Actividad Científica del Dr. Bernardo Ebrí

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Salmos 91:4 y 46:1. El amor de Dios

Salmos 91:4 y  46:1. El amor de Dios
"Pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será nuestro escudo y tu baluarte". "Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia"

Saturday, January 24, 2009

La Otra Cara de la Medicina:El hombre ante el dolor y la muerte. Hay algo después de la vida


La Otra Cara de la Medicina:
El hombre ante el dolor y la muerte. Hay algo después de la vida




ÍNDICE Pág.

PRÓLOGO............................................................................................................................ 7
INTRODUCCIÓN................................................................................................................. 9
CAPÍTULO I Conceptos de salud y de enfermedad. Causas del enfermar.
Evolución histórica......................................................................................................... 13
CAPÍTULO II Significado y enseñanza de la enfermedad para el hombre de hoy................... 21
CAPÍTULO III Origen del Síntoma. El lenguaje psicosomático............................................. 29
CAPÍTULO IV El lenguaje psicosomático (continuación)..................................................... 41
CAPÍTULO V Aspectos generales de la depresión................................................................ 49
CAPÍTULO VI Cómo superar la enfermedad y evolucionar la conciencia.
Aceptar el síntoma. La fe sana....................................................................................... 57
CAPÍTULO VII Análisis general del fenómeno de la muerte. Su historia.
El morir nos interroga.................................................................................................... 65
CAPÍTULO VIII Aceptar la propia muerte. Cristo da sentido al sufrimiento y a
la muerte........................................................................................................................ 73
CAPÍTULO IX La atención al enfermo grave o moribundo y su familia.
Su derecho a una información. ¿Decirle la verdad? Reacción del paciente.
La pastoral de la salud.................................................................................................... 81
CAPÍTULO X Mantener el secreto profesional. Derecho del paciente a morir
con dignidad. ¿Añadir vida a los días del enfermo o prolongar el proceso
de muerte? La eutanasia. El testamento vital.................................................................. 93
CAPÍTULO XI Diagnóstico de la muerte. Los transplantes de órganos.
Causas del morir............................................................................................................ 103
CAPÍTULO XII El suicidio. La familia en duelo. Acompañar su dolor y ayudar
a superarlo..................................................................................................................... 113
CAPÍTULO XIII Experiencias en el umbral de la muerte y de supervivencia
tras ella........................................................................................................................... 123
CAPÍTULO XIV Dinámica tras la muerte.............................................................................. 135
CAPÍTULO XV Otras experiencias afines.............................................................................. 147
CAPÍTULO XVI Experiencias místicas.................................................................................. 163
CAPÍTULO XVII Valoración científica de estas experiencias................................................ 179
CAPÍTULO XVIII Valoración religiosa de estas experiencias.
La escatología cristiana................................................................................................... 195
CAPÍTULO XIX Concepción cristiana de la salvación. Evolución de la conciencia................ 211
CAPÍTULO XX Fenomenología de la experiencia mística..................................................... 217
CAPÍTULO XXI Místicas cristiana y oriental. Analogías y diferencias.............................. 223
CAPÍTULO XXII Características de la religiosidad de la "New Age".
¿Una religiosidad sin Dios?....................................................................................... 233
BIBLIOGRAFÍA.............................................................................................................. 241

PRÓLOGO
El lector de esta obra encontrará en ella una síntesis de conceptos de las llamadas dos medicinas: oficial y alternativa. No son dos medicinas, sino una única con aspectos complementarios.
No sólo el autor cita a lo largo de los tres volúmenes de esta obra diferentes terapias complementarias, sino que las reordena y agrupa según el esquema constitucional e integral del ser humano.
A lo largo de esta obra son expresados aspectos básicos del conocimiento existencial del hombre, aun teniendo en cuenta la dificultad que plantean cuestiones de este tipo.
El autor va siguiendo un hilo conductor que, partiendo de la constitución y esencia del ser humano, continúa en las diferentes etapas de su crecimiento interior, tanto en la salud como en la enfermedad, analizando el fenómeno de la muerte humana y la esperanza en la resurrección.
Se analiza la crisis humana y la hipertrofia técnica de la medicina actual. Se destaca el valor de la vida humana frente al aborto y la eutanasia.
La búsqueda de un sentido a esta vida y la esperanza en un más allá son abordados, así como el significado y valor de las crisis para la superación y maduración del hombre. El hallazgo de una razón existencial o motivación en el ser humano son contempladas bajo la perspectiva de la Logoterapia de Víctor Frankl.
Se destaca especialmente, para los alumnos de medicina, la importancia del diagnóstico y la relación médico enfermo. Se destacan asímismo el interés de la docencia y la investigación en medicina.
El Dr. Ebrí ha abordado y asumido la confección de este libro desde su óptica existencial de buscador nato y estudioso de la medicina oficial y la alternativa.
Hombre profundamente religioso y humanista, integrante activo de movimientos eclesiales -fue presidente del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Zaragoza-, va desgranando a lo largo de esta obra citas evangélicas acordes con el contenido científico que expone.
Fue felicitado fuera de nuestras fronteras por el cardenal arzobispo de Nueva York, O’Connor, por su campaña en nuestro país a favor de la vida del ser no nacido.
El autor es de fácil palabra como lo acreditan sus numerosas conferencias de temas humanísticos y científicos. En esta obra expresa su concepción global de la medicina, con un abordaje integral del hombre, plasmando su particular experiencia.
El Dr. Ebrí ofrece al lector una síntesis esperanzada y transcendente de la existencia humana.


Francisco Martínez García
Vicario General de Zaragoza.


INTRODUCCIÓN

En este segundo volumen de La Otra Cara de la Medicina abordamos el estudio del hombre ante la enfermedad, que marca profundamente la existencia del ser humano modificando no sólo su fisis sino su carácter, abriendo profundas brechas en su interioridad y haciéndole plantearse cuestiones existenciales que, de no haberse sentido apremiado por la crisis que motiva la enfermedad, nunca se hubiera planteado.
La salud debe entenderse como un estado de equilibrio entre todas las vertientes del individuo: física, psiquica (mental-emocional), espiritual y social. Un estado de salud que sólo comprendiese la vertiente física sería una salud puramente animal; aparte de que esto es imposible en el hombre, dado su componente racional, constituiría, si así fuera, una enfermedad.
La humanidad, a lo largo de la historia, ha buscado mantener ese difícil equilibrio entre todas estas vertientes del ser humano. De esta forma siempre ha tratado de dar respuestas activas al proceso de enfermar, con aspectos diferentes según las épocas. La historia de la medicina refleja muy gráficamente la evolución de los conceptos de salud y enfermedad, tanto por parte del enfermo como por parte del profesional.
El hombre puede, si sabe seguir los caminos que se abren en este proceso de enfermar, evolucionar y madurar tanto humana como espiritualmente. La enfermedad nos enseña, nos enseñan los enfermos, pero para aprovechar estas enseñanzas el ser humano tiene que saber descifrar el significado de los síntomas y aprender su lenguaje, que se expresa de forma psicosomática; es decir, los síntomas reflejan una profunda correlación entre el soma o cuerpo físico y nuestro psiquismo; se influyen recíprocamente, e intentan equilibrar la homeostasis de la persona hacia la salud. El organismo siempre la busca; el síntoma "avisa" de que las cosas no van bien. Una enfermedad se reflejará en síntomas tanto psiquicos como somáticos. Cuando decimo, por ejemplo, “se puso rojo de ira” o “pálido de un susto", queremos reflejar esta íntima correlación.
Según sea el carácter de organicidad o funcionalidad de una afección, predominarán más los síntomas y signos somáticos; asímismo, una depresión se reflejará no únicamente con síntomas psicógenos sino también con corporales.
La enfermedad es una pérdida de la armonía del individuo; cuando tomamos conciencia plena de estos síntomas, éstos tienden a desaparecer, sobre todo si son funcionales, puesto que la persona puede asumir su lenguaje y reorientar sus hábitos de vida, pudiendo conseguir entonces un equilibrio psicofísico, e incluso espiritual. Independientemente de las causas metafísicas del sufrimiento humano (cómo entró en la historia y el porqué de su existencia), el hecho es que está ahí y atormenta al hombre, en su psiqué y en su soma.
El cristiano, desde su nivel espiritual, desde su fe a la luz de la cruz de Cristo, puede conseguir armonizarlo e integrarlo con paz y serenidad, si no trata de resistirlo —actitud que engendra más sufrimiento y desesperación—, sino de aceptarlo. Resistirlo es dar coces contra el aguijón (Act 26,14).
El dolor (sufrimiento) ayuda a madurar humana y espiritualmente, entonces deja de ser un fin sin sentido y se convierte en un medio.
La propia sociedad lo engendra, el hombre no sólo tiene que asumir las propias enfermedades biológicas, sino también defenderse del estrés que a modo de traumatismo sin piedad descarga contra nosotros. El fenómeno del paro, la deshumanización reinante en nuestra sociedad descristianizada, favorecida por los medios audiovisuales, producen agresividad, violencia, y son fuente de desestabilización social y del propio individuo.
La hipocondría y depresión son muy frecuentes hoy día en nuestro medio, pueden ser reflejo de la crisis de valores espirituales de una sociedad donde el consumismo y los intereses creados ocupan un primer plano. Al primer fracaso o frustración, el individuo se desmotiva y puede enfermar.
La atención del enfermo grave y moribundo requiere un esfuerzo por parte de todos los profesionales de la medicina, incluido el servicio religioso del hospital. Un equipo multidisciplinar debe ayudar a los enfermos a asumir su enfermedad hasta que realicen el tránsito. Para un paciente cristiano, Cristo da sentido al sufrimiento y a la propia muerte.
Hay que volver a una adecuada relación médico-paciente-familia, una relación saludable y cordial, no traumática, donde el profesional actúe sin miedos ni actitudes defensivas ante denuncias por una posible mala praxis.
Una praxis del médico planteada como defensa, aparte de que encarece mucho los costes de la medicina, olvida que el paciente es un ser doliente y lo convierte en una amenaza contra su integridad. A su vez, la sociedad debe darse cuenta de la dificultad del ejercicio de esta profesión, y de que, salvo contadas excepciones, la actitud general del médico es siempre leal y quiere lo mejor para el enfermo.
Las familias no deben desplazar su agresividad e impotencia contra el médico. Deben verle como un guía, como un terapeuta cualificado que pretende poner orden en el caos de la enfermedad, lo que no siempre logra, aunque casi siempre consigue aliviar.
El trato del médico con el paciente tiene que ser exquisito, ayudándole a llevar serenamente la enfermedad. Pocas situaciones difíciles se presentan al profesional como cuando el enfermo reclama su derecho a saber la verdad de su diagnostico. El médico no debe mentir a su paciente si éste se la requiere. Tiene que decirle la verdad sin brusquedades, de manera que pueda ir asimilándola progresivamente, sin suprimir nunca la esperanza del enfermo.
Cuando el paciente no plantea esta cuestión, el médico debe crear espacios donde el diálogo sea posible. Si el enfermo no quiere saber nada de su estado, esta actitud debe ser respetada.
El paciente, tras una primera fase de negación y de ira, pasa luego por una etapa de pacto, para luego caer en una depresión y finalmente aceptar su situación.
Muchos enfermos mueren sin saber su estado, engañados por sus propios familiares, que incluso prohiben al médico decirle la verdad. Estas situaciones son muy tensas y difíciles, ya que aparte de que esta actitud dificulta una sana relación, tanto con el médico como con sus propios familiares, priva también al paciente de vivir su última etapa en un clima de libertad, indispensable para su maduración y evolución humana y espiritual.
El secreto profesional ha de guardarse celosamente por parte de los profesionales. Actualmente y dada la informatización creciente de la medicina, es cada vez más fácil el acceso a las historias clínicas.
El fenómeno de la muerte humana ha planteado en todas las épocas profundos interrogantes acerca de nuestro destino final: si existe vida después de ésta, cielo, infierno o la nada. Ya en el primer volumen de la Otra Cara de la Medicina abordamos estos interrogantes. En este segundo volumen ampliamos algunos de estos conceptos, aportando testimonios personales.
Se analizan también otras cuestiones que giran alrededor de la muerte, como es su propio diagnóstico, los transplantes de órganos, así como las causas más frecuentes que la originan, incluido el suicidio.
Se destaca la importancia que para la madurez del individuo tiene asumir en vida la certeza de la propia muerte, tomando conciencia de nuestra propia angustia ante ella para desdramatizarla y saber aceptarla cuando llegue. Se dice: se muere como se ha vivido. La muerte es el culmen, la estación final de esta vida que da acceso a otra realidad. ¿ Lo creemos realmente?
Se destaca asímismo la importancia de la pastoral de la salud.
Se abordan también los problemas que plantea la asistencia al enfermo grave. ¿Añadir vida a sus días o prolongar el proceso de muerte? Se analiza el proceso de la buena muerte, valorando la llamada eutanasia directa e indirecta.
La labor de los profesionales de la medicina no acaba con la muerte del paciente, sino que es su deber también acompañar a la familia en duelo.
¿Qué pasa después de la muerte? ¿Hay algo, nos espera alguien?
Se abordan estas cuestiones analizando, desde un punto de vista científico y religioso, las experiencias acaecidas en su umbral (ECM), las extracorporeas (EEC), y otras afines. Se aportan testimonios de personas con este tipo de experiencias.
¿Qué dice la doctrina cristiana sobre el misterio de la muerte, y de lo que hay más allá? ¿Qué es la salvación? Son preguntas que se intentan contestar desde la fe, y que constituyen la llamada escatología cristiana.
En la evolución de la conciencia se exponen, de una forma general, los diferentes niveles por los que el hombre ha pasado hasta llegar al nivel de conciencia mística que actualmente está despuntando.
Intentamos abordar la fenomenología de la experiencias místicas, aportando las claves necesarias para diferenciar las auténticas de las llamadas místicas "light", o místicas de consumo o pseudomísticas, así como de otros fenómenos que entran dentro del terreno de la psicopatología.
En los siguientes capítulos analizamos las características generales filosóficas culturales del Budismo zen, base de la meditación del zazen.
Se estudian las analogías y diferencias con la mística cristiana.
En un último capítulo se exponen las características generales del llamado movimiento de la "New Age", movimiento filosófico, científico cultural, base de una nueva religiosidad que intenta dar respuesta a la crisis humanística actual y que incluso se ofrece como una alternativa a las grandes religiones oficiales.
En un tercer volumen, “La Otra Cara de la Medicina: Humanizar un Mundo en crisis. Hacia una medicina más personal (en preparación), expondremos los siguientes temas:
• La deshumanización actual es una crisis de valores espirituales:
El mundo es una aldea global que se encuentra en un proceso de mundialización, globalización y globalismo. Existe una crisis humanística que se expresa en diferentes niveles: religioso-espiritual, ético-moral, ecológico, familiar-juvenil, demográfico, de injusticia social, discriminación de la mujer, educacional y que alcanza a la propia medicina.
El comienzo de la vida humana. La anticoncepción. El aborto y la eutanasia son reflejo de una crisis ético-moral. Valoración médico, ética y social. El diagnóstico prenatal. Aspectos médicos y éticos de las técnicas de manipulación genética. El proyecto Genoma humano.
La increencia e indiferencia religiosa del hombre actual. Una nueva religiosidad surge como fenómeno de una mutación religiosa. La desimplantación eclesial en la Sociedad y la Cultura. El futuro del cristianismo y el reto de las otras religiones.
Valoración médico-social de esta encrucijada: desde Hipócrates a la crisis de la medicina actual. Las superespecialidades médicas. La desmotivación profesional del médico. El conflicto de éste con su entorno. La documentación clínica.
• Hacia un intento de superación de toda esta coyuntura:
Es necesario un cambio educacional que desde la experiencia cristiana posibilite una nueva conciencia ecológica, liberadora y rehabilitadora del ser humano. Hacia un nuevo modelo eclesial. La mujer también muestra el Rostro de Dios. Reorientar la Pastoral de los jóvenes. La paternidad responsable como alternativa a la corriente hedonista actual. Hay necesidad de un diálogo interconfesional y de un discernimiento Bíblico-cristiano. El Movimiento Ecuménico debe mostrarse como una nueva manera de concebir a Dios y nuestra relación con Él. Más allá del diálogo. Religiosidad vivida e interpretada. ¿Fin de las Misiones o la Otra Misión? El Panenteísmo y la Visión Cosmoteándrica. El Espíritu es universal: Cristo, una opción para todos.
Desarrollar una medicina más personal. Mejorar la relación médico-enfermo. La Medicina de la Totalidad o Medicina Integral. El médico como sanador. Fomentar las actitudes docentes e investigadoras del médico y su apertura hacia las Medicinas Complementarias. La historia clínica. Las fases del diagnóstico y tratamiento en medicina. La carrera profesional del médico.




Comarruga 20 de Agosto de 2000
Festividad de San Bernardo de Claraval

La Otra Cara de la Medicina: ¿Qué es el Ser Humano?


La Otra Cara de la Medicina:
¿Qué es el Ser Humano?


ÍNDICE Pág.
PROLOGO.6
INTRODUCCIÓN.7
CAPÍTULO I. El Hombre Ser Esencial y Transcendente.13
CAPÍTULO II. La Máscara. La Sombra. La Polaridad del Mundo Visible.21
CAPÍTULO III. La Maravilla del Cerebro Humano. La Intuición en Investigación. La Visión de los Místicos. La Inteligencia Celular. La Psicoinmunoneurología. La Burbuja Digital.30
CAPÍTULO IV. La Conciencia Humana. El Hombre es buscador por naturaleza de lo Esencial. No es Dios pero casi Dios. El Inconsciente Colectivo.42
CAPÍTULO V. Las Medicinas Orientales. Los Campos Energéticos. El Aura Humano. El Cuerpo Espiritualizado Resucita. Conceptos de Alma, Cuerpo, Materia, Persona. ¿Hay un Juicio para el Hombre? La Energía Kundalini.53
CAPÍTULO VI. El Poder del Pensamiento Humano. Los Elementales. ¿Hay Cielo, Purgatorio, Infierno o la Nada?, ¿Razón o Fe? Saber Integrar Ciencia y Religión en la Nueva Era. Los Chacras.68
CAPÍTULO VII. El Hara. Estudios y aplicaciones de la Energía del Ser Humano en Occidente. La Medicina China: El Qi Gong, La Acupuntura, Los Cinco Elementos, El Shen.85
CAPÍTULO VIII. Otros Modelos Antropológicos. El Espíritu (El Cristo Cósmico de Teilhard) anima la Materia y la hace evolucionar. Metafísica Humana: El Hombre es una Unidad Psico Física Espiritual que Resucita y no se Reencarna, en evolución hacia la Parusía.98
CAPÍTULO IX. El Despertar de la Conciencia Superior. El Estado Iluminativo o Iniciático. Los Miedos y las Dudas. Ser Uno Mismo. “Pedid y se os dará, buscad y encontrareis” (Mt7,7).127
CAPÍTULO X. El Misterio del Sufrimiento Humano. Su aceptación es un camino evolutivo hacia la Transcendencia. Teología del Dolor. Las Crisis de la Edad Media de la Vida o Neurosis Noogénica. La Logoterapia.141
CAPÍTULO XI. La Vida Cristiana es una Experiencia Iniciática. Técnicas Orientales y Cristianas de Meditación como acceso a nuestro Ser Esencial. La Sabiduría separa al Hombre Pre Iniciático del Iniciático.162
CAPÍTULO XII. Jesucristo: Su Liturgia y Evangelio, claves universales de la Vida Iniciática. Las Experiencias Místicas y Paranormales. Ser contemplativos en la acción.190
CAPÍTULO XIII. Las Crisis del Espíritu: Noches Oscuras y Místicas pueden no distinguirse clínicamente de las Crisis Existenciales, Depresiones Endógenas y Neurosis Noogénica. La Conciencia Cósmica. Es Fuerte el Amor como la Muerte (Cant8,6). Las Enfermedades Mentales no “rozan” nuestro Núcleo Esencial. A la Resurrección de Cristo se llega por la Fe.210
CAPÍTULO XIV. Necesidad de la Fe y de la Oración para el Hombre Moderno. La Santidad es básica para el Cristiano.238
CAPÍTULO XV. El milagro. Diferencias entre Sanación y Curación.254
BIBLIOGRAFÍA.266
Epilogo-----------sobre Teilhard de Chardin
PRÓLOGO
El lector de esta obra encontrará en ella una síntesis de conceptos de las llamadas dos medicinas: Medicina Oficial y Alternativa. No son dos Medicinas, sino una única con aspectos complementarios.
El autor no sólo cita a lo largo de los tres volúmenes de esta obra diferentes terapias complementarias, sino que las reordena y agrupa según el esquema constitucional e integral del ser humano.
A lo largo de esta obra, se expresan aspectos básicos del conocimiento existencial del hombre, aún teniendo en cuenta la dificultad que plantean cuestiones de este tipo.
El autor va siguiendo un hilo conductor que, partiendo de la constitución y esencia del ser humano, sigue en las diferentes etapas de su crecimiento interior, tanto en la salud como en la enfermedad, analizando el fenómeno de la muerte humana y la esperanza en la Resurrección.
Se analiza la crisis humana actual, así como la hipertrofia técnica de la Medicina de nuestros días. Se destaca el valor de la vida humana frente al aborto y la eutanasia.
Aborda la búsqueda de un sentido a esta vida y la esperanza en un más allá, así como el significado y valor de las crisis para la superación y maduración del hombre. El hallazgo de una razón existencial o motivación en el ser humano, se contempla bajo la perspectiva de la Logoterapia de Viktor Frankl.
Se destaca, especialmente destinado a los alumnos de medicina, la importancia del diagnóstico y la relación médico enfermo, así como el interés de la Docencia y la Investigación en Medicina.
El Dr. Ebrí ha abordado y asumido la confección de este libro desde su óptica experiencial de buscador nato y estudioso de la Medicina oficial y la Medicina alternativa.
Hombre profundamente religioso y humanista e integrante activo de Movimientos eclesiales - fue Presidente del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Zaragoza-, va desgranando a lo largo de esta obra citas evangélicas acordes con el contenido científico de este libro.
Por su campaña en nuestro país a favor de la vida del ser no nacido, fue felicitado fuera de nuestras fronteras por el Cardenal arzobispo de New York O´Conhor.
Es autor de fácil palabra como lo acreditan sus numerosas conferencias de temas humanísticos y científicos. En este libro expresa su concepción global de la medicina, con un abordaje integral del hombre, plasmando su particular experiencia.
El autor ofrece al lector una síntesis esperanzada y transcendente de la existencia humana.
Francisco Martínez García
Vicario General de Zaragoza

INTRODUCCIÓN
La Otra Cara de la Medicina, a lo largo de sus tres volúmenes, pretende ser un grito esperanzado en medio de esta sociedad cada vez más materializada, que se encuentra inmolada en aras de los dioses consumo y moneda.
Hasta la Medicina se ha tecnificado de tal forma, que hemos olvidado en las Facultades explicar al alumno, además de los conocimientos teóricos y prácticos de las asignaturas, el respeto que el paciente merece como persona, y el enfoque dentro de una unidad psico-físico-espiritual que integra la totalidad de la persona, en vez de parcelar los conocimientos y disgregarlos al estudiarlos parcialmente en cada especialidad médica. Estas son necesarias, así como los conocimientos técnicos que cada vez más sofisticadamente va englobando la Medicina, pero ambos han de ser reunificados de nuevo para el diagnóstico y tratamiento del enfermo; en un clima personal dirigido a la totalidad del hombre, aunque tratemos aparentemente sólo una parte de ese ser.
La importancia de las mal llamadas Medicinas Alternativas radica, especialmente, en un enfoque más unitario y holístico del ser humano.
Este enfoque holístico no es privativo únicamente de la Medicina, sino que se trata de un nuevo paradigma en Ciencia, nacido en los albores del siglo XXI.
Como afirma Fritjof Capra, el paradigma científico actual es holístico, sistémico, ecológico porque relaciona al hombre con todo el Cosmos, comenzando por el microcosmos que es él, en todas las partes de su cuerpo, en todas sus células, en todos sus átomos; de tal forma que lo que llamamos parte no existe en realidad, sino que es, simplemente, un modelo en una red inseparable de relaciones, que cuando no la conocemos se llama azar. Cada estructura es una manifestación de un proceso subyacente en una red de relaciones intrínsecamente dinámica. Este modelo de red implica también el abandono de la física newtoniana como ideal para juzgar otras ciencias, y como fuente principal de metáforas para las descripciones científicas. El paradigma cartesiano se basaba en la creencia de que el conocimiento científico era capaz de lograr una certeza absoluta y final. En el nuevo paradigma todos los conceptos, teorías y descubrimientos son limitados y aproximados. La ciencia jamás puede proporcionar un entendimiento completo y definitivo de la realidad. En los propios fenómenos observados en la investigación influye el propio observador y, en la red de relaciones que descubrimos, nuestras descripciones forman también una red interconectada que representa los fenómenos observados.
El espacio no separa, unifica. Hay una inteligencia distinta de lo racional: la inteligencia intuitiva, que llega a lo observado de forma más directa. No se desprecia lo racional, es complementario, pero no se debe excluir lo intuitivo como acientífico.
Cuando nuestro ojo clínico diagnostica de entrada, la intuición está funcionando de forma directa complementándose con los saberes empíricos racionalmente aprendidos.
Hay cosas que son razonables pero que no se pueden demostrar por la razón, como es la propia existencia de Dios. La intuición, el corazón abierto es la vía de abordaje de esta realidad transcendente: “El corazón tiene razones que la cabeza no entiende”. Nuestro hemisferio cerebral derecho no es igual funcionalmente al izquierdo, que es considerado como nuestro cerebro racional.
Los “koan” o problemas sin aparente respuesta que los maestros zen plantean a sus alumnos inciden en esta vía creativa de la intuición. La propia meditación transcendental, así como la oración cristiana profunda, no se mueven tampoco dentro de una óptica racional. Sólo desde el corazón, rumiando éste y no con la cabeza se puede ahondar en el misterio insondable de la Trinidad. El poder de la fe y de la oración se basan en este nuevo paradigma que alcanza también a la Teología, frente al antiguo paradigma teológico racionalista escolástico positivo.
Hoy día la Teología tiene que considerar el pluralismo actual, la conciencia de las tensiones cristianismo/culturas y la renovación de los enfoques epistemológicos a la luz de los nuevos conocimientos que los estudios actuales de los textos bíblicos están produciendo (A. Tornos).
Para una adecuada interpretación y análisis de éstos hay que tener en cuenta la cuestión hermenéutica, es decir, mirar de qué tipo de texto se trata, cuál es su forma o genero literario, qué presupuestos culturales y antropológicos tiene, cuál es la forma de lenguaje que emplea. (X. Alegre). Hoy día un teólogo no puede aceptar preguntas como: ¿Cual es la posición de la teología ante una u otra cuestión relacionada con la fe? Se podrá dar una respuesta razonable a lo inquirido, pero no la respuesta de la Teología, porque no hay una única Teología (A. Tornos).
Hay una nueva percepción, aportada por la Antropología, de los distintos condicionamientos que imprimen su sello en las fórmulas teológicas de pensar según las particulares culturas dominantes en los distintos tiempos y espacios sociales. La variedad de estos condicionamientos produce tensiones en el campo teológico (A. Tornos).
La fe cristiana no puede renunciar a ser una y la misma en los distintos tiempos y lugares de su existencia, sin embargo, la fe debe reconocer que sus formulaciones son dependientes de contextos culturales limitados y variables, porque, de lo contrario, pasaría por alto evidencias hoy día irrenunciables de las teorías de la cultura y, al hacerlo se convertiría, con sus postulados, en creencia irracional. La conciliación de estos principios exige que se considere la fe como distinta de sus formulaciones. La fe es siempre la misma, sus formulaciones pueden variar.
Al reformular de nuevo la fe, no es en rigor una nueva formulación de ella, sino una nueva interpretación de la misma. Porque fe real, en su lugar empírico de existencia, que es la mente y la práctica de los creyentes, sigue casi igual después de hecha su reinterpretación teológica (A. Tornos).
Los conceptos que expongo en este libro no pretenden ser ni siquiera formulaciones y reformulaciones de la fe, sino hipótesis científicas.
En algunos casos, al consultar la bibliografía me he llevado la agradable sorpresa de que mis intuiciones ya las habían tenido otros autores, y que coincidíamos básicamente en su formulación, como es el caso de localizar la Resurrección del Hombre en el mismo momento de su muerte personal. Esta sí es una formulación distinta a la habitual que oímos en nuestras misas de difuntos, pero que no atenta contra la pureza de la fe, e introduce una corriente de aire fresco y gozosa en tan oscuro tema escatológico.
No pretendo con el contenido de este libro escandalizar a nadie, sino al contrario abrir vías de razonamiento e intentar demostrar cómo la fe pura no está reñida con una fe sustentada. Hay creyentes para todos los gustos; si el contenido de este libro ayuda al lector, quedaré altamente agradecido.
Las palabras del Salmo 126, 1-2, resumen muy bien todo lo dicho: “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas, es inútil que madruguéis, que retraséis el descanso, que comáis un pan de fatigas; si Dios lo da a sus amigos mientras duermen”.
Nos encontramos en una época de solidaridad internacional y caminamos cada vez más hacia un Ecumenismo y unificación religiosa. Sólo la vuelta a un humanismo integral podrá devolver la fe en el hombre. Sólo una comprensión dinámica de la revelación como tal, en el proceso de la Historia de la Salvación, es en sí misma la gran verdad de la automanifestación de Dios.
A Jesucristo no lo pudimos conocer históricamente, pero sí se le puede conocer y amar en el hombre.
Cada vez que el hombre es solidario con el hombre, se cumple esta realidad evangélica, donde Cristo se identifica con el pobre, con el necesitado, aunque el benefactor desconozca esa presencia: «”Ven bendito de mi Padre porque tuve hambre, tuve sed, frío..., y me disteis de comer, beber, y me vestisteis, y los justos le dirán: ¿cuando hicimos eso?; y el Señor les contestará: “Cada vez que lo hicisteis con uno de esos hermanos míos, de esos más humildes, lo hicisteis conmigo”» (Mt 25, 35-41).
Nos vamos introduciendo en un mundo nuevo, donde los místicos de todas las religiones están atisbando que la Teología jamás puede proporcionar un entendimiento completo y definitivo de los misterios divinos. El teólogo, como cualquier creyente, no encuentra la verdad auténtica en la formulación teológica, sino en la realidad a la que esta formulación proporciona una expresión cierta, pero limitada. Sólo desde la experiencia del corazón se conoce a Dios.
El siglo XXI será eminentemente un siglo de místicos y de buceadores existenciales.
Esta obra quiere dar esperanza al lector, quiere valorar lo fundamental y esencial del ser humano, olvidando los legalismos, aunque lleven la etiqueta de religiosos. «La auténtica Liturgia, comenta F. Martínez, es expresión del misterio divino, del Amor. Se celebra y es “ahora”, atemporalmente: Lo que se celebró en el tiempo históricamente, al celebrarlo ahora no es memoria histórica, es un continuo presente que va expresando en todas las épocas y culturas el Amor insondable de Dios. Esto no es legalismo, ni ritualismo, es misterio vivificante y saludable para el ser humano, por lo que no debemos confundir Liturgia como expresión del Amor, con legalismo y ritualismo religioso. “Antes de comulgar a Dios con la boca, hay que comulgarlo en el corazón con la palabra”».
La teleología, el objetivo principal, de esta obra en sus tres volúmenes es considerar a la persona, ya esté sana o enferma, como una unidad verdadera de sus componentes o vertientes física, psíquica y espiritual.
L. Bof nos comenta que el cuerpo es un espíritu encarnado y el espíritu un cuerpo espiritualizado.
Sólo con una comprensión integrada del hombre en su fisis, emociones, mente y abierto a la transcendencia del Espíritu se puede conseguir la sanación y la curación de la enfermedad. Esta tiende a disgregar, pero el hombre, ayudado y guiado por el médico, puede recuperar la salud, incluso de forma integral, encontrando de nuevo su paz interior.
La enfermedad o las crisis pueden producir en ocasiones una verdadera sanación de la persona. La propia crisis existencial producida por la misma muerte puede ser asumida por el ser humano con dignidad y paz.
La Dra. Elisabeth Kübbler, en sus libros acerca de la muerte del ser humano, va destacando las fases por las que éste pasa tras enterarse de la gravedad de la enfermedad, que oscilan desde el rechazo y el estupor hasta la depresión y finalmente la paz, preludio del nacimiento a una nueva vida.
Una Medicina que entienda al hombre de una forma global ha sido llamada Medicina de la Persona, Integral o de la Totalidad. Aun reconociendo su base hipocrática, el primero que la formuló como tal fue el psiquiatra suizo Paul Tournier; posteriormente otros psiquiatras como Rey Ardid y Vallejo Nájera defendieron también esta Medicina; pero no es privativo de la Psiquiatría un enfoque así del ser humano: el cirujano americano Bernard Siegel fue también pionero de esta Medicina en Estados Unidos.
Cada vez un número mayor de profesionales de la Medicina pertenecientes a diversas especialidades, incluidos psicólogos, siguen en todo el mundo este reencontrado camino unitario de entender al hombre.
Los médicos generalistas, de familia, e internistas, deben en mi opinión, intentar aprender y ejercer esta Medicina.
No se trata únicamente en ella de establecer correlaciones psicosomáticas en el ser humano, sino de integrar la vertiente espiritual en la enfermedad, de tal forma que el hombre se abra a la realidad sanante de la Transcendencia y encuentre en ella la fe en sí mismo, en los demás y en el mismo Dios.
De cara al alumno, una comprensión así del hombre enfermo exige una enseñanza complementaria en nuestras facultades, así como la formación de los alumnos en los Centros Hospitalarios de referencia, a efectos de su preparación para su futuro ejercicio profesional.
Otro objetivo que pretendemos es el de intentar unificar la llamada Medicina Alternativa con la Medicina Académica. Las dos son complementarias. Terapias como la Homeopatía permiten un tratamiento personalizado e individualizado del paciente.
Desde los albores de la Humanidad, como afirma Balin, el médico ha sabido convertir en saberes científicos lo que eran saberes empíricos, al ser sistematizados según el método científico. Pero el hombre es limitado y no puede abarcar todo el contenido científico, de tal forma que progresivamente va entendiendo científicamente lo que ahora sólo constata empíricamente e investiga lo que ahora no puede demostrar. Es innegable, no obstante, que los saberes empíricos funcionan y ayudan al enfermo.
Por ello no tenemos derecho, como prácticos, a despreciar esta Medicina, sino que debemos tratar de conjuntarla y sistematizarla, investigando estos saberes empíricos despojándolos de paja y polvo.
Si mentes pioneras y abiertas como Pasteur no hubieran intuido esta visión de las cosas, seguiríamos sin explicarnos las causas infecciosas.
Esta obra no pretende ser un libro técnico, por ello, en las llamadas terapias complementarias que citaremos, pretendemos no abordarlas de forma exhaustiva, sino explicar brevemente cuál es su indicación terapéutica, así como dar un resumen muy abreviado de ellas. El lector interesado podrá acudir a la bibliografía final para aumentar sus conocimientos.
Aunque estos volúmenes podrían contener muchas ilustraciones, a efectos de no encarecerlos, y para que pueda llegar al mayor número de lectores interesados en estos temas, hemos incluido sólo los esquemas básicos.
La idea de escribir esta obra nace del diálogo mantenido en estos últimos años con estudiantes de los últimos cursos de Medicina, en una labor de tutoría.
Además de las explicaciones teóricas y prácticas de tipo técnico, quisimos también mantener un diálogo formativo con ellos, dado que en la Facultad de Medicina la masificación del alumnado hace imposible esta tarea. Sólo en pequeños grupos, y al final de la labor técnica práctica de cada día, pudimos llevarlo a cabo.
Por ello esta obra surge de la experiencia adquirida en contacto con el alumno, que por otra parte es hombre o mujer con inquietudes compartidas con el resto de los mortales, antes que estudiante de medicina.
Las forma de redacción elegida, en consecuencia, es la del diálogo. Dado que hoy en día es más frecuente la presencia femenina en la Medicina, serán dos mujeres y un hombre, los protagonistas.
Los nombres de éstos son imaginarios, de tal forma que no nos referimos en la obra a personajes concretos.
A lo largo de los diferentes capítulos serán comentados los aspectos médicos y paramédicos que he considerado de interés escribir, dada mi experiencia en este campo.
No negamos que esta obra desborda claramente en sus conceptos los de una obra estrictamente médica y bucea en un terreno metafísico y religioso.
Introducimos frecuentes citas bíblicas, no para tratar de aseverar dogmáticamente lo que decimos, que no es ese el camino actual, sino porque como creyente, al escribir el texto, he encontrado resonancias con la Palabra de Dios, hecho que, por lo menos a mí, me muestra que no son incompatibles Ciencia y Religión. Queremos con ello pedir al Espíritu su ayuda: “El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os dije”, dijo Jesús (Jn14,26).
“Empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios” (Ef 6,7). “Recuerda, le dice Pablo a Tito, que desde niño conoces las Escrituras, que pueden instruirte y llevarte a la Salvación por medio de la fe en Cristo Jesús. Toda escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud” (2Tim3,15-16).
“Pido, dice San Pablo a los Efesios, al Dios de nuestro Señor Jesucristo, al Padre glorioso, que os dé sabiduría espiritual para entender su revelación y conocerle mejor. Pido a Dios que ilumine vuestra mente” (Ef1,17-18).
El Espíritu es el que nos mueve para comprender la Palabra, y es el que la hace vida en nosotros. El nos concede el carisma de abrirnos y captar la revelación. Des-velar la re-velación es remover el velo que encubre su misterio y esto es labor del Espíritu.
El texto de la Biblia no crece pero sí crece nuestro conocimiento de su sentido, de su verdad, comenta LA. Schökel.
El diálogo distendido con personas, no únicamente estudiantes, ha hecho posible esta obra.
Creo honradamente que su interés, dada la Sociedad tan tecnificada y materializada que vivimos, va dirigido no únicamente a estudiantes de Medicina, o a médicos, sino también a toda persona que tenga inquietudes humanísticas y existenciales.
Es necesario crear inquietudes humanísticas en los jóvenes porque, como digo a los estudiantes de medicina: “El que de medicina sólo sabe, ni medicina sabe” (Letamendi).
Comarruga 20 de Agosto de 1999, festividad de San Bernardo de Claraval.

Wednesday, January 21, 2009

CURRICULO DE BERNARDO EBRÍ

CURRICULO DE BERNARDO EBRÍ

Dr. Bernardo Ebrí Torné
Bernardo Ebrí Torné nació en Zaragoza el 26 de Octubre de 1949. Está casado y tiene cinco hijos. Curso la Licenciatura de Medicina en Zaragoza 1966-1972, con 23 Matrículas de Honor y 3 Sobresalientes. Doctor en Medicina y Espe­cialista en Medicina Interna. Ejerció como médico hospitalario (Hospital Miguel Servet) en su ciudad natal. Ex profesor de Anatomía y Embriología y Asociado Médico de la Facultad de Medicina de Zaragoza. Diplomado en Medicina Biológica y Homotoxicología. Académico Correspondiente de la Facultad de Medicina de Zaragoza. Vocal de la Sección Colegial de Médicos Naturistas del Ilustre Colegio de Médicos de Zaragoza. Perteneciente como socio a la Sociedad Científica de Homeopatía de Aragón y Española y a la Federación Española de Médicos Homeópatas. Perteneciente como socio a la Sociedad Española y Aragonesa de Medicina Interna.
Entre otros galardones, ha recibido los siguientes:
- Premio Fin de Carrera otorgado por la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja (Curso 1971-1972).
- Premio Academia General Militar de Zaragoza (1972).
- Premio Extraordinario de Licenciatura (1973).
- Premio Inmortal Ciudad de Zaragoza del Excmo. Ayuntamiento (1973).
- Premio Príncipe Fernando de Radio Cadena Española en Zaragoza (1973).
- Beca de Investigación Geigy (curso 1974-1975).
- Becado durante tres años por la Dirección General de Universidades e Investigación (Cursos 1973-1976).
- Premio Nacional de Licenciatura por la Real Academia Nacional de Medicina de Madrid (1975).
- Premio de la Excma. Diputación General de Aragón a la mejor tesis doctoral (Curso 1976-1977).
- Premio Nacional del Doctorado por la Real Academia Nacional de Medicina de Madrid (1979).
- Primer Premio de Investigación Médico Quirúrgica por el Colegio de Médicos de Zaragoza, y el Banco Zaragozano (Curso 1988-1989), y otros diversos premios y accésit.
- Premio a la mejor Comunicación MIR, presentada en el XXVI Congreso Nacional de SEMERGEN, celebrado en Granada, del 13 al 16 de Octubre de 2004. Otorgada por el trabajo: “Diferencia entre Variables Representativas De Enfermedad o Repercusión Cardiovascular entre Poblaciones con o sin Antecedentes Familiares Precoces de Eventos Cardiovasculares”.
- Membership in the New York Academy of Sciences.
- Subject of Biographical Record in Who's Who in the World, since 1998. New Jersey (USA).
Subject of Biographical record in Who’s Who in Medicine and HealthCare, since 1998. New Jersey (USA).
- Subject of Biographical Record in The International Biographical Centre de Cambridge, since 1998.
- Subject of Biographical Record in Who's Who in America Science and Engineering since 1999. New Providence (USA).
- Membership in the "Research Board of Advisors of the American Biographical Institute", since 1999. North Carolina (USA).
- Nominado por el Centro Internacional de Cambridge (England) como científico del año para el año 2001, por su contribución destacada a la Medicina Biológica y Homotoxicología.
-Incluido en la Gran Enciclopedia Aragonesa 2007. Apéndice V, Pág. 245.

-Incluido en el Diccionario de Autores Aragoneses 2008.
-Subject of 2000 Outstanding Intellectuals of the 21 st Century, Internacional Biographical Centre (Great Britain) since 2008.
-Felicitado oficialmente por el cardenal arzobispo de Nueva York, O´Connor, por la campaña desarrollada en España a favor de la vida, contra el aborto. Nueva York 10 de Agosto de 1990.
Conferenciante y ponente en Congresos con más de 500 participaciones de temas médicos, éticos y de humanidades. Asimismo organizador y ponente de Cursos postgrado del Doctorado y otros cur­sos sobre Medicina Biológica y Homotoxicología. Ponente también de estos temas en Masteres, Con­gresos..., tanto de Medicina Interna como de Medicina Biológica. Escritor y autor de referencia de temas científicos, de investigación médica y de Humanidades. Ha publicado 14 li­bros. Autor de más de 180 artículos en revistas nacionales y extranjeras. Entre sus libros publicados, científicos y de ensayo, figuran los tres primeros de su trilogía, obra humanística “La Otra Cara de la Medicina”: 1: ¿Qué es el hombre?; 2: El hombre ante el dolor y la muerte. ¿Hay algo después de la vida?; 3: ¿Hacia Donde Vamos?, Entre dos vidas, novela, y Mística del día a día, obra de carácter espiritual y científica.
Además de su formación académica habitual, se ha formado en Medicina Biológica y Terapias com­plementarias como Homeopatía, Homotoxicología, Neuralterapia, Fitoterapia, Oligoterapia, Energoterapia, Zazen, Yoga, Qi-Gong. Ha ampliado sus conocimientos con estudios teológicos en el Institu­to Diocesano de Estudios Teológicos para Seglares de Zaragoza (Berit). Tiene el Diploma elemental de Música en la especialidad de Piano (Según Decreto 1966).

CRISIS EXISTENCIAL TESTIMONIO PERSONAL


Tras una prueba que Dios envía o permite en definitiva, las seguridades desaparecen y las cosas aparecen sin sentido propio, deshilvanadas; incluso puede existir un profundo sentimiento de despersonalización.
Fue a los 18 años cuando tuve mi primera crisis existencial. Yo era un muchacho hijo único educado con gran tolerancia y aparentemente nada explicaba lo que me estaba ocurriendo. Hasta en las “junturas del adoquinado” quería ver un Principio Fundamental que uniese todo, buscaba la atomización de la materia, lo invisible; la angustia surgía al querer reconocer un substrato fijo, una entidad material sobre la que mi vida pudiese ajustarse, encontrar referencias que me permitiesen seguir mi vida con seguridad, ya que el miedo a lo desconocido se cernía sobre mí. Ocurría como si hubiese sido parido de nuevo y me encontrase de repente ante un mundo distinto y desconocido, que no entendía; donde las antiguas referencias de antes, viéndolas ahora ya no me decían nada. Estaban ahí pero me eran extrañas y no podía descansar en ellas. Observaba como estaba ocurriendo una profunda transformación en mí, que duró en su mayor intensidad cerca de un año. Buscaba en definitiva la esencia de las cosas, intuía que era posiblemente Dios el motor de todo aquello y lo buscaba. Me abandonaba a El como un niño asustado lo hace, acudiendo por la noche a la habitación de sus padres cuando tiene una pesadilla. Quería aprehender su esencia más íntima, pero para calmar la angustia terrible que me corroía, por el camino de la fe pedía insistentemente que todo se calmase y pudiera recuperar la paz inicial saliendo de aquél oscuro túnel. Recuerdo que el rosario rezado junto a mi madre me descansaba. Estaba en cierta manera experimentando una regresión infantil como corresponde a la enfermedad o a una depresión donde te sientes pequeño, minusválido y buscas refugio en una figura protectora, benéfica.
Al mismo tiempo, multitud de dudas, obsesiones, problemas de conciencia y escrúpulos surgían en torbellino. Era el conflicto de mi adolescencia un tanto retrasada, el aflorar mis primeras experiencias sexuales y el choque con la normativa de la moral tradicional. Se trataba de una profunda crisis vital en la que no me reconocía tal como estaba viviendo. Recuerdo que mirándome al espejo me causaba extrañeza mi figura. Mis seguridades habían desaparecido, mi cascarón iba reventando: Una cáscara de superficialidad y de seguridades procedentes de criterios ajenos estratificados y sedimentados. Al mismo tiempo, una imagen de un Dios extraño e institucional iba cediendo paso a una imagen distinta de Dios que se iba abriendo poco a poco en mi ser. Era consciente del cambio que se estaba produciendo: Un Dios personal se iba fraguando en mí, no solo un Dios consolador sino un Dios desconcertante y diferente a la idea que me había forjado desde mi niñez.
El esfuerzo de voluntad que tuve que hacer para mantenerme a flote de la profunda crisis que estaba viviendo junto con el abandono en Dios fue remodelando mi personalidad, permitiéndome desarrollar una gran disciplina de trabajo que se notó en gran manera en mis estudios de medicina. Las “ofensas” que podía inferir a mi Dios, eran rápidamente reconciliadas en el sacramento de la reconciliación. Seguía “prosperando” espiritualmente, una conciencia nueva de lo religioso iba desarrollándose en mí. Antes no es que no la tuviera pero estimaba que no se había desarrollado como lo hacía ahora en medio de las dificultades por las que estaba pasando. Ahora estaba madurando como persona y aunque caía muchas veces me levantaba rápidamente.
De pequeño mi “instinto” religioso me había guardado de las precocidades de otros niños de mi entorno. En las visitas al Santísimo que solía hacer en los recreos de mi colegio le pedía a Jesús que siempre me guardase para Él aunque me hiciese mayor. Creo que estas peticiones de un niño sincero fueron atendidas. Siempre he intentado no perder una misa dominical, así como he tenido una escrupulosa conciencia que me ha hecho mucho sufrir a lo largo de mi vida.
La dirección espiritual que tanto de niño como de joven tuve, me ayudaron a seguir por el buen camino. Fueron tres sacerdotes jesuitas: Teodoro Toni, Mario Sauras y José Soler los que me atendieron solícitos en mis años jóvenes. No era consciente entonces de ello pero los tres cooperaron a que me labrase una conciencia acorde a mis creencias. Ahora que ya han fallecido me doy cuenta de la incuestionable ayuda que me dispensaron, Dios me los puso en mi camino. Teodoro Toni me atendió de niño y Mario Sauras y José Soler de joven. La devoción a la Madre de Dios procede principalmente de Mario que me enseñó a rezar el acordaos de San Bernardo, y a coger afición a rezar el rosario.
El sentimiento religioso fue depurándose progresivamente desde mi niñez sin darme cuenta de ello, pero en la crisis que iba pasando se hacía todo mas consciente y experimentaba un gran cambio, un inmenso vacío que se iba fraguando poco a poco pero que despuntaba a una esperanzada aurora.
Mi segunda crisis existencial ocurrió durante el servicio militar, donde experimenté aunque mi estancia en campamentos fue solo de tres meses un cambio profundo en mi vida de relación. Pudiendo haber vivido unos campamentos cómodos desde mi situación de médico no fue así. No sé si debido a mi sinceridad u orgullo profesional, me llevó a enemistarme con un superior al considerar que los consejos desde el punto de vista ético que daba en materia sexual a la tropa no eran los más acertados para él. Por ello fui relegado a pasar la mili como un soldado más haciendo instrucción y teniendo que abandonar el botiquín. Tuve contacto con gente llana, aunque sufría al oír las blasfemias que mis compañeros solían proferir. Sin embargo, mi trato con ellos me ayudó a mejorar mi vida de relación. Sentía gran necesidad de ir a la capilla y como cuando era niño buscaba en Él mi descanso. Rezaba el rosario antes de dormirme en silencio y comencé a comulgar a diario, práctica que he continuado muchos años. La paz no tardó entonces en aparecer. Al mes de mi estancia en los campamentos me sentía otro con valentía para hablar a mis compañeros de Dios. Procuré dar ejemplo de pacífico y de resignación ante las duras tareas para mí que me infringieron como era la de servicio de limpieza de letrinas y comedores. De esta forma y gracias también a las visitas periódicas que me hacía la que es ahora mi mujer transcurrieron aquellos meses, experiencia que no me arrepiento de haber vivido.
Fueron tres años más los que tardamos en casarnos. Vivimos un noviazgo espiritual. Nuestra vida ha sido feliz, superando las dificultades temporales que mi carácter obstinado y cultivador del yo personal provocaron. He tenido durante casi toda mi vida de estudiante y ya de profesional una polarización que ahora considero excesiva hacia el culto intelectual. Mi objetivo era llegar a ser catedrático, cosa que nunca llegué a ser por diferentes motivos que no considero de importancia reseñar aquí; pero esta actitud hizo que no dedicara el suficiente tiempo de atención a mis hijos, cosa que suplió y sigue mi mujer haciéndolo de forma ejemplar. Creía yo sin embargo que era bueno y santo servir a Dios desde esta dedicación exclusiva a la medicina, pero los años me han ayudado a mantener un equilibrio entre el excesivo celo profesional y mis obligaciones como hombre casado y padre de familia.
Tuvieron que ser cinco oposiciones fallidas para profesor titular las que me abrieron los ojos y ver ahora como tanto esfuerzo y dedicación al estudio no podían ser considerados como fracaso, sino que este esfuerzo enriqueció mi vida, ya que aumentaron mi caudal de conocimientos cara al enfermo, independientemente de su aplicación directa docente. Pero quedaba todavía otro aspecto que aprender, y ha sido el devenir de los años, lo que me ha hecho ver que el enfermo no puede ser considerado únicamente como un caso clínico que resolver, sino que es una persona la que hay que tratar mientras intentas resolver su problema. Y es que me encontraba tan envanecido de mis conocimientos que no valoraba este hecho. Durante mi primera oposición estaba tan convencido de poder sacarla dada mi aparente superioridad que al recibir el fracaso (no me dejaron pasar del primer ejercicio de oposición) me consideré un hombre derrotado. Y aquí comenzó ya el periplo de oposiciones frustradas y las diferentes lecciones de humildad que tuve que recibir hasta considerar que por mucho que he luchado durante mi vida para ello no se me ha concedido. ¿Por algo, para algo habrá sido? …
La paz ha ido viniendo a mi corazón pero reconozco que la crisis sobre todo tras mi primera oposición se hizo muy evidente. Recuerdo en una de ellas, que estando en Madrid en la capilla de la Universidad Autónoma, mientras esperaba un ejercicio de oposición contemplé un escrito de San Juan de la Cruz en la capilla que ponía: “En el atardecer de tu vida, te examinarán del amor”, frase que desde entonces siempre he recordado y la intento tener presente. Todas estas pruebas considero han ido aquilatando y acrisolando mi corazón para intentar ver la voluntad de Dios en mi vida y no solo considerar la mía.
Tras mis dos primeros fracasos docentes asistí a un Cursillo de Cristiandad y a los treinta y un años me introduje en el Movimiento de Cursillos donde he sido miembro activo muchos años dando cursillos y contribuyendo desde la Escuela a dirigir el Movimiento en Zaragoza. Tras mi primer cursillo descubrí el sentido comunitario del cristianismo, así como tras las oposiciones fallidas fui descubriendo también el valor del paciente como persona en sí.
Durante toda ni vida docente en la Universidad he tratado de impartir a mis alumnos no solo los conocimientos técnicos de la medicina sino enseñar y transmitir valores humanísticos, de tal manera que los estudiantes ya desde su juventud tuvieran un sentido global de la medicina; entendiendo la enfermedad como un sufrimiento no solo físico, sino mental-emocional y espiritual, ya que la auténtica salud contempla todos estos aspectos de la persona humana.
Fueron todos estos años un transcurso sinuoso no exento de dificultades, pues como antes referí descuidé durante largos periodos la atención personal a mi mujer e hijos por el estudio. Mi obsesión era la cátedra, pero Dios aunque dolorosamente y por medio creo de injusticias tuvo que abrirme los ojos para que los pusiera de nuevo con otra actitud en mi familia y mis pacientes considerándolos como personas y no meros casos clínicos.
Dios hizo que tomara contacto con el Movimiento de Cursillos de Cristiandad en una época de mi vida cuando mas lo necesitaba, aunque yo lo ignorase. En aquellos años mantuve un compromiso comunitario, preparando cursillos, dándolos y organizando la Escuela desde mi función de presidente. Ambas dedicaciones fueron mi pasión en aquellos años: Mi dedicación al Movimiento y a la Medicina, donde ya veía en el paciente a la persona y no un caso clínico. Cuando me acercaba a la cabecera de un enfermo me parecía acercarme a la cabecera del propio Jesús. Me esforzaba en aplicar una medicina más personal, valorando no solo los síntomas corporales sino los anímicos y la situación general del paciente. Así mismo me polaricé en atender desde Urgencias los intentos de suicidio de pacientes por lo general jóvenes, invitándoles después de su mejoría clínica a vivir la experiencia de un Cursillo.
A lo largo de mi vida profesional he pasado mucho miedo al preocuparme en exceso de la salud de mi familia y ello ha sido para mí motivo de gran sufrimiento pues me obsesionaba fácilmente con posibles enfermedades que pudieran tener. En realidad estas dudas y obsesiones eran expresión aunque de forma neurótica de mi cariño hacia ellos, ya que quien mucho sufre, mucho ama.
El planteamiento existencial que en ocasiones he planteado a mis enfermos me costaba aplicármelo a mí mismo, ya que ello planteaba viviera en mis carnes una angustia existencial. Todos estos hechos en el ejercicio de la medicina han supuesto para mí un culmen de gozos y alegrías pero también de zonas oscuras, de miedos y problemáticas que he podido llevar gracias a la ayuda que he recibido de lo Alto.
Hoy día el sentido de la Eucaristía es mas vivo para mí, en ella Jesús me ha confortado y me ha hablado al corazón como un amigo. He tratado de ver a mi prójimo como un Cristo que había que atender. La ayuda de mi mujer ha sido esencial para poder hacer compatibles el ejercicio de la medicina y mi dedicación al Movimiento de Cursillos, ella misma colaboró activamente en el movimiento. Recuerdo como en cierta ocasión compartimos mi mujer y yo con una religiosa contemplativa la ordenación de un joven sacerdote, formando una comunidad mística que hemos mantenido durante muchos años. Procuramos mantener a lo largo de los años un clima de fe en mi familia. Todos nuestros hijos han sido deseados y ofrecidos al Señor y a su Madre.
Nunca había sentido tanto miedo, pero tampoco tanta consolación como en la enfermedad de uno de mis hijos, fue una banal intervención de extirpación de adenoides, pero la cosa se complicó y hubo que volver a reintervenirlo bajo anestesia general y con la posibilidad inmediata de una transfusión. Dada mi personalidad tan preocupada respecto a mi familia este hecho supuso para mí un calvario, grité a Dios insistentemente, le traté mal, le zarandee con mis palabras solicitando la salud de mi hijo, y en el colmo de la crisis prorrumpí en un estallido de llanto, diciéndole que si era su voluntad que actuara como El mejor viera, y la paz volvió a mi corazón. Poco a poco en las horas siguientes una gran paz me invadió con la convicción cierta de que mi niño se iba a recuperar. Así fue, no se requirió transfusión y la segunda intervención fue un éxito, di gracias a Dios.
Recuerdo con cariño, cuando realicé un encuentro con el Señor en Madrid, en el Escorial. Fui acompañado por Valeriano, un bendito sacerdote que ya reposa en el Señor. Fue una experiencia inolvidable. Acababa de haber tenido hacía un año mi cuarto hijo, y gracias a aquél encuentro viví plenamente mi paternidad. El encuentro lo dio el padre Ignacio Larrañaga. Había sobre todo religiosos, especialmente del sexo femenino y escaso seglar. El paisaje que nos rodeaba era impresionante. Descubrí la presencia del Señor en la naturaleza y en las personas allí reunidas. Los testimonios fueron magníficos: personas con enfermedades de carácter crónico grave manifestaron su paz interior y su aceptación a la voluntad de Dios. La transparencia de Dios se vislumbraba en aquellos rostros de las personas allí presentes. Un clima misterioso pero palpable, fraternal se fue haciendo patente durante aquellos días. Nunca había palpado, experimentado, sentido tan fuerte la presencia de Dios, la de sentirme parte integrante del cuerpo místico de Cristo en su Iglesia. El Señor me obsequió con su palabra, con la lectura vivenciada de los salmos. Ellos resonaban no solo en mis oídos sino que hacían vibrar las fibras más íntimas de mi corazón. Sentí a Dios como Padre (Tan claramente como en aquellos días no lo había experimentado nunca) El sentirme yo padre me hizo experimentar más su paternidad. Recordé aquellos días con una nueva vivencia escenas donde me veía dando de comer a mi niño, levantándole en mis brazos y sentí por ello una gran felicidad. Ello me hizo experimentar una infancia espiritual de mi mismo con nuestro Padre Dios, porque Él así mismo nos levanta con sus brazos y nos acuna en su corazón. ¡Como disfruto cuando mis niños se refugian en mí y se duermen confiados en mi regazo! Me acarician y los acaricio en una comunidad de amor.
En este clima se ha ido desarrollando en compañía de mi mujer la atención a mis hijos. Entendí también de una forma especial durante aquellos días mi matrimonio, como un regalo y una llamada del Señor. ¡Cómo puede ayudar en la vida espiritual asumir tus tareas diarias, intentando vivirlas desde un clima de amor. Éstas dejan de ser una carga para convertirse en una manifestación dinámica del amor de Dios. Los malos ratos, las fatigas, los pequeños y los grandes sinsabores o flaquezas quedan sobradamente compensados, relativizados, por esta corriente dinámica de amor.
Tardé unos cuatro a cinco días en descender a la realidad una vez finalizado aquél encuentro. Han pasado ya años desde aquella experiencia inolvidable, y aun hoy todavía la recuerdo gratamente; pero los años han pasado y en medio de los gozos se encuentran las sombras y la enfermedad, aunque ya llevan impresa el rostro del Señor. Confío que su ayuda seguirá conmigo todos los días de mi vida. Ello me da fuerzas cuando me asalta la duda de si he dedicado suficiente tiempo a mis hijos durante mi época activa de ejercicio profesional.
En los Cursillos de Cristiandad que fui como dirigente he constatado también palpablemente la gracia de Dios, gracia derramada a raudales sobre las personas asistentes al cursillo. Recuerdo a este respecto estando en un Cursillo en Hijar como saboree embelesado durante la noche el manto estrellado que tapizaba el claustro del monasterio. Nos encontrábamos tan llenos de paz, de la presencia de Dios que todo parecía distinto, todo experimentaba un nuevo brillo, tanto la propia naturaleza como las personas que estábamos viviendo el cursillo.
La formación es esencial para el cristiano, sin ella no podemos abrir la inteligencia a las verdades de Dios. Con ella vivimos y sentimos la Palabra y todo parece clarificarse en la fe. Con ella se hace oración y orando el cristiano se forma como tal.
La libertad en el espíritu hace que el amor sea por devoción y no por obligación, la libertad es obrar sin coacción, pudiéndose amar a Dios con sujeción a su ley pero no con coacción, porque entonces ya no es amor sino esclavitud. Libertad suma es someterse libremente a Dios con obediencia. El deber obediente es amor, un amor ordenado sujeto a la Voluntad Divina.
La vida de relación con los prójimos es tal vez lo mas complejo de nuestro vivir diario, ellos son el mismo Jesús aunque cueste tanto en ocasiones darse cuenta de ello. Intento tenerlo presente cada día en el trato con mis pacientes y pido a Dios y a su Madre que nunca me olvide de ello. ¡Qué quienes me vean, te vean!
Tras el comienzo de mi artritis pasé una aguda crisis intentando acomodarme a tal situación ya que ello producía de manera progresiva una limitación de mis funciones. Con la ayuda de la fe he ido aceptando lo que al principio parecía una cruz imposible de llevar. En cierta ocasión encontrándome muy abatido por la enfermedad me encomendé al Padre Pío de la Pietrelcina, y precisamente aquella noche “soñé” con su presencia. Me hizo ver en el “sueño” imágenes de peces, de hormigas, y olivas negras. Cuando me desperté examiné el sueño y traté de descifrarlo. Enseguida comprendí que las hormigas tiene ácido fórmico, las olivas ácido oleico, y los pescados aceite omega 3. Comencé a tomar aceite líquido destilado omega 3, aceite de oliva virgen, y ortiga en infusiones, que contiene ácido fórmico, y comencé a sentir gran mejoría. Di gracias a Dios.
En la actualidad sigo llevando este tratamiento y sigo estabilizado básicamente de mi enfermedad, aunque en ocasiones tengo pequeños brotes. Recuerdo aquella frase del Evangelio de que “Hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados y que ninguno se pierde sin saberlo Dios” (Mt10, 30) y ello me descansa poniendo mi vida bajo la tutela de nuestro Padre Dios.