| Actualizado 4 mayo 2014 | ||||||||||
Se está diciendo desde hace tiempo. Yo se lo oí afirmar hace ya un mes a una estudiante siria, en la gala que realizó este año Ayuda a la Iglesia Necesitada en el Colegio de Médicos de Madrid el pasado 5 de abril. Me pareció tan increíble que no me atreví a publicarlo. Y eso que el reporte de crucifixiones en algunos países árabes ni siquiera es nuevo (pinche Vd. aquí si desea conocer otros casos). Ahora ha trascendido a todos los grandes medios mundiales. Veo las imágenes en Telemadrid, se hace eco la CNN que incluso presenta las fotos, las mismas que puede Vd. ver debajo, con una advertencia sobre su brutalidad. El propio Papa, sin atreverse ni a decir donde está ocurriendo, “en cierto país no cristiano”, lo lamenta casi con incredulidad… si no fuera porque ya no hay lugar para la incredulidad. En una de nuestras entradas hace ya algún tiempo, informábamos, no menos incrédulos que el Papa, de que aún existía tráfico de esclavos en el mundo (pinche aquí y verá que no le miento): hoy tenemos que informar de que aún hay lugares del mundo donde se están crucificando personas. Y ese lugar, aunque el Papa que el Papa no se atreve ni a mencionar, es Siria, la ciudad de Raqqa, donde las están practicando las fuerzas rebeldes en las que occidente veía hace sólo unos meses, y algunos todavía más “progresistas” se empeñan en seguir viendo, las señales del progreso y la libertad en Siria. ¡Cómo olvidar cuando vemos estas escenas que en una procuraduría de la provincia siria, con capital en Cesarea Marítima y cuyo titular era un tal Pilatos, colgó ya entonces, hace veinte siglos, un ilustre crucificado! ¡Cómo olvidar que en la que incluso hoy es su capital, se producía la caída de un caballo inexistente de ese cristiano sin par llamado Pablo! ¡Cómo olvidar que en pleno territorio sirio, ni siquiera en la Siria romana, no, ¡en la actual Siria! (pinche aquí si no se lo cree), nació la Iglesia, en una ciudad que hoy se llama Banias y entonces Cesarea de Filipo! “Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’ Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’ Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella’” (Mt. 16, 13-20). Con un alto grado de probabilidad, las personas que cuelgan de esas cruces del siglo veintiuno son cristianas: ¿no adquiere el suplicio de la crucifixión su máxima dimensión humillatoria precisamente cuando aplicado a esos extraños prosélitos cuyas reuniones vienen todas presididas por el cuerpo de un crucificado? Ahora bien, cristianos o no, personas son, eso no lo puede negar nadie… y cuelgan de una cruz. Como en la noche oscura de la historia. A esto, queridos amigos, es a lo que ha quedado reducida la primavera árabe. Algunos anunciamos entonces que no era la primavera la que reía, sino el más crudo invierno el que se carcajeaba. Pero un mundo premeditada e impostadamente ingenuo cerraba los ojos a la más que evidente realidad, para jugar a autoengañarse pensando que, en adelante, el petróleo nos lo iban a regalar o casi, y que todos tendríamos una preciosa y baratísima casita mirando a las playas del meridión mediterráneo en la que nos despertaría cada mañana el dulce canto del almuecín. Las cosas no son tan fáciles, y mucho han de cambiar todavía para que en invierno florezcan flores… Aunque por esta vez y sin que sirva de precedente, los que profesan esa extraña religión del siglo veintiuno llamada cambio climático sí hayan conseguido demostrar que en primavera, en algunos lugares del mundo, puede hacer frío, mucho frío. Y de hecho lo hace. Que hagan mucho bien y que no reciban menos. ©L.A. Si desea suscribirse a esta columna y recibirla en su correo cada día, o bien ponerse en contacto con su autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.es Otros artículos del autor relacionados con el tema (haga click en el título si desea leerlos) Algunas verdades como puños sobre Siria De Amnesty International y su denuncia sobre crucifixiones en Arabia Saudí Termómetro: sin medalla por dedicársela a Dios, crucifixión en Arabia Saudí, nueva horterada pesoíta Reveladora entrevista al Arzobispo de Alepo (Siria) Entrevista sin desperdicio al Patriarca melquita Gregorio III sobre los sucesos de Siria Termómetro: niño ajusticiado por blasfemia, ¿primavera árabe en Siria? el éxodo iraquí y más... ¿Sabía Vd. que hay lugares donde todavía hay esclavos y que hay españoles dedicados a su rescate? | ||||||||||
Thursday, July 3, 2014
Crucifixiones de cristianos ¡sí han oído bien, crucifixiones! en Siria
Tuesday, July 1, 2014
La cristofobia que no cesa
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Expresaba hace pocas semanas,
exactamente el uno de junio, en el artículo titulado “La Iglesia, muñeco del
pim-pam-pum”, mi temor a que las querellas entre los partidos “gauchistas” para
alzarse con el santo y la limosna del electorado afín, acabara pagándolas la
Iglesia.
Ni que hubiese tenido una bola de cristal de adivina de barraca de feria. Han pasado pocos días para que se inicie una competición de partidos y partiditos de este sector, a ver quien hace y dice la melonada más sonada contra símbolos cristianos y la propia Iglesia. Empezó el minipartido valenciano Compromís (Compromiso), pidiendo la supresión del crucifijo de las dependencias del Hospital provincial de Castellón. No prosperó su despropósito, pero ahí quedó el escupitajo, para que conste. Compromís es un aguerrido partidito toca narices de vitola comunista, como revela su nombre. Eso de compromiso y comprometido eran los eufemismos con que calificábamos, aquellos años, a artistas e “intelectuales” orgánicos del Partido y sus aledaños. Era una manera de entendernos sin ser descarados. No es el único retoño que ha brotado del viejo tronco, ya decrépito, de la hoz y el martillo. Amaiur y sus mozos que andan todavía por el monte, no son otra cosa que gente del puño en alto, siempre amenazante y temible. Lo mismo que el exitoso rebrote llamado Podemos de Pablo Iglesias bis, que echa sermones redentores de los parias de la tierra en el muy proletario Hotel Ritz de Madrid. A la iniciativa de Compromís para suprimir los crucifijos de los hospitales, se ha sumado rápidamente Izquierda Unida, es decir, el PCE de toda la vida aunque ahora lo disimule, no sea que le coman el terreno por la siniestra. En esta competición a ver quién es el más gallito del barrio, como decía hace un mes, no podía faltar la comparsa (expresado en términos de la aljamía festera de Moros y Cristiano de Alcoy) del PSOE, para que no que no los acusen de derechosos. Y ahí tenemos al candidato a capitán general de las huestes fundadas por aquel otro Pablo Iglesias, el auténtico, el genuino, el Abuelo, un tal Pedro Sánchez, el “moderado”, anunciando que si gana denunciará el Concordato con la Santa Sede y suprimirá los privilegios de la Iglesia católica. ¿Qué privilegios, corazón? ¿El dar de comer diariamente por Cáritas y otras muchas instituciones católicas a cientos de miles de personas “descartadas” por la tremenda crisis económica provocada, principalmente, por su incompetente jefe de filas, Rodríguez Zapatero, desdicha de esta nación? ¿El ahorrar miles de millones de euros al erario público con los colegios concertados de las órdenes y congregaciones religiosas dedicadas a la enseñanza, o los colegios de “iniciativa social” pero ideario católico? Querido Sánchez: esos privilegios están al alcance de cualquiera que tenga corazón y redaños para semejantes esfuerzo. ¿Por qué los socialistas, y los comunistas, no quieren subirse a ese carro privilegiado? ¿Por qué no montan comedores y centros para la “famélica legión”, ahora que hay tanta necesidad de ello? Claro que para eso hay que sudar la camiseta. Te digo más, amado Sánchez: si estudiaras un poco de historia universal descubrirías que mientras vosotros, gobernantes y políticos, os dedicabais a pelearos unos con otros, a mantener de manera permanente el azote de la guerra, la Iglesia fundaba hospitales, atendía a enfermos y leprosos, abría los primeros centros psiquiátricos de los que se guarda memoria, enterraba a los muertos, creaba universidades, enseñaba a leer y escribir en las parroquias, y un larguísimo etcétera imposible de resumir en un simple artículo. Si además viajaras, por ejemplo, a Estados Unidos -¡malditos yankis, siempre tienen que aparecer en la sopa!- acaso podrías averiguar que la universidad –creo que hay más de una- de dirección y gestión de hospitales más prestigiosa de USA, pertenece a las Hermanas del Caridad de San Vicente de Paúl. Dos son las señas de identidad del actual izquierdismo español: la cristofobia y “lo” público. Aquello primero lo tienen como un muñeco maniqueo al que sacudir cada vez que quieren demostrar que son más “progres” que la madre que los parió. Lo segundo es su negocio particular lucrativo. Como han sido siempre incapaces de crear nada positivo ni productivo, se amorran a las ubres estatales para vivir opíparamente a costa del contribuyente. Mucho Estado, muchos servicios (¿) públicos, mucho funcionario improductivo a ser posible de su cuerda, muchos liberados sindicales, etc. En consecuencia, muchos más impuestos (¿todavía más?) y mucha menos libertad personal. Un negocio redondo. Se hacen con todo sin arriesgar un euro. Ahí lo vemos en las universidades públicas: modelo de enchufismo y vivero de indignados revolucionarios. A la vista de este panorama tan inquietante, no es de extrañar que los viejos dirigentes del socialismo patrio, tal que Felipe González, Joaquín Leguina, Paco Vázquez y hasta Corcuera, estén muy alarmados por la deriva tremendista que registra el PSOE. José Luis Corcuera, el sindicalista, el ministro del Interior con Felipe González, el de “la patada a la puerta”, al que se tenía por rústico, dio una lección magistral de sentido común el martes, día 24, en el programa “El Cascabel” del canal 13 TV. Daba gusto oírle, ¿quién lo hubiera podido decir? Dejó boquiabiertos a los contertulios y a muchísimos veedores del programa. Prueba de que aún queda gente sensata en la izquierda española, sólo que se trata de una especie en proceso de extinción. Por la edad y el virus demagógico. | ||||||||||||||||||||||||||||
Friday, June 13, 2014
Homilía del papa Francisco en santa Marta 12 junio 2014
Jesús nos pide ponernos de acuerdo para detener el
odio
Jesús nos enseña tres criterios para
superar los conflictos entre nosotros: realismo, coherencia y filiación. Lo ha explicado el papa Francisco en la misa de esta mañana en la
Casa Santa Marta, en una homilía centrada en el amor fraterno que Jesús enseñó
a sus discípulos.
"¿Cómo
debe ser el amor entre nosotros según Jesús?" Esta pregunta ha servido de
guía en la homilía de hoy. Jesús, ha observado el Papa, nos dice que debemos amar al prójimo, pero no
como los fariseos que no eran coherentes y "hacían tantos matices en las
ideas, porque eran ideólogos". Francisco ha indicado que la actitud
de éstos "no era amor", era "indiferencia hacia el prójimo".
Y a continuación ha explicado los tres criterios que nos da Jesús.
"Primero, un criterio de
realismo: de sano realismo. Si tú tienes algo contra alguien y no puedes
arreglarlo, buscar una solución, pero hay que ponerse, al menos; pero, ponerse de acuerdo con el
adversario, mientras estás en camino. No será lo ideal, pero el acuerdo es una
cosa buena. Es realismo", ha afirmado.
A
propósito, el Pontífice indica que también hay quien cree que "el esfuerzo
de hacer un acuerdo" es "algo demasiado vulgar". Para salvar
muchas cosas "se debe llegar a un acuerdo. Y uno da un paso, el otro da
otro y al menos hay paz: una paz muy provisional, pero la paz del
acuerdo", ha reiterado el Papa. De este modo, ha señalado que Jesús
"dice también esto, la capacidad de hacer acuerdos entre nosotros y
superar la justicia de los fariseos, de los doctores de la ley, de esta
gente". Así ha explicado que hay muchas situaciones humanas y
"mientras estamos en camino, hacemos un acuerdo", "así paramos
el odio, la lucha entre nosotros".
El segundo criterio que ha indicado el Papa es "el criterio de la verdad". Al respecto,
el Santo Padre ha advertido que "hablar mal del otro es matar, porque en la raíz está el mismo
odio", "lo matas de otra manera: con los chismorreos, con las
calumnias, con la difamación". Y Jesús nos advierte: "el que dice
estúpido, esto está matando al hermano, porque tiene una raíz de odio".
El
Santo Padre lo ha explicado así: "y hoy pensamos que no matar al hermano
sea no asesinarlo, pero no: no
matarlo es no insultarlo. El insulto nace de la misma raíz del crimen:
es la misma. El odio. Si tú no tienes odio, no matarás a tu enemigo, a tu
hermano no lo insultarás tampoco. Pero buscar insultos es una costumbre muy
común entre nosotros. ¡Hay gente que para expresar su odio contra otra persona
tiene una capacidad de hacer germinar estas flores de insultos, impresionante,
mucho! Y esto hace mal. Gritar. El insulto... no, seamos realistas. Con el
criterio del realismo, el criterio de la coherencia. No matar, no insultar".
El tercer
y último criterio del que ha hablado el Obispo de Roma en la homilía de hoy es el criterio "de filiación".
"Si tú, si nosotros no debemos matar al hermano es porque es hermano, es
decir, tenemos el mismo Padre. Yo no puedo ir donde el Padre si no tengo paz con mi hermano",
ha observado Francisco. Así, ha añadido que "no hablar con el Padre si no
estás en paz con tu hermano, al menos con un acuerdo".
Para
concluir el Pontífice ha reiterado: "no hablar con el Padre sin estar en
paz con el hermano. Tres criterios: un criterio de realismo, un criterio de
coherencia, es decir no matar ni tampoco insultar, porque quien insulta mata,
asesina; y un criterio de filiación: no se pude hablar con el Padre si no puedo
hablar con mi hermano. Y esto es superar la justicia de los escribas y los
fariseos. Este programa no es fácil, ¿no? Pero es la camino que Jesús nos
indica para ir adelante".
Por
esta razón, Francisco ha invitado a pedir al Señor la gracia de ir adelante en
paz entre nosotros, aunque sea con los acuerdos pero siempre con coherencia y
con espíritu de filiación".
Fuente:
zenit.org
Tuesday, June 10, 2014
Homilía del papa Francisco en santa Marta 9 junio 2014
¿Cuál es el “programa” práctico de vida y
santidad del cristano? Las Bienaventuranzas. Lo ha recordado Francisco en la
misa de esta mañana en la Casa de Santa Marta –como recoge Radio Vaticano-- el
día después del histórico encuentro por la paz en el Vaticano con Simón Peres,
Abu Mazen y Bartolomeo I.
El Papa Bergoglio en la homilía ha
reflexionado sobre las Bienaventuranzas –extraídas del Evangelio de hoy--
subrayando que es necesario ser valientes para combatir el odio.
Además de ser el programa, las
Bienaventuranzas son “la carta de identidad del cristiano”. “Si alguno de
nosotros –ha afirmado-- pregunta: '¿Qué hay que hacer para ser un buen
cristiano?', en las Bienaventuranzas se encuentra la respuesta de Cristo que
indica los aspectos “un poco a contracorriente” respecto a lo que generalmente
“se hace en el mundo”.
El Pontífice ha hablado de los beatos pobres
en espíritu: “Las riquezas no te aseguran nada. Es más: cuando el corazón es
rico, y está satisfecho de sí mismo, no hay sitio para la Palabra de Dios”.
Bienaventurados aquellos que lloran, porque serán consolados: “Pero el mundo
nos dice: la alegría, la felicidad, la diversión, estas son las cosas bonitas
de la vida. E ignora, mira para otro lado, cuando existen problemas de
enfermedades, problemas de dolor en la familia. El mundo no quiere llorar,
prefiere ignorar las situaciones dolorosas, cubrirlas. Solo la persona que ve
las cosas como son, y llora en su corazón, es feliz y será consolada. El
consuelo de Jesús, no la del mundo. Bienaventurados los mansos de este mundo
que desde el principio es un mundo de guerras, un mundo donde se pelea por
todos los lados, donde el odio está en todos los sitios. Y Jesús dice: ninguna
guerra, ningún odio, paz y clemencia”. “Bienaventurados los mansos porque ellos heredarán la
Tierra”.
Y ha continuado: bienaventurados aquellos que
tienen hambre y sed de justicia, aquellos que “luchan por la justicia, para que
existe justicia en el mundo”. “Es tan fácil –ha advertido-- entrar en las
grietas de la corrupción”, “en aquella política diaria del do ut des. Todo son
negocios”. Y “cuantas injusticias –ha observado-- cuanta gente que sufre por
estas injusticias”. El Hijo de Dios dice: “Bienaventurados aquellos que luchan
contra las injusticias”.
Y una vez más: bienaventurados los
misericordiosos, porque encontrarán misericordia: “Aquellos que perdonan, que
entienden los errores de los otros”. Jesús no dice “bienvaventurados aquellos
que se vengan”, sino “bienaventurados aquellos que perdonan. ¡Porque todos
nosotros somos un ejército de perdonados! Todos hemos sido perdonados. Y por
eso es bienaventurado el que lleva a cabo el camino del perdón. Bienaventurados
los puros de corazón, que tienen un corazón simple, puro, sin porqueria, un
corazón que sabe amar con pureza. Bienaventurados los que hacen la paz. Pero,
¡es tan común entre nosotros hacer la guerra, o ser obradores de malentendidos!
Cuando escucho una cosa de uno y voy a otro y se la digo pero en modo un poco
amplificada... el mundo de los rumores. Esta gente que cuenta chismes, no hace
la paz, son enemigos de la paz. No son bienaventurados”.
Ha sido el turno después de los perseguidos
por la justicia: cuanta gente “es perseguida, ha sido perseguida simplemente
por haber luchado por la justicia”.
El Papa ha precisado sucesivamente: las
Bienaventuranzas son “el programa de vida que nos propone Jesús”, “tan simple
pero tan difícil”. Y “si nosotros quisiéramos algo más, Jesús nos da otras
indicaciones”, el “protocolo sobre el cual seremos juzgados”: en el Evangelio
de Mateo, capítulo 25: “Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me
disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me
vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme”.
Con estos dos elementos –Bienaventuranzas y
Mateo 25-- el Papa ha puesto en evidencia que, “se puede vivir la vida
cristiana a nivel de sanitad”: “Pocas palabras, palabras simples, pero
práctica, porque el cristianismo es una religión prácticas: no es para
pensarla, es para practicarla, para hacerla. Hoy, si tenéis un poco de tiempo
en casa, tomad el Evangelio de Mateo, capítulo quinto, al inicio están estás
Bienaventuranzas; capítulo 25, hay otras. Y os hará bien leerlo una vez, dos
veces, tres veces. Pero leed esto, que es el programa de santidad”.
Fuente:
zenit.org
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