Actividad Científica del Dr. Bernardo Ebrí

Los interesados en poder descargar publicaciones médicas científicas del Dr. Bernardo Ebrí Torné, pueden hacer "clic" en

https://www.researchgate.net/profile/Bernardo_Ebri/stats

Para descargar el programa informático para el cálculo de la Edad ósea en niños, guía explicativa como usarlo, sobre la radiografía de mano izquierda, y luego poder predecir la talla adulta del niño (niños de 0,5 años a 20); específicos programas para niños de 0 a 4 años a través de la radiografía de mano y de pie) (En español y lengua inglesa),publicaciones a este respecto, libro sobre Maduración Esquelética etc.,.., introducirse en la siguiente web: www.comz.org/maduracion-osea
Se abrirá el portal al hacer "clic" y allí, se encuentra toda la información, con posibilidad de descarga.
El método esta siendo utilizado por pediatras, radiólogos, de España, Italia, México, Venezuela...
Comentarios en https://sites.google.com/site/doctorbernardoebri/prueba


Salmos 91:4 y 46:1. El amor de Dios

Salmos 91:4 y  46:1. El amor de Dios
"Pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será nuestro escudo y tu baluarte". "Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia"

Monday, July 29, 2013

Papa Francisco a los jóvenes: delante de la Cruz ¿eres como Pilatos o como el Cirineo?


Al finalizar el Vía Crucis en Copacabana el santo padre invita a los jóvenes a dejar todo a los pies de la Cruz

Por Rocío Lancho García

ROMA, 27 de julio de 2013 (Zenit.org) - "Hemos venido hoy aquí para acompañar a Jesús a lo largo de su camino de dolor y de amor, el camino de la Cruz", así comenzó el papa Francisco su discurso a los jóvenes presentes en la playa de Copacabana tras la vivencia del Vía Crucis, en el que se reflexionó sobre los problemas actuales y las preocupaciones de la juventud.

"Queridos hermanos, nadie puede tocar la Cruz de Jesús sin dejar en ella algo de sí mismo y sin llevar consigo algo de la cruz de Jesús a la propia vida", afirmó el santo padre. Y lanzó tres preguntas para la reflexión "¿Qué han dejado ustedes en la Cruz, queridos jóvenes de Brasil, en estos dos años en los que ha recorrido su inmenso país?", "¿qué ha dejado la Cruz en cada uno de ustedes?", "¿qué nos enseña para nuestra vida esta Cruz?"

El papa Francisco recordó que Jesús con su Cruz "recorre nuestras calles y carga nuestros miedos, nuestros problemas, nuestros sufrimientos, también los más profundos" y además "se une al silencio de las víctimas de la violencia, que ya no pueden gritar, sobre todo los inocentes y los indefensos" también "se une a las familias que se encuentran en dificultad, y que lloran la trágica pérdida de sus hijos". Así mismo recordó que "con la Cruz Jesús se une a todas las personas que sufren hambre, en un mundo que, por otro lado, se permite el lujo de tirar cada día toneladas de alimentos". También hizo referencia a que Jesús está junto a madres y padres que sufren a sus hijos víctimas de paraísos artificiales, como la droga; a quien es perseguido por su religión, por sus ideas, o simplemente por el color de su piel; a jóvenes que han perdido su confianza en las instituciones políticas porque ven el egoísmo y corrupción, o que han perdido su fe en la Iglesia, e incluso en Dios, "por la incoherencia de los cristianos y de los ministros del Evangelio".

Y alentó a los presentes recordando que "Él acoge todo con los brazos abiertos, carga sobre su espalda nuestras cruces y nos dice: ¡Ánimo! No la llevás vos solo. Yo la llevo contigo y yo he vencido a la muerte y he venido a darte esperanza, a darte vida".

Haciendo referencia a la segunda de las preguntas que lanzó al inicio del discurso, el papa señaló que la Cruz "deja un bien que nadie más nos puede dar: la certeza del amor fiel de Dios por nosotros". A continuación invitó a los jóvenes a fiarse de Cristo "porque Él nunca defrauda a nadie. Sólo en Cristo muerto y resucitado encontramos la salvación y redención".

Finalmente afirmó que la "Cruz invita también a dejarnos contagiar por este amor, nos enseña así a mirar siempre al otro con misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien tiene necesidad de ayuda, a quien espera una palabra, un gesto".  Y nuevamente invitó a los peregrinos a hacerse una pregunta: "Vos, ¿cómo quien querés ser. Querés ser como Pilato, que no tiene la valentía de ir a contracorriente, para salvar la vida de Jesús, y se lava las manos?" o "sos como el Cireneo, que ayuda a Jesús a llevar aquel madero pesado, como María y las otras mujeres, que no tienen miedo de acompañar a Jesús hasta el final, con amor, con ternura".

Por eso, exhortó a lo jóvenes a llevar alegrías, sufrimientos y fracasos a la Cruz de Cristo, donde "encontraremos un Corazón abierto que nos comprende, nos perdona, nos ama y nos pide llevar este mismo amor a nuestra vida, amar a cada hermano o hermana nuestra con ese mismo amor".

Tuesday, July 23, 2013

Los cristianos son los más felices en Twitter


Es la conclusión de un estudio realizado por la Universidad de Illinois
Por Jorge Enrique Mujica
ROMA, 23 de julio de 2013 (Zenit.org) - ¿Quiénes son los más felices en Twitter?, ¿los ateos o los cristianos? A esta interrogante responde un estudio de investigadores de la Universidad de Illinois, Estados Unidos, quienes han tomado como muestra para su investigación casi dos millones de tuits. El resultado apunta a los cristianos como el grupo más feliz en esa red social. ¿En base a qué criterios se determinó el grado de felicidad? Por ejemplo al elevado uso de palabras positivas.

Para identificar cristianos y ateos los investigadores estudiaron los tuits de más de 16 mil seguidores de destacados personajes cristianos y ateos en Twitter: se enfocaron en el contenido emocional (uso de palabras negativas o positivas), la frecuencia de uso de palabras como «amigo» o «hermano» (comúnmente vinculadas a procesos de socialización) y al uso de palabras como «porque» o «pienso» (palabras asociadas a un modo de pensar analítico). De esta investigación surgieron conclusiones como el que los tuits de los cristianos tienen un contenido más positivo y menos negativo en comparación con los tuits de los ateos. A esto se suma el uso frecuente de palabras sociales que indican emociones positivas. Los tuits de los ateos suelen ser más analíticos pero a la larga les hace menos felices, reporta el estudio.

Según Ryan Ritter, uno de los investigadores, «Los resultados están en línea con otros estudios que relacionan el mayor nivel de conectividad social con una mayor bienestar». A esto añade Jesse Preston, otra de los investigadores: «Las comunidades religiosas son muy sociales. El sólo hecho de pertenencia conecta unas personas a otras, y tal vez es ésta la conexión que puede hacer más feliz a la gente».

El estudio quiso enfocarse en Twitter porque las personas reportan sus experiencias en el tiempo que ocurren: «Los investigadores no necesitamos preguntar a la gente cómo se siente porque ya lo están diciendo», refiere la psicóloga Preston.

El resultado completa de esta investigación realizada por Ryan Ritter, Jesse Preston e Iván Hernández, de la Universidad de Illinois, ha sido publicado en «Social Psychological & Personality Science», revista especializada en psicología y ciencia.

El estudio completo en lengua inglesa puede consultarse en este enlacehttp://spp.sagepub.com/content/early/2013/06/18/1948550613492345.full. Es necesario registrarse.

Carta de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas por el aniversario de la encí­clica Humanae Vitae

 
Por Redacción
ROMA, 23 de julio de 2013 (Zenit.org) - El José María Simón Castellví, presidente de la Federación  Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC), ha escrito una carta en ocasión del aniversario de la encíclica Humanae vitae, que se celebra el 25 de julio.
En la texto señala que "nunca me cansaré de agradecerle al Papa Pablo VI su valentía en publicar aquel texto sobre el inicio de la vida humana, su transmisión y el amor de los esposos. Lo hizo en el año de la revolución sexual del 68 y probablemente contra la opinión de algunos expertos y una gran oposición mediática".
Sobre la encíclica dice que "ese texto se considera ya profético. Continuó las enseñanzas de Pío XII y apuntó muy bien a las de Juan Pablo II. Pero sobre todo acertó plenamente en la clave de la transmisión de la vida humana. Se trata de un momento especial entre los esposos y Dios. El dedo de Dios se halla en el lecho conyugal y en la transmisión de la vida es máxima la cooperación entre nosotros y el Creador". Del mismo modo recuerda que "en la creación de un nuevo ser humano Dios desea que fluya abundantemente el amor. La transmisión de una nueva vida es un acto de amor de Dios y de los esposos".
Continúa afirmando que "la creación de una familia y el don de sí sin esconder la facultad creadora son condiciones indispensables para acoger bien a un nuevo ser humano. Hay que pensar que todos y cada uno de los seres humanos lo somos para siempre. Una vez creados y, pasada la prueba de este mundo, existimos para siempre".
Recordando que la corporeidad nos viene de origen y que los médicos "sabemos bien de lo bello, complejo e interesante que es el cuerpo humano y su fisiología", señala que "la mujer, ser bello donde los haya, tiene el don de la fertilidad periódica para ser y transmitir felicidad".
Para finalizar añade que "junto con la importancia de ser más en lo posible, desearía resaltar la voluntad de entrega y ayuda mutua conyugal que explícitamente señaló Pablo VI. La entrega excluye la contracepción y la ayuda mutua sonríe pícaramente ante aquellos que sostienen que la Iglesia está contra la sexualidad".
 

Wednesday, July 17, 2013

La encíclica del Papa Francisco


Si se hubiese publicado antes de tal anuncio, siempre diríamos que era la última encíclica de un Papa, con la que se habría cerrado una etapa, un ciclo, sería objeto de memoria, algo que se dijo para otro momento. Pero, providencialmente, ese mismo texto, la base de ese mismo texto, es asumido por un nuevo Papa para una nueva etapa, nos hace mirar hacia delante


Con fecha 29 de junio, solemnidad de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, el Papa Francisco ha publicado su primera carta Encíclica: «Lumen Fidei». Una encíclica madrugadora, puesto que son muy pocos los meses todavía de su pontificado, cimentado en esa base sólida de la luz que proviene de la fe en Jesucristo. En un día muy significativo, que evoca el ministerio de Pedro y de sus sucesores: confirmar en la fe. Con un texto que asume, en buena parte, el ya elaborado por su antecesor, Benedicto XVI, antes de anunciar su renuncia en febrero: señal inequívoca de la total continuidad entre dos Papas, siempre al servicio de la fe. En pleno Año de la Fe. Sobre un contenido fundamental, en el que se juega la suerte del hombre y se asienta la Iglesia y su misión a favor de los hombres: la fe. Con un título muy significativo que nos habla de luz que tanto necesitamos en esta encrucijada de nuestra historia.

Subrayo que es la primera encíclica de un pontificado y abre el horizonte de este pontificado: esto quiere decir que, de alguna manera, marca la dirección de esta nueva etapa en la historia de la Iglesia. El texto, parece, estaba muy avanzado antes del anuncio de la renuncia. Si se hubiese publicado antes de tal anuncio, siempre diríamos que era la última encíclica de un Papa, con la que se habría cerrado una etapa, un ciclo, sería objeto de memoria, algo que se dijo para otro momento. Pero, providencialmente, ese mismo texto, la base de ese mismo texto, es asumido por un nuevo Papa para una nueva etapa, nos hace mirar hacia delante. Una misma enseñanza y una misma mirada nos empistan para la etapa actual de la Iglesia y de la humanidad. El hecho me hace pensar en aquel texto de la Carta a los Hebreos que tanta actualidad tiene por el momento que atravesamos y que dice: «Teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos sin retirarnos (con constancia), en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien en el lugar del gozo inmediato soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha de Dios. Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores y no os canséis ni perdáis el ánimo» (Heb. 12. 1-3). Toda la encíclica constituye una llamada a esto: a mirar a Jesús, Luz de las gentes, con la mirada de la fe, que percibe y reconoce en Él la luz que necesitamos para proseguir nuestro camino sin retiramos, sin desmayo, y con nuevas fuerzas. De alguna manera, en este panorama situamos esta encíclica que tanta luz arroja para el momento que vivimos y da tanto sentido a la vida personal y de la Iglesia, para ofrecerlo y compartirlo con quienes no comparten el gozo y la luz de la fe y el aliento de esta esperanza.

Estimo que sólo los datos que he enumerado al principio dan mucho que pensar. Nos apuntan al camino a seguir, tanto por el propio Papa, como por toda la Iglesia y en todas partes, por cada uno de los que formamos la Iglesia. Esos datos nos están indicando que ése es el camino –el de la luz de la fe– que en estos momentos Dios nos abre y traza, el que Él mismo nos invita a proseguir llenos de ánimo a quienes formamos la Iglesia, el que los hombres necesitan descubrir y andar, el que hemos de ofrecer para un nuevo y gran futuro para la humanidad entera para que prosiga su marcha, sin detenerse, con una nueva luz y una nueva claridad en medio de tantas oscuridades e incertidumbres como atraviesa nuestro mundo. El camino que han seguido, y siguen, tantos y tantos en la historia que nos precede edificando esa humanidad, objeto del amor y de la misericordia de Dios, la que Él tanto quiere y a la que ilumina con la Luz que viene de Él.

La fe es cuestión primordial, donde se juega el futuro del hombre; no da lo mismo creer que no creer para proseguir nuestro camino. Es verdad que la fe encuentra muchas dificultades en el mundo en que vivimos, y que son muchos los que no se atreven a dar el paso de la fe o a seguir en ese camino de la fe. Es cierto que no vivimos momentos fáciles para la fe, pero también es cierto que la necesitamos como la tierra reseca necesita del agua para no convertirse en un desierto. El Papa es muy consciente del momento que atraviesan los hombres, creyentes y no creyentes, que atraviesa el mundo capaz de lo mejor y de lo peor, sumido en una encrucijada en la que no acierta con el camino a seguir para el bien de todos. Por eso afirma con tanta nitidez y gozo lo fundamental y primero que es la luz de la fe, la necesidad que todos tenemos de la fe. El Papa no vive en la estratosfera ni de ilusiones voluntaristas, ni se traza un universo idealista. En todo pisa tierra, es profundamente realista, con el realismo mismo que da la fe; por eso, con toda sencillez, ya en el comienzo de su carta, reconoce que «al hablar de le fe como luz, podemos oír la objeción de muchos contemporáneos nuestros. En la época moderna se ha pensado que esa luz podía bastar para las sociedades antiguas, pero ya no sirve para los tiempos nuevos, para el hombre adulto, ufano de su razón, ávido de explorar el futuro de una nueva forma. En este sentido, la fe se veía como una luz ilusoria, que impedía al hombre seguir la audacia de Zafe... Zafe ha acabado por ser asociada a la oscuridad» (Lumen Fidei, 1-2).

En medio de ésta y de otras muchas dificultades el Papa Francisco, en plena unidad y continuidad con Benedicto XVI, su antecesor, nos anima a proseguir nuestro camino con la mirada de la fe puesta en Jesucristo, que ilumina nuestras vidas y nuestro camino. Ahí está el gran futuro.

(Seguiremos hablando de esta encíclica que tanta riqueza y aliento contiene; entre tanto, agradecemos a Dios que a través del Papa Francisco nos ofrece este tesoro, que ya Benedicto XVI estuvo a punto de entregarnos: aquí se nos abren las puertas de una gran esperanza llena de luz, son las puertas y la luz de la fe, las que tan palpablemente veremos también en la Jornada Mundial de la Juventud, de la que hablaré la próxima semana).

© La Razón

Tuesday, July 2, 2013

José Antonio Ortega estuvo secuestrado 532 días. La Oración le sostuvo en su cautiverio.Nunca perdió la fe.




José Antonio Ortega Lara estuvo secuestrado por ETA 532 días.
Rezaba cada día hasta 9 rosarios.
Nunca perdió la fe.
Ahora habla sobre la importancia de la oración. Nunca perdió la fe. 
Actualizado 29 junio 2013 

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Javier Lozano / ReL  



José Antonio Ortega Lara se convirtió con su ejemplo en una de las personas referentes y a seguir por la sociedad española. Su historia, marcada por el azote del terrorismo, no se ha dejado marcar por ETA sino que recobró su vida con normalidad. Y en todo esto tuvo que ver mucho la fe y sobre todo la oración. La propia y la ajena.
 

El que fuera funcionario de prisiones vivió una de las peores experiencias imaginables al estar secuestrado en un diminuto zulo durante 532 días. Sin ventilación y en condiciones infrahumanas. Pero ni aún así pudieron con él. En su rutina del día a día tenía a Dios en un lugar principal, sabiendo que era el pilar en el que debía apoyarse para no sucumbir durante el cautiverio. Poco después  de su liberación afirmaba que durante el secuestro “procuraba hacer ejercicio todos los días, leer y rezar, rezaba hasta nueve rosarios al día”.
 
La oración en conventos de clausura
Han pasado casi 16 años desde su liberación y es gracias a la fe inquebrantable por lo que ha podido recuperar totalmente su vida. Incluso en 2002 adoptó junto con su una niña. Pero la familia también tuvo mucho que ver. La cuñada de Ortega Lara es religiosa de clausura en Madrid, desde donde movilizó un ejercito que mantuviera en vilo mediante la oración a su cuñado. Y bien que lo consiguió. Tras la liberación esta monja afirmaba que “estoy verdaderamente admirada con mi familia, porque nunca les he oído maldecir, ni insultar a los secuestradores, ni palabras de rencor. La fe, el amor y la unión de todos se la debemos a mis padres”.
 
Sin embargo, es ahora cuando queriendo o sin querer José Antonio Ortega Lara ha escrito una especie de tratado sobre la oración. Una explicación sobre su relación con Dios, también en los momentos más duros donde le costaba verle y sentirle. Basa  todo en su experiencia personal tanto durante como después del secuestro y en él confirma que sea cual sea la circunstancia Dios siempre acontece y si no le vemos es porque somos nosotros los que nos hemos alejado de él.
 
La encíclica de Benedicto XVI
Su experiencia sobre la oración parte de un pasaje de la encíclica de Benedicto XVI Spe Salvi y que se recoge en el libro homenaje Hablando con el Papa (Planeta). Dice así: “Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme –cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar- Él puede ayudarme. Si me veo relegado a la extrema soledad (…) el que reza nunca está totalmente solo”.
 
Ortega Lara ha experimentado en sí mismo esta parte de la encíclica y tiene una experiencia total de que a pesar de su duro cautiverio en un zulo sin luz “nunca estuvo totalmente solo”.
 
Ortega Lara, liberadpDe este modo, cuenta que “a pesar de haber nacido en una familia de creyentes y de haber recibido una educación religiosa también yo me convertí en un cristiano formal y no de fondo”. “¡Qué fácil me resultaba ser cristiano en un ambiente favorable, donde no había otra exigencia que la que tú mismo quisieras imponerte! Pero la vida no siempre es benevolente y cómoda, a veces te conduce por caminos tormentosos y llenos de dificultades que nunca habías pensado transitar”.
 
El secuestro que cambió su vida
¿Y qué le ocurrió a él? “Esto es lo que me sucedió a mí, en la experiencia de mi secuestro, y lo que definitivamente cambió mi existencia y mi percepción de la vida en este mundo”, cuenta Ortega Lara. Fue precisamente esta oración la que le mantuvo con vida pues se hizo tan importante como el comer cada día.
 
En este sentido, el que fuera funcionario de prisiones y concejal agrega que “cuando rezo, me siento conectado; creo que Dios me escucha y, de paso, ahuyento la soledad y el abandono que a veces experimenta mi alma”.
 
La oración, como arma
Es precisamente en esos momentos cuando “aflora con fuerza la presencia de Dios, que yacía latente pero olvidada en el fondo de nuestro corazón, bien porque la considerábamos innecesaria,  bien porque el ritmo de vida nos impedía centrarnos en lo verdaderamente importante”.
 
Entonces, ¿para qué sirve la oración? Ortega Lara lo dice claramente y no le importa nadar contracorriente: “puede que rezar no esté de moda, pero a mí me ha servido y me sirve como remedio para serenar mi alma en situaciones de tribulación, y me aporta seguridad cuando debo tomar decisiones importantes”.
 
En su disertación sobre la oración, continúa diciendo que “ayuda en los momentos dulces de la vida, pero cuando adquiere realmente un valor especial es en situaciones difíciles o de desesperación personal. Comienzas rezando en búsqueda del remedio a tus desgracias para después continuar haciéndolo por otras personas que consideras lo necesitan más que tú”.
 
Ofrecer los sufrimientos
El sentido de la oración comprende que es salvífico y universal, no pertenece a uno mismo. “Acabas por entender que tus oraciones, e incluso tus sufrimientos, pueden serle de gran utilidad a otras personas, a quienes deseas que nunca tengan que padecer lo que tú has sufrido”, confiesa.
 
Aún así, Ortega Lara no tiene problemas en reconocer que su relación con Dios no tiene por qué ser tranquila pues también le grita para encontrar una respuesta. “La oración en este contexto se transforma en una comunicación no siempre serena, o al menos eso me sucedió a mí. A veces surge como la cascada de un torrente llena de reproches hacia Dios porque consideras que no te escucha o que, si lo hace, no se apiada de tus súplicas. ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué?’. Te das cuenta después de tu error, te disculpas y procuras de nuevo establecer la serenidad en tu alma, tan atormentada por las tribulaciones y las dudas”.
 
Esta es precisamente la fuerte experiencia que vivió durante su secuestro. Pese  a todo, cada día era distinto al anterior y por ello también evolucionaba su trato con Dios a  través de la oración. “Se convierte en un camino de ida y vuelta, con altibajos, con sentimientos contradictorios, pero que siempre acaban llevándote a la misma conclusión: a pesar de las dificultades, no quieres romper esa comunicación directa que te hace sentir vivo y deseas conservar esa amistad que te une a Dios en una relación recíprocamente sincera, aunque en sus comienzos fueses precisamente tú quien buscaba un interés personal en ella”.
 
La evolución de la oración
Esta experiencia va transformando poco a poco y finalmente Ortega Lara confiesa que “la oración va evolucionando; se vuelve más dinámica y fluida, desinteresada, se va despojando de trabas y reproches, y te hace sentir libre para decirle a la otra parte lo que sientes o piensas con absoluta sinceridad y sin contrapartidas”.
 
¿Dónde te lleva todo esto? “La oración no es ya una prueba de sumisión a Dios, sino que es una expresión de libertad que surge de lo más profundo de tu alma”. Además, añade que “rezas de corazón, y el alma se va liberando poco a poco de la desesperación que la aterroriza y que te hace sentir despreciado, abandonado y desahuciado. Incluso cuando ya has perdido la esperanza de retomar el tren de tu vida anterior, sientes que Dios está a tu lado como un amigo que comparte contigo tu desdicha, observa en silencio, reza contigo y no hurga en tu herida”.
 
“Mi fe en Dios permaneció viva entonces, durante mi secuestro, y lo sigue estando ahora; no se resquebrajó a pesar de la dura experiencia vivida, sino que pienso que salió fortalecida, Confiaba y confío en Dios”, afirma para concluir que “sé que nunca me abandonará y eso me reconforta y me ayuda a seguir viviendo”.

Saturday, June 22, 2013

Francisco: "Nunca vi un camión de mudanza detrás de un cortejo fúnebre"


                    
Reflexión del papa en la misa diaria acerca de no acumular riquezas en la tierra
Por Redacción
ROMA, 21 de junio de 2013 (Zenit.org) - Pedir a Dios la gracia de un corazón que sepa amar y no se deje desviar por tesoros inútiles. Es la sustancia de la homilía dicha esta mañana por el papa Francisco en la Casa Santa Marta, durante la misa concelebrada con el cardenal Francisco Coccopalmerio, el obispo Juan Ignacio Arrieta y el auxiliar José Aparecido Gonzalves de Almeida, presidente, secretario y subsecretario del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, respectivamente, acompañados por algunos de los empleados del dicasterio. Estaba presente también el personal de la Fábrica (Taller ndr) de la Basílica de San Juan de Letrán, guiados por monseñor Santiago Ceretto, así como los empleados de la "Domus Sanctae Marthae".
Atesorar en el cielo
La lucha por el único tesoro que se puede llevar consigo más allá de la vida es la razón de ser de un cristiano. Es la razón de ser que Jesús explica a los discípulos, en el pasaje que se lee hoy en el evangelio de Mateo: "Allí donde está tu tesoro, también estará tu corazón". El problema, explica el papa Francisco, está en el no confundir las riquezas. Hay “tesoros riesgosos” que seducen “pero que debemos abandonar”, aquellos acumulados durante la vida y que la muerte destruye. Observa con un toque de ironía el papa: "Nunca he visto un camión de mudanza detrás de un cortejo fúnebre, nunca". Pero sí hay un tesoro que "podemos llevar con nosotros", un tesoro que nadie nos puede robar, que no es –dice--, "lo que has estado guardando para ti", sino "lo que has dado a los demás":
"Aquel tesoro que hemos dado a los demás, eso es lo que llevamos. Y eso va a ser nuestro mérito, entre comillas, ¡pero es nuestro ‘mérito’ de Jesucristo en nosotros! Y eso es lo que tenemos que llevar. Y es aquello que el Señor nos deja llevar. El amor, la caridad, el servicio, la paciencia, la bondad, la ternura son hermosos tesoros: son los que llevamos. Los otros no".
Por lo tanto, como afirma el evangelio, el tesoro que vale a los ojos de Dios es el que ya se ha acumulado desde la tierra en el cielo. Pero Jesús, subraya el papa Francisco, va un paso más allá: une el tesoro al "corazón", crea una "relación" entre los dos términos. Esto --añade, porque el nuestro "es un corazón inquieto", que el Señor "ha hecho así para buscarlo a Él":
"El Señor nos ha hecho inquietos para encontrarlo, para crecer. Pero si nuestro tesoro es un tesoro que no está cerca al Señor, que no es del Señor, nuestro corazón se inquieta por las cosas que no van, por esos tesoros... Así que mucha gente, incluso nosotros andamos inquietos ... Para tener esto, para obtener aquello, al final nuestro corazón se cansa, nunca está satisfecho: se cansa, se vuelve perezoso, se convierte en un corazón sin amor. El cansancio del corazón. Pensemos en eso. Yo qué cosa tengo: un corazón cansado que solo quiere acomodarse, ¿tres o cuatro cosas, una buena cuenta bancaria, esto, aquello?  ¿O un corazón inquieto, que siempre busca aún más cosas que no pudo tener, las cosas del Señor? Esta inquietud del corazón hay que cuidarla siempre".
Un corazón que brille
A este punto, continúa el papa Francisco, Cristo también pone en tela de juicio el "ojo", que es el símbolo “de la intención del corazón", y que se refleja en el cuerpo: "un corazón lleno de amor" vuelve el cuerpo "brillante", un "corazón malo" lo hace oscuro. Del contraste luz-oscuridad, explica el papa, depende "nuestro juicio sobre las cosas", como también lo demuestra el hecho de que un "corazón de piedra", "pegado a un tesoro de la tierra", a "un tesoro egoísta" --que puede también convertirse en un tesoro "del odio", "vienen las guerras...". En cambio, y fue la oración final del papa, que a través de la intercesión de san Luis Gonzaga que hoy la Iglesia recuerda, le pedimos "la gracia de un corazón nuevo", un "corazón de carne":
"Todas estos pedazos del corazón que están hechos de piedra, el Señor los hace humanos, con aquella inquietud, con aquella ansia buena de ir hacia adelante, ¡buscándolo a Él dejándose buscar por Èl! ¡Que el Señor nos cambie el corazón! Y así nos salvará. Nos protegerá de los tesoros que no nos ayuden en el encuentro con Èl, en el servicio a los demás, y también nos dará la luz para ver y juzgar de acuerdo con el verdadero tesoro: su verdad. Que el Señor nos cambie el corazón para buscar el verdadero tesoro y así convertirnos en personas luminosas y no ser personas de las tinieblas".
Traducido por José Antonio Varela V.
 

Tuesday, June 18, 2013

Perdonar a los enemigos y rezar por ellos, pide Francisco en Santa Marta


Homilí­a de hoy martes: Para los criterios del mundo es un mal negocio, pero este es el camino de Jesús
Por Redacción
CIUDAD DEL VATICANO, 18 de junio de 2013 (Zenit.org) - Amar a los enemigos es algo difícil. Lo sabemos todos, pero el papa Francisco hoy ha subrayado que “es lo que nos pide Jesús” y que para perdonarlos es fundamentar rezar por ellos, para que el Señor les cambie el corazón.
Lo hizo esta mañana en su misa cotidiana en la capilla de la residencia Santa Marta, la cual fue concelebrada por el cardenal Giuseppe Versaldi, y diversas personas que trabajan en las dependencias del Vaticano.
El santo padre, indica la Radio Vaticano, se interrogó: ¿Cómo podemos amar a nuestros enemigos? ¿A quienes “toman la decisión de bombardear y matar a tanta gente?”. O a “aquellos que por amor al dinero no dejan que las medicinas estén al alcance de los ancianos y los dejan morir?”
Parece una cosa difícil la de amar a nuestros enemigos, pero “Jesús nos lo pide. La liturgia en estos días nos propone esta “actualización de la ley que Jesús ha hecho”. De la ley del monte Sinaí a la ley de las bienaventuranzas. Y recordó que todos nosotros tenemos enemigos, pero en el fondo nosotros mismos podemos volvernos enemigos de los otros.
“También nosotros muchas veces nos volvemos enemigos de los demás: no les queremos. ¡Es Jesús quien nos dice que debemos amar a nuestros enemigos! ¡Y Esto no es fácil! ¡No es fácil!... A veces pensamos que Jesús nos pide demasiado”. Y pensamos: “Dejemos esto para las monjas de clausura que son santas; dejemos esto para alguna alma santa, pero para la vida común esto no funciona. ¡Y esto tiene que funcionar! Jesús dice: “¡No, tenemos que hacer esto!, porque contrariamente somos como los publicanos, como los paganos. No somos cristianos”.
¿Cómo podemos entonces amar a nuestros enemigos?, se interrogó el papa. “Él nos dice dos cosas: miren al padre “que hace resplandecer el sol para los buenos y los malos” y que “hace llover para los justos e injustos”. Porque Dios “ama a todos”.
El santo padre recordó que Jesús nos invita “a ser prefectos como el Padre es perfecto”. Y Jesús “perdona a sus enemigos”.
En cambio, añadió el papa, “vengarse no es cristiano”. Y volvió a interrogarse. “¿Cómo podemos entonces lograr a amar a nuestros enemigos? Rezando -aseguró- porque cuando uno reza por quien te hace sufrir, es como si el Señor viene con el aceite y prepara nuestros corazones a la paz”.
¡Rezar! Es lo que Jesús nos aconseja: “Recen por sus enemigos, por aquellos que les persiguen. ¡Recen! Y díganle a Dios: “Cámbiale el corazón, tiene un corazón de piedra, pero cámbialo, dale un corazón de carne, que sienta el bien y que ame”.
Y dejo aquí una pregunta -dijo Francisco- para que cada uno de nosotros la responda en su corazón: “¿Rezo yo por mis enemigos? ¿Rezo por aquellos que no me quieren? Si nosotros decimos 'sí', yo les digo: sigan adelante, recen más, ese es un buen camino. Si la respuesta es 'no', el Señor dice: Pobrecito, también tú eres enemigo de los otros”.
Podemos decir: pero este combinó una cosa tremenda. O estos hicieron cosas malas. Y esto daña a la humanidad. Y con este argumento queremos realizar una venganza o aquel 'ojo por ojo, diente por diente'. Es verdad, dijo el papa Francisco, el amor por los enemigos “nos empobrece”. Pero “nos hace pobres como Jesús que cuando vino al mundo se rebajó y se hizo pobre” por nosotros.
Alguien podrá decir que esto no es un buen negocio. Seguramente, exclamo: “¡Para los criterios del mundo no es un buen negocio! Pero este es “el camino que recorrió Jesús”, que de rico se hizo pobre por nosotros. En una pobreza “en la que está la gracia que nos justifica a todos y nos hace ricos” porque “es el misterio de la salvación”.
“Nosotros que estamos hoy en esta Misa, pensemos en nuestros enemigos y en aquellos que no nos quieren: sería hermoso que ofreciésemos la Misa por ellos: Jesús, el sacrificio de Jesús, por ellos, por aquellos que no nos aman. Y también por nosotros -concluyó el papa- para que el Señor nos enseñe esta sabiduría tan difícil, pero tan hermosa porque nos vuelve semejantes al Padre, a nuestro Padre, que hace surgir el sol para todos, buenos y malos.