Chiara “Luz” Badano, italiana, bella y deportista, pertenecía al movimiento de los Focolares
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 6 enero 2009 (ZENIT.org).- Pronto la Iglesia proclamará beata a una joven, fallecida en 1990 a los 18 años: se trata de Chiara "Luz" Badano.
Benedicto XVI aprobó la publicación del decreto que reconoce un milagro realizado por Dios gracias a la intercesión de esta muchacha italiana, bella y deportista, el 19 de diciembre.
Es el primer miembro del Movimiento de los Focolares, fundado por Chiara Lubich, que alcanza esta meta.
Maria Voce, presidenta de los Focolares, comenta que este reconocimiento "nos alienta a creer en la lógica del Evangelio, del grano de trigo que cae a tierra, muere, y da mucho fruto".
"Su ejemplo luminoso nos ayudará a dar a conocer la luz del carisma y a anunciar al mundo que Dios es Amor", añade la sucesora de Chiara Lubich.
Un descubrimiento: Dios es Amor
Esperada durante once años por sus padres, Chiara nació en Sassello, en el norte de Italia, el 29 de octubre de 1971.
A los nueve años encontró el Movimiento de los Focolares al participar con sus padres en Roma en el Family Fest, encuentro mundial organizado por esta realidad eclesial que tendría un impacto decisivo en los tres.
Era sumamente activa en el Movimiento Gen (Generación Nueva), de los Focolares, donde descubrió que Dios es Amor.
"Sorpresa" dolorosa
Tenía 17 años cuando un fuerte dolor en la espalda, que sintió durante un partido de tenis, provocó sospechas entre los médicos, quienes tras los primeros exámenes se dieron cuenta de que era cáncer de huesos.
Con el tiempo, se repitieron las hospitalizaciones y los tratamientos se hicieron cada vez más dolorosos. Después de cada "sorpresa" dolorosa, Chiara repetía: "Por ti, Jesús, ¡si tú lo quieres, yo también lo quiero!".
Pronto llegaría una de las pruebas más duras: Chiara perdió el uso de las piernas. Una dolorosa operación no sirvió de nada. El dolor era inmenso, y la joven deportista atraviesa un túnel oscuro. A una de sus amigas, confía: "Si tuviera que escoger entre caminar e ir al Paraíso, no tendría dudas, escogería ir al Paraíso. Ya sólo me interesa eso".
Chiara "Luz"Su relación con Chiara Lubich, quien la llamaba"Luz" (Chiara Luce), se fue haciendo cada vez más intensa.
Cuando en el verano de 1990 los médicos decidieron interrumpir los tratamientos, pues la enfermedad era imparable, el 19 de julio, la joven informa a Chiara Lubich con estas palabras: "La medicina ha depuesto las armas. Al interrumpir los tratamientos, los dolores en la espalda han aumentado, casi no puedo moverme. Me siento tan pequeña y el camino que hay que recorrer tan duro... Con frecuencia, me da la impresión de que me sofoca el dolor. Es el Esposo que sale a mi encuentro, ¿verdad? Sí yo también repito contigo: 'si Tú lo quieres, yo también lo quiero'... ¡Contigo estoy segura de que junto a Él conquistaremos el mundo!".
Chiara Libich a vuelta de correo le respondió: "No tengas miedo, Chiara, de decirle 'sí', momento tras momento. Él te dará la fuerza, ten la certeza. Yo también rezo por ello y siempre estoy contigo. Dios te ama intensamente y quiere penetrar en la intimidad de tu alma y hacer que experimentes gotas de cielo. 'Chiara Luz' es el nombre que he pensado para ti. ¿Te gusta? Es la luz del Ideal que conquista el mundo. Te lo mando con todo mi afecto...".
Chiara falleció el 7 de octubre de 1990. Había preparado todo: los cantos de su funeral, las flores, el peinado, el vestido --blanco, de bodas--... Las últimas palabras que le dirigió a su madre fueron: "¡Sé feliz, yo lo soy!".
Su padre le preguntó si quería donar las córneas de los ojos, y ella respondió con una sonrisa de aprobación.
La causa de beatificación fue abierta en 1990 y el milagro reconocido ha tenido lugar en la ciudad italiana de Trieste.
En el momento del cierre de esta edición, su perfil en Facebook (Chiara Luce Badano) contaba con 2.675.
Por Jesús Colina
Monday, January 11, 2010
Friday, January 1, 2010
Benedicto XVI y la atención a la creación

Cuando asistí por televisión a la llegada del gran abeto que, cargado de adornos navideños, preside el centro de la plaza de San Pedro durante los días de Navidad, me pregunté si en su enorme tronco hay alguna madriguera donde duerme -o mejor dicho, dormía- una ardilla. Porque este es el argumento de la historia para muchachos y adultos que, con profundidad e ironía, ha contado Susanna Tamaro en su último libro, Il grande albero (Salani), ilustrado por Giulia Orecchia.
Aunque hable de árboles y de animales, y el mundo se cuente desde su punto de vista, imaginando que tienen una conciencia y una capacidad de comunicación, no es un libro de propaganda ecológica fácil, sino un artificio literario poético para hacernos reflexionar sobre la relación fría e irresponsable, como dueños lejanos, que mantenemos con la naturaleza. En una trama de tiempos que se entrecruzan a pesar de su gran diversidad -el secular de la vida de los árboles, el tiempo breve de la vida de los animales salvajes y el de la vida humana- la personalidad del abeto, que con los siglos adquiere conocimiento y sabiduría, se desarrolla con tiempos casi musicales. Nosotros, los lectores, también estamos preparados para vivir como drama el acontecimiento que marca su destino: llegan seres humanos armados con sierras mecánicas que lo cortan y lo transportan a la plaza de San Pedro. Pero la pequeña ardilla Crik, testigo inconsciente del drama, no se rinde, lucha por la vida del árbol y con esta batalla para obtener un milagro salvará también su vida.
Con una paloma como ayudante, consigue llegar ante el Papa precisamente mientras celebra la misa de Navidad, esquivando el servicio de seguridad, decidido a abatirla al sospechar que también este animalito es un mensajero de los terroristas. Lo logra porque el Papa hace una señal para que se detengan y, ante el asombro general, se apresta a escuchar lo que quiere comunicarle la ardilla: naturalmente, todo se transmite en directo por televisión, en medio de los comentarios maliciosos e incrédulos de quien piensa que es un signo de locura del anciano Papa, y está a punto de indignarse: "Alguien tiene que detenerlo, nos jugamos nuestro prestigio. ¡Nos están viendo en todo el mundo!".
Pero el Papa no cede; más aún, habla de árboles y de ardillas en su homilía, en la que presenta a los grandes árboles, las catedrales verdes, como ejemplo: "Y, si no hundimos las raíces en la tierra, ¿cómo podemos levantar la mirada hacia el cielo?". En medio del júbilo de los presentes, que aclaman "¡Viva el Papa, viva la ardilla!" se acerca al árbol, y lo abraza: "La corteza era áspera contra su mejilla. El perfume de la resina era el perfume de su juventud. ¡Cuántas veces, paseando por las montañas Tatra, el Altísimo le había hablado con el murmullo de las hojas; en esos instantes parecía que el tiempo ya abrazara la eternidad". Y después bendice a Crik, "humilde criatura inflamada de amor". Al día siguiente, un enorme camión devuelve el gran abeto y la ardilla a la selva donde, unido de nuevo a sus raíces, el árbol recobra la vida. No sabemos si en el gigantesco abeto que han traído para estas Navidades hay una ardilla, pero sabemos que, si la hubiera, también Benedicto XVI, como el Juan Pablo II imaginado por Tamaro, la escucharía. De hecho es conocida la atención que el Papa Ratzinger sabe prodigar a la creación y a sus criaturas, y además siempre ha manifestado un amor especial por los gatos, como cuenta otro gracioso librito, publicado hace algún tiempo con una introducción de Georg Gänswein, Joseph e Chico (Ediciones Messaggero). En ese caso se trata de un gato, Chico, que narra su larga amistad con el Papa, que le ha dicho muchas cosas sobre sí mismo y, por lo tanto, sabe comunicar en el lenguaje especial de los gatos. También con libros como estos se puede sensibilizar a los lectores sobre temas de medio ambiente, y se puede hacer comprender que la Iglesia no sólo se preocupa por el bienestar de los seres humanos, sino también del mundo, animal y vegetal, que Dios nos ha confiado
Aunque hable de árboles y de animales, y el mundo se cuente desde su punto de vista, imaginando que tienen una conciencia y una capacidad de comunicación, no es un libro de propaganda ecológica fácil, sino un artificio literario poético para hacernos reflexionar sobre la relación fría e irresponsable, como dueños lejanos, que mantenemos con la naturaleza. En una trama de tiempos que se entrecruzan a pesar de su gran diversidad -el secular de la vida de los árboles, el tiempo breve de la vida de los animales salvajes y el de la vida humana- la personalidad del abeto, que con los siglos adquiere conocimiento y sabiduría, se desarrolla con tiempos casi musicales. Nosotros, los lectores, también estamos preparados para vivir como drama el acontecimiento que marca su destino: llegan seres humanos armados con sierras mecánicas que lo cortan y lo transportan a la plaza de San Pedro. Pero la pequeña ardilla Crik, testigo inconsciente del drama, no se rinde, lucha por la vida del árbol y con esta batalla para obtener un milagro salvará también su vida.
Con una paloma como ayudante, consigue llegar ante el Papa precisamente mientras celebra la misa de Navidad, esquivando el servicio de seguridad, decidido a abatirla al sospechar que también este animalito es un mensajero de los terroristas. Lo logra porque el Papa hace una señal para que se detengan y, ante el asombro general, se apresta a escuchar lo que quiere comunicarle la ardilla: naturalmente, todo se transmite en directo por televisión, en medio de los comentarios maliciosos e incrédulos de quien piensa que es un signo de locura del anciano Papa, y está a punto de indignarse: "Alguien tiene que detenerlo, nos jugamos nuestro prestigio. ¡Nos están viendo en todo el mundo!".
Pero el Papa no cede; más aún, habla de árboles y de ardillas en su homilía, en la que presenta a los grandes árboles, las catedrales verdes, como ejemplo: "Y, si no hundimos las raíces en la tierra, ¿cómo podemos levantar la mirada hacia el cielo?". En medio del júbilo de los presentes, que aclaman "¡Viva el Papa, viva la ardilla!" se acerca al árbol, y lo abraza: "La corteza era áspera contra su mejilla. El perfume de la resina era el perfume de su juventud. ¡Cuántas veces, paseando por las montañas Tatra, el Altísimo le había hablado con el murmullo de las hojas; en esos instantes parecía que el tiempo ya abrazara la eternidad". Y después bendice a Crik, "humilde criatura inflamada de amor". Al día siguiente, un enorme camión devuelve el gran abeto y la ardilla a la selva donde, unido de nuevo a sus raíces, el árbol recobra la vida. No sabemos si en el gigantesco abeto que han traído para estas Navidades hay una ardilla, pero sabemos que, si la hubiera, también Benedicto XVI, como el Juan Pablo II imaginado por Tamaro, la escucharía. De hecho es conocida la atención que el Papa Ratzinger sabe prodigar a la creación y a sus criaturas, y además siempre ha manifestado un amor especial por los gatos, como cuenta otro gracioso librito, publicado hace algún tiempo con una introducción de Georg Gänswein, Joseph e Chico (Ediciones Messaggero). En ese caso se trata de un gato, Chico, que narra su larga amistad con el Papa, que le ha dicho muchas cosas sobre sí mismo y, por lo tanto, sabe comunicar en el lenguaje especial de los gatos. También con libros como estos se puede sensibilizar a los lectores sobre temas de medio ambiente, y se puede hacer comprender que la Iglesia no sólo se preocupa por el bienestar de los seres humanos, sino también del mundo, animal y vegetal, que Dios nos ha confiado
Zenith
Homenaje de un candidato al Nobel de la Paz, judío, a Juan XXIII
Baruj Tenembaum, un “descendiente de esclavos”
ROMA, miércoles, 30 de diciembre de 2009 (ZENIT.org).- Entre los primeros candidatos al premio Nobel de la Paz, finalmente atribuido este año al presidente Barak Obama, se encontraba Baruj Tenembaum, creador de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg, según ha confirmado PRIO, prestigioso e independiente instituto académico con base en Oslo, Noruega. Por su parte Ladbroke, la famosa agencia de apuestas de Londres, otorgó a Tenembaum más posibilidades de ganar el Nobel que a figuras de la alta política internacional como Nicholas Sarkozy o Tony Blair.ZENIT ha preguntado a Tenembaum, judío de origen argentino, pionero del diálogo interreligioso desde tiempos de Pablo VI, por qué, según él, tanto interés por su figura y obra. "¿Quién soy yo?", se pregunta con sencillez Baruj Tenembaum. "No me referiré concretamente a lo sucedido pues no me considero tan importante, al fin y al cabo". "¿Quién soy yo?", sigue preguntándose. "Concretamente, soy descendiente de esclavos, de aquellos judíos que trabajaban en Egipto bajo el látigo de los faraones, y que luego fueron liberados por Moisés".
"Soy tan judío como los que fueron expulsados de Jerusalén cuando se destruyó el Primer Templo, y luego el Segundo", sigue explicando.
"Soy tan judío como mis hermanos que fueron expulsados de Portugal y de España, y siguen añorando en idioma ladino a la península, a pesar de las inquisiciones", aclara.
"Soy tan judío como los que fueron perseguidos en Europa por los pogroms, y, también, como aquellos seis millones aniquilados por los Hitler(s), en plural".
"Entonces, con toda franqueza y humildad: '¿Quién soy yo?'", sigue preguntándose.
"Soy un simple hijo de colonos que dedica su vida para agradecer a aquellos seres humanos que salvaron vidas, que se arriesgaron. Los Wallenberg, Souza Dantas, Sousa Mendes, más de 20.000 gentiles, no judíos, a quienes debemos la gratitud, el recuerdo, la educación a nuestros descendientes".
"En la Fundación Wallenberg trabajamos intensamente en des-cubrir, entre otros, los excepcionales gestos de estos heroicos seres humanos."
De este modo, confiesa, ha podido "des-cubrir" " en los archivos, en los museos, en las iglesias, en las sinagogas, en las bibliotecas, entre sus asistentes" el alcance de la figura de Angelo Roncalli, quien durante la segunda guerra mundial, siendo representante diplomático de Pío XII en varios países, realizó una valiente obra de ayuda a judíos perseguidos.
"Y una y otra vez --reconoce-- no podemos dejar de emocionarnos con lágrimas que huyen de nuestros ojos cuando nos enteramos de las acciones que ese hijo del pueblo italiano, sencillo, humilde, grande, ejecutó en circunstancias totalmente adversas para salvar, por ejemplo, a niños expuestos a la sombra del infierno; rompiendo, destruyendo prejuicios, yendo mas allá de lo que se supone indican las reglas".
"A cada rato imaginamos a Roncalli rezando, también en presencia de terceros, pidiendo a su chófer que se detenga frente a la sinagoga de Roma para rezar 'por mis hermanos judíos'", explica Tenembaum.
"O como cuando recibió en el Vaticano a una delegación de judíos, levantó sus brazos y exclamó desde la silla Papal, citando la Biblia: 'Soy José, vuestro hermano'".
"Entonces, nuevamente: ¿Quién soy yo?", se pregunta de nuevo Baruj Tenembaum. "Lo que sobrevive, lo que queda, lo importante, lo noble, es destacar lo que sobre-vive, por ejemplo: Angelo Roncalli".
Por eso, concluye: "Hay cosas en la vida que son mas importantes que la vida misma".
ROMA, miércoles, 30 de diciembre de 2009 (ZENIT.org).- Entre los primeros candidatos al premio Nobel de la Paz, finalmente atribuido este año al presidente Barak Obama, se encontraba Baruj Tenembaum, creador de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg, según ha confirmado PRIO, prestigioso e independiente instituto académico con base en Oslo, Noruega. Por su parte Ladbroke, la famosa agencia de apuestas de Londres, otorgó a Tenembaum más posibilidades de ganar el Nobel que a figuras de la alta política internacional como Nicholas Sarkozy o Tony Blair.ZENIT ha preguntado a Tenembaum, judío de origen argentino, pionero del diálogo interreligioso desde tiempos de Pablo VI, por qué, según él, tanto interés por su figura y obra. "¿Quién soy yo?", se pregunta con sencillez Baruj Tenembaum. "No me referiré concretamente a lo sucedido pues no me considero tan importante, al fin y al cabo". "¿Quién soy yo?", sigue preguntándose. "Concretamente, soy descendiente de esclavos, de aquellos judíos que trabajaban en Egipto bajo el látigo de los faraones, y que luego fueron liberados por Moisés".
"Soy tan judío como los que fueron expulsados de Jerusalén cuando se destruyó el Primer Templo, y luego el Segundo", sigue explicando.
"Soy tan judío como mis hermanos que fueron expulsados de Portugal y de España, y siguen añorando en idioma ladino a la península, a pesar de las inquisiciones", aclara.
"Soy tan judío como los que fueron perseguidos en Europa por los pogroms, y, también, como aquellos seis millones aniquilados por los Hitler(s), en plural".
"Entonces, con toda franqueza y humildad: '¿Quién soy yo?'", sigue preguntándose.
"Soy un simple hijo de colonos que dedica su vida para agradecer a aquellos seres humanos que salvaron vidas, que se arriesgaron. Los Wallenberg, Souza Dantas, Sousa Mendes, más de 20.000 gentiles, no judíos, a quienes debemos la gratitud, el recuerdo, la educación a nuestros descendientes".
"En la Fundación Wallenberg trabajamos intensamente en des-cubrir, entre otros, los excepcionales gestos de estos heroicos seres humanos."
De este modo, confiesa, ha podido "des-cubrir" " en los archivos, en los museos, en las iglesias, en las sinagogas, en las bibliotecas, entre sus asistentes" el alcance de la figura de Angelo Roncalli, quien durante la segunda guerra mundial, siendo representante diplomático de Pío XII en varios países, realizó una valiente obra de ayuda a judíos perseguidos.
"Y una y otra vez --reconoce-- no podemos dejar de emocionarnos con lágrimas que huyen de nuestros ojos cuando nos enteramos de las acciones que ese hijo del pueblo italiano, sencillo, humilde, grande, ejecutó en circunstancias totalmente adversas para salvar, por ejemplo, a niños expuestos a la sombra del infierno; rompiendo, destruyendo prejuicios, yendo mas allá de lo que se supone indican las reglas".
"A cada rato imaginamos a Roncalli rezando, también en presencia de terceros, pidiendo a su chófer que se detenga frente a la sinagoga de Roma para rezar 'por mis hermanos judíos'", explica Tenembaum.
"O como cuando recibió en el Vaticano a una delegación de judíos, levantó sus brazos y exclamó desde la silla Papal, citando la Biblia: 'Soy José, vuestro hermano'".
"Entonces, nuevamente: ¿Quién soy yo?", se pregunta de nuevo Baruj Tenembaum. "Lo que sobrevive, lo que queda, lo importante, lo noble, es destacar lo que sobre-vive, por ejemplo: Angelo Roncalli".
Por eso, concluye: "Hay cosas en la vida que son mas importantes que la vida misma".
Tuesday, December 22, 2009
Thursday, December 17, 2009
Sunday, December 6, 2009
La certeza que nos da la Fe

POBRE ESPAÑA
Hemos llegado a una situación en nuestra nación de una profunda crisis, no sólo de fe sino de propia existencia. Nos han manipulado las conciencias, se nos trata de hacer creer lo increíble, de mostrarnos el mal como un bien, de inculturizarnos en lo chabacano y en la indignidad. Existe una profunda inmoralidad, yo diría Amoralidad de algunos de nuestros políticos. Lejos de salvaguardar el bien común de los ciudadanos, se dedican a inculturizarnos en la mentira y en la cultura de la muerte. Se preocupan
más de mantenerse en el poder, que de guiar al pueblo en la senda del progreso y de la verdadera cultura de la vida. Son capaces de aliarse con el diablo, si llegara la ocasión para mantenerse en la poltrona. Se asocian con minorías políticas que no son representativas de la mayoría, y con ellas nos imponen ideologías caducas y anticristianas.
Hemos pasado de un estado aconfesional a un estado laico rabiosamente anticristiano. Se ha instaurado una religión secular donde se nos impone una dictadura de leyes que quieren regir nuestras conciencias. Ello nos lleva a reflexionar el por qué están sucediendo estas cosas en nuestra sociedad. Se confunde la religión con la ley. El cristianismo no son preceptos, ni leyes, sino que la única ley es la del Amor. Posiblemente porque los cristianos estamos dormidos, y no damos la talla, y confundimos nosotros mismos religión como ley, al menos esa es la imagen que damos, nuestros gobernantes, radicalmente secularizados, nos quieren imponer sus leyes antievangélicas, pretendiendo crear una religión secular con sus leyes. Así, el bien se confunde con el mal, el aborto es deseable, la eutanasia es una solución a la economía de nuestro deficitario sistema de salud, el matrimonio heterosexual es sustituido por el homosexual, la corrupción se institucionaliza, y el caos y el mal gusto pretenden imperar a sus anchas. Se pretende imponer a nuestros niños una educación estatal bochornosa y antinatural.
Todo lo que divide es demoníaco, nuestra sociedad está dividida otra vez, con los viejos y desfasados anacronismos, de derechas e izquierdas, de patronos y obreros, de recelos y de odios, de muertos vivientes y de muertos desenterrados, de corrupción imperante, de paro acechante. Todo vale para dividirnos, para crear un odio fratricida. Todo vale para asentarse en el poder, de hecho, dividir es vencer para asegurarse la poltrona.
Aunque pretendan quitar los crucifijos, porque el Señor molesta como testigo mudo de tanta infamia, los cristianos tenemos, debemos llevar al Cristo no sólo en nuestros cuellos, sino en nuestros corazones, porque de nosotros depende encontrar solución a esta miseria. El Evangelio de Jesús es la única solución ante tanta desdicha, el único que puede cambiarnos, y si cambiamos, cambiará la sociedad.
Pero para ello, hay que pedir al Señor de la vida que abra nuestras inteligencias y corazones, para que podamos dejar al Espíritu que nos ilumine, única forma de poder discernir lo bueno de lo malo, lo natural de lo antinatural.
No nos tiene que extrañar que nuestros gobernantes nos confundan y nos quieran mostrar como progresismo y como bien, leyes insolidarias y contrarias al derecho natural, sobre todo el respeto a la vida, y especialmente la del ser no nacido. Ellos no tienen el Espíritu, porque su soberbia, impide el discernimiento de lo bueno y de lo malo. Su plan es demoníaco porque nos divide y fractura esta sociedad, desmembra España y ello es muy peligroso, porque de nuevo se crean dos Españas irreconciliables e insolidarias, donde puede de nuevo instaurarse no sólo la violencia verbal, sino la física. De hecho, perdido el espíritu solidario y desarrollado el egoísmo personal y nacionalista, ya todo vale y se justifica en pro de un pretendido progresismo. Pero ¿progresismo de qué y para qué? No tiene sentido a no ser que sirva a oscuros intereses bastardos y partidistas de gente sin conciencia solidaria.
No hay remedio si no pedimos a Dios que nos ayude, que abra nuestros corazones e inteligencias, precisamente por ello quieren suprimir a Cristo de la sociedad y que nuestros niños no lo conozcan, para que no sirva de referencia a nuestras conciencias, pero a Cristo lo tenemos que llevar sobre todo en nuestros corazones, y con ello cambiará nuestra sociedad; nosotros lo haremos posible, aunque en realidad sea El quien actúe en nosotros.
La certeza que nos da la fe, es un regalo de Dios. Sólo desde el Amor se posee la certeza de la trascendencia, de la existencia de una vida después de ésta. Pero para que la fe se injerte tenemos que pedirla, ser humildes para hacerla posible.
De nuevo resurgirá una nueva España, solidaria y cristiana, de hecho ya la llevamos dentro, como llevamos nuestra devoción a Dios y su Madre, sobre todo los aragoneses con nuestra Señora del Pilar.
¡Que Ella nos haga coherentes!, para que podamos discernir la gravedad de nuestra situación y sepamos elegir bien a nuestros gobernantes, para que no confundamos como progresismo, lo que es únicamente cultura de muerte, inmoralidad e indignidad, para que en definitiva, sepamos descubrir la esencia del Evangelio de Jesús, que es el Amor solidario.
Bernardo Ebrí
Hemos llegado a una situación en nuestra nación de una profunda crisis, no sólo de fe sino de propia existencia. Nos han manipulado las conciencias, se nos trata de hacer creer lo increíble, de mostrarnos el mal como un bien, de inculturizarnos en lo chabacano y en la indignidad. Existe una profunda inmoralidad, yo diría Amoralidad de algunos de nuestros políticos. Lejos de salvaguardar el bien común de los ciudadanos, se dedican a inculturizarnos en la mentira y en la cultura de la muerte. Se preocupan
más de mantenerse en el poder, que de guiar al pueblo en la senda del progreso y de la verdadera cultura de la vida. Son capaces de aliarse con el diablo, si llegara la ocasión para mantenerse en la poltrona. Se asocian con minorías políticas que no son representativas de la mayoría, y con ellas nos imponen ideologías caducas y anticristianas.
Hemos pasado de un estado aconfesional a un estado laico rabiosamente anticristiano. Se ha instaurado una religión secular donde se nos impone una dictadura de leyes que quieren regir nuestras conciencias. Ello nos lleva a reflexionar el por qué están sucediendo estas cosas en nuestra sociedad. Se confunde la religión con la ley. El cristianismo no son preceptos, ni leyes, sino que la única ley es la del Amor. Posiblemente porque los cristianos estamos dormidos, y no damos la talla, y confundimos nosotros mismos religión como ley, al menos esa es la imagen que damos, nuestros gobernantes, radicalmente secularizados, nos quieren imponer sus leyes antievangélicas, pretendiendo crear una religión secular con sus leyes. Así, el bien se confunde con el mal, el aborto es deseable, la eutanasia es una solución a la economía de nuestro deficitario sistema de salud, el matrimonio heterosexual es sustituido por el homosexual, la corrupción se institucionaliza, y el caos y el mal gusto pretenden imperar a sus anchas. Se pretende imponer a nuestros niños una educación estatal bochornosa y antinatural.
Todo lo que divide es demoníaco, nuestra sociedad está dividida otra vez, con los viejos y desfasados anacronismos, de derechas e izquierdas, de patronos y obreros, de recelos y de odios, de muertos vivientes y de muertos desenterrados, de corrupción imperante, de paro acechante. Todo vale para dividirnos, para crear un odio fratricida. Todo vale para asentarse en el poder, de hecho, dividir es vencer para asegurarse la poltrona.
Aunque pretendan quitar los crucifijos, porque el Señor molesta como testigo mudo de tanta infamia, los cristianos tenemos, debemos llevar al Cristo no sólo en nuestros cuellos, sino en nuestros corazones, porque de nosotros depende encontrar solución a esta miseria. El Evangelio de Jesús es la única solución ante tanta desdicha, el único que puede cambiarnos, y si cambiamos, cambiará la sociedad.
Pero para ello, hay que pedir al Señor de la vida que abra nuestras inteligencias y corazones, para que podamos dejar al Espíritu que nos ilumine, única forma de poder discernir lo bueno de lo malo, lo natural de lo antinatural.
No nos tiene que extrañar que nuestros gobernantes nos confundan y nos quieran mostrar como progresismo y como bien, leyes insolidarias y contrarias al derecho natural, sobre todo el respeto a la vida, y especialmente la del ser no nacido. Ellos no tienen el Espíritu, porque su soberbia, impide el discernimiento de lo bueno y de lo malo. Su plan es demoníaco porque nos divide y fractura esta sociedad, desmembra España y ello es muy peligroso, porque de nuevo se crean dos Españas irreconciliables e insolidarias, donde puede de nuevo instaurarse no sólo la violencia verbal, sino la física. De hecho, perdido el espíritu solidario y desarrollado el egoísmo personal y nacionalista, ya todo vale y se justifica en pro de un pretendido progresismo. Pero ¿progresismo de qué y para qué? No tiene sentido a no ser que sirva a oscuros intereses bastardos y partidistas de gente sin conciencia solidaria.
No hay remedio si no pedimos a Dios que nos ayude, que abra nuestros corazones e inteligencias, precisamente por ello quieren suprimir a Cristo de la sociedad y que nuestros niños no lo conozcan, para que no sirva de referencia a nuestras conciencias, pero a Cristo lo tenemos que llevar sobre todo en nuestros corazones, y con ello cambiará nuestra sociedad; nosotros lo haremos posible, aunque en realidad sea El quien actúe en nosotros.
La certeza que nos da la fe, es un regalo de Dios. Sólo desde el Amor se posee la certeza de la trascendencia, de la existencia de una vida después de ésta. Pero para que la fe se injerte tenemos que pedirla, ser humildes para hacerla posible.
De nuevo resurgirá una nueva España, solidaria y cristiana, de hecho ya la llevamos dentro, como llevamos nuestra devoción a Dios y su Madre, sobre todo los aragoneses con nuestra Señora del Pilar.
¡Que Ella nos haga coherentes!, para que podamos discernir la gravedad de nuestra situación y sepamos elegir bien a nuestros gobernantes, para que no confundamos como progresismo, lo que es únicamente cultura de muerte, inmoralidad e indignidad, para que en definitiva, sepamos descubrir la esencia del Evangelio de Jesús, que es el Amor solidario.
Bernardo Ebrí
Tuesday, December 1, 2009
Dalmacio Negro: “El totalitarismo ya está aquí”

/11/2009 José R. Barros
Dalmacio Negro es miembro de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
Es uno de los intelectuales más brillantes de la actual filosofía política en español. En su último libro, El mito del hombre nuevo, publicado por Ediciones Encuentro, ofrece a sus lectores un lúcido examen de la utopía que asola Occidente; el proyecto de modificar la naturaleza humana recreándola por completo. Su lectura nos abre a nuevas -e inquietantes- perspectivas.
- Comienza su nuevo libro hablando del proyecto de construcción de una nueva religión secular. ¿Podría explicarnos qué clase de religión es esta?- Sus principios radican en el artificialismo que discurre por toda la cultura europea desde el contractualismo político del siglo XVII. Se basa en la idea de que, ya que el hombre ha hecho muchas cosas con su voluntad, mediante la ciencia y la técnica se puede construir prácticamente todo, incluso a sí mismo.
- ¿Y dónde está lo sagrado en esta nueva religión?
- Se sacraliza el poder de la voluntad humana gracias al conocimiento. Del mismo modo que el ser humano tiene una dimensión política o una dimensión económica, también tiene una dimensión religiosa. El hombre cree siempre que tiene un fin que realizar o alcanzar, pero en la religión secular del hombre nuevo se suprime la idea de que pueda haber un más allá.
- Entonces, ¿en qué se diferencia la religión secular del ateísmo?
- El ateísmo niega a Dios, pero lo presupone. En la religión secular, la idea de Dios desaparece por completo. No obstante, funciona como una religión al dirigir las creencias, pues toda acción humana se apoya en creencias. Fuera de la religión secular, prácticamente toda acción humana descansa íntimamente en la contraposición entre vida eterna y vida temporal. En cambio, en la religión secular desaparece esta contraposición porque es una religión de y para este mundo.
- Dedica una parte de su libro al análisis de las bioideologías. Menciona al ecologismo, el feminismo, la obsesión por la salud… ¿Podría explicarnos qué son?- Las ideologías prácticamente han muerto. Pertenecen a una época mecanicista, en la que predomina la física. Hoy en día, la física ha sido sustituida por la biología. Lo expresaba muy bien Michel Foucault cuando, hace ya tiempo, hablaba de que lo que ahora importa es la nuda vida.
- ¿Y cual es la aplicación digamos “práctica” de estas bioideologías?- La destrucción de lo natural. En el caso del feminismo la desigualdad natural de sexos. En la ideología de la salud, la obsesión por la vida en contraposición a los hechos naturales de la enfermedad y la muerte… Si no hay más que esta vida, hay que cuidarla y prolongarla al máximo.
- ¿Se estaría sustituyendo la eternidad por la inmortalidad?
- Esto lo refleja muy bien, por cierto, Michel Houellebecq; sus novelas muestran la actual situación espiritual a este respecto, principalmente la de Europa. Sin embargo, la ideología europeísta progresista esta penetrando en otras culturas y civilizaciones, por ejemplo, en América.
- ¿Hasta qué punto las bioideologías están presentes en el programa de los partidos político?- Lo que divide hoy a la derecha de la izquierda es la fascinación por la cultura de la muerte. La izquierda, para distinguirse de la derecha, se hace radicalmente abortista, cuando eso no tiene nada que ver con la izquierda clásica.
- ¿Karl Marx rechazaría el aborto?
- Seguramente. La izquierda también se muestra partidaria de la eugenesia, la eutanasia, el ecologismo… En realidad, el origen de las bioideologías es el nacionalsocialismo a través de la llamada Revolución de Mayo del 68. Es como la revancha del nacionalsocialismo frente al marxismo, cuya concepción mecanicista, que se preocupa más de las estructuras sociales, lo contenía, al menos relativamente.
- Sin embargo, este es el signo distintivo de la izquierda de hoy para parecer progresista…
- Efectivamente. Tras de la caída del Muro, la socialdemocracia no tenía nada que decir e hizo suyas las vaguedades del 68. La derecha es más restrictiva, pero porque tiene un electorado que aún no se ha acomodado a eso.
- ¿Podría explicarnos esta conexión que también apunta en su libro de las bioideologías con el nazismo?
- El nazismo, ideología racista, se interesó decididamente por la biología. El nacionalsocialismo empezó a experimentar con la vida humana en los campos de concentración y exterminio, si bien conservaba -a diferencia de lo que hoy sucede- el pudor de intentar ocultar todo lo que hacía. Hoy es como si se pensase en crear una raza nueva.
- ¿Y como se pasa del nazismo a mayo del 68?- El nazismo quedó en el aire y, a partir del 68, rebrotó con las bioideologías. Es por entonces cuando Foucault afirma que la vida se ha convertido en el centro de la política. Por ejemplo, en Marcuse está muy clara la idea del hombre nuevo. Las novelas de Houellebecq, repito, creo que reflejan muy bien esta persecución de la inmortalidad, de una raza perfecta, de la existencia perfecta, sana, solidaria…
- ¿Y cual sería el fin último de esta vida perfecta?
- Las ideologías y las bioideologías son ateologías políticas, dependientes de la religión secular. Lo que persiguen es crear un tipo de hombre del que se ha excluido toda conflictividad, deseo y sentimiento, en posesión de una racionalidad puramente instrumental que se limite a vivir feliz en la monotonía de su existencia.
- ¿Anida en el proyecto socialista de Zapatero el deseo de crear un hombre nuevo?
- Creo que sí. Pero de una manera muy tosca y disparatada, sin saber qué fin se persigue en realidad, como no sea el de destruir la nación. Pensemos en el caso del aborto. Se denuncian genocidios por todas partes y, sin embargo, al mayor magnicidio al que estamos asistiendo, sin comparación ninguna, es al de aborto. Sin embargo, lo único que escandaliza son los genocidios soviéticos y, sobre todo, los Konzentrationlager.
- Con el agravante de que los otros genocidios al menos se perpetraban en tiempos de guerra…
- Ahora se justifica como medio para suprimir los conflictos y conseguir la “felicidad”. Los gobiernos ya no protegen la vida, que es la función principal de todo gobierno, sino que dejan libremente al albedrío del particular privado, mediante su legislación permisiva -cuando no incitadora- la vida de un ser humano. Se puede discutir interminablemente, pero la ciencia ha establecido que desde la concepción existe un nuevo ser humano.
- La eutanasia sería otra ‘aplicación’ de estas bioideologías.- Si se acepta el aborto, con más razón la eutanasia. Tenía razón Julián Marias cuando decía que una de las cosas más graves que han ocurrido es la aceptación social del aborto. A ello han contribuido no solo los intelectuales, sino, quizá más, los políticos con la idea de ganarse, sobre todo, a la juventud. Forman parte de la estrategia del sexo como opio del pueblo.
- ¿Cree usted que marchamos hacia un tercer totalitarismo?
- Es una tendencia en las sociedades occidentales y ya está aquí. Estamos en el totalitarismo que advertía Tocqueville, que es el totalitarismo democrático en el que los hombres, explotados y dominados, sin embargo, creen ser libres.
- ¿Y que es lo que podría hacer caer este nuevo totalitarismo?
- Supongo que caerá por agotamiento de las ideas. Controlada la cultura por la socialdemocracia, dueña del Estado, me parece que el cristianismo no tiene fuerza para oponerse. Entre las otras religiones, el islam sí se opone. El ataque del islam proviene, en gran medida, de su oposición a esta religión secular, más que al cristianismo. Por otra parte, el cristianismo casi se ha reducido al catolicismo, si bien las iglesias particulares, desorientadas, están muy debilitadas. Parece que solamente el papado tiene ideas claras.
- ¿Qué cabría hacer para frenar esta religión secular?
- Tener las ideas claras y los cristianos, además, rezar.
Dalmacio Negro es miembro de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
Es uno de los intelectuales más brillantes de la actual filosofía política en español. En su último libro, El mito del hombre nuevo, publicado por Ediciones Encuentro, ofrece a sus lectores un lúcido examen de la utopía que asola Occidente; el proyecto de modificar la naturaleza humana recreándola por completo. Su lectura nos abre a nuevas -e inquietantes- perspectivas.
- Comienza su nuevo libro hablando del proyecto de construcción de una nueva religión secular. ¿Podría explicarnos qué clase de religión es esta?- Sus principios radican en el artificialismo que discurre por toda la cultura europea desde el contractualismo político del siglo XVII. Se basa en la idea de que, ya que el hombre ha hecho muchas cosas con su voluntad, mediante la ciencia y la técnica se puede construir prácticamente todo, incluso a sí mismo.
- ¿Y dónde está lo sagrado en esta nueva religión?
- Se sacraliza el poder de la voluntad humana gracias al conocimiento. Del mismo modo que el ser humano tiene una dimensión política o una dimensión económica, también tiene una dimensión religiosa. El hombre cree siempre que tiene un fin que realizar o alcanzar, pero en la religión secular del hombre nuevo se suprime la idea de que pueda haber un más allá.
- Entonces, ¿en qué se diferencia la religión secular del ateísmo?
- El ateísmo niega a Dios, pero lo presupone. En la religión secular, la idea de Dios desaparece por completo. No obstante, funciona como una religión al dirigir las creencias, pues toda acción humana se apoya en creencias. Fuera de la religión secular, prácticamente toda acción humana descansa íntimamente en la contraposición entre vida eterna y vida temporal. En cambio, en la religión secular desaparece esta contraposición porque es una religión de y para este mundo.
- Dedica una parte de su libro al análisis de las bioideologías. Menciona al ecologismo, el feminismo, la obsesión por la salud… ¿Podría explicarnos qué son?- Las ideologías prácticamente han muerto. Pertenecen a una época mecanicista, en la que predomina la física. Hoy en día, la física ha sido sustituida por la biología. Lo expresaba muy bien Michel Foucault cuando, hace ya tiempo, hablaba de que lo que ahora importa es la nuda vida.
- ¿Y cual es la aplicación digamos “práctica” de estas bioideologías?- La destrucción de lo natural. En el caso del feminismo la desigualdad natural de sexos. En la ideología de la salud, la obsesión por la vida en contraposición a los hechos naturales de la enfermedad y la muerte… Si no hay más que esta vida, hay que cuidarla y prolongarla al máximo.
- ¿Se estaría sustituyendo la eternidad por la inmortalidad?
- Esto lo refleja muy bien, por cierto, Michel Houellebecq; sus novelas muestran la actual situación espiritual a este respecto, principalmente la de Europa. Sin embargo, la ideología europeísta progresista esta penetrando en otras culturas y civilizaciones, por ejemplo, en América.
- ¿Hasta qué punto las bioideologías están presentes en el programa de los partidos político?- Lo que divide hoy a la derecha de la izquierda es la fascinación por la cultura de la muerte. La izquierda, para distinguirse de la derecha, se hace radicalmente abortista, cuando eso no tiene nada que ver con la izquierda clásica.
- ¿Karl Marx rechazaría el aborto?
- Seguramente. La izquierda también se muestra partidaria de la eugenesia, la eutanasia, el ecologismo… En realidad, el origen de las bioideologías es el nacionalsocialismo a través de la llamada Revolución de Mayo del 68. Es como la revancha del nacionalsocialismo frente al marxismo, cuya concepción mecanicista, que se preocupa más de las estructuras sociales, lo contenía, al menos relativamente.
- Sin embargo, este es el signo distintivo de la izquierda de hoy para parecer progresista…
- Efectivamente. Tras de la caída del Muro, la socialdemocracia no tenía nada que decir e hizo suyas las vaguedades del 68. La derecha es más restrictiva, pero porque tiene un electorado que aún no se ha acomodado a eso.
- ¿Podría explicarnos esta conexión que también apunta en su libro de las bioideologías con el nazismo?
- El nazismo, ideología racista, se interesó decididamente por la biología. El nacionalsocialismo empezó a experimentar con la vida humana en los campos de concentración y exterminio, si bien conservaba -a diferencia de lo que hoy sucede- el pudor de intentar ocultar todo lo que hacía. Hoy es como si se pensase en crear una raza nueva.
- ¿Y como se pasa del nazismo a mayo del 68?- El nazismo quedó en el aire y, a partir del 68, rebrotó con las bioideologías. Es por entonces cuando Foucault afirma que la vida se ha convertido en el centro de la política. Por ejemplo, en Marcuse está muy clara la idea del hombre nuevo. Las novelas de Houellebecq, repito, creo que reflejan muy bien esta persecución de la inmortalidad, de una raza perfecta, de la existencia perfecta, sana, solidaria…
- ¿Y cual sería el fin último de esta vida perfecta?
- Las ideologías y las bioideologías son ateologías políticas, dependientes de la religión secular. Lo que persiguen es crear un tipo de hombre del que se ha excluido toda conflictividad, deseo y sentimiento, en posesión de una racionalidad puramente instrumental que se limite a vivir feliz en la monotonía de su existencia.
- ¿Anida en el proyecto socialista de Zapatero el deseo de crear un hombre nuevo?
- Creo que sí. Pero de una manera muy tosca y disparatada, sin saber qué fin se persigue en realidad, como no sea el de destruir la nación. Pensemos en el caso del aborto. Se denuncian genocidios por todas partes y, sin embargo, al mayor magnicidio al que estamos asistiendo, sin comparación ninguna, es al de aborto. Sin embargo, lo único que escandaliza son los genocidios soviéticos y, sobre todo, los Konzentrationlager.
- Con el agravante de que los otros genocidios al menos se perpetraban en tiempos de guerra…
- Ahora se justifica como medio para suprimir los conflictos y conseguir la “felicidad”. Los gobiernos ya no protegen la vida, que es la función principal de todo gobierno, sino que dejan libremente al albedrío del particular privado, mediante su legislación permisiva -cuando no incitadora- la vida de un ser humano. Se puede discutir interminablemente, pero la ciencia ha establecido que desde la concepción existe un nuevo ser humano.
- La eutanasia sería otra ‘aplicación’ de estas bioideologías.- Si se acepta el aborto, con más razón la eutanasia. Tenía razón Julián Marias cuando decía que una de las cosas más graves que han ocurrido es la aceptación social del aborto. A ello han contribuido no solo los intelectuales, sino, quizá más, los políticos con la idea de ganarse, sobre todo, a la juventud. Forman parte de la estrategia del sexo como opio del pueblo.
- ¿Cree usted que marchamos hacia un tercer totalitarismo?
- Es una tendencia en las sociedades occidentales y ya está aquí. Estamos en el totalitarismo que advertía Tocqueville, que es el totalitarismo democrático en el que los hombres, explotados y dominados, sin embargo, creen ser libres.
- ¿Y que es lo que podría hacer caer este nuevo totalitarismo?
- Supongo que caerá por agotamiento de las ideas. Controlada la cultura por la socialdemocracia, dueña del Estado, me parece que el cristianismo no tiene fuerza para oponerse. Entre las otras religiones, el islam sí se opone. El ataque del islam proviene, en gran medida, de su oposición a esta religión secular, más que al cristianismo. Por otra parte, el cristianismo casi se ha reducido al catolicismo, si bien las iglesias particulares, desorientadas, están muy debilitadas. Parece que solamente el papado tiene ideas claras.
- ¿Qué cabría hacer para frenar esta religión secular?
- Tener las ideas claras y los cristianos, además, rezar.
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