza. Residió en un Colegio Mayor. En la capital maña conoció a la que fue luego su mujer, una estudiante de Filosofía zaragozana. Su noviazgo fue largo, seis años y tres meses, hasta que decidieron más por costumbre tradicional de su mujer santificar la relación y casarse en aquella tarde de primavera. Tal vez influyó en ello el embarazo de su primer hijo, el primero de los tres que tuvieron.
- Mis hijos han sido buenos chicos -se dijo-, la mayor se casó felizmente, y los dos nietos que nos dio, fueron la alegría de mi mujer y la mía. Mis dos hijos, permanecen aún solteros, y creo sin compromiso por ahora, y eso que ambos superan los cuarenta, debe de ser algo habitual en estos tiempos que corren. Todos ellos no obstante están bien colocados y se ganan bien su vida, lo cual es un descanso para mí. Con los hijos, ya se sabe, se disfrutan de pequeños, de mayores no digo que no, pero ya supone una aventura diferente para cada cual. No obstante no me quejo de ellos, los quiero profundamente, y creo que ellos a su manera también. A mi mujer la adoraban.
Bueno Pedro -continuó diciéndose a sí mismo- ¿para qué tantas reflexiones? dicen, que al atardecer de la vida, nos van a examinar del amor. ¿Es que estás haciendo ahora un examen de lo que ha sido hasta hoy tu vida, revelándote tus propios secretos? ¿Pero realmente, he amado mucho en mi vida? ¿Y ha sido un amor sincero o por interés? ¿Me encuentro con las manos llenas o vacías?
Estas y otras preguntas se agolpaban en su mente -continuó diciéndose-, el amor a mi esposa creo ha sido sincero, ella ha sido la que me ha dado siempre fuerzas para seguir caminando, como lo estoy haciendo ahora por este sendero, su recuerdo me sigue dando las fuerzas que necesito.
El terreno iba haciéndose cada vez más ascendente, y aunque cansado Pedro decidió seguir adelante, un suave viento le ayudaba a ello, las copas de los árboles se mecían al compás que lo hacían sus recuerdos.
-Pensó-: “Con Ana, no me he sentido nunca solo, creo nos hemos querido los dos mucho, ella, siempre me ha animado y sostenido en mis frecuentes desánimos de persona taciturna e independiente. Como recuerdo de novios nuestros paseos por el Parque Grande y nuestros arrullos en la Rosaleda, aquellas tardadas otoñales de comienzo de curso. La conocí en la Facultad, ella estudiaba Filosofía y yo Derecho. Ella daba clases en un colegio, mientras yo comenzaba a ejercer mi profesión en un bufete de abogados”.
Pedro seguía caminando con paso cansado, melancólico, mientras el horizonte se iba abriendo ante sus ojos invitándole a seguir, abierto al tiempo y a la eternidad.
-Siguió pensando-: “Si estuviera Ana conmigo, las cosas posiblemente serían distintas, siguió diciéndose, tal vez no me encontraría en esta situación, porque cuando ella murió, algo dentro de mí murió también, el sufrimiento tarde o temprano acaba por pasarte factura”.
Pedro iba sintiendo el peso de sus recuerdos, mientras un reguero de finas lágrimas iba cayendo por sus mejillas, la humedad de sus ojos le obligaba a parpadear repetidamente. Su mirada sin embargo se mantenía fija clavada en el horizonte como tratando de escudriñar, de descubrir algo que diera una respuesta a sus interrogantes, pero no veía más que nublado. Se secó las lágrimas con el borde de su mano -mientras se preguntaba-. ¿Existirá algo después de esta vida o no?
Al pensar en ello sintió una gran angustia que le atenazaba. De pronto a su derecha oyó como un chasquido, como de una rama de un árbol quebrada. Miró instintivamente hacia el lugar del que procedía aquel sonido, restregándose aún sus humedecidos ojos, y acertó a ver un minúsculo pajarillo que al parecer había caído de un árbol. El animalito seguía piando lastimosamente. Agachándose lo cogió con sus manos y lo miró atentamente. El pajarillo no opuso ninguna resistencia, sino que permaneció inmóvil entre sus dedos. Pedro sintió su suave plumaje mientras lo acariciaba dulcemente. De repente un pensamiento pasó por su mente: “¿Por qué no abreviar su agonía?”.
Bastaría un apretón de sus manos para terminar con aquella frágil estructura, o por el contrario podía dejar que la naturaleza siguiera su curso -pero inmediatamente pensó-: “¿Quién era él para alterarla? ¿Qué derecho tenía a ejercer de verdugo de ninguna criatura, bajo pretexto de querer abreviar su presunto sufrimiento?”
Estos pensamientos penetraron afiladamente como saetas en lo más profundo de su ser. Podía si quería acabar con ese animalillo, ¿pero tenía algún derecho a hacerlo?
De súbito posiblemente por asociación anímica, por empatía, se sintió identificado con ese pequeño ser. Sintió que su propia vida se encontraba pendiente de un apretón de sus propias manos. Vaciló un instante, quiso hacerlo pero no pudo, sus manos se mantenían abiertas, implorantes al cielo. Como si hubiera habido una respuesta inmediata a su súplica inconsciente, la imagen, la esencia de su esposa le invadió totalmente, espiritualmente. Un amor sin medida embargó entonces todo su ser haciéndole sentir una felicidad sin límites, transportándole a un éxtasis maravilloso que le desorientó temporal y espacialmente, y que le hizo comprender sin esfuerzo mental alguno, que la muerte en sí no existe, que lo que llamamos muerte es un tránsito a una realidad distinta pero ya presente ahora en el corazón humano, la realización de un deseo de inmortalidad escondido en lo más íntimo de la persona, y que se realiza en esperanza colmada, en la existencia de un amor sin fronteras, un amor humano que trasciende la propia muerte, que se plenifica en el otro mundo, en otra dimensión de la realidad, donde ya no existen limitaciones, ni cortapisas a ese amor, a la realización plena de la felicidad humana.
No supo Pedro cuanto tiempo permaneció en tal estado de felicidad plena, aunque sus pasos le seguían llevando cada vez más adelante por el camino de su vida. La tarde iba cayendo, y el sol amenazaba pronto a esconderse. De repente, tomo conciencia de su entorno, vio que el pajarillo aún permanecía en sus manos abiertas, y aunque ya se encontraba inmóvil le pareció sentir un suave susurro, como un último piar del animal. Vio entonces claramente, que la llave de nuestra inmortalidad radica en el amor que somos capaces de dar a nuestros seres queridos, y por extensión solidaria a todas las criaturas humanas y no humanas. Cuando se experimenta un tal amor, desaparece el temor y el miedo. -Se dijo entonces-: He recibido graciosamente una experiencia de amor sin medida, infinito como el océano. Un amor así no lo he experimentado hasta ahora, nunca en mi vida con tal intensidad, podría decir que no es de este mundo, y sin embargo viene de mi propia esposa. ¿No será que existe un Amor como fuente, como causalidad de todo amor, y esa fuente de amor plena es la que da sentido a todos los auténticos amores que experimentamos a lo largo de la vida, a todo lo bello e inmensurable, un tal amor que es capaz de relativizar la propia muerte trascendiéndola?
-Tal vez -siguió diciéndose-, esa fuente de Amor Suprema podamos llamarla Dios-.
Pedro había ayudado a bien morir, dándole su ternura, a aquel pequeño ser; llegado el caso intuyó ciertamente que Alguien tendría que acompañarle tiernamente también en ese paso supremo, y lleno de confianza, agachándose, depositó cuidadosamente, ceremoniosamente el cuerpo inerte del pajarillo junto al borde del camino. Levantándose seguidamente, siguió pensando que no hay que violentar, ni resistir a lo que llamamos muerte; sino dejarse llevar sin resistencia, sin agonía, para comenzar a vivir el comienzo de otra realidad plena y vivificante. Su mujer había permanecido siempre viva en su corazón, pero ahora lo había descubierto plena y gozosamente.
Dejar que la vida transcurra, siga su curso, aceptando lo inevitable con paz, con confianza siempre esperanzada parece ser la mejor opción. Reconfortado con estas reflexiones, fruto de sentimientos intensamente vividos, reconciliado con sus viejas torturas, Pedro continuó caminando. Parecía más dinámico, se sentía con paz interior y dispuesto a encarar su problema de frente, sin tapujos, si la situación límite tuviera que llegar.
Al pasar cerca de la Masía de la Torre, Pedro giró a la derecha por la pista principal y siguió caminando. Una vez llegado a un gran altiplano, tomó el camino que se dirigía a las masías de Más y Ermita del Pilar, pero comprendió que la tarde iba ya cayendo y no podía ya demorar la vuelta. Una espléndida puesta de sol se mostraba solícita en el cielo abierto. La llanura se le ofrecía espléndida, el paisaje conservaba el calor de la tarde con una ligera bruma que contrastaba aún más
con el color rojizo oro del cielo.
Encandilado con la excepcional vista -se dijo así mismo-: ¡Qué bien se está aquí! Huele a campo abierto. Permanecería aquí siempre, pero pronto anochecerá y tengo ya que regresar-, y dando la vuelta retomó de nuevo el camino andado.
Cuando llegó a su casa, había ya oscurecido pero en su corazón se había abierto una luz que permanecería siempre encendida, un amor pleno de esperanza y de consuelo, porque la muerte es solo un tránsito, y tras ella nos aguardan los seres que más nos han querido y queremos. Lo había visto claro, sentido profundamente en el interior de su alma aquella tarde de verano, y un verso del Cantar de los Cantares vino a sus labios:
“Fuerte es el amor como la muerte”.
Con este consuelo, se durmió plácidamente, -mientras se dijo-: Mañana prepararé mis cosas y marcharé a Zaragoza, y que sea lo que Dios quiera.
Durante el sueño, Pedro, sintió otra vez viva la presencia de su esposa, notando el roce de un suave beso que se depositaba en sus mejillas.
Autor: Bernardo Ebrí Torné

Monday, November 10, 2014

El escándalo de decirse cristiano y vivir como pagano


Homilía del Papa Francisco en santa Marta 10 noviembre 2014

El escándalo de decirse cristiano y vivir como pagano

 

«Todo cristiano, cualquier vocación que tenga, tiene que saber perdonar siempre y no dar nunca escándalo, porque 'el escándalo destruye la fe'. Lo indicó este lunes el papa Francisco, en su homilía en la misa celebrada en la Casa Santa Marta.

"Cuando Jesús le indica a sus discípulos su pensamiento sobre aquellos que da escándalo, especialmente los indefensos, elige una imagen cruda y no una expresión endulzada: 'Es mejor tirarse al mar con una piedra al cuello'", indicó el Santo Padre, en su homilía al comentar el evangelio de Luca; e indicó tres palabras: escándalo, perdón, fe. 'Hay de quien escandaliza', afirma de manera perentoria Cristo, mientras San Pablo en su carta a Tito, da indicaciones precisas sobre cuál debe ser el estilo de vida de un sacerdote: no violento, sobrio; en una palabra 'irreprensibles', o sea lo contrario del escándalo.

Pero esto, afirma el Papa, vale para todos los cristianos. “El escándalo es cuando alguien asegura que profesa un estilo de vida: 'soy cristiano', y vive como pagano, que no cree en nada”. Esto da escándalo porque “falta el testimonio”.

Cuando un cristiano o una cristiana que va a la Iglesia, que va a su parroquia, no vive así, escandaliza. Cuántas veces hemos oído decir: 'Yo no voy a la Iglesia porque es mejor ser honesto y no ir, como este o aquella que van a la Iglesia y después hacen esto, esto y esto...'. ¡El escándalo destruye, destruye la fe!

Y por esto Jesús es tan fuerte: '¡Tengan cuidado, tengan cuidado!”. Y esto nos hace bien repetirlo hoy: porque “todos nosotros somos capaces de dar escándalo”.

Y en cambio al mismo tiempo y en igual medida deberíamos saber perdonar. Perdonar "siempre", insiste el Papa, haciendo eco a las palabras de Cristo, que invita a perdonar también “siete veces en un día”, si quien nos hizo mal nos lo pide arrepentido. Jesús, observa el papa Francisco, “exagera para hacernos entender la importancia del perdón” visto que “un cristiano que no es capaz de perdonar escandaliza, no es cristiano”.

“Debemos perdonar porque somos perdonados. Esto está en el Padre Nuestro. Jesús lo ha enseñado allí. Y esto no se entiende en la lógica humana. La lógica humana nos lleva a no perdonar, a la venganza; lleva al odio, a la división. Cuantas familias divididas por no perdonarse: ¡cuantas familias!, hijos alejados de los papás, marido y mujer alejados... Y es muy importante pensar en esto: si yo no perdono parece que no tenga derecho, parece, a ser perdonado; o no he entendido que significa que el Señor me haya perdonado.

“Esta es la segunda: perdón”. Se entiende entonces, concluye el Papa, “porque los discípulos escuchando estas cosas, hemos dicho al Señor: 'Acrecienta nuestra fe”.

“Sin la fe no es posible vivir sin dar escándalo, y perdonar siempre. Solamente a la luz de la fe, de aquella fe que nosotros hemos recibido, la fe de un Padre misericordioso, de un Hijo que ha dado la vida por nosotros, de un Espíritu que está dentro de nosotros y nos ayuda a crecer, de la fe en la Iglesia, la fe en el pueblo de Dios, bautizado y santo.

Y esto es un don, la fe es un regalo. Nadie con los libros o yendo a conferencia puede recibir la fe. La fe es un regalo de Dios que te ha llegado, y por esto los apóstoles le piden a Jesús: 'Aumenta nuestra fe'».

 

Fuente: zenit.org