Tuesday, February 23, 2010
Monday, February 22, 2010
Los abortos aumentan un 115 por ciento en diez años

España es el país de la Unión Europea con mayor incremento del número de abortos en diez años, un 115 por ciento, según el informe El aborto en Europa y en España 2010, que ha elaborado el Instituto de Política Familiar (IPF).
Se ha pasado de 53.843 interrupciones de embarazo en 1998 a 115.812 en 2008, es decir, casi 62.000 abortos más.La organización presentará estos datos en el Parlamento Europeo con el objetivo de denunciar que el Gobierno español potencia esta práctica con la ley del aborto que se está tramitando. Asimismo, la entidad quiere advertir de las consecuencias negativas que tendrá la ley para aquellos países europeos que se han planteado la normativa española como una prueba piloto.
Mientras en Alemania e Italia "se ha reducido el número de abortos mediante políticas de apoyo a la maternidad", España "no sólo ha sido el país de la Unión Europea con mayor incremento, sino que el Gobierno pretende ampliar esta diferencia".
Sin respaldo socialAnte el rechazo por parte del Senado de los vetos a la nueva ley, el presidente de esta organización, Eduardo Hertfelder, ha denunciado que el Gobierno quiere imponer una norma regresiva, pues "está siendo realizada a espaldas de la sociedad y de la mujer".
Se ha pasado de 53.843 interrupciones de embarazo en 1998 a 115.812 en 2008, es decir, casi 62.000 abortos más.La organización presentará estos datos en el Parlamento Europeo con el objetivo de denunciar que el Gobierno español potencia esta práctica con la ley del aborto que se está tramitando. Asimismo, la entidad quiere advertir de las consecuencias negativas que tendrá la ley para aquellos países europeos que se han planteado la normativa española como una prueba piloto.
Mientras en Alemania e Italia "se ha reducido el número de abortos mediante políticas de apoyo a la maternidad", España "no sólo ha sido el país de la Unión Europea con mayor incremento, sino que el Gobierno pretende ampliar esta diferencia".
Sin respaldo socialAnte el rechazo por parte del Senado de los vetos a la nueva ley, el presidente de esta organización, Eduardo Hertfelder, ha denunciado que el Gobierno quiere imponer una norma regresiva, pues "está siendo realizada a espaldas de la sociedad y de la mujer".
Thursday, February 18, 2010
ESTUDIO PUBLICADO EN 'EUROPEAN HEART JOURNAL'

Las emociones positivas protegen frente a la enfermedad cardiaca
Las personas que suelen estar felices, entusiastas y contentas son menos propensas a desarrollar enfermedad cardiaca que las que tienden al pesimismo o la tristeza, según un estudio del Centro de Salud Cardiovascular Conductual de la Universidad de Columbia en Nueva York (Estados Unidos) que se publica en el último número de European Heart Journal
Las personas que suelen estar felices, entusiastas y contentas son menos propensas a desarrollar enfermedad cardiaca que las que tienden al pesimismo o la tristeza, según un estudio del Centro de Salud Cardiovascular Conductual de la Universidad de Columbia en Nueva York (Estados Unidos) que se publica en el último número de European Heart Journal
Los autores, coordinados por Karina Davidson, afirman que este trabajo es el primero en mostrar una relación independiente de este tipo entre las emociones positivas y la enfermedad cardiaca coronaria. Según Davidson, los resultados sugieren que podría prevenirse la enfermedad cardiaca promoviendo las emociones positivas en las personas. Sin embargo, la autora advierte de que sería prematuro realizar recomendaciones clínicas sin ensayos clínicos que investiguen posteriores descubrimientos.
Durante diez años, la investigadora y su equipo siguieron a 1.739 adultos sanos, 862 hombres y 877 mujeres, que participaban en la Encuesta de Salud de Nueva Escocia 1995. Al inicio del estudio, enfermeras especializadas evaluaron el riesgo de enfermedad cardiaca de los participantes y, con evaluaciones de autoinformes y clínicas, midieron los síntomas de depresión, hostilidad, ansiedad y grado de expresión de emociones positivas, que se conocen como "afecto positivo".
Durante diez años, la investigadora y su equipo siguieron a 1.739 adultos sanos, 862 hombres y 877 mujeres, que participaban en la Encuesta de Salud de Nueva Escocia 1995. Al inicio del estudio, enfermeras especializadas evaluaron el riesgo de enfermedad cardiaca de los participantes y, con evaluaciones de autoinformes y clínicas, midieron los síntomas de depresión, hostilidad, ansiedad y grado de expresión de emociones positivas, que se conocen como "afecto positivo".
Saturday, January 30, 2010
¿ESTÁ DIOS EN HAITÍ?,

Por Juan A Estrada
Fuente: DIARIO DE CÁDIZ
DESDE la perspectiva científica el terremoto tiene una doble explicación. Por un lado, una zona sísmica, siempre amenazada por terremotos y maremotos, que se suceden con frecuencia. Por otra, que se ha practicado una deforestación masiva del país, que contrasta con la superficie de la República Dominicana, la otra parte de la isla. Además se ha dado una sobreexplotación del suelo, un agotamiento de los recursos naturales, en parte por empresas que han sido pan para hoy y hambre para mañana, y una fuerte explosión demográfica bajo gobiernos corruptos y dictatoriales, como los Duvalier, cuyo heredero se gasta hoy su fortuna en Francia. Cuando el terremoto llegó casi todo se vino abajo, incluido el centro histórico y las instalaciones estatales. Pero el barrio rico y moderno de Pétion Ville, en Puerto Príncipe, apenas ha sufrido daños. Es una isla segura, sólida y bien librada del azote natural.La conclusión es evidente: con otra política y gobierno, otra distribución de la riqueza y otro tipo de construcciones se hubiera amortiguado mucho la violencia de la naturaleza en el país más pobre de América. Antes que preguntarse por Dios, ¿por qué permite esto?, hay que preguntar al hombre ¿cómo consentimos que tantos seres humanos vivan en la miseria, indefensos ante la naturaleza? La tragedia de Haití sigue al tsunami de Indonesia y vendrán muchos más, porque tres cuartas partes de la humanidad viven en la pobreza, sin medios para controlar la naturaleza. Tenemos los recursos técnicos y materiales para reducir al mínimo estos desastres, pero la distribución internacional de la riqueza los invalida. ¿Y dónde está Dios? Seguimos esperando milagros divinos que cambien el curso de la naturaleza; apelamos a la Providencia para que intervenga en las catástrofes naturales; rezamos y pedimos prodigios y señales. Y Dios guarda silencio y no actúa como esperamos. No aprendemos de la historia. No paró la cruz en el Gólgota; no intervino para evitar Auschwitz; no es el Dios relojero de Newton, que ajusta el reloj natural de vez en cuando; no modifica las leyes de la creación, descubiertas por la ciencia. El hombre y el universo son obra de un creador que respeta la libertad humana y el dinamismo de la naturaleza. Si buscamos al Dios milagrero, siempre a la escucha de los deseos del hombre, busquémoslo en otra religión, no en la del Dios crucificado. Es inconcebible que los cristianos sigamos esperando intervenciones prodigiosas, como en tiempos de Jesús, sin asumir la mayoría de edad del hombre y la autonomía del universo, cuyas leyes conocemos mejor y cada vez más.En cambio, encontraremos a Dios, si lo buscamos identificándose con las víctimas y llamando a los hombres de buena voluntad a la solidaridad y la justicia; si esperamos que Dios nos inquiete, nos provoque y nos llame a colaborar de mil maneras para mitigar el dolor en Haití; si creemos que Dios no es neutral y que el contraste entre el gran mundo pobre y la minoría de países ricos clama al cielo. Hay que ayudar a Dios para que se haga presente en Haití, porque necesita de los hombres para que llegue ahí el progreso y la justicia. Los muertos y refugiados de la catástrofe tienen hambre de justicia, la de las bienaventuranzas, y Dios necesita testigos suyos para hacerse presente.Nadie puede hablar en nombre de las víctimas sin experimentar sus sufrimientos ni padecer su forma de vida, sólo hacernos presentes a ellos. El protagonismo corresponde al ser humano: Dios es autor de la historia, en cuanto inspira, motiva y envía para la solidaridad y la justicia. El Dios cristiano no es la divinidad griega que siente celos del hombre y castiga a Prometeo, sino el que se enorgullece de la capacidad para generar vida con la ciencia y el progreso, sólo exigiendo que los recursos naturales se pongan al servicio de todos. Hay que actuar como "si Dios no existiera" y todo dependiera de nosotros, universalizar la solidaridad y cambiar las estructuras internacionales que condenan a pueblos enteros a la miseria. Desde ahí podemos esperarlo todo de Dios y pedirle que fortalezca, inspire y motive a los que luchan por un mundo más justo y solidario.Dentro de pocos meses Haití será un mero recuerdo, excepto para los que siguen allí, y los habremos olvidado, como a Indonesia o las hambrunas del África subsahariana. La gran tragedia del siglo XXI es la de una humanidad que tiene recursos para acabar con el hambre y mitigar las catástrofes naturales, pero prefiere emplearlos en armamento, para defenderse de los pobres; en policías, para evitar que lleguen a nuestras islas de riqueza y en los despilfarros consumistas de una minoría de países. Del mal de Haití somos todos responsables y la solidaridad no puede quedarse en el acontecimiento puntual, aunque sea necesaria, sino que exige otra forma de vida.
DESDE la perspectiva científica el terremoto tiene una doble explicación. Por un lado, una zona sísmica, siempre amenazada por terremotos y maremotos, que se suceden con frecuencia. Por otra, que se ha practicado una deforestación masiva del país, que contrasta con la superficie de la República Dominicana, la otra parte de la isla. Además se ha dado una sobreexplotación del suelo, un agotamiento de los recursos naturales, en parte por empresas que han sido pan para hoy y hambre para mañana, y una fuerte explosión demográfica bajo gobiernos corruptos y dictatoriales, como los Duvalier, cuyo heredero se gasta hoy su fortuna en Francia. Cuando el terremoto llegó casi todo se vino abajo, incluido el centro histórico y las instalaciones estatales. Pero el barrio rico y moderno de Pétion Ville, en Puerto Príncipe, apenas ha sufrido daños. Es una isla segura, sólida y bien librada del azote natural.La conclusión es evidente: con otra política y gobierno, otra distribución de la riqueza y otro tipo de construcciones se hubiera amortiguado mucho la violencia de la naturaleza en el país más pobre de América. Antes que preguntarse por Dios, ¿por qué permite esto?, hay que preguntar al hombre ¿cómo consentimos que tantos seres humanos vivan en la miseria, indefensos ante la naturaleza? La tragedia de Haití sigue al tsunami de Indonesia y vendrán muchos más, porque tres cuartas partes de la humanidad viven en la pobreza, sin medios para controlar la naturaleza. Tenemos los recursos técnicos y materiales para reducir al mínimo estos desastres, pero la distribución internacional de la riqueza los invalida. ¿Y dónde está Dios? Seguimos esperando milagros divinos que cambien el curso de la naturaleza; apelamos a la Providencia para que intervenga en las catástrofes naturales; rezamos y pedimos prodigios y señales. Y Dios guarda silencio y no actúa como esperamos. No aprendemos de la historia. No paró la cruz en el Gólgota; no intervino para evitar Auschwitz; no es el Dios relojero de Newton, que ajusta el reloj natural de vez en cuando; no modifica las leyes de la creación, descubiertas por la ciencia. El hombre y el universo son obra de un creador que respeta la libertad humana y el dinamismo de la naturaleza. Si buscamos al Dios milagrero, siempre a la escucha de los deseos del hombre, busquémoslo en otra religión, no en la del Dios crucificado. Es inconcebible que los cristianos sigamos esperando intervenciones prodigiosas, como en tiempos de Jesús, sin asumir la mayoría de edad del hombre y la autonomía del universo, cuyas leyes conocemos mejor y cada vez más.En cambio, encontraremos a Dios, si lo buscamos identificándose con las víctimas y llamando a los hombres de buena voluntad a la solidaridad y la justicia; si esperamos que Dios nos inquiete, nos provoque y nos llame a colaborar de mil maneras para mitigar el dolor en Haití; si creemos que Dios no es neutral y que el contraste entre el gran mundo pobre y la minoría de países ricos clama al cielo. Hay que ayudar a Dios para que se haga presente en Haití, porque necesita de los hombres para que llegue ahí el progreso y la justicia. Los muertos y refugiados de la catástrofe tienen hambre de justicia, la de las bienaventuranzas, y Dios necesita testigos suyos para hacerse presente.Nadie puede hablar en nombre de las víctimas sin experimentar sus sufrimientos ni padecer su forma de vida, sólo hacernos presentes a ellos. El protagonismo corresponde al ser humano: Dios es autor de la historia, en cuanto inspira, motiva y envía para la solidaridad y la justicia. El Dios cristiano no es la divinidad griega que siente celos del hombre y castiga a Prometeo, sino el que se enorgullece de la capacidad para generar vida con la ciencia y el progreso, sólo exigiendo que los recursos naturales se pongan al servicio de todos. Hay que actuar como "si Dios no existiera" y todo dependiera de nosotros, universalizar la solidaridad y cambiar las estructuras internacionales que condenan a pueblos enteros a la miseria. Desde ahí podemos esperarlo todo de Dios y pedirle que fortalezca, inspire y motive a los que luchan por un mundo más justo y solidario.Dentro de pocos meses Haití será un mero recuerdo, excepto para los que siguen allí, y los habremos olvidado, como a Indonesia o las hambrunas del África subsahariana. La gran tragedia del siglo XXI es la de una humanidad que tiene recursos para acabar con el hambre y mitigar las catástrofes naturales, pero prefiere emplearlos en armamento, para defenderse de los pobres; en policías, para evitar que lleguen a nuestras islas de riqueza y en los despilfarros consumistas de una minoría de países. Del mal de Haití somos todos responsables y la solidaridad no puede quedarse en el acontecimiento puntual, aunque sea necesaria, sino que exige otra forma de vida.
Wednesday, January 27, 2010
El crucifijo, los jueces y Natalia Ginzburg

20/11/2009
Entre todos los símbolos percibidos diariamente por los jóvenes, la sentencia emitida por la Corte de Estrasburgo que prohíbe la exposición del crucifijo en las aulas italianas, porque sería contraria al derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo a sus convicciones y al derecho de los niños a la libertad de religión, ha golpeado a aquello que representa como gran tradición, no solo religiosa, del continente europeo. “El crucifijo no provoca ninguna discriminación. Calla. Es la imagen de la revolución cristiana que ha esparcido por el mundo la idea de la igualdad entre los hombres hasta ahora ausente”. La que escribía estas palabras el 22 de marzo de l988 era Natalia Ginzburg en las páginas del diario “l’Unità” fundado por Antonio Gramsci y entonces órgano del Partido Comunista Italiano.Las palabras de la escritora, a veinte años de distancia, expresan un sentimiento todavía ampliamente compartido en Italia. Son la demostración de muchas reacciones que han seguido al pronunciamiento de la Corte europea. Mientras el Gobierno italiano anuncia que ha presentado un recurso contra la sentencia, el mundo político ha lamentado casi unánimemente la falta de buen sentido que indica la decisión confirmando que la laicidad de las instituciones es un valor bien distinto al hecho de negar el rol del cristianismo.
“Estupor y pena” ha expresado en particular el director de la oficina de prensa de la Santa Sede, el jesuita Federico Lombardi, en una dura declaración transmitida por Radio Vaticana y la Televisión Tg1. “Es grave - afirmó - querer marginar del mundo educativo un signo fundamental de la importancia de los valores religiosos en la historia y la cultura italiana”. Y agrega que “extraña además que una Corte europea intervenga torpemente en una materia tan profundamente ligada a la identidad histórica, cultural y espiritual del pueblo italiano. No es por este camino que se logra atraer a apreciar y compartir mejor la idea europea, que como italianos, hemos apoyado fuertemente desde sus orígenes”. La Conferencia Episcopal Italiana habla de “visión parcial e ideológica” subrayando que en la decisión de la Corte “queda ignorado y omitido el múltiple significado del crucifijo, que no es solo símbolo religioso sino también un símbolo cultural”.
Se recuerda también que el Consejo de Estado de Italia había ya considerado legítimas en 2006 las normas que prevén la exposición del crucifijo en las escuelas, afirmando que no supone ningún trato discriminatorio para los no creyentes porque representa “valores civiles relevantes y señaladamente, aquellos valores que subyacen e inspiran nuestro orden constitucional”.
En efecto la sentencia de la Corte de Estrasburgo, con el intento de querer tutelar los derechos del hombre, termina por poner en discusión las raíces sobre las cuales estos mismos derechos se fundan, desconociendo la importancia del rol de las religiones - y en particular del cristianismo - en la construcción de la identidad europea y en la afirmación de la centralidad del hombre en la sociedad. Bajo otro perfil la decisión de los jueces de Estrasburgo parece inspirada en una idea de la laicidad del Estado que conduce a marginar la contribución de la religión en la vida pública. Se podría así prefigurar un futuro no tan lejano hecho de ambientes públicos privados de toda referencia religiosa y cultural por el temor a ofender la sensibilidad de algunos. En realidad, no es en la negación sino más bien en la receptividad y en el respeto a las diversas identidades que se defiende la idea de la laicidad del Estado y se favorece la integración de las diversas culturas. “El crucifijo representa a todas” explicaba la escritora Natalia Ginzburg - porque “antes de Cristo ninguno había dicho jamás que los hombres son todos iguales y hermanos, ricos y pobres, creyentes y no creyentes, hebreos y no hebreos, negros o blancos”.
Por Giuseppe Fiorentino y Francesco M.Valiante
Entre todos los símbolos percibidos diariamente por los jóvenes, la sentencia emitida por la Corte de Estrasburgo que prohíbe la exposición del crucifijo en las aulas italianas, porque sería contraria al derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo a sus convicciones y al derecho de los niños a la libertad de religión, ha golpeado a aquello que representa como gran tradición, no solo religiosa, del continente europeo. “El crucifijo no provoca ninguna discriminación. Calla. Es la imagen de la revolución cristiana que ha esparcido por el mundo la idea de la igualdad entre los hombres hasta ahora ausente”. La que escribía estas palabras el 22 de marzo de l988 era Natalia Ginzburg en las páginas del diario “l’Unità” fundado por Antonio Gramsci y entonces órgano del Partido Comunista Italiano.Las palabras de la escritora, a veinte años de distancia, expresan un sentimiento todavía ampliamente compartido en Italia. Son la demostración de muchas reacciones que han seguido al pronunciamiento de la Corte europea. Mientras el Gobierno italiano anuncia que ha presentado un recurso contra la sentencia, el mundo político ha lamentado casi unánimemente la falta de buen sentido que indica la decisión confirmando que la laicidad de las instituciones es un valor bien distinto al hecho de negar el rol del cristianismo.
“Estupor y pena” ha expresado en particular el director de la oficina de prensa de la Santa Sede, el jesuita Federico Lombardi, en una dura declaración transmitida por Radio Vaticana y la Televisión Tg1. “Es grave - afirmó - querer marginar del mundo educativo un signo fundamental de la importancia de los valores religiosos en la historia y la cultura italiana”. Y agrega que “extraña además que una Corte europea intervenga torpemente en una materia tan profundamente ligada a la identidad histórica, cultural y espiritual del pueblo italiano. No es por este camino que se logra atraer a apreciar y compartir mejor la idea europea, que como italianos, hemos apoyado fuertemente desde sus orígenes”. La Conferencia Episcopal Italiana habla de “visión parcial e ideológica” subrayando que en la decisión de la Corte “queda ignorado y omitido el múltiple significado del crucifijo, que no es solo símbolo religioso sino también un símbolo cultural”.
Se recuerda también que el Consejo de Estado de Italia había ya considerado legítimas en 2006 las normas que prevén la exposición del crucifijo en las escuelas, afirmando que no supone ningún trato discriminatorio para los no creyentes porque representa “valores civiles relevantes y señaladamente, aquellos valores que subyacen e inspiran nuestro orden constitucional”.
En efecto la sentencia de la Corte de Estrasburgo, con el intento de querer tutelar los derechos del hombre, termina por poner en discusión las raíces sobre las cuales estos mismos derechos se fundan, desconociendo la importancia del rol de las religiones - y en particular del cristianismo - en la construcción de la identidad europea y en la afirmación de la centralidad del hombre en la sociedad. Bajo otro perfil la decisión de los jueces de Estrasburgo parece inspirada en una idea de la laicidad del Estado que conduce a marginar la contribución de la religión en la vida pública. Se podría así prefigurar un futuro no tan lejano hecho de ambientes públicos privados de toda referencia religiosa y cultural por el temor a ofender la sensibilidad de algunos. En realidad, no es en la negación sino más bien en la receptividad y en el respeto a las diversas identidades que se defiende la idea de la laicidad del Estado y se favorece la integración de las diversas culturas. “El crucifijo representa a todas” explicaba la escritora Natalia Ginzburg - porque “antes de Cristo ninguno había dicho jamás que los hombres son todos iguales y hermanos, ricos y pobres, creyentes y no creyentes, hebreos y no hebreos, negros o blancos”.
Por Giuseppe Fiorentino y Francesco M.Valiante
Monday, January 11, 2010
El Crucifijo y Nuestra Sociedad

Tras las primeras elecciones municipales de 1977, el primer alcalde democrático de Almería, socialista, ordenó al jefe de la Policía municipal que retirara todos los crucifijos de las escuelas de la capital almeriense. Era su primera decisión como alcalde “democrático”. Afortunadamente, el jefe de la policía local se plantó. Argumentó que las escuelas eran competencia del ministerio de Educación -todavía no había sido transferida esta competencia- y que no se movería hasta que no recibiera instrucciones del Ministerio. No pasó nada, pero la anécdota pone en evidencia una cosa: el laicismo radical no ha salido de la chistera particular del presidente del Gobierno, sino que forma parte consustancial del ADN del Partido Socialista Obrero Español.
Por lo tanto, el proyecto que el PSOE ha puesto en marcha para reformar la actual Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980 no debería cogernos por sorpresa. So capa de equipar el derecho de los creyentes con el de los no creyentes, es el enésimo intento de expulsar la religión -y, en concreto, la religión católica, la que profesa la inmensa mayoría del pueblo español- de la plaza pública de este país. Desde el Gobierno y durante los últimos días se ha empleado tal cantidad de argumentos falaces para justificar este desafuero que resulta punto menos que imposible intentar desmontarlos todos en el corto espacio de este editorial. Centrémonos, pues, en los principales.
En primer lugar, ¿por qué cuando se habla de equipar los derechos de los creyentes con los de los no creyentes siempre han de salir perdiendo las personas de fe? Aunque solo fuera por una cuestión porcentual -según el CIS, el 76% de los españoles creen y, además, se declaran católicos-, a quienes habría que pedir respeto sería a los no creyentes, quienes, por supuesto, están en el perfecto derecho de ejercer su acto de increencia. Cosa muy distinta es que una minoría -el 24% de la población, sumando no creyentes, ateos y creyentes en otras religiones- pretenda imponer su particular punto de vista al conjunto de la población.
Esto nos lleva al segundo punto. También se ha hablado mucho -tal y como nos ilustra Luis Losada en su artículo de este número- de privatizar la religión. Merece la pena que nos detengamos aquí, pues bajo estos razonamientos pretenden colarnos de rondón una concepción totalmente errónea de lo público y lo privado.
De guiarnos por la vicepresidenta del Gobierno y sus cooperantes, lo público no sería ese espacio propio de las sociedades dotadas de libertad política donde sus ciudadanos expresan libremente aquello que por su misma naturaleza a todos nos resulta común, propio, vinculante (en las sociedades con un 76 % de creyentes, ese “algo” común perfectamente puede ser la religión). Antes bien, el proyecto de Ley de Libertad Religiosa viene a dar por válido que lo público es un espacio de competencia exclusiva del Estado. Es inevitable acordarse aquí de Hobbes y su cara idea de neutralizar cualquier conflicto mediante la creación de un monstruoso Leviatán capaz de usufructuar en exclusiva la libertad política de sus súbditos.
De asumir esta concepción, de facto estaríamos aceptando la monopolización y privatización del espacio público por parte de la maquinaria política estatal puesta peligrosamente al servicio del poder político de turno, lo cual nos lleva al último punto que nos gustaría abordar.
Ciertos sectores del laicismo radical se escudan en una torticera interpretación de nuestra actual Constitución para imponer su particular agenda anticristiana. Hasta que no la cambien, la aconfesionalidad de nuestra Carta Magna significa tanto el rechazo a la imposición de cualquier religión oficial por parte del Estado como la positiva apertura al hecho religioso de los españoles, que en este caso es el católico.
La “neutralidad” de la que hace gala la Constitución de 78 difiere pues enormemente de la “neutralización” del catolicismo que pretenden asociaciones como Escuela laica. Y si a esta “neutralización” -absolutamente inconstitucional- le sumamos la Ley de Igualdad de Trato que la Ley de Libertad Religiosa parece traer debajo del brazo, nos encontramos ante un panorama francamente inquietante: la imposición, mediante una sutil revolución jurídica, de una nueva confesionalidad del Estado. Los dogmas de esta nueva religión secular ya son por todos de sobra conocidos: el relativismo cultural y moral más pavoroso que, entre otras cosas, promueve y exalta las conductas homosexuales entre los menores de edad.
De llevarse a cabo los planes de gabinete del jefe del gobierno, no solo nos encontraríamos ante el puenteo de la libertad religiosa y educativa de los padres, sino ante la conculcación a gran escala por parte de los gobernantes de los más elementales principios de la ley natural, con las funestas consecuencias que estos hechos, cuando se imponen masivamente, traen para la vida de los pueblos.
Aunque en las mentes obnubiladas por el laicismo, cualquier advertencia que trascienda el positivismo jurídico o la ideología parece improbable que surta efecto.
Anexo y comentario al artículo.
La libertad, y desde luego la libertad religiosa, no se ejerce únicamente en nuestras casas, sino que se lleva a la sociedad, se defiende en ella, teniendo la obligación moral, de velar por los más débiles, por aquellos que no se pueden defender, y que necesitan nuestro apoyo. La libertad se injerta en la cultura, y en una apertura igualitaria de oportunidades. Si suprimimos el crucifijo, destruimos el germen de libertad, que dio lugar en Occidente a la creación de las democracias. Por ello los regimenes autoritarios quieren suprimirlo, porque así, consideran será fácil manipular a las gentes, lavando sus conciencias en pro de una falsa libertad e igualitarismo. Abramos los ojos, y sobre todo abramos nuestro corazón solidario a los más necesitados, a aquellos que no saben discernir adecuadamente, para ejercer su libertad, que es en definitiva la libertad de los hijos de Dios, que se lleva a la vida ordinaria, incluso a los actos aparentemente más insignificantes. El auténtico demócrata, abre espacios de libertad para todos, para todas las opciones, y respeta los sentimientos más íntimos del pueblo. Un falso igualitarismo destruye las opciones legítimas y democráticas de todos, no solo de los que no piensan lo que los gobernantes de turno imponen.
Por lo tanto, el proyecto que el PSOE ha puesto en marcha para reformar la actual Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980 no debería cogernos por sorpresa. So capa de equipar el derecho de los creyentes con el de los no creyentes, es el enésimo intento de expulsar la religión -y, en concreto, la religión católica, la que profesa la inmensa mayoría del pueblo español- de la plaza pública de este país. Desde el Gobierno y durante los últimos días se ha empleado tal cantidad de argumentos falaces para justificar este desafuero que resulta punto menos que imposible intentar desmontarlos todos en el corto espacio de este editorial. Centrémonos, pues, en los principales.
En primer lugar, ¿por qué cuando se habla de equipar los derechos de los creyentes con los de los no creyentes siempre han de salir perdiendo las personas de fe? Aunque solo fuera por una cuestión porcentual -según el CIS, el 76% de los españoles creen y, además, se declaran católicos-, a quienes habría que pedir respeto sería a los no creyentes, quienes, por supuesto, están en el perfecto derecho de ejercer su acto de increencia. Cosa muy distinta es que una minoría -el 24% de la población, sumando no creyentes, ateos y creyentes en otras religiones- pretenda imponer su particular punto de vista al conjunto de la población.
Esto nos lleva al segundo punto. También se ha hablado mucho -tal y como nos ilustra Luis Losada en su artículo de este número- de privatizar la religión. Merece la pena que nos detengamos aquí, pues bajo estos razonamientos pretenden colarnos de rondón una concepción totalmente errónea de lo público y lo privado.
De guiarnos por la vicepresidenta del Gobierno y sus cooperantes, lo público no sería ese espacio propio de las sociedades dotadas de libertad política donde sus ciudadanos expresan libremente aquello que por su misma naturaleza a todos nos resulta común, propio, vinculante (en las sociedades con un 76 % de creyentes, ese “algo” común perfectamente puede ser la religión). Antes bien, el proyecto de Ley de Libertad Religiosa viene a dar por válido que lo público es un espacio de competencia exclusiva del Estado. Es inevitable acordarse aquí de Hobbes y su cara idea de neutralizar cualquier conflicto mediante la creación de un monstruoso Leviatán capaz de usufructuar en exclusiva la libertad política de sus súbditos.
De asumir esta concepción, de facto estaríamos aceptando la monopolización y privatización del espacio público por parte de la maquinaria política estatal puesta peligrosamente al servicio del poder político de turno, lo cual nos lleva al último punto que nos gustaría abordar.
Ciertos sectores del laicismo radical se escudan en una torticera interpretación de nuestra actual Constitución para imponer su particular agenda anticristiana. Hasta que no la cambien, la aconfesionalidad de nuestra Carta Magna significa tanto el rechazo a la imposición de cualquier religión oficial por parte del Estado como la positiva apertura al hecho religioso de los españoles, que en este caso es el católico.
La “neutralidad” de la que hace gala la Constitución de 78 difiere pues enormemente de la “neutralización” del catolicismo que pretenden asociaciones como Escuela laica. Y si a esta “neutralización” -absolutamente inconstitucional- le sumamos la Ley de Igualdad de Trato que la Ley de Libertad Religiosa parece traer debajo del brazo, nos encontramos ante un panorama francamente inquietante: la imposición, mediante una sutil revolución jurídica, de una nueva confesionalidad del Estado. Los dogmas de esta nueva religión secular ya son por todos de sobra conocidos: el relativismo cultural y moral más pavoroso que, entre otras cosas, promueve y exalta las conductas homosexuales entre los menores de edad.
De llevarse a cabo los planes de gabinete del jefe del gobierno, no solo nos encontraríamos ante el puenteo de la libertad religiosa y educativa de los padres, sino ante la conculcación a gran escala por parte de los gobernantes de los más elementales principios de la ley natural, con las funestas consecuencias que estos hechos, cuando se imponen masivamente, traen para la vida de los pueblos.
Aunque en las mentes obnubiladas por el laicismo, cualquier advertencia que trascienda el positivismo jurídico o la ideología parece improbable que surta efecto.
Anexo y comentario al artículo.
La libertad, y desde luego la libertad religiosa, no se ejerce únicamente en nuestras casas, sino que se lleva a la sociedad, se defiende en ella, teniendo la obligación moral, de velar por los más débiles, por aquellos que no se pueden defender, y que necesitan nuestro apoyo. La libertad se injerta en la cultura, y en una apertura igualitaria de oportunidades. Si suprimimos el crucifijo, destruimos el germen de libertad, que dio lugar en Occidente a la creación de las democracias. Por ello los regimenes autoritarios quieren suprimirlo, porque así, consideran será fácil manipular a las gentes, lavando sus conciencias en pro de una falsa libertad e igualitarismo. Abramos los ojos, y sobre todo abramos nuestro corazón solidario a los más necesitados, a aquellos que no saben discernir adecuadamente, para ejercer su libertad, que es en definitiva la libertad de los hijos de Dios, que se lleva a la vida ordinaria, incluso a los actos aparentemente más insignificantes. El auténtico demócrata, abre espacios de libertad para todos, para todas las opciones, y respeta los sentimientos más íntimos del pueblo. Un falso igualitarismo destruye las opciones legítimas y democráticas de todos, no solo de los que no piensan lo que los gobernantes de turno imponen.
Las diez mejores películas actuales desde el punto de vista espiritual

Según el director del Departamento de Cine del Arzobispado de Barcelona
BARCELONA, miércoles, 6 enero 2009 (ZENIT.org).- Como cada año, el profesor Peio Sánchez, director del Departamento de Cine del Arzobispado de Barcelona, España, ofrece su valoración de las diez mejores películas desde el punto de vista espiritual.
Peio Sánchez afirma que, al hacer este elenco, lo presenta “como un material válido para la recuperación educativa y pastoral a través del dvd”. “Nos parece hoy imprescindible –añade- elegir bien lo que vemos para ser mejores personas. Y creemos que este tipo de cine invita a profundizar en los grandes interrogantes, propone una mirada abierta al misterio d Dios y provoca a ser buena gente”.
1. Gran Torino (2008) Clint Eastwood
“En Gran Torino, Clint Eastwood ha sabido contar una historia sencilla como una enorme fuerza dramática planteando temas espirituales de calado como el sentido del perdón, la redención como sacrificio o el camino de conversión. Y desde el punto de vista cristiano no solamente presenta una imagen positiva de la Iglesia representada en el padre Janovich sino que también ofrece una poderosa imagen crística en las decisiones finales del protagonista”.
2. Amazing Grace (2006) Michael Apted
“Este homenaje a William Wiberforce --un parlamentario de la Cámara de los Comunes, que dedicó, desde su juventud, su actividad política a la lucha contra la esclavitud y las injusticias sociales- se presenta con una magnífica puesta en escena y una serie de actuaciones excepcionales. Marcada profundamente por la perspectiva social cristiana es una película imprescindible para conocer la fuerza ética del Evangelio y su herencia en nuestra cultura”.
3. Katyn (2007) Andrzej Wajda
“Sobrecogedora película del maestro polaco Andrezej Wajda. Este testamento fílmico trata del genocidio de Katyn perpetrado por el comunismo soviético en 1940 y que afectó personalmente al director ya que su padre era uno de los 20.000 oficiales y ciudadanos polacos asesinados. Narrada desde la perspectiva de los supervivientes, especialmente mujeres, es un himno a la reconciliación desde la memoria que busca la verdad. La fe católica se muestra con intensidad en distintos momentos pero de forma más contundente en los últimos minutos”.
4. Slumdog Millionaire (2008) Danny Boyle
“El director Danny Boyle, de formación y convicciones cristianas, ha sabido contar una dura historia sobre la superación desde la miseria hasta la victoria. Narrada como un cuento de hadas, sigue la historia de tres muchachos que nacen en las barracas de Calcuta, y como desde el protagonista de Jamal verán como triunfa la bondad y el amor más allá de la injusticia y la violencia. La historia nos presenta una intriga que mueve al espectador a la esperanza y que invita a reconocer la presencia de la Providencia que acompaña los acontecimientos respetando la libertad pero alentando la bondad”.
5. The Visitor (2007) Thomas McCarthy
“Es la historia de una visita de gracia en la que se ve envuelto un oscuro profesor universitario, genialmente interpretado por Richard Jenkins, que tras quedar viudo vive en el sinsentido y al que le cambiará la vida su encuentro con Tarek. Este sirio que lleva la percusión en su corazón representa la alegría y las ganas de vivir que faltan al protagonista. En este itinerario de transformación veremos como crece en él la sensibilidad y el compromiso, la capacidad de amar y el ejercicio responsable de la libertad. Una película que además es un grito contra la injusticia de las leyes de inmigración”.
6. La caja de Pandora (2008) Yesim Ustaoglu.
“La enfermedad de Alzheimer de la abuela abrirá la caja de Pandora de una familia que vive en la orilla de la infelicidad. Como si una maldición cayera sobre ellos, cuando la anciana, una genial Tsilla Chelton de 89 años, desaparece de casa. Con esta fuga comienza un periplo hacia la verdad que les implicará a todos ellos, cuando han de acudir a una aldea de montaña en la costa del Mar Negro. La lucidez de la demencia no logrará doblegar el desvarío de los instalados en la comodidad o en el fracaso; pero sí logrará mover a los que sienten que la vida va mucho más allá y que siempre están dispuestos a subir a una montaña, aunque ya la fuerzas sean escasas. Una alianza donde los más viejos transmiten la esperanza a los más jóvenes”.
7. Despedidas (2008) Yojiro Takita
“Daigo, un violonchelista en paro, descubre su vocación cuando abandona Tokio con Mika, su mujer, y acude a la ciudad y casa donde vivió su infancia. Un proceso lento y sorprendente le convertirá en un especialista en el nôkan, ritual mortuorio japonés que supone una rememoración del difunto desde el acto de embalsamamiento. En su aprendizaje se irán cruzando una serie de historias de reconciliación de los vivos con los muertos e irá, poco a poco, abriendo su propia historia a un camino de pacificación. La película nos permite contemplar la muerte con una perspectiva distinta”.
8. El curioso caso de Benjamin Burtton (2008) de David Fincher
“Basada en una novela de F. Scott Fitzgerald trata de la vida singular de Benjamín: un extraño bebé que nace siendo anciano y que con el paso del tiempo terminará convirtiéndose en un bebé. Este extraño personaje que tendrá un cuerpo que crece a la inversa que su espíritu nos ofrecerá a un personaje que madura de una forma distinta y que también tendrá que amar a Daisy -su fiel y verdadero único amor-, de una forma distinta aunque no por ello imposible”.
9. El erizo (2009) Mona Achache
“Adaptación del famoso libro de Muriel Barbery ‘La elegancia del erizo’ y que supone el primer largometraje de la directora francesa Mona Achache. Basada en el contraste de dos personajes: por una parte, una niña con un rico e inteligente mundo interior; por otra parte, la portera del número 7 de la calle Grenelle, una mujer descuidada y un tanto huraña. Pero ambas tendrán un secreto que saldrá a la luz con la llegada de Kakuro Ozu, un elegante viudo japonés. Esta revelación servirá de disculpa para comprender el secreto profundo de las personas y cómo a veces lo esencial no está en las apariencias”.
10. Frozen River (2008) de Courtney Hunt
“Historia sobre la resistencia y la amistad de dos mujeres que comienzan enfrentadas pero que tramarán un profundo lazo de solidaridad que tiene como origen común una maternidad trascendida y el deseo de amar incluso por encima de sus fuerzas. Dirigida por Courtney Hunt, presenta a los personajes con gran veracidad. La dureza y la desolación a la que nos enfrentan las imágenes nos permitirá encontrar en el alma de las protagonistas una generosidad desmedida que devuelve la confianza en el ser humano incluso en las situaciones de soledad y límite a las que se enfrentan”.
BARCELONA, miércoles, 6 enero 2009 (ZENIT.org).- Como cada año, el profesor Peio Sánchez, director del Departamento de Cine del Arzobispado de Barcelona, España, ofrece su valoración de las diez mejores películas desde el punto de vista espiritual.
Peio Sánchez afirma que, al hacer este elenco, lo presenta “como un material válido para la recuperación educativa y pastoral a través del dvd”. “Nos parece hoy imprescindible –añade- elegir bien lo que vemos para ser mejores personas. Y creemos que este tipo de cine invita a profundizar en los grandes interrogantes, propone una mirada abierta al misterio d Dios y provoca a ser buena gente”.
1. Gran Torino (2008) Clint Eastwood
“En Gran Torino, Clint Eastwood ha sabido contar una historia sencilla como una enorme fuerza dramática planteando temas espirituales de calado como el sentido del perdón, la redención como sacrificio o el camino de conversión. Y desde el punto de vista cristiano no solamente presenta una imagen positiva de la Iglesia representada en el padre Janovich sino que también ofrece una poderosa imagen crística en las decisiones finales del protagonista”.
2. Amazing Grace (2006) Michael Apted
“Este homenaje a William Wiberforce --un parlamentario de la Cámara de los Comunes, que dedicó, desde su juventud, su actividad política a la lucha contra la esclavitud y las injusticias sociales- se presenta con una magnífica puesta en escena y una serie de actuaciones excepcionales. Marcada profundamente por la perspectiva social cristiana es una película imprescindible para conocer la fuerza ética del Evangelio y su herencia en nuestra cultura”.
3. Katyn (2007) Andrzej Wajda
“Sobrecogedora película del maestro polaco Andrezej Wajda. Este testamento fílmico trata del genocidio de Katyn perpetrado por el comunismo soviético en 1940 y que afectó personalmente al director ya que su padre era uno de los 20.000 oficiales y ciudadanos polacos asesinados. Narrada desde la perspectiva de los supervivientes, especialmente mujeres, es un himno a la reconciliación desde la memoria que busca la verdad. La fe católica se muestra con intensidad en distintos momentos pero de forma más contundente en los últimos minutos”.
4. Slumdog Millionaire (2008) Danny Boyle
“El director Danny Boyle, de formación y convicciones cristianas, ha sabido contar una dura historia sobre la superación desde la miseria hasta la victoria. Narrada como un cuento de hadas, sigue la historia de tres muchachos que nacen en las barracas de Calcuta, y como desde el protagonista de Jamal verán como triunfa la bondad y el amor más allá de la injusticia y la violencia. La historia nos presenta una intriga que mueve al espectador a la esperanza y que invita a reconocer la presencia de la Providencia que acompaña los acontecimientos respetando la libertad pero alentando la bondad”.
5. The Visitor (2007) Thomas McCarthy
“Es la historia de una visita de gracia en la que se ve envuelto un oscuro profesor universitario, genialmente interpretado por Richard Jenkins, que tras quedar viudo vive en el sinsentido y al que le cambiará la vida su encuentro con Tarek. Este sirio que lleva la percusión en su corazón representa la alegría y las ganas de vivir que faltan al protagonista. En este itinerario de transformación veremos como crece en él la sensibilidad y el compromiso, la capacidad de amar y el ejercicio responsable de la libertad. Una película que además es un grito contra la injusticia de las leyes de inmigración”.
6. La caja de Pandora (2008) Yesim Ustaoglu.
“La enfermedad de Alzheimer de la abuela abrirá la caja de Pandora de una familia que vive en la orilla de la infelicidad. Como si una maldición cayera sobre ellos, cuando la anciana, una genial Tsilla Chelton de 89 años, desaparece de casa. Con esta fuga comienza un periplo hacia la verdad que les implicará a todos ellos, cuando han de acudir a una aldea de montaña en la costa del Mar Negro. La lucidez de la demencia no logrará doblegar el desvarío de los instalados en la comodidad o en el fracaso; pero sí logrará mover a los que sienten que la vida va mucho más allá y que siempre están dispuestos a subir a una montaña, aunque ya la fuerzas sean escasas. Una alianza donde los más viejos transmiten la esperanza a los más jóvenes”.
7. Despedidas (2008) Yojiro Takita
“Daigo, un violonchelista en paro, descubre su vocación cuando abandona Tokio con Mika, su mujer, y acude a la ciudad y casa donde vivió su infancia. Un proceso lento y sorprendente le convertirá en un especialista en el nôkan, ritual mortuorio japonés que supone una rememoración del difunto desde el acto de embalsamamiento. En su aprendizaje se irán cruzando una serie de historias de reconciliación de los vivos con los muertos e irá, poco a poco, abriendo su propia historia a un camino de pacificación. La película nos permite contemplar la muerte con una perspectiva distinta”.
8. El curioso caso de Benjamin Burtton (2008) de David Fincher
“Basada en una novela de F. Scott Fitzgerald trata de la vida singular de Benjamín: un extraño bebé que nace siendo anciano y que con el paso del tiempo terminará convirtiéndose en un bebé. Este extraño personaje que tendrá un cuerpo que crece a la inversa que su espíritu nos ofrecerá a un personaje que madura de una forma distinta y que también tendrá que amar a Daisy -su fiel y verdadero único amor-, de una forma distinta aunque no por ello imposible”.
9. El erizo (2009) Mona Achache
“Adaptación del famoso libro de Muriel Barbery ‘La elegancia del erizo’ y que supone el primer largometraje de la directora francesa Mona Achache. Basada en el contraste de dos personajes: por una parte, una niña con un rico e inteligente mundo interior; por otra parte, la portera del número 7 de la calle Grenelle, una mujer descuidada y un tanto huraña. Pero ambas tendrán un secreto que saldrá a la luz con la llegada de Kakuro Ozu, un elegante viudo japonés. Esta revelación servirá de disculpa para comprender el secreto profundo de las personas y cómo a veces lo esencial no está en las apariencias”.
10. Frozen River (2008) de Courtney Hunt
“Historia sobre la resistencia y la amistad de dos mujeres que comienzan enfrentadas pero que tramarán un profundo lazo de solidaridad que tiene como origen común una maternidad trascendida y el deseo de amar incluso por encima de sus fuerzas. Dirigida por Courtney Hunt, presenta a los personajes con gran veracidad. La dureza y la desolación a la que nos enfrentan las imágenes nos permitirá encontrar en el alma de las protagonistas una generosidad desmedida que devuelve la confianza en el ser humano incluso en las situaciones de soledad y límite a las que se enfrentan”.
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