Actividad Científica del Dr. Bernardo Ebrí

Los interesados en poder descargar publicaciones médicas científicas del Dr. Bernardo Ebrí Torné, pueden hacer "clic" en

https://www.researchgate.net/profile/Bernardo_Ebri/stats

Para descargar el programa informático para el cálculo de la Edad ósea en niños, guía explicativa como usarlo, sobre la radiografía de mano izquierda, y luego poder predecir la talla adulta del niño (niños de 0,5 años a 20); específicos programas para niños de 0 a 4 años a través de la radiografía de mano y de pie) (En español y lengua inglesa),publicaciones a este respecto, libro sobre Maduración Esquelética etc.,.., introducirse en la siguiente web: www.comz.org/maduracion-osea
Se abrirá el portal al hacer "clic" y allí, se encuentra toda la información, con posibilidad de descarga.
El método esta siendo utilizado por pediatras, radiólogos, de España, Italia, México, Venezuela...
Comentarios en https://sites.google.com/site/doctorbernardoebri/prueba


Salmos 91:4 y 46:1. El amor de Dios

Salmos 91:4 y  46:1. El amor de Dios
"Pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será nuestro escudo y tu baluarte". "Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia"

Thursday, February 16, 2012

El hombre que se hizo pasar por comunista para convertirse en "contrabandista de biblias"

Hace más de 50 años el joven holandés Andrew van der Bijl dejó todo para ayudar de una insólita manera a los cristianos en las dictaduras comunistas.
JAVIER LOZANO 2012-02-16
En el año 1955 en plena Guerra Fría y con el bloque comunista en auge, un joven holandés de 27 años, Andrew van der Bijl, dejó todo para desafiar a brutales dictaduras y salir en auxilio de los cristianos perseguidos en estos países. Fue así como surgió la organización evangélica, Open Doors, responsable de uno de los informes más prestigiosos sobre la situación del cristianismo en los países más intolerantes.

El hermano Andrés, como es conocido en los países de habla inglesa, se alistó después de la II Guerra Mundial en el Ejército colonial de las Indias Orientales Holandesas y durante una rebelión en Indonesia fue herido. Fue durante su rehabilitación cuando comenzó a leer la Biblia hasta que, poco a poco, se convirtió al cristianismo.

Recorriendo el mundo comunista

El punto de inflexión en su vida se produjo en 1955 cuando dejó todo y se fue a Polonia para ayudar a sus hermanos en la fe. Para poder realizar la misión para la que viajó al telón de acero, Andrew se tuvo que afiliar a un grupo de jóvenes comunistas, la única forma legal para permanecer en el país.

Imitando a lo que abundaba en el país, este misionero utilizó la misma fórmula y comenzó a hacer contrabando, pero de biblias. Aunque no ganaba dinero, sólo lo hacía para evangelizar. Pronto comenzó a ser conocido como el "contrabandista de biblias" o el "contrabandista de Dios".

En 1957 dio un paso más y fue a la capital mundial del comunismo. El hermano Andrés viajó en coche hasta Moscú y, con el maletero cargado de biblias y de literatura religiosa, repartió los libros en un país donde el cristianismo estaba perseguido. Durante esos años, la recién nacida Open Doors se extendió por la Unión Soviética, por lo que ya eran varias repúblicas ahora exsoviéticas las que estaban siendo evangelizadas sin saberlo.

En la década de los 60, el "contrabandista de biblias" se trasladó a otro de los puntos álgidos del comunismo, la China de Mao Zedong. Allí su grupo desafió a las autoridades y siguió evangelizando. Durante esos años su actuación se extendió también a Checoslovaquía, tras la Primavera de Praga y la posterior eliminación de cualquier libertad religiosa en aquel país. Del mismo modo, el golpe de Fidel Castro en Cuba también fue contestado con otra ofensiva de esta organización evangélica.

Tras el comunismo, el mundo islámico

Tras la caída del muro los esfuerzos de Andrew van der Bijl y su Open Doors se han dirigido hacia el que se ha convertido en el sustituto del comunismo como perseguidor del cristianismo. Buena parte de los países islámicos han acabado con cualquier libertad religiosa y persiguen de manera brutal a los cristianos.

"El resurgimiento islámico está expandiéndose, la iglesia en países musulmanes está menguando. Puertas Abiertas defiende a los cristianos que son detenidos y encarcelados, en Pakistán, enseñamos a leer a los creyentes con libros que narran historias bíblicas. En Oriente Medio apoyamos a las escuelas Dominicales y proveemos cursos bíblicos por correspondencia. Además, llevamos con cierta frecuencia y siempre en secreto Biblias por todo el Mundo Musulmán", explican desde su web.

Así, el hermano Andrés asegura que "nosotros mismos nos hemos limitado voluntariamente a las necesidades de la Iglesia Sufriente, hemos elegido el Cuerpo de Cristo. Vamos donde otros no van y hacemos lo que otros no hacen, lo nuestro no es una competición. Si otros están haciendo el trabajo, se lo dejamos. Queremos concentrar nuestros limitados recursos en las partes más necesitadas del mundo".

Actualmente, su labor se centra en países musulmanes aunque no descuidan a países comunistas como China, Corea del Norte o Vietnam. Además, Open Doors hace una importante labor de dar a conocer la situación de los cristianos en el mundo.

Para ello, realizan un ránking de los países más intolerantes con los seguidores de Cristo. Libertad Digital se hizo eco de esta clasificación en la que Corea del Norte volvía a encabezar la clasificación por delante de países como Afganistán, Arabia Saudí, Somalia e Irán.

Igualmente, dan a conocer casos sobre estas persecuciones para poner de manifiesto lo que ocurre con el objetivo de despertar la conciencia de Occidente.

Wednesday, February 15, 2012

Una joven burgalesa brutalmente asesinada en 1992 se acerca cada vez más a los altares



Marta Obregón, vinculada al Camino Neocatecumenal y al Opus Dei, murió defendiendo su castidad y perdonando a su asesino.
Actualizado 9 junio 2011
Gilberto Pérez/ReL
«Rezo todos los días por la conversión del asesino de mi hija», dice la madre de la joven
La noche del 21 de enero de 1992 la joven burgalesa Marta Obregón fue asesinada por un delincuente cuando regresaba a su casa, después de haber estudiado durante toda la tarde en un centro de mujeres del Opus Dei. Seis días después, el cuerpo inerte de Marta aparecía en un campo, cubierta de nieve, con 14 puñaladas y todo el cuerpo lleno de golpes que le había propinado su asesino.

Al conocer las circunstancias de su muerte y la fama de santidad de la joven, la diócesis de Burgos propuso su beatificación y en julio de 2007 se dieron los primeros pasos para introducir su causa, un proceso que tendrá el próximo martes 14 de junio su acto oficial de apertura.

La ceremonia será en la Facultad de Teología de la diócesis cuyo obispo, monseñor Francisco Gil Hellín, pondrá en marcha el acto de carácter jurídico y abierto al público, en el que los miembros del tribunal en el que se sustanciará la causa de la beatificación juramentarán sus cargos.

En la ceremonia, en la que participarán los padres de Marta, se procederá a una lectura bíblica sobre el sentido del martirio y se realizará la presentación del nihil obstat (nada obsta) de la Santa Sede y el juramento de los diferentes cargos.

Posteriormente, el obispo recibirá la lista de testigos que le presentará el postulador y las preguntas oficiales a las que tendrán que contestar. Tras aceptarlas, el prelado determinará la fecha de celebración de la primera sesión en la que se les interrogue.

El postulador de la causa, 
Saturnino López Santidrián, adelantó a la prensa local que a su juicio, este proceso no va a resultar muy largo “porque es una muchacha joven, que estaba empezando; no es como una persona que hubiera producido mucho literariamente” y recordó que Marta Obregón, vinculada al Camino Neocatecumenal y al Opus Dei, “dio su vida en defensa de su castidad”, “tuvo una conversión y se decidió a tener una vida plenamente cristiana” y que en el momento de su asesinato “estaba buscando su vocación definitiva”.


Para mayor información sobre Marta Obregón Rodríguez se puede visitar el sitio web sobre su beatificación.

Rachel Joy Scott, de 17 años




Le apuntaron con una pistola y le preguntaron si creía en Dios. «Tú sabes que creo», contestó
Fueron sus últimas palabras, silenciadas por un disparo de uno de sus compañeros de instituto en EEUU.

Actualizado 15 febrero 2012
Juan Antonio Ruiz LC/ReL
20 de abril de 1999, once y media de la mañana. En la Columbine Highschool en Littleton, Colorado (Estados Unidos), Rachel Joy Scott, de 17 años, caía herida a causa de los disparos de dos alumnos que se precipitaron abriendo fuego indiscriminadamente. Uno de ellos se le acercó y, apuntándole en la cabeza, le preguntó: «Y ahora, ¿crees en Dios?». Respuesta: «Tú sabes que creo». Fueron sus últimas palabras, silenciadas por un disparo.

Varios años después de la tristemente famosa matanza de Columbine, el testimonio de Rachel Joy Scott sigue tocando los corazones de millones de personas. Su familia fue poco a poco descubriéndonos el interior de su alma, principalmente con la publicación de sus poemas, diarios y dibujos.

La tercera de cinco hermanos, Rachel era una de esas criaturas que no merecería morir jamás. Joven alegre, estudiosa, con deseos de ser actriz y muy religiosa; se tomaba en serio su amistad con Cristo. Así lo demuestra uno de sus escritos: «¡Ve tras de Dios! Donde sea que quiera llevarte, ve. Y no pongas la excusa “sólo soy un adolescente” o “lo haré cuando crezca”, porque no es así como funciona. ¡Dios quiere conocerte ahora!».

Rachel no quería ser «etiquetada como una simple estadística», como escribiría, sino que tenía muy claro qué es lo importante en la vida. Lo sintetizó perfectamente en la portada de uno de sus diarios: «Ni para provecho de mi gloria, ni para provecho de mi fama, ni para provecho de mi éxito. ¡Por el provecho de mi alma!».
Dibujo en la puerta de su armario: "Estas son las manos de
Rachel Joy Scott y un día tocarán el corazón de millones de personas"
Era muy consciente de que lo que hacía tenía un sentido de eternidad. Sus poemas son los que, sin duda, transmiten mejor esta visión: «¿Qué pasaría si murieras hoy? ¿Qué sería de ti? ¿Adónde irías? No tienes asegurado el mañana, sólo es una posibilidad. Y puede que no la tengas. Y después de la muerte, ¿qué? ¿Dónde piensas pasar la eternidad?». Y concluía con esta resolución: «La eternidad está en tus manos, ¡Elige!».
Pero lo que tal vez impresiona más, entre todo el material, es el dibujo que pintó quince minutos antes de su muerte: sus ojos, de los que se desprenden trece lágrimas cayendo sobre una rosa. ¿Qué es lo extraordinario? Que trece fueron las víctimas esa mañana y que muchas confesiones cristianas en los Estados Unidos simbolizan la Resurrección de Cristo con una rosa (en inglés “rose”, que, en un juego de palabras, se traduciría “Él resucitó”).

Friday, February 10, 2012

La fe sanadora

Ante la Jornada Mundial del Enfermo
MADRID, viernes 10 febrero 2012 (ZENIT.org).- Ofrecemos a nuestros lectores un artículo de Monseñor Juan del Río Martín, arzobispo castrense de España, en el que se centra en la Jornada Mundial del Enfermo, que la Iglesia celebra este 11 de febrero, día de Nuestra Señora de Lourdes.

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+ Juan del Río Martín

El Mensaje de Benedicto XVI para la celebración de la XX Jornada Mundial del Enfermo tiene como lema: “¡Levántate, vete; tu fe te ha salvado” (Lc 17,19). Su objetivo es animar a los enfermos y menesterosos a encontrar en la fe en Dios el soporte seguro que da sentido a toda dolencia humana.

La lucha contra la enfermedad y la prevención de ésta, es algo característico de las sociedades modernas desarrolladas. En cambio, los países pobres no gozan de los medios científicos y técnicos para hacer frente a la mínima asistencia sanitaria. Para uno y otro mundo la enfermedad sigue suponiendo una incógnita inabarcable. Es un perpetuo recordatorio de que la vida es lucha, que tiene fecha de caducidad y que el paraíso de la salud permanente no existe. Esto, para el hombre posmoderno y secularizado es el gran fracaso humano, que elude, disfraza u oculta ante la imposibilidad de su vencimiento.

Actualmente, en los sistemas sanitarios priman los criterios economicistas, cientificistas, competitivos y de prestigio. Se margina o ignora la perspectiva trascendente de la persona que, en definitiva, es la que da significado a lo incomprensible del dolor. Esto hace que el enfermo sea un objeto experimental, un número, una cama, un coste. Por eso mismo, es inevitable plantear un sistema sanitario más ético, más humano, más justo, donde el enfermo tenga un rostro sufriente y humano.

El cristianismo no ha negado nunca la enfermedad, el dolor, la muerte, sino que ha preparado a los hombres para pasar por esos trances, enseñando siempre a ser solidarios y caritativos con los aquejados por cualquier padecimiento. El Papa nos recuerda que: “Dios, en su Hijo, no nos abandona en nuestras angustias y sufrimientos, está junto a nosotros, nos ayuda a llevarlos y desea curar nuestro corazón en lo más profundo”.

La fe en Cristo no suprime el sufrimiento, pero lo ilumina, lo eleva, lo purifica, lo sublima, lo vuelve válido para la eternidad. Esa vivencia, sitúa al enfermo en un modo de vivir y de relacionarse muy distinto de aquellos que experimentan esa misma realidad, pero sin referencia a un Dios que desea siempre nuestro bien, aunque a veces no lo veamos. La confianza y el seguimiento a ese Médico que es Jesús de Nazaret (Mt 9,12; Mc 2,17; Lc 5,31), hace que alcancemos la salud integral, ya que como diría san Agustín: “Cristo es en realidad el médico sabio y omnipotente que quiso sanar las enfermedades del cuerpo para manifestarse como salvador de las almas”. (Sermón 84,4).

El Mensaje pontificio nos recuerda que “el binomio entre salud física y renovación del alma lacerada nos ayuda a comprender mejor los sacramentos de curación”. La terapia de la fe sanadora comienza con la humilde y constante plegaria del afligido y de la comunidad que rodea al enfermo. La Iglesia, como continuadora de la obra y misión de su Señor, ofrece las “medicinas espirituales” de los sacramentos de la Penitencia y de la Unción. Son momentos privilegiados donde los enfermos se enfrentan a su propia vida, reconocen los errores y fracasos y siente el bálsamo de la reconciliación con Dios, con los hermanos y consigo mismos. No son “analgésicos mentales”, ni impiden que las ciencias médicas y sanitarias hagan su labor, sino que son realidades de la gracia sobrenatural que cura el corazón destrozado de la persona que pasa por la prueba del sufrimiento y de la proximidad de su final. Ello tiene como fruto la paz de espíritu que posibilita vivir con dignidad y humanidad en el “lecho del dolor”.

Esto no lo puede dar ni las más avanzadas ciencias médicas, ni la simple asistencia social hospitalaria, porque el que enferma es una persona, un espíritu encarnado y como tal tiende a su fin. Como dice Agustín de Hipona: “nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (Conf. 1,1).

Wednesday, February 8, 2012

Los 11 frutos que aporta el rezar por los enfermos: de la curación milagrosa al acierto del médico


Alfonso Uribe Jaramillo fue el obispo de Sonsón-Rionegro (Colombia) de 1968 a 1993, uno de los obispos participantes en el Concilio Vaticano II y uno de los impulsores de la Renovación Carismática en América.

En vísperas de la Jornada del Enfermo, que cada año se celebra el 11 de febrero, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, retomamos una enumeración de frutos de la oración por los enfermos que él mismo experimentó cuando, ya siendo obispo, empezó a orar por ellos de manera regular. Lo tomamos de su librito ya casi inencontrable Pastoral Renovada (Librería Parroquial de Clavería, México).

11 frutos del Ministerio de Sanación y la oración por los enfermos (por Mons. Alfonso Uribe Jaramillo)

Cuando se menciona hoy el ministerio de curación corporal como elemento valioso e integral de la pastoral se ponen los gritos en el cielo.

Por experiencia personal sé que si uno trabaja pastoralmente en este campo se expone a incomprensiones, críticas y burlas. Pero tengo que afirmar también que este ministerio le acerca a uno a sus hermanos de una manera especial y es fuente de compensaciones insospechadas. Lo único que lamento es haber descubierto tan tarde la importancia y la riqueza de este ministerio al que Jesús dedicó tanto tiempo y con tanto amor. Muchas de las prevenciones que se tienen contra este ministerio se deben a falta de buena información.

Se tiene, por ejemplo, la idea errónea de que curación y milagro son casi sinónimos. Por eso llaman milagreros a quienes ejercen este ministerio. Sin embargo, se trata de cosas muy distintas, pues aunque una curación pueda ser milagrosa, esto será la excepción. San Pablo distingue en la enumeración que hace de los carismas entre curaciones y milagros (1 Cor 12,9). La misma distinción encontramos en Hechos 4,30.

Otros creen que ejercer el ministerio de sanidad corporal es propio de santos. Olvidan que el ejercicio de cualquier carisma puede darse en personas que estén en pecado, y que lo que muestra la santidad de una persona es el amor con que ejerza los carismas. Judas y Caifás ejercieron carismas, a pesar de lo que eran, y nosotros los sacerdotes podemos estar en pecado y consagrar válidamente en virtud del carisma que recibimos el día de nuestra Ordenación.

Otros toman una posición muy cómoda para no ejercer el carisma de sanidad y es la de afirmar que para eso están los médicos y las medicinas modernas. Pero cuántas personas carecen por pobreza de estos recursos, y cuántas enfermedades son incurables. La oración por curación no excluye ni la visita al médico ni el uso de medicamentos, quien pueda disponer de estos recursos debe hacerlo; pero en estos casos no sobra la oración, pues ésta puede ayudar para que el médico acierte mejor el diagnóstico y en la formulación de la droga mejor y para que ésta obre con mayor eficacia. (La lectura del capítulo 38 del Eclesiástico da mucha luz sobre este punto).

Tampoco hay que esperar resultados inmediatos cuando se ora por un enfermo. A nosotros nos toca solamente orar y dejar al Señor el resultado. Generalmente la salud se recupera mediante un proceso que puede ser muy largo pero que es muy útil para que el enfermo vaya conociendo mejor al Señor y vaya mejorando sus relaciones con Dios.

Otros sacerdotes dicen que para este fin tenemos el Sacramento de la Unción de los enfermos y que lo demás sobra; no tienen en cuenta que la Renovación Carismática Católica da gran importancia a este sacramento. Además, hay muchos casos de enfermedad que no permiten la administración del Sacramento pero sí el Ministerio de Sanidad por la Oración.

FRUTOS DEL MINISTERIO DE SANACIÓN

1- Experiencia del Amor de Cristo
El gran valor pastoral de este ministerio de sanidad consiste en la experiencia que reciben los enfermos del amor de Cristo que aparece de manera concreta en su compasión por los que sufren. Cuando uno ora al Señor por un enfermo y con él, siempre hay una manifestación de paz y alegría en él, aunque no se dé ningún cambio aparente en el estado de su salud.

Con este ministerio la gente comprende mejor la realidad de un Jesús vivo que es el mismo siempre y que ahora hace por ministerio de la Iglesia todo lo que aparece en el Evangelio.

Muchos que han oído decir frecuentemente que "Dios es amor", sienten por primera vez la realidad de ese amor paternal cuando alguien implora de Él la salud para uno de sus hijos y éste la obtiene, sea de una manera total o al menos parcial.

Hablamos mucho en teoría del amor de Dios, pero nos da miedo hablar de su experiencia. Y ¿cómo vamos a predicar con fuerza el amor de Dios si no hacemos nada para que un enfermo lo palpe?

Lo que hallo más interesante en el Ministerio de Sanación es este aspecto pastoral del encuentro real de los enfermos con el poder y el amor del Señor. Más aún, si no fuera por este aspecto, yo no hallaría mucha razón de ser en esta tarea. Mientras no se descubra este aspecto, que es primordial, no se comprenderá ni se valorará debidamente la oración por la curación de los enfermos.

Cuando leemos el Santo Evangelio, vemos cómo un endemoniado, una vez liberado por Jesús, quiere acompañarlo (Mc 5, 18). Como la suegra de Pedro, una vez curada de su calentura, inmediatamente se pone a servir a Jesús (Mc 1,30). Era la reacción lógica de quienes habían experimentado la caridad del Señor y querían corresponder a ella con demostraciones concretas de gratitud..

2- Anestesia divina
Así llama un autor el fruto de la oración en algunos enfermos. No se curan, pero desaparecen o disminuyen los dolores. Estas personas reciben un gran alivio con la oración que se hace por su curación, y pueden alabar mucho al Señor y desempeñar sus deberes o parte de ellos.

La fuente de la sanación es el amor. Cuando nos acercamos con compasión verdadera a un enfermo él siente esa corriente de amor del Señor en su ser y los dolores disminuyen o desaparecen. Las madres saben esto por intuición y por eso con sus caricias quitan tantos dolores del cuerpo de sus pequeños enfermos.

3- Que el médico descubra la causa de la enfermedad y acierte en el tratamiento
No pocas veces esa es la respuesta de la oración que se hace por un enfermo. El Señor es el autor del hombre, de la Ciencia y de las medicinas. Cuando Él lo quiere, da su respuesta a través de estos medios naturales que deben ser tenidos por todos en alto aprecio.

Recuerdo el caso de una señorita que había estado sometida a minuciosos exámenes y a largo tratamientos sin curarse de unos cólicos muy fuertes. Al día siguiente de una oración por su salud, se hizo tomar una nueva radiografía ordenada por el especialista y éste al estudiarla descubrió inmediatamente la causa de la dolencia y dijo que nunca había visto una radiografía tan bien tomada. Casualidad dirán algunos. Respuesta amorosa del Señor decimos quienes creemos en su amor y en su Providencia adorable y paternal.

Parecido resultado de la oración es a veces el que un paciente ha rechazado una intervención quirúrgica por miedo y con distintas excusas, reciba el valor necesario para someterse a ella y ésta tenga pleno éxito.

4- Discernir que en algún caso lo prioritario es una sanación interior, no corporal
Puesto que más del 80% de las enfermedades son psicosomáticas, hay que buscar ante todo, la sanación interior de la causa que origina la dolencia corporal. Para conocer esto en casos especiales se necesita más claridad y ésta es el fruto de la oración.

En el ejercicio de este Ministerio aparece a cada paso la acción maravillosa del Espíritu de verdad que conduce sabiamente a quienes confían sobre todo en su luz y en su amor.

Con el carisma del discernimiento se consigue en determinados momentos la claridad que, de manera distinta, no habría aparecido.

Sobra advertir que en estos casos habrá que orar primero por la sanación interior y dejar la física para el segundo lugar.

También aparecerá a veces que hay en el enfermo resentimientos profundos y falta de perdón y que a causa de esto no es escuchada su oración por la curación. Con esta visión se procede entonces a pedir al Señor su amor para con él poder perdonar y suprimir así el obstáculo.

5- Liberación de un hábito nocivo
Muchas enfermedades pulmonares, gástricas, bronquiales, etc,,, son el resultado del exceso en el uso del cigarrillo, el alcohol, la droga, etc...

Las personas son prisioneras de esos hábitos y se sienten incapaces de dejarlos. Será inútil orar por la sanación de tales enfermedades mientras subsista la causa de ellas.

La oración en estos casos tiene que buscar, ante todo, la liberación de esa adicción o de ese hábito. Y se consigue cuando se ora con fe y perseverancia y cuando el enfermo añade a la oración humilde el deseo sincero de corregirse y toma para ello las medidas que estén a su alcance. Quizás no nos hemos detenido a reflexionar sobre la necesidad y sobre las posibilidades de esta clase de oración.

Quienes tienen experiencia en esta clase de oración pueden aportar experiencias admirables. Lo que sucede es que frente a nuestra voluntad débil e inconstante tenemos el poder del Espíritu, pero contamos muy poco con él. Su acción quiere llegar a todas las áreas de nuestra persona y una de las más importantes es la de nuestra voluntad tan debilitada por el pecado y por los malos hábitos. Aprendamos a iniciar muchas de nuestras oraciones con el lenguaje de la Iglesia: "Señor, fuerza de los que en ti esperan...".

6- Visión para organizar mejor la vida y tener así mejor salud
La causa de malestares y aún enfermedades en muchos es la falta de organización y orden en el desenvolvimiento de sus ocupaciones y de la debida distribución del tiempo. Aún muchos apóstoles sucumben pronto agobiados por el trabajo debido a esta circunstancia.

Hay personas que se encuentran en situaciones más difíciles y que exigen de ellas un trabajo agobiador. Otras se entregan sin necesidad a un activismo exagerado, expresión a veces de situaciones psicológicas anormales. Unos creen falsamente que a Dios le agrada únicamente el trabajo y que el descanso es, al menos, imperfecto.

Otros son incapaces de decir no y se entregan al servicio hasta quedar extenuados e incapacitados durante un tiempo para continuar ayudando a los demás con su ministerio. No pocos creen que tienen que llevar sobre sus hombros todo el peso de la humanidad y pronto caen sin fuerzas.

La oración, la docilidad al Espíritu que muchas veces nos habla a través de personas y de acontecimientos, pueden darnos la luz oportuna para distribuir mejor el tiempo, para actuar de esta o de aquella manera y para proceder en cada circunstancia como el Señor quiere que lo hagamos.

Somos seres racionales y el Señor quiere que obremos como tales. Él nos da su luz para ver con claridad: si se la pedimos con humildad y con confianza de hijos.

7- Solución de un problema que influye en nuestra salud
Las preocupaciones y los problemas cuando son graves y persistentes nos ponen tensos y terminan por afectar nuestra salud. Mientras no encontremos la solución adecuada o mientras no obtengamos la paz y la fuerza del Señor para llevar la cruz con tranquilidad, no sanaremos físicamente, sino que el mal crecerá.

La oración consigue esta gracia y nos sana indirectamente. Aprendemos cuando oramos a "lanzar nuestras preocupaciones en el Corazón amorosísimo del Señor y Él nos reconforta". Entendemos entonces el valor de la palabra de Dios cuando nos dice:

"Encomienda tu camino al Señor, confía en Él y Él actuará" (Salmo 36).

"Confiad al Señor todas vuestras preocupaciones, pues Él cuida de vosotros" (1 Pe 5,7)

"Por eso os digo: no andéis preocupados por vuestra vida" (Mt 6,25).

Cuando la oración por sanación consiga la paz, la confianza en el Señor y la seguridad en su amor, entonces vendrá la recuperación corporal como resultado necesario.

En los Grupos de Oración encuentran muchos la solución de diversos problemas que los tienen agobiados y enfermos, pues la oración unánime de varios tiene una fuerza especial delante del Señor y consigue más de lo que creemos.

8- Mejoría progresiva
En muchos casos, principalmente cuando se trata de enfermedades graves o crónicas, el fruto de la oración no es la curación total e inmediata, sino el comienzo de una recuperación que avanzará en la medida en que perseveremos en la oración. Esta mejoría, más o menos apreciable, es la primera respuesta del señor y encierra una invitación a perseverar en la oración.

La paciencia y la fidelidad en la oración son necesarios en este ministerio de curación. Quienes deseen conseguir efectos inmediatos y extraordinarios sufrirán muy pronto una gran decepción.

Debemos creer en el amor y en el poder del Señor, pero también en su sabiduría que conoce qué es lo que más conviene a su gloria y a la persona por quien oramos. Él es el señor y nosotros somos sus siervos.

Entre las causas que explican el lento proceso de la curación que aparece frecuentemente está nuestra debilidad y limitación como instrumentos del Señor. Esto debemos admitirlo con humildad, pero sin angustia. Podemos estrechar nuestra unión con Jesús y recibir más poder de su Espíritu, así nuestro ministerio tendrá más eficacia.

9- Curación inmediata y total
En este ministerio de sanación encontramos casos verdaderamente admirables y aún extraordinarios. El Señor obra a veces a través de nosotros de una manera especial, sea por la gran fe del enfermo, sea por la mucha oración que se ha efectuado, o porque en un caso particular quiere demostrar de manera más patente su amor y su poder infinitos.

Cuando empezamos a orar por un enfermo, nunca sabemos qué le acontecerá. Este ministerio está lleno de misterios y también de sorpresas. Estamos viendo cómo actualmente aparecen curaciones inmediatas de graves enfermedades como cáncer, leucemia, soplos cardíacos, asmas, etc...

Esto aparece muy claro para quien tiene fe en el poder y en el amor del Señor y está convencido de que Él es el Amo de la vida y de la muerte y que "se le ha dado todo el poder en el cielo y en la tierra" (Mt 28, 18)

Al orar por los enfermos entreguémonos con humildad y confianza a la acción del Espíritu y dejemos que Él actúe en cada caso como quiera. A nosotros nos corresponde solamente orar. El resultado depende del Señor. Suyo es el Reino, suyo el poder y la gloria.

10- Fortalecimiento mental y físico
Fruto también del ministerio de oración por sanación es recibir más salud mental y corporal, lo mismo que la conservación de la misma. En la oración que recita el sacerdote antes de comulgar pide que el cuerpo y la sangre de Cristo que va a recibir le sirvan de "defensa para el alma y el cuerpo" y se conviertan en remedio de salvación.

Agnes Sanford, en su libro Healing Light, aconseja que nos pongamos en oración y le pidamos al Señor que su vida recorra cada parte de nuestro organismo, la reanime, la fortalezca y la sane si está enferma. Esta súplica estará acompañada de una visualización de la acción del Señor en cada parte del cuerpo y de una profunda acción de gracias por el amor infinito que nos tiene.

Nuestra oración tiene que pedir, antes de todo, la santificación y el crecimiento espiritual, pero debe incluir también nuestra fortaleza y salud corporales que constituyen también un gran bien y deben ser tenidas en alta estima.

11- Apresurar el descanso de la muerte
Más de una vez al orar por un enfermo que está penando mucho, el resultado es que éste muere pronto y con gran paz. ¿No es éste un fruto maravilloso del ministerio de sanación? ¿No constituye un gran beneficio para quienes tienen que asistirlo?

Nunca sabemos cuál va a ser la respuesta del Señor a nuestra oración. De lo que sí estamos seguros es de que la única oración que se pierde es la que no se hace.

Tuesday, February 7, 2012

Ser cristiano es ir contracorriente


por Javier Sánchez Martínez
Lo queramos o no, el cristianismo nos pone en una tesitura irrenunciable: vamos contracorriente.
Lo normal (y es buen síntoma) es que nos miren de forma extraña porque ni somos del mundo ni podemos vivir, pensar y actuar como el mundo. Dicho al revés, si nuestra vida no es provocativa, ¿no será que el cristianismo en nosotros puede ser algo superpuesto que nos lo quitamos según interese? ¿No será porque nos habremos acomodado al mundo? Entonces para unas pocas cosas somos cristianos, y para otras muchas vivimos y opinamos como lo hace todo el mundo.
Pero tengamos claro que ser cristiano es ir contracorriente, y que todo el mundo no nos va ni a entender ni a apoyar, sino por el contrario, se nos intentará ridiculizar o reducir al silencio; se nos pondrán etiquetas ("muy antiguo", "muy recto"...) mientras el mundo que así nos califica gira y gira a velocidad de vértigo devorándolo todo.

El cristiano va contracorriente: su forma de vivir la relación con el dinero no es la de la ambición y aprovecharse de todos, sino que relativiza el dinero; la forma de vivir la sexualidad no es la de la pasión instintiva, la contracepción y el aborto (o la píldora RU-486), sino la santidad del matrimonio y la sexualidad; su forma de divertirse no es la del "botellón", el fin de semana de locura...; su forma de trabajar profesionalmente no es sólo buscar el sueldo y cumplir de forma mediocre, sino la de santificarse en el trabajo aunque los compañeros no lo hagan... ¡Es casi todo al revés! Es ir contracorriente. porque busca y vive según lo verdadero, lo bueno, lo bello y no puede conformarse con menos.

"¿También vosotros queréis marcharos?". Esta inquietante provocación resuena en el corazón y espera de cada uno una respuesta personal. Jesús, de hecho, no se contenta con una pertenencia superficial y formal, no le basta una primera adhesión entusiasta; es necesario, por el contrario, participar durante toda la vida en "su pensar y querer". Seguirle llena el corazón de alegría y san sentido pleno a nuestra existencia, pero comporta dificultades y renuncias, pues con mucha frecuencia hay que ir contra la corriente (Benedicto XVI, Ángelus, 23-agosto-2009).
La fe católica, la adhesión cordial a Cristo, hace nacer en todos un nuevo estilo de vida, una mentalidad nueva, y una afectividad nueva, libre, madura: si hay que nada contra la corriente, no nos faltará la fuerza del Espíritu Santo.

Pero ¡qué peligroso es hoy día el pensar como el mundo! Da tristeza profunda ver a católicos que comulgan el domingo pero luego viven como el mundo: ven el aborto como una ayuda a la mujer y a su promoción, aceptan la eutanasia por misericordia sentimental al enfermo, viven para el dinero, para tener..., aceptan el divorcio como lo más normal del mundo, el uso de la sexualidad es desenfrenado, porque es lo que ven en el mundo... y la fe la dejan en el rincón del sentimiento para los domingos.

Sunday, February 5, 2012

Un mártir cada cinco minutos, los últimos datos de la persecución contra los cristianos en el mundo

Así lo señala el representante de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) para la lucha contra la intolerancia y la discriminación contra los cristianos.
Actualizado 4 febrero 2012
Jesús Colina/Alfa y Omega
El experto en sectas Massimo Introvigne da cifras escalofriantes de mártires cristianos en el mundo

Homenaje a las víctimas del comunismo camboyano, en Roma con los otros mártires del siglo XX

Asesinaron a su familia a machetazos en Ruanda; ahora da charlas sobre cómo perdonar

La comunista Corea del Norte es el país donde más se persigue a los cristianos





El sociólogo Massimo Introvigne, representante de la OSCE para la lucha contra la intolerancia y la discriminación contra los cristianos, afirma que, «cada cinco minutos, un cristiano muere asesinado por su fe». Presentó estos datos por primera vez a la comunidad internacional a inicios de junio, al intervenir en la Conferencia sobre diálogo interreligioso entre cristianos, judíos y musulmanes, que se celebró en Budapest, organizada por la entonces Presidencia húngara de la UE. A esa denuncia, según la cual cada año son asesinados por su fe 105 mil cristianos en el mundo, le siguió una oleada de críticas e incluso comentarios irónicos, en particular por parte de la Unión de ateos y Agnósticos Racionalistas, una asociación de origen italiano, por considerar que esos números son una exageración.

Como respuesta a estas reacciones, en ocasiones mordaces, Introvigne reconoce: «De estas posiciones podemos sacar una lección: se infravalora hasta tal punto el problema de los cristianos perseguidos que, cuando se citan las cifras, parecen a primera vista increíbles». Es verdad, por ejemplo, que en las últimas semanas los medios han recogido los sangrientos ataques contra cristianos de Nigeria a manos de la secta fundamentalista islámica Boko Haram. Algunos medios occidentales -pocos- informan sobre las condenas a muerte por apostasía o blasfemia en Irán o Pakistán, o los ataques contra iglesias en Indonesia. Pero, otras muchas situaciones endémicas de persecución, quizá precisamente por ser endémicas, pasan desapercibidas, como es el caso de naciones de Oriente Medio, o de China, Vietnam o la India.

Las estadísticas de los mártires
¿De dónde surge, por tanto, el cálculo citado por el representante de la OSCE? Introvigne se basa, ante todo, en los trabajos del primer centro mundial de estadística religiosa, el estadounidense Center for Study of Global Christianity, que dirige David B. Barrett, fallecido en agosto pasado, que publicó periódicamente la famosa World Christian Encyclopedia y el Atlas of Global Christianity. Los estudios de Barrett son los más citados en la materia por el mundo académico.

En 2001, Barret y su colaborador, Todd M. Johnson, comenzaron a recoger, además, estadísticas sobre los mártires cristianos. En su obra World Christian Trends AD 30-AD 2200, trataron de calcular el número total de mártires cristianos -así como de las otras religiones— en los dos primeros milenios del cristianismo, hasta el año 2000. Como base para su trabajo, escogieron esta definición de mártires cristianos: «Creyentes en Cristo que han perdido la vida prematuramente, en la situación de testigos, como resultado de la hostilidad humana». Explicaron que perder la propia vida en la situación de testigos no implica juicio alguno sobre la santidad personal del mártir, sino que significa sencillamente que ha sido asesinado por ser cristiano, no como víctima de una guerra o de un genocidio de motivaciones políticas o étnicas, no religiosas.

El volumen de 2001 revelaba que estos mártires cristianos, en los primeros dos milenios, habían sido unos 70 millones, de los cuales, 45 millones perdieron la vida en el siglo XX. Las discusiones que surgieron en estos diez años, tras la publicación del libro, han servido para confirmar el carácter riguroso del estudio. Desde entonces, Barrett y Johnson actualizaron todos los años sus cálculos, sin modificar los criterios ni la definición. En la primera década del siglo XXI, el número de los mártires cristianos fue creciendo hasta alcanzar a mediados de siglo la alarmante cifra de 160 mil nuevos mártires al año.

En 2010, como explicaron en el artículo Cristianismo 2011: mártires y resurgimiento de la religión, publicado, en enero de 2011, en la revista International Bulletin of Missionary Research, el número de mártires disminuyó respecto a la mitad del decenio precedente, en particular porque «la persecución de los cristianos en el Sur de Sudán se mitigó tras los acuerdos de paz de 2005». Sin embargo, permanecían o se hicieron más agudos otros focos de martirio, en particular en la República Democrática del Congo y en Corea del Norte. A causa de estos factores, Barrett y Johnson calcularon que, en el año 2011, morirían unos 100 mil mártires.

El representante de la OSCE ha comparado estos estudios con los resultados del libro The Price of Freedom Denied, de los sociólogos estadounidenses Brian J. Grim y Roger Finke, quienes aplican la teoría sociológica de la economía religiosa a las persecuciones religiosas y sus consecuencias sociales. Según Grim y Finke, el número de los mártires cristianos podría ser superior, entre 130 y 170 mil al año.

Esconder los números para esconder la matanza
Massimo Introvigne, en el estudio que citó en la Conferencia de Budapest, ofreció las cifras más prudentes de Barret y Johnson, unos 105 mil mártires en 2011, número muy inferior al propuesto por Grim y Finke. Esto significa que, al día, mueren por su fe entre 287 y 288 cristianos, doce por hora, es decir, uno cada cinco minutos. El representante de la OSCE aclara: «Si no se gritan al mundo estas cifras de las persecuciones de los cristianos, si no se detiene la matanza, si no se reconoce que la persecución de los cristianos es la primera emergencia mundial en materia de violencia y discriminación religiosa, el diálogo entre las religiones y las culturas sólo producirá hermosos congresos, sin resultados. Quien esconde los números quizá, simplemente, busca no hacer nada para detener la matanza».